ESTACIÓN DE ABANDO

En marzo de 1863, con la apertura del tramo Bilbao-Orduña, el ferrocarril llegó a la villa de Bilbao; aunque sería más exacto decir que llegó a Abando, ya que entonces no estaba anexionado. La compañía encargada del proyecto fue la Compañía del Ferrocarril de Tudela a Bilbao que, cinco años más tarde, se fusionó con la Compañía de los Caminos del Hierro del Norte de España.
Esta estación, llamada de Abando Indalecio Prieto desde 2006, es la principal y más importante de la villa. De carácter monumental, construida en estilo clasicista por el arquitecto Alfonso Fungairiño fue inaugurada en 1948 aprovechando el terreno donde se hallaba la estación original, que pasará a la historia por varios incidentes como el ocurrido en 1896 cuando un tren minero con mercancía de la mina de Ollargan se dirigía a la estación y, al fallarle los frenos, chocó contra el convoy que se encontraba parado en el andén número 1 preparado para dirigirse a Orduña. Los dos trenes salieron despedidos por la pasarela que unía la estación con el Hotel Términus. Afortunadamente no hubo víctimas mortales. Años más tarde, concretamente en agosto de 1927, en la estación de Dos Caminos, un convoy con destino a Miranda cargado con materiales de construcción realizó unas maniobras, para lo que tuvo que pasar siete vagones a vía muerta. De repente, tras un pequeño golpe, tomaron vida propia y, aprovechando el desnivel, llegaron hasta la estación terminal de Bilbao a toda velocidad atravesando paredes y causando enormes destrozos.

La actual estación ha sido objeto de reformas, sobre todo, en 1983 debido a las trágicas inundaciones. Cruzar las puertas de acceso es adentrarse en un espacio donde son habituales los reencuentros y las despedidas y donde podemos observar joyas como la vidriera policromada de 301 piezas diseñada por Miguel Pastor Veiga y realizada por la Unión de Artistas Vidrieros de Irún, en la que se reflejan diferentes temas vascos como la siderurgia, la vida en el campo, el deporte o la religión; o el busto del socialista que da nombre a la estación: Indalecio Prieto, realizado por Lucas Alcalde.

Pero, también en el exterior existe una pieza importante: la locomotora IZARRA, que lleva más de cuarenta años en una esquina de la playa de vías observando el ir y venir de miles de trenes. Esta máquina fue fabricada en Manchester en 1869 por la empresa Beyer-Peacock para el ferrocarril de Bilbao a Tudela en 1862.

FOTO: ANDONI RENTERIA

EL TILO DEL ARENAL

También conocido como el “Abuelo”, el tilo del Arenal, situado frente a la iglesia de San Nicolás, fue uno de los elementos más emblemáticos de la villa. Observador silencioso de la vida cotidiana y de todo lo que acontecía en el pasado siglo en esta parte de Bilbao.
Hace cien años, el paseo del Arenal no era como lo conocemos ahora, sino que se trataba de un espacio mucho más frondoso. En el año 1844 coexistían 284 árboles entre tilos y plátanos que proporcionaban sombra en las tardes calurosas de verano a los bilbaínos mientras paseaban despreocupadamente o se dirigían a misa, al teatro o a realizar gestiones en el Banco de Bilbao, situado a pocos metros.
Todo comenzó cuando el ingeniero agrónomo, Santiago Brouard plantó un tilo en la zona de Abando en 1809. En 1816 fue replantado frente a la escalinata de la iglesia de San Nicolás. Cuentan de él que sus raíces eran tan largas que alcanzaban la plaza Nueva. Al cobijo de sus ramas se sentaban intelectuales como Miguel de Unamuno donde escribía cartas de amor a su querida Conchita Lizarraga o Antonio Trueba quien, a diario, esperaba paciente la inspiración de las musas.

El 1 de abril del año 1948 una gran tormenta se desató en la villa; el viento y la lluvia no cesaban. A la una y diez de la madrugada el tilo no pudo soportar más envites y cayó sobre las escaleras de la iglesia. Esa misma noche, tras el vendaval, muchos bilbaínos se acercaron a despedirse con gran tristeza de su adorado y respetado tilo. Algunos, incluso, se guardaron como recuerdo algunas astillas.
Fueron muchos los artistas de la talla de Zuloaga, Ortega y Gasset o Ramiro de Maeztu que se dejaron influenciar por él, por su esencia. Cuenta la leyenda que aquel no era un árbol cualquiera sino alguien que hablaba al corazón de quien se sentara a escucharle. No cabe duda de que algún tipo de magia poseía cuando, casi un siglo después de su desaparición, seguimos recordándole.

FOTO: INTERNET

DIARIO «EL HIERRO»

El 5 de julio de 1937 apareció por primera vez en Bilbao el diario EL HIERRO bajo la dirección de José Antonio Giménez Arnau, quien fuera un miembro destacado de la Jefatura Nacional de Prensa y Propaganda de la Falange Española.
En sus inicios se utilizó la sede del diario EUZKADI que había sido incautado por las fuerzas sublevadas. Más tarde se trasladó al antiguo periódico EL LIBERAL, propiedad del líder socialista Indalecio Prieto; cuyas instalaciones fueron, también, confiscadas por el régimen.

EL HIERRO coexistía durante el periodo franquista con otros diarios como LA GACETA DEL NORTE o EL CORREO ESPAÑOL-EL PUEBLO VASCO. Sin embargo, en sus mejores años, nunca superó los doscientos mil ejemplares de tirada. Fundamentalmente se nutría de los artículos que el diario madrileño ARRIBA publicaba por la mañana. De hecho, hubo voces que aseguraban que no consiguió éxito empresarial precisamente por esa dependencia de Madrid. Tampoco ayudaba el hecho de que no se renovaran sus instalaciones ni la maquinaria, por lo que no podían mejorar sus ediciones.
Al fallecer Francisco Franco y, con una tirada de 3000 ejemplares, el periódico comenzó un declive que ni con las requeridas modernidades pudo superar. Finalmente y, debido a las pérdidas económicas y a los pocos lectores, el gobierno socialista decidió cerrar este diario vespertino el 14 de febrero de 1983. Hoy en día, en este magnífico edificio de la calle Obispo Orueta, se ubica desde abril de 1990 el Hotel López de Haro.

Pero, si hubo un personaje relacionado con este medio de comunicación que muchos de vosotros guardaréis en la memoria, fue sin duda Alejandro, vendedor de este y de otros periódicos por las calles de la villa, con una curiosa manera de gritar los titulares más jugosos para llamar la atención de los viandantes. Alejandro, fue un bilbaíno txirene que vivió y falleció en la Casa de la Misericordia donde todavía se le recuerda.

 

FOTO: Todocolección cogida de Internet.