POR LA VÍA VERDE DE GÜEÑES A SODUPE

Las vías verdes son una buena opción para pasear entre naturaleza,  no requieren un gran esfuerzo, al menos no tanto como alcanzar la cumbre de un monte.

Hoy os llevo hasta Güeñes a diecisiete kilómetros de Bilbao.

Hace unos días, me dirigí a esta población encartada y aparqué el coche cerca de la estación.  A pocos metros, cruzando las vías, comencé mi excursión hasta Sodupe.

El camino es lo suficientemente ancho como para que circulen vehículos, aunque afortunadamente para los paseantes, son pocos los que lo utilizan, por lo que se puede andar con tranquilidad.

El día soleado invitaba a realizar un ejercicio suave como el senderismo por este antiguo trazado de los FFCC de la Robla.

Me crucé con muchas personas con ropa deportiva que se les notaba muy acostumbradas a caminar por aquí. También vi a familias con niños y bastantes ciclistas.

A la izquierda del sendero me saqué una foto en un área de recreo con bancos y mesas que, por la espesa vegetación que había, no debe de ser muy utilizada.

Continué mi ruta por la margen derecha del río Herrerías observando los caseríos que aparecían ante mí; Algunos deteriorados y otros muy bien conservados y reformados.

En el barrio de Santxosolo dos construcciones de piedra salen a mi paso: la ermita y el albergue. Según se cuenta, el Ayuntamiento instauró un impuesto sobre el consumo de vino para sufragar la construcción de la ermita de San Martín de Iturriaga, más conocida como de Santxosolo por el lugar donde está ubicada.

Antes de llegar a Sodupe se encuentra una presa con los restos de la central hidroeléctrica Landalucía, actualmente cerrada.

A la altura de Sodupe, decidí dar la vuelta y regresar por el mismo camino hasta el lugar donde había estacionado el coche, total doce kilómetros de paseo entre árboles, caseríos y mucha naturaleza. Os lo recomiendo.

FOTOS: ANDONI RENTERIA

 

CENARRUZA, LUGAR DE PAZ

La antigua colegiata de Cenarruza es actualmente un priorato de la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia.
Situado en el municipio de Cenarruza-Bolivar a unos cincuenta kilómetros de Bilbao, es un importante paso de la ruta Jacobea, que fue declarado Monumento Histórico Artístico en el año 1948 y se encuentra en una ladera del macizo montañoso de Oiz.
Existe una leyenda que explica que en el año 968 los vecinos de Gerricaiz, a pocos kilómetros de la colegiata, vieron cómo un águila cogió una calavera de una tumba de la iglesia y se la llevó hasta el lugar donde hoy se ubica este edificio religioso. Aquella gente lo entendió como una señal y decidieron construir una iglesia que se convirtió en la parroquia de la población.
Con el paso de los años fue ganando en prestigio y fueron muchos los peregrinos que paraban aquí en su ruta hacia Santiago. Por ello, a finales del siglo XIV, se construyó el complejo religioso que vemos hoy en día compuesto por varios edificios que rodean un patio.
En 1379 Gonzalo de Mena y Roelas, Obispo de Calahorra, diócesis a la que pertenecía Vizcaya, la declaró Colegiata.
Hace unas semanas dediqué una mañana a pasear por la zona e impregnarme de la paz y sosiego que se respira en este enclave tan espiritual.

Aparqué el coche en una zona habilitada para tal uso. No vi a nadie ni oí ningún ruido, solo unos minutos más tarde escuché relinchar a unos caballos en un terreno adyacente.


La quietud era absoluta. En el primer lugar que me adentré fue en el claustro renacentista del siglo XVI que, para mi asombro y decepción, lo vi bastante descuidado. Mi vista se fijó en los arcos de media punta sobre unas columnas toscanas.


De allí me dirigí a la iglesia que, en ese momento, se encontraba completamente vacía.
Con calma observé los diferentes detalles de este templo del siglo XV imaginando cuántos peregrinos, cuántos devotos y cuántas personas buscando un rincón en silencio habrán pasado por aquí.


Al salir, mis ojos debieron adaptarse a la luz, ya que en la iglesia predominaba la oscuridad.
De nuevo en el patio central de este conjunto de edificios vi un arco y decidí atravesarlo; se trataba de una salida desde la que se observa el pueblo y una tapia muy alta que rodea el jardín al que no se puede acceder.


Después de un buen rato vi a un monje salir de lo que parecía un comedor y le saludé.
Muy amablemente me devolvió el saludo y a mis preguntas me explicó que son siete los monjes benedictinos que habitan el monasterio y que durante todo el año acogen a muchos peregrinos, sobre todo alemanes. Les ofrecen una cama, una cena ligera y un desayuno a base de café y pan.
También me comentó que dedican parte de su tiempo a la repostería que luego venden en una pequeña tienda frente al claustro.
Me aseguró que la vida en el monasterio es una buena vida si realmente estás convencido de tu vocación.


Le di las gracias por dedicarme unos minutos de su tiempo y me despedí.
Sin duda alguna, es un lugar maravilloso, con encanto y en un entorno privilegiado, para todos aquellos que realizan el Camino de Santiago y anhelan un sitio para reposar en una de sus etapas. Eso sí, todo es muy sencillo. Aquí no se puede ir buscando lujos.
FOTOS: ANDONI RENTERIA

LAS PLAYAS DE SOPELANA

Las playas Arrietara y Atxabiribil se encuentran en el municipio de Sopelana a dieciocho kilómetros de Bilbao.

Por carretera o en metro siempre es un buen plan acercarse hasta aquí y disfrutar de unas vistas inmejorables al Mar Cantábrico.

Aunque no sea verano siempre se puede ver a alguien paseando por estos arenales, en compañía de sus mascotas o practicando algún deporte.

Las impresionantes olas invitan a adentrarse con una tabla de surf.

Entre las dos playas no hay fronteras, puedes ir paseando a lo largo desde un acantilado a otro.

En un día de invierno la paz es uno de los ingredientes del paseo, solo roto por algún ladrido o la fuerza de las olas al romper en la orilla.

En verano los chiringuitos y las escuelas de surf siempre están muy concurridos.

Desde hace años no se puede acceder a la playa en coche, sino que hay que aparcarlo a unos cien metros en una zona habilitada para ello.

No faltan fuentes y papeleras. Sin embargo, solo hay unos pocos bancos de piedra.

A pocos metros de aquí, Barinatxe, la conocida como playa Salvaje, es un paraíso al que se accede bajando un montón de escaleras o por un camino hacia la zona nudista.

Sin duda, es un buen destino en cualquier época del año.

FOTOS: ANDONI RENTERIA.

 

JARDÍN BOTÁNICO DE BARAKALDO

En el año 2002 se inauguró el Jardín Botánico Ramón Rubial de Barakaldo.
Sobre una atalaya, los arquitectos Ángel de Diego Rica y Blanca Diez Diez , diseñaron este museo de arte vegetal con vistas a los montes de Triano.

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Al parque se puede acceder por diferentes entradas pensadas para facilitar el acceso a todo aquel que se acerque a disfrutar de la paz y de las cientos de especies traídas de distintas partes del mundo para ubicarlas en los 65 000 m2 de extensión, de los cuales 40 000 son zonas verdes.

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Este lugar paradisiaco se ha convertido en el gran pulmón del municipio fabril.
El Ayuntamiento del municipio realiza visitas guiadas gratuitas varios días a la semana con una duración de hora y media.
En el punto más alto del parque un lago con surtidores es el lugar ideal para los patos.

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No faltan zonas de sombra y bancos por todo el recorrido, lo que le hace muy apetecible sobre todo en verano.

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Os recomiendo una visita, sin prisas.
FOTOS: ANDONI RENTERIA.