TRAMPOSOS EN LA SOCIEDAD BILBAINA

Esta historia sucedió hace cien años en nuestra villa, pero bien podía ser una noticia actual, ya que, desgraciadamente, la picaresca y los robos continúan en nuestros días.
Junio de 1918 es la fecha en la que sucedieron los hechos que os voy a relatar.
Desde Madrid llegó a Bilbao un elegante militar ya retirado que, enseguida, comenzó una relación de amistad y, posiblemente, de engaño con un político del Ayuntamiento de la villa.
Aquel misterioso caballero se paseaba por las calles de Bilbao elegantemente vestido y con ademanes correctos y educados, como suelen ser los embaucadores profesionales.
Observó que existía un club donde se daban cita los más importantes hombres de la ciudad: la Sociedad Bilbaina.


Para ser un miembro más debía solicitar su ingreso, como así hizo, y mostrar sus credenciales. Desde la sociedad se pidieron informes a Madrid donde les garantizaron que se trataba de un coronel retirado que había pertenecido a otras sociedades de la capital del país y que su comportamiento era intachable.
Con esas referencias, la junta directiva de esta sociedad bilbaína, admitió al militar sin dudarlo.
Días más tarde reservó una habitación en el edificio sede de la Sociedad Bilbaina para alojarse con un supuesto amigo que, por su aspecto, parecía no tener mucho en común con el nuevo socio. Aquel hombre, de origen francés, baja estatura y cara de pocos amigos, no era del agrado del resto de miembros y no entendían qué hacía con el militar retirado al que consideraban un verdadero caballero.
Aquellos dos hombres tan diferentes entre sí estaban tramando un plan para robar el dinero del casino situado en el propio edificio. Para ello no dudaron en sobornar a uno de los serenos que vigilaba por la noche y a un croupier que fue quien les facilitó la llave para acceder al salón de juego.
Cuando ya habían organizado toda la trama, una noche, desde su habitación se encaminaron a la zona de juego portando varias herramientas con las que manipularon la ruleta, de tal forma que la bolita siempre les daría beneficios en sus jugadas.
Así estuvieron unos días y todo iba sobre ruedas, hasta que el sereno que había sido sobornado, preso de un gran remordimiento, decidió confesar la fechoría a la junta directiva de la Sociedad.
El Presidente y varios policías entraron en la habitación donde estaban los dos golfos preparados para llevar a cabo, una vez más, el truco de la ruleta manipulada.
La pareja de delincuentes fue detenida y, por el bien de la Sociedad, se decidió no contar nada para que la prensa no se enterara y quedara perjudicada la imagen de esta sociedad ya que el juego estaba prohibido.
Desgraciadamente, ocurrió justo lo contrario: Se enteró todo el mundo y dieron mucho que hablar a todos los ciudadanos de la villa y a la prensa.
En cuanto a la cantidad robada nunca se supo la verdad, ya que la Sociedad aseguraba que no habían perdido ni una sola peseta y, sin embargo, en la calle se barajaban cifras que oscilaban entre las 70 000 y las 300 000.
Esa duda jamás ha sido resuelta.

FOTO: INTERNET, firmada por Espiga.

COLEGIO DE CIEGOS Y SORDOS

A finales del siglo XIX proliferaron las instituciones benéficas en Bilbao. Así surgieron La Maternidad, el Hospital de Basurto, la Misericordia, el Asilo de Huérfanos… y el Colegio de Sordos y Ciegos.
Gabriel María de Ybarra fue quien impulsó este proyecto benéfico y, para ello, mandó construir este centro educativo destinado a la formación de personas con dificultades de audición y de visión.
En Deusto, cerca de Ibarrekolanda, en los terrenos del conde de Zubiria se colocó la primera piedra en el mes de marzo de 1894 con el arquitecto Luis Basterra al mando. Aquel día fue una fiesta en la anteiglesia de Deusto en la que se interpretaron varias canciones populares como el Gernikako arbola.
Al acto asistieron las personalidades políticas del momento, con el Alcalde a la cabeza, y no faltaron los fuegos de artificio y mucha alegría.
Desgraciadamente hubo que parar las obras por falta de recursos, para comenzarlos de nuevo en mayo de 1902 siendo el arquitecto José María Basterra quien tomó el relevo. Y, por segunda vez, se interrumpieron las obras por el mismo motivo; hasta que seis años más tarde vuelven los trabajos con la dirección del arquitecto Ricardo Bastida y, por fin, fue posible su inauguración en el año 1909.
Los costes corrieron a cargo del Ayuntamiento de Bilbao, la Diputación de Bizkaia y varios particulares que donaron su dinero, implicándose, así, en este proyecto benéfico considerado uno de los mejores de España en esta especialidad.


Un edificio principal, dos pabellones en ambos laterales y otro más por la parte trasera, formaban este colegio al que no le faltaba de nada; ya que disponía de servicios de lavandería, médicos, depósito de víveres y demás prestaciones necesarias para la atención de los miles de personas que pasaron por sus aulas.
El personal docente estaba compuesto por cuatro profesores y dos auxiliares; además, las hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl eran las encargadas de enseñar a las niñas tareas como costura, plancha y cocina.
La labor educativa era prioritaria, adaptando los procedimientos pedagógicos a cada alumno.
A mediados de los años sesenta, con la construcción del canal de Deusto, sufrió un deterioro que, poco tiempo después, terminó con la desaparición de aquel centro educativo.
FOTO: INTERNET

MALDECIR Y BLASFEMAR TENÍA SU CASTIGO

El lenguaje siempre ha sido un tema del que se ha hablado mucho, sobre todo cuando no se usa correctamente.
Pero, una cosa es no utilizar bien los verbos o las frases subordinadas y otra muy diferente es pronunciar palabras soeces y malsonantes.
Eso es lo que debió pensar a finales del siglo XIX el Gobernador Civil de Bilbao cuando, a través de una circular, explicó la necesidad de erradicar ciertas palabras del vocabulario de los habitantes de la villa.
En esa carta hacía alusión a que en Vizcaya, con larga tradición católica, algunas personas maldecían y blasfemaban, con lo que faltaban el respeto a los vecinos y a todos los ciudadanos.
Y, como el objetivo era reeducar a aquellos malhablados, decidió que una multa de un máximo de 500 pesetas, les haría pensar dos veces antes de proferir insultos contra Dios y contra los Santos.
En las tabernas de la época era muy habitual escuchar frases en las que se incluían menciones nada acertadas a la Virgen.
Aquel lenguaje ofensivo hacía años que se venía observando en las calles y locales de nuestra villa, acrecentado durante la tercera Guerra Carlista. En aquella guerra blasfemaban los soldados de ambos lados, no solo los liberales.
El escritor Antonio Trueba fue uno de los más preocupados por esta moda que, según él, había sido importada por soldados y trabajadores que venían a nuestra provincia de diferentes partes de España.
Las maldiciones deseando verdaderas atrocidades al interlocutor y las obscenidades más bárbaras también tuvieron cabida entre los bilbaínos y vizcaínos de finales del XIX.


Pero si algo sorprendía especialmente, era el lenguaje soez de las mujeres de los pescadores quienes presumían de conciencia casta y devota y asistían a misa con regularidad.
Aquella manera de expresarse en Vizcaya y en todo el País Vasco, no sería la más adecuada pero formaba parte de sus comunicaciones diarias.
FOTO: INTERNET.

¡BUEN MENÚ, SEÑOR!

Todos hemos escuchado o cantado alguna vez la canción que habla de diferentes y deliciosos platos que un camarero enumera a un cliente en un restaurante.
Calamares, gallos, pescadilla frita, almejas, trucha, langosta a la americana, sopa, huevos, liebre, natillas, mazapán, flan, fruta…y, sobre todo, pavo “asao” con ensalada.
Esa es básicamente la letra de la famosa canción que interpretan los otxotes y corales desde que fue registrada en la Sociedad General de Autores por el grupo donostiarra LOS XEY.
La verdadera historia cuenta que fue Karlos Federico Zöllner compositor alemán quien escribió, a mediados del siglo XIX, el tema original titulado Der Speisezettel. Este músico fue líder del movimiento coral masculino, muy afamado en aquella época por toda Europa.
Años más tarde, Miguel Arregui Trecet, organista natural de Sestao y enamorado de la música coral, andaba buscando partituras para ser interpretadas por la Coral del Ensanche de la cual era director, cuando se encontró el tema compuesto por el músico alemán.
Fue entonces cuando decidió adaptarla y ponerle una letra en castellano. Aquella idea se le ocurrió en el café Iruña de Bilbao donde solía tocar el piano. Comenzó a leer la carta de los platos que servían y, ayudado por Jesús Unzue sobrino del fundador del café y jefe de cocina, fue escribiendo la letra que hoy conocemos.


El estreno de la divertida canción fue el 19 de agosto de 1928, primer domingo de la Semana Grande bilbaína, a las ocho de la tarde en un concierto en el kiosko del Arenal, donde también actuó la Banda Municipal de Bilbao.
Pero, la historia de esta canción no había hecho más que comenzar.
En los años cuarenta, el exitoso grupo musical guipuzcoano LOS XEY, decidió incorporar la canción a su repertorio e interpretarla por diferentes lugares del mundo.
Con el paso del tiempo y los éxitos cosechados, este grupo llegó a considerar el tema como propio después de que José Lahuerta, hermano de uno de los componentes del grupo, lo registrara en la Sociedad General de Autores con sede en Madrid.
Miguel Arregui, comenzó entonces una batalla por los derechos del “Buen Menú” pero falleció sin conseguirlo en el año 1944. Su familia pleiteó hasta conseguir un acuerdo salomónico en el año 1961 por lo que la viuda del músico y José Lahuerta se llevarían cada uno el cincuenta por ciento de los ingresos generados por la controvertida canción.
Desde entonces muchos han sido los que han interpretado el tema que nos hace salivar con tan deliciosos platos, como el conjunto GOLDEN APPLE QUARTET.
En el café Iruña muestran con orgullo la letra de la canción que se inspiró en sus variados y sabrosos platos.

FOTO: INTERNET