Acerca de Esme

Soy de Bilbao, vivo en Bilbao y nací enamorada de Bilbao.

DON DIEGO, EL FUNDADOR.

Se le conoce como el fundador, ya que otorgó la villanía a Bilbao por medio de la Carta Puebla en la que se detallan los derechos y las obligaciones de los bilbainos de la época un 15 de junio de 1300.

Don Diego López de Haro, descendiente de una familia de hidalgos, nació en la década de los setenta del siglo XIII, aunque no consta una fecha exacta, ni tampoco un lugar. Estuvo casado con Violante, hermana del rey Sancho IV, con quien tuvo tres hijos.

Don Diego se hizo con el título de Señor de Vizcaya al morir su hermano, con el consiguiente enfado de su sobrina, María Díaz de Haro, quien debería haber heredado el Señorío. El fundador de Bilbao, no aceptaba que una mujer ejerciera tal derecho y después de muchas disputas en las que, incluso, intervino Fernando IV como árbitro, y la promesa de que a su muerte ella sería la nueva señora de Vizcaya, Don Diego se convirtió en el XII Señor de Vizcaya y quinto de su nombre. Pasando a la historia con el sobrenombre de “El intruso”.

Además de Señor de Vizcaya, ostentaba diversos cargos del reino como Mayordomo Mayor, Alférez Real y Adelantado Mayor de Castilla.

Falleció en 1310 en la ciudad de Algeciras aquejado de un ataque de gota. A su muerte, sus restos fueron trasladados al Convento de los Franciscanos de Burgos donde reposó junto a su esposa. Hoy en día no existe el convento y se desconoce dónde trasladaron los restos.

En Bilbao se le recuerda con una estatua de casi tres metros, encargada al artista valenciano Mariano Benlliure, quien le creó con aspecto de noble caballero exhibiendo su autoridad; en una mano porta la Carta Puebla y en la otra su casco guerrero. Fue realizada en Roma y, el 31 de agosto de 1890, se instaló en el centro de la Plaza Nueva.

Al acto asistieron las autoridades de la época y muchos vecinos de la villa. La plaza, decorada con guirnaldas y colgaduras en los balcones, rebosaba de regocijo.

Cinco años después se edificó un kiosko en dicha plaza y el caballero hubo de ser trasladado a la plaza Circular;  aunque no sería su destino final, pues después de veinte años en la céntrica plaza, se le emplazó en Atxuri, para, finalmente, en 1937 devolverle a la Plaza Circular y, desde entonces, no se ha movido de su pedestal siendo testigo mudo de todo lo que acontece a su alrededor.

(Foto mía)

EL COLEGIO DE ESCOLAPIOS

El 6 de septiembre de 1893, el padre Marcelino Ortiz y el hermano Leonardo Álvarez, ambos de la Congregación de los Escolapios, llegaron a Bilbao con la intención de buscar un edificio donde asentarse y comenzar su actividad de enseñanza religiosa. Localizaron un terreno con una casa recién construida en la confluencia de las calles Henao y Heros. Un mes más tarde, las Escuelas Pías se inauguraban con tal cantidad de alumnos de primera y segunda enseñanza que, en poco tiempo, el centro acusó problemas de espacio.
Tuvieron que transcurrir ocho años para que se adquirieran los terrenos adyacentes a este inmueble y se comenzara la construcción de un edificio proyectado por el arquitecto Alfredo Acebal. El que había sido colegio hasta ese momento se vendió para conseguir más dinero destinado a la nueva obra que, en junio de 1915, se inauguró con la bendición del arcipreste de Bilbao. Constaba de un entresuelo y dos plantas en su origen; sin embargo, con el tiempo se fue adaptando a las necesidades, por lo que ampliaron el espacio tanto en altura como adquiriendo más terreno, en este caso a la familia Alcocer Rivacoba, para la creación de un polideportivo.
Este inmueble cumplía dos finalidades: por un lado era centro educativo y, por otro, era residencia de la Comunidad de Escolapios. Además, una zona se dedicaba como internado para todos aquellos niños que venían de pueblos alejados de Bilbao.


En julio de 1936, la comunidad religiosa ofreció su edificio a las necesidades públicas derivadas de la incipiente guerra civil y fue utilizado, también, como alojamiento para los batallones del ejército vasco. Meses más tarde, el colegio quedó incautado y usado como prisión; hasta que, al cabo de tres años y tras muchas gestiones, volvió a manos de los padres Escolapios.
Muchos personajes conocidos de distintas disciplinas fueron alumnos de este colegio como el pintor Juan de Aranoa o el futbolista del Athletic Club, Pichichi.

(FOTO DE ANDONI RENTERIA)

LA ALHÓNDIGA

Si hablas con la gente mayor de la zona te asegurarán que todavía les parece oler al vino que albergaba este gran almacén situado en el centro de Bilbao.

El arquitecto Ricardo Bastida fue quien diseñó el monumental edificio pionero en la utilización de hormigón armado. Se construyó entre 1905 y 1909 ocupando toda una manzana de aquel ensanche bilbaíno que comenzaba a desarrollarse. Este almacén de vinos de construcción funcional fue concebido para unificar la actividad de las cinco alhóndigas existentes en aquel momento en la villa.

Diez años después de su inauguración, el 21 de mayo de 1919 a las cuatro de la mañana, un devastador incendio se declaró en el pabellón de droguería, donde se encontraban grandes cantidades de material inflamable. El fuego fue extendiéndose durante varios días siendo necesarios muchos efectivos del cuerpo de bomberos para extinguirlo. Uno de ellos falleció en el siniestro y otros cuatro resultaron heridos de gravedad. Ricardo Bastida también participó activamente en las labores de extinción y, con mucha pena, mandó demoler una de las torres que, muy deteriorada por las llamas, corría peligro de derrumbe.

A pesar de los desperfectos, se pudieron salvar muchos documentos de varias dependencias y bastantes barricas de vino. El coste económico del desastre se valoró entre 20 y 30 millones de pesetas.

En el año 1977 la alhóndiga abandonó su actividad cayendo, el edificio, en el olvido; hasta que, en 1980, se presentó una idea para convertirlo en centro cultural, aunque, finalmente, no se llevó a cabo.

Años después, otro proyecto, esta vez del arquitecto Philippe Starck, fue aceptado y, en mayo de 2001, comenzaron las obras de demolición del interior del antiguo almacén de vino, manteniendo intacta su fachada.Nueve a ños más tarde los bilbaínos pudimos acceder a este nuevo centro cultural y deportivo donde destaca el interior con sus cubos recubiertos de ladrillo y su gran sol en una gigantesca pantalla. Pero, sobre todo, sus cuarenta y tres originales y coloristas columnas ideadas por el artista italiano Lorenzo Baraldi, que se encuentran en el atrio.

Desde marzo del año 2015 la Alhóndiga pasó a llamarse oficialmente AZKUNA ZENTROA en homenaje al fallecido Alcalde Iñaki Azkuna. A pesar del nombre muchos bilbaínos continúan refiriéndose a ella con su nombre original.

Foto de las columnas: ANDONI RENTERIA

Foto antigua: Internet

 

LA SOCIEDAD EL SITIO

Tras 125 días de asedio por parte del ejército carlista, el 2 de mayo de 1874, las tropas liberales levantaron el bloqueo a la villa de Bilbao. Durante aquel sitio, algunos hombres de entre 18 y 60 años, se ofrecieron como voluntarios para apoyar a los ejércitos liberales que combatían en el frente. Estos improvisados soldados fueron conocidos como  “Auxiliares”
Al principio, su lugar de reunión, era bajo el desaparecido Tilo del Arenal, donde comentaban la situación y el desarrollo de la contienda. Poco a poco iban consolidándose como asociación. Y, el 19 marzo de 1875, crearon la Sociedad “El Sitio” con sus propios estatutos, donde se definen como una agrupación de carácter abierto y liberal que fomenta el recreo y la cultura.
En diciembre de 1890 se inauguró el “Palacio de las libertades”, nombre que le dieron a la nueva sede proyectada por el arquitecto Severino Achúcarro en la calle Bidebarrieta, en pleno Casco Viejo, que fue subvencionada con el dinero aportado por la alta burguesía bilbaína.
Se trata de un majestuoso edificio de estilo ecléctico en el que destaca su gran escalinata, su preciosa vidriera realizada en Amberes o su elegante salón de actos decorado por Anselmo Guinea, donde pronunciaron discursos diversas personalidades de la cultura o de la política como Unamuno, Ortega y Gasset, Lorca, Azaña o Alcalá Zamora.


Una cafetería, un gimnasio, un salón de baile o una escuela de esgrima eran algunas de las variadas actividades de este club social que, en 1937, en plena Guerra Civil fue clausurado y sus bienes fueron incautados por el Estado quien, posteriormente, vendió todo lo confiscado al Ayuntamiento de Bilbao.
Tuvieron que pasar más de cuatro décadas para que la Sociedad El Sitio apareciera nuevamente reactivada por un grupo de bilbaínos liberales, con el objetivo de impulsar la cultura tradicional y promover valores como la libertad y la tolerancia. Actualmente continua su actividad cultural ofreciendo charlas, conferencias y muchas iniciativas de carácter liberal.

Desde 1956, la que fue su sede, se transformó en la Biblioteca Municipal de Bidebarrieta, uno de los centros culturales más importantes de la villa, que cuenta con un fondo de cien mil libros, de los cuales, gran parte son los incautados por el Estado durante la guerra.

(Foto actual de Andoni Renteria)