SAN MAMÉS HACE MÁS DE UN SIGLO

En enero de 1913 daban comienzo las obras para la construcción del campo de fútbol de San Mamés.
Manuel Ortúzar, sacerdote y socio del Athletic, fue el encargado de bendecir aquellas obras; en su discurso deseó que el futuro estadio fuese escenario de reñidas luchas en las que nuestros jugadores lograran los triunfos que tanto merecían.
Tras varios meses de obras y con casi 90 000 pesetas invertidas, muy por encima de la cifra de 50 000 presupuestada inicialmente, el 21 de agosto de ese mismo año se inauguró el que se consideraba más moderno campo de fútbol de España.
Los directivos del club, con su presidente Alejandro de la Sota a la cabeza, no podían sentirse más orgullosos.


Los jugadores bilbaínos estrenaron aquella impoluta hierba con muchas ganas de vencer al Real Racing Club de Irún ante las diez mil personas que habían abonado entre una y dieciocho pesetas de la entrada, según dónde tuvieran su localidad.
La expectación era máxima cuando a las cinco y cuarto de la tarde dio comienzo el encuentro. Solo cinco minutos tuvieron que esperar los aficionados rojiblancos para festejar el primer gol; un gol que unos adjudicaron a Zuazo y otros a Pichichi. Finalmente, en los anales de la historia quedó registrado que la autoría de aquel primer tanto de la historia de San Mamés fue para aquel jugador que, actualmente, da nombre al premio al máximo goleador de Primera División.
Para desilusión de muchos, el equipo contrario no tardó en anotar un gol y, finalmente, el partido concluyó con un empate a uno.
Dos días más tarde contaron con una nueva oportunidad de conseguir una victoria en el recién inaugurado campo. Esta vez ante un testigo de honor: el rey Alfonso XIII.
El equipo rival era el Shepherd’s Busch inglés, un nuevo desafío que tampoco pudieron vencer, demostrando, así, que los inventores del football eran muy diestros en aquel deporte.
En aquellas primeras semanas de San Mamés se dieron muchas anécdotas como la que protagonizó el equipo húngaro que no solo dieron patadas al balón sino a los jugadores bilbaínos. Se montó una buena trifulca con bofetadas y golpes pero, como siempre, la gastronomía suele arreglar los desencuentros y todos juntos fueron a cenar esa misma noche, olvidando lo sucedido en el campo y demostrando el “fair play” de nuestros leones.
FOTO: INTERNET.

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