ESCUELAS DE INDAUTXU

Una de las escuelas más antiguas de Bilbao es la situada en la calle Manuel Allende esquina con Autonomía.
Se inauguraron el 7 de marzo de 1918 con el nombre de Escuelas de Indautxu. Al acto acudieron las autoridades municipales, civiles y militares; y el obispo Leopoldo Eijo y Garay fue el encargado de la bendición.
El alcalde Mario Arana, en su discurso, se mostró muy orgulloso del nuevo centro; ya que era un ejemplo de modernidad y un logro más en aquel sistema educativo que él se había propuesto mejorar. Destacó la importancia de las nuevas enseñanzas, tales como la materia de cocina para las niñas porque, según afirmaba, sería beneficioso el día de mañana cuando formaran una familia. En este centro se creó la segunda Escuela del Hogar de la provincia. Su profesora de cocina nacida en Gordexola, Predestinación Gómez Ybarra, escribió un libro con deliciosas recetas de la gastronomía vasca.
Otro de los problemas que, desde el Consistorio se quería resolver, era el de la alimentación. Para ello dotó de cantinas a las escuelas. Así se aseguraba de que, al menos, los estudiantes realizarían una buena comida al día.

El terreno costó al ayuntamiento 185000 pesetas y la obra corrió a cargo, una vez más, del arquitecto municipal Ricardo Bastida. Era manifiesto el interés del consistorio por mejorar el sistema educativo en la villa y los trabajos finalizaron en poco más de dos años. El edificio se distribuyó de la siguiente manera: en la primera planta los párvulos, la segunda para las niñas y la tercera se destinó a los niños. En el sótano se encontraba la cantina, la cocina y varias aulas para adultos; además de salas de profesores, salas de exámenes, biblioteca o duchas. Mil alumnos acudían a diario a la escuela.

FOTO: ANDONI RENTERIA

SALÓN CINEMATOGRÁFICO OLIMPIA

Después de cuarenta años de proyectar en su pantalla documentales, películas mudas, incluso los primeros films sonoros de la historia del cine, el Salón Olimpia finalizó su actividad y cerró sus puertas el 19 de enero de 1947. Aquel mítico cine se hallaba en la Gran Vía bilbaína, sustituyendo al café Olimpia donde, además, disponía de un almacén a modo de galería comercial.
Su historia comienza cuando el negocio hostelero no funcionaba bien y fue entonces cuando se creó una sociedad para reconvertirlo en cine. El 12 de septiembre de 1905 abrió sus puertas como Cine Olimpia presumiendo de todas las comodidades de la época. El día de la inauguración se proyectaron varios documentales. Pero, sin duda, fue el titulado “La Sociedad Atlética en el campo de Lamiaco” el que despertó más interés entre los asistentes. Un cuarteto de músicos fue contratado para amenizar la espera entre cada una de las funciones.
Los bilbaínos de entonces acogieron bien aquellas imágenes en movimiento que narraban historias o reportajes de diferentes lugares del mundo. Uno de aquellos asiduos era Félix Unamuno, hermano de nuestro bilbaíno más universal, Miguel de Unamuno, quien se acomodaba en una localidad reservada para él.

 

Juan Álvarez, gerente de la sala, gozaba de fama de buen empresario que utilizaba originales técnicas para atraer al público; como el hecho curioso de permitir acceder al local comiendo unas manzanas caramelizadas o cacahuetes que vendían en la entrada. Desgraciadamente, el progreso también afectó a aquel lugar de entretenimiento; la construcción de salas de cine más grandes y más modernas hizo que el Salón Olimpia dejará de ser un referente del cine en Bilbao y se vio mermada la asistencia de público. Por ello no hubo más remedio que clausurarla y, como colofón a aquellas cuatro décadas de existencia, el gerente decidió que los últimos días de vida del salón se mostrarían las películas más exitosas que se habían visto allí. Durante cuatro días los bilbaínos fueron pasando por el Olimpia para despedirse con mucha pena del que había sido lugar de encuentro, de besos furtivos, de risas, de lágrimas, de emociones…
Aquel edificio, construido por el arquitecto municipal Ricardo Bastida, fue derribado para dar paso a uno nuevo propiedad de la Caja de Ahorros Vizcaína donde instaló sus oficinas y, en cuyo patio interior, llegó a construirse el cine Gran Vía hoy en día desaparecido y reformado en la conocida Sala BBK.

(No confundir esta sala de cine con la que hubo en la calle Iparragirre desde 1951 hasta 1985)

La foto es de Internet.

LA FALUA

Cuatro siglos atrás, en aguas de la ría, hubo una embarcación que destacaba por su elegancia, su colorido y por las personas a las que transportaba: la falúa del Consulado de Bilbao. Utilizada por las autoridades para desplazarse por la ría en actos protocolarios o festivos, se construyó para dar boato a las fiestas barrocas del siglo XVII, que empezaban a decaer debido a que los bilbaínos estaban más preocupados por la actividad mercantil que por el jolgorio.
La primera fecha en la que se utilizó, de la que se tiene constancia escrita, fue en 1670 cuando el cónsul holandés llegó a Portugalete y, desde allí, se le trasladó a Bilbao en la elegante falúa impulsada por veinte remeros.
Su mantenimiento consistía en un tratamiento a base de sebo que la protegía de la sal y la humedad. Además, se solía guardar en una lonja en la zona de la calle Ripa para su mejor conservación.
Nunca faltaba en la celebración del Corpus Christi, la fiesta más importante de la época. Su aspecto majestuoso y pulcro destacaba entre todas las embarcaciones. En la popa disponía de una carroza cubierta decorada con telas bordadas muy vistosas. En una mesa se disponían las viandas y las bebidas que disfrutaban los invitados mientras los alguaciles y criados navegaban a su lado en pequeñas chalupas. Aquello era todo un espectáculo, una demostración del poderío económico de unos pocos, frente a los humildes bilbaínos que observaban el dispendio desde las orillas de la ría.

En 1680, durante una de las crecidas de la ría, la falúa, inactiva en ese momento, fue a la deriva golpeándose contra los márgenes. Afortunadamente, las telas y brocados que la decoraban, no sufrieron daños, ya que siempre se recogían cuando la barca no era utilizada.
Todo esto sucedía en el siglo XVII. Sin embargo, comenzado ya el siglo XVIII, las alusiones a la falúa no mencionan ni la carroza ni los elegantes detalles decorativos, por lo que hace pensar que abandonó su actividad ceremoniosa y solemne para dedicarse a tareas más mundanas.
Actualmente, se puede ver una réplica en el itsasmuseum de Bilbao, que fue construida en el año 1999 por el modelista naval y carpintero de ribera, José Luis González, por encargo de la propia Fundación del Museo.

FOTO: ANDONI RENTERIA