ENCENDIDO NAVIDEÑO 2014

Hoy a las seis de la tarde delante de la tienda WOP en la calle Bidebarrieta, ha comenzado la Navidad, han pulsado el botón que encendía las luces del Casco Viejo.
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Media hora más tarde se realizaba la misma operación en el centro de la villa, concretamente, al lado de la fuente de la Plaza Moyua.
Los encargados de darle al botoncito han sido el alcalde Ibon Areso, el presidente de Bilbao Centro y dos preciosos niños.

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Acompañándolos se encontraba parte del equipo de la película FUEGO, entre ellos mi querida Leyre Berrocal y Gorka Zufiaurre, dos de los protagonistas del film.

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Los niños del coro de la Fundación de Síndrome de Down, nos han amenizado con la conocida canción «OH HAPPY DAY» que han interpretado fabulosamente, acompañados del cantante Gorka Cayero del grupo The Groovies Bilbao.

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Ha sido una bonita y emotiva versión adaptada a nuestra villa.
Una vez que se han encendido las miles de bombillas, ha caído una «nevada» encima de nuestras cabezas.

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Muchas han sido las personas que se han acercado hasta aquí para asistir en directo al inicio de unas fechas anheladas por algunos y odiadas por otros.

QUEDADA EN EL KARAOKE. 22-11-14

Ayer día 22 de noviembre celebramos una fiesta de amigos del Facebook en el KARAOKE CARS GIL de Bilbao y quiero dejaros aquí la crónica del evento.

A las cinco y cuarto Andoni y yo cruzamos la puerta del Karaoke donde ya nos esperaba Alberto.
Yo ya iba un poco nerviosa, pero me puse mucho más cuando Andoni sacó el pendrive donde llevaba el powerpoint de la presentación de mi blog para mostraros a todos en primicia y, aquello no funcionaba, ya que el ordenador de allí no tenía instalado un programilla necesario para tal función.
Pasaban los minutos y yo cada vez más nerviosa.
Salí a la calle a contestar una llamada y varios Whatsapps y, cuando faltaban diez minutos para las seis, Andoni me confirmó que ya habían conseguido ponerlo en marcha.
¡¡Bien!!
Empezaron a llegar los primeros invitados; Primeros besos, primeros abrazos, primeros saludos, primeras presentaciones.
Después de unos minutos ya estaban todos hablando entre sí como viejos amigos. Yo me sentía feliz.
En la puerta recibí a varios de los asistentes y, casi todos, me comentaban lo mismo: lo que les había costado aparcar y que yo era más guapa al natural (Esto último me encantó, jaja)


Las primeras canciones comenzaban a sonar. Alguna chica cantaba y bailaba como si no hubiera un mañana (No daré nombres, jaja)

“Un beso y una flor” “la chica ye-yé” “Juntos” … fueron algunas de las que coreamos en buena armonía y entre risas.
Seguían viniendo amigos. Más besos, abrazos, piropos y quejas por el aparcamiento.
Algunos de los que habían llegado a las seis tuvieron que marcharse a las siete porque tenían compromisos familiares.
Muchos fueron los que se acercaron hasta el karaoke a saludarme pero no se pudieron quedar.
Otros vinieron de lejos, de diferentes pueblos de Cantabria o de pueblos de nuestra provincia.

A todos ellos, sin excepción, les agradezco y agradeceré siempre que dedicaran su tiempo en hacerme feliz y acompañarme en una tarde tan especial.
Yo canté trocitos de algunas canciones, acompañada por mi gran amigo Andoni Renteria o por mis entrañables y queridas Cincoquetas.
La conversación fluía entre los asistentes, tanto dentro del local como fuera. Hubo momentos en que éramos más los que charlábamos en la calle que los que cantaban dentro.


Así transcurrió la tarde. Unos iban despidiéndose, otros llegaban a última hora pero todos, absolutamente todos trajeron ganas de pasarlo bien y disfrutar de una tarde diferente.
Se creó muy buen ambiente, todos teníamos algo en común: Nuestro amor por Bilbao.
Yo me acercaba a los diferentes grupos, charlaba, me reía, cantaba, me hacía fotos…
En un momento dado, tomé el micrófono para pronunciar unas palabras de agradecimiento y presentar el blog en las pantallas del local.

 


Al terminar sonó la canción de Roberto Carlos “Un millón de amigos” que yo había pedido a Alberto.
Seguimos cantando, bailando, riendo, charlando hasta que poco a poco nos fuimos despidiendo.

Todos se iban pidiéndome la siguiente, buena señal, habían disfrutado mucho.
Confieso que me lo pasé “bomba”
MUCHÍSIMAS GRACIAS A TODOS. VOLVEREMOS A VERNOS.

 

AHORA SÍ QUE SOY TOTALMENTE BILBAINA

Siempre he presumido y presumo de bilbaina en cualquier lugar y ante cualquier ser humano.
Llevo por bandera mi ciudad, por las venas me corre agua de la ría, mi corazón es rojiblanco, he subido al Pagasarri y me encantan el bacalao y los bollos de mantequilla pero…hasta hace unas semanas mi expediente bilbaino tenía un punto negro.
Había algo que no cumplía dentro de los requisitos del bilbainismo. Digo había porque ya no existe.
Por fin lo he conseguido. Soy absolutamente bilbaina. Ahora sí que lo puedo gritar alto y claro.
Pero…os contaré a qué me estoy refiriendo.
Cuando era pequeña, con edad para caber en el Gargantúa, mis padres hicieron todos los intentos posibles y me dieron toda serie de explicaciones para que me introdujera en la bocaza de tan ilustre personaje. Sus esfuerzos fueron en vano. Yo me negaba e incluso me enfadaba. Aquel «tipejo» no me tragaría…¡Nunca!
¿Nunca? ¡¡Nooooooo!!
Llegó el momento en que desapareció el miedo, la angustia de ser comida por un grandullón de cartón piedra y la incertidumbre de si saldría viva de aquel cuerpo o no y, entonces, aparecieron los remordimientos por no haberme atrevido, la rabia de ser una cobarde y la envidia de ver a los txikis que se atrevían y que, por edad, permitían entrar.
Pero, la niña había crecido y ya no podía ponerse a la cola entre aquellos pequeñajos valientes.
Cada vez que se celebraba una fiesta en Bilbao y divisaba a lo lejos al Gargantúa, me acercaba con esperanzas de montarme. Llegaba y leía el cartel en el que se indicaban las edades permitidas. La mía no estaba entre ellas.
Todo cambió el pasado 11 de Octubre. Se festejaba el día de la Virgen de Begoña, nuestra Amatxu.
Acudí, como cada año, a la Basílica y, cuando iba acercándome desde la calle Zumalakarregi, lo divisé. Allí estaba tan ufano, con la boca abierta, con sus grandes ojos mirándolo todo, esperando…
Era muy temprano para que hubiera niños y solo el monitor se encontraba a pie de escalera.
No lo dudé.
“Yo no puedo montarme ¿Verdad?” –Interrogué sin esperanzas al joven.
“Pues claro que sí” –Me contestó, supongo que alucinado.
No lo pensé, no podía dejar pasar esta oportunidad, no debía perder tiempo y que el chico se arrepintiera o, peor todavía, que empezaran a venir seres diminutos que me miraran con mala cara.

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Dejé mi bolso y chaqueta a mi acompañante y subí con decisión las escaleras. Una vez arriba me asomé para comprobar que allí no «vivía» ningún monstruo y que el camino estaba despejado.

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He de explicar que en Bilbao son dos los Gargantúas que hacen las delicias de los niños, uno más grande que otro. En este caso, el que me iba a tragar sin compasión, era el pequeño.
Lo primero y lo más fácil fue introducir mi pierna izquierda.

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Ya estaba, ahora la derecha. Para esa maniobra tuve que agarrarme a sus grandes dientes y hacer un ejercicio de elasticidad ya que, como es lógico, está ideado para cuerpos más pequeños.

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Por fin, lo conseguí, ya me encontraba sentada en la lengua. Entonces el monitor levantó la mandíbula inferior del Gargantúa y éste, me tragó.
El interior es un tobogán más ancho que los habituales de los parques por lo que dentro cabía perfectamente.
El recorrido es de apenas tres metros y en un segundo ya vi de nuevo la luz saliendo por…bueno ya sabéis todos por dónde.
Mi cara de felicidad de la última foto lo dice todo.P1020558

Aquel día cumplí un sueño de mi infancia que me perseguía en cada fiesta o fecha señalada en nuestra villa.
¡Soy absolutamente bilbaína!