PORT CENTER EN EL MUSEO MARÍTIMO

El pasado 27 de marzo se inauguró, en el Museo Marítimo Ría de Bilbao, Port Center.
Se trata de un centro de divulgación del Puerto de Bilbao proyectado por la Autoridad Portuaria, que ocupa algo más de cuatrocientos metros cuadrados de la segunda planta del museo.


La exposición está estructurada en seis bloques o zonas donde se explican y detallan diferentes aspectos que, a veces, nos son desconocidos.
Son varios los temas que se tratan aquí como la sostenibilidad, las infraestructuras, las rutas comerciales o los planes de futuro del puerto.


Las nuevas tecnologías también tienen presencia en esta muestra permanente con diversas pantallas táctiles, videos o juegos interactivos para que todos aprendamos más sobre el puerto más importante del norte de la península.
En un contenedor han instalado una pantalla donde se emite un video que nos muestra el camino que hacen las mercancías hasta llegar al barco.


Un motor de barco, al que se le ha dotado de luces rojas, se ha integrado en este espacio que, mirándolo, da la sensación de un corazón que bombea vida; vida portuaria.


Merece la pena pasear entre estas instalaciones donde, saldréis con más conocimientos sobre el Puerto de Bilbao de los que teníais al entrar.

FOTOS: ANDONI RENTERIA.

GORDEXOLA, UN PUEBLO CON HISTORIA

El municipio de Gordexola se encuentra a veinte kilómetros de Bilbao en la comarca de Las Encartaciones.

Poco más de mil setecientos habitantes conviven en una superficie de 41 kilómetros cuadrados.

El patrimonio arquitectónico de este pequeño pueblo es impresionante. Son muchas las casonas, casas-torre, ermitas e iglesias que salpican el municipio.

Varias mansiones de los indianos que, habiendo amasado una fortuna, volvieron a sus orígenes y edificaron majestuosas viviendas, con sus jardines donde no faltan las palmeras que le da ese toque de exotismo y prosperidad.

Las casas-torre, con el tiempo, se convirtieron en palacetes tras reformar sus fachadas austeras y sólidas.

Los montes rodean este enclave en el que no falta el río Herrerías que cruza el pueblo, llamado así debido a la cantidad de ferrerías y molinos que jalonaron los márgenes. En el siglo XIX las ferrerías decayeron, dando paso a un movimiento migratorio que continuó en el siglo XX.

Hoy en día sus orillas sirven para pasear, sentarse en un banco o realizar ejercicios de gimnasia en alguno de los aparatos allí instalados.

Muy cerca del puente, el antiguo matadero municipal ha sido reconvertido en sede de la Peña del Athletic.

A finales de noviembre, por San Andrés, se celebra la feria ganadera más importante de la comarca y, hasta aquí, se acercan vecinos y ganaderos de toda la zona cumpliendo, así, con una tradición que se lleva realizando desde el año 1709.

Una mañana soleada de invierno, me dirijo hasta aquí para visitar este pequeño pueblo y observar las grandes casonas.

En la plaza del Molinar me siento en uno de sus bancos, imaginando las tardes en las que la orquesta hace sonar sus instrumentos en el kiosko, para disfrute de los vecinos.

Me fijo en una gran piedra que indica que el árbol situado al lado es un retoño del árbol de Gernika.

A pocos metros de aquí la iglesia de San Juan de Molinar se hallaba cerrada y en silencio en ese momento, al igual que la escuela.

Sigo andando hacia el frontón cubierto, donde, me explican, que también sirve para disputar partidos de baloncesto.

Detrás del edificio del Ayuntamiento me sorprende una curiosa escultura. Se trata de un jabalí, icono de las fiestas de San Cosme, en Septiembre. Esta escultura fue un regalo de un socio de la Peña del Athletic de Gordexola que reside en Nicaragua.

Mis pasos me llevan hasta la verja del antiguo Colegio San José, en un alto, que, actualmente, se dedica a tratar a las personas enfermas de adicciones.

A pesar de no ser un pueblo muy grande dispone de servicios básicos e, incluso, de un acogedor hotel.

Me voy con una grata sensación de haber paseado por un lugar cargado de historia, a pocos kilómetros de Bilbao.

FOTOS: ANDONI RENTERIA.

VISITA GUIADA AL BEC

Desde su inauguración, el BEC (Bilbao Exhibition Center) es un lugar de referencia para muchos de los importantes eventos que llegan a Bilbao o, más concretamente, a Barakaldo.

Tras la desaparición de la Feria de Muestras de Bilbao y, pensando en un espacio mucho más grande, decidieron ubicarla en esta población fabril.

En este post os quiero contar mi experiencia en la visita guiada que realicé a su interior.

El encuentro con la guía se produjo en el hall de entrada donde, después de saludar al grupo que hasta allí nos habíamos acercado, nos comentó que en 2004 se inauguró este recinto ferial, uno de los más modernos del mundo.

Accedimos por las escaleras a la sala de prensa donde se convoca a los medios de comunicación para informar de los eventos o de cualquier circunstancia referente al lugar donde nos encontramos.

 

De allí continuamos avanzando por grandes pasillos y muchas escaleras, hasta llegar a la quinta planta donde, al acercarnos a las cristaleras, observamos los pabellones desde arriba.

También se nos permitió acceder a algunas salas de reuniones que, según nos explicó la guía, disponen de paneles movibles para utilizarlos a demanda del promotor del evento. Estas salas son alquiladas por empresas para organizar actos con sus empleados o con sus clientes.

En ese momento dos de ellas estaban siendo utilizadas para realizar exámenes de Euskera, por lo que nos pidieron no hacer mucho ruido para no molestar a los que dentro se concentraban en la prueba.

Los grandes pabellones son muy versátiles y, de igual manera, se colocan mesas y sillas para unas pruebas académicas, como se engalanan para recibir a algún famoso cantante.

Uno de los pabellones más conocidos es el Bizkaia Arena donde diez mil espectadores pueden asistir a los grandes conciertos que, a lo largo del año, se programan.

 

La zona de carga y descarga nos la mostró pasando por una gran puerta no accesible al público. Alguien preguntó cuántas plazas de aparcamiento disponía este centro y la guía nos aseguró que son 4000 los coches que puede alojar el BEC en sus bajos.

En una sala cercana a la puerta principal pudimos disfrutar de una colección de fotografías de los diferentes eventos y actos realizados durante estos años en el BEC.

Llevábamos más de cuarenta y cinco minutos y nos faltaba de ver la terraza.

Todas las personas del grupo estábamos impacientes por subir a la última planta sabiendo que disfrutaríamos de unas inmejorables vistas desde los  casi cien metros de altura de esta terraza y sus más de trescientos metros cuadrados de superficie.

Los sesenta minutos de visita resultaron muy amenos, por lo que os animo a que lo visitéis.

FOTOS: ANDONI RENTERIA.

LA SOCIEDAD BILBAÍNA

Tantas veces he contemplado este edificio, tantas veces he caminado al lado de sus gruesos muros, tantas veces he imaginado cómo se vería Bilbao a través de sus grandes ventanales, tantas veces he fantaseado con las actividades de aquellos socios y, por fin, todas o casi todas mis dudas resueltas.
El edificio de la Bilbaína pertenece a la Sociedad Bilbaína, fundada en 1839 con la idea de ser un centro dedicado al recreo y a la cultura de los socios.
Los primeros 75 años de su existencia ocupó un edificio en la Plaza Nueva; hasta que, en 1913, se traslada al lugar que hoy conocemos en la céntrica calle Navarra.
Hace unas semanas recibí un mensaje de un buen amigo en el que me preguntaba si quería asistir a un evento en este, (para mí) misterioso lugar.
Por supuesto, ni lo pensé; mi respuesta fue un sí rotundo. No podía dejar pasar esta oportunidad de adentrarme en una sociedad que atesora una extensa herencia cultural y social.
A las doce del mediodía del día acordado, mi amigo ya me esperaba en la puerta principal que también es la entrada de coches.

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Nos dirigimos hacia un ascensor que, según me explica, es el original de cuando se construyó este edificio. Su interior de madera le da un toque de distinción.

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Pero yo prefiero subir por las escaleras y admirar la gran vidriera del techo.

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En la primera planta se encuentran las oficinas de la sociedad.
Ya en la segunda planta, en la planta noble, la elegancia es evidente con sus grandes puertas, techos altos profusamente decorados y columnas de mármol de Ereño.

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La biblioteca se encontraba vacía en ese momento. En un cartel se exige vestir con chaqueta para poder acceder a la zona de lectura. En varias vitrinas pude ver diversas publicaciones de la propia Sociedad Bilbaína.

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En esta planta, además de biblioteca, también se encuentran salas de juego, salas de baile, una peluquería y diferentes salones sociales donde poder descansar, charlar o leer.

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Mi guía y yo subimos a la tercera planta donde me explica, se encuentran los comedores y diferentes salas comunicadas entre sí.

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Me asomo por uno de los numerosos y grandes ventanales desde los que se observa la vida bilbaína y me imagino cómo la verían los socios de hace más de un siglo.
La sobriedad y elegancia de los cuidados sofás de piel, de la magnífica chimenea, de los pianos, los cuadros y demás decoración, me transportan a otro siglo.

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Aquí no falta de nada, incluso, disponen de una galería con los retratos de todos los presidentes que ha tenido la entidad hasta la fecha.

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Elegantes alfombras dotan a todo el conjunto de un toque de distinción y confort.

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Este edificio es mucho más grande de lo que me esperaba. Al decírselo a mi cicerone me sonríe y me asegura que solo me ha enseñado la parte más pública. Existen habitaciones, cocinas y más salones que tendré que imaginarlos.

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Antes de terminar mi visita entramos en el salón inglés, a pie de calle. Desde sus ventanas se puede ver a la gente pasar por la calle Navarra.

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Solo me queda agradecer a mi amigo este viaje al pasado. Ya no tendré que imaginar el interior de este emblemático edificio de nuestra villa.
FOTOS: ANDONI RENTERIA