125 AÑOS DE HISTORIA JOYERA

Jamás hubiera imaginado Juan Fernández Monge Otaduy, orfebre alavés, cuando llegó a nuestra villa en la segunda mitad del siglo XIX, que comenzaba a escribir la historia de uno de los comercios emblemáticos de Bilbao.
Su hijo Fernando Fernández Monge Abrisqueta, fue el fundador en el año 1891, de la joyería FERNANDO MONGE en pleno Casco Viejo, concretamente en la calle Cinturería nº 1.
Fernando, con sus ideas innovadoras, fue quien inició relaciones con la Bolsa de Amberes e importó diamantes para la realización de sus joyas.
El local del Casco Viejo era un referente de elegancia y sobriedad, además de en profesionalidad.
En 1946, un nuevo Fernando hijo del anterior, dio el salto a la zona de Indautxu abriendo un nuevo negocio en la calle Ercilla nº 34. Para ello fue muy cuidadoso y mantuvo la estética del otro comercio; en su decoración no dudó en invertir el dinero necesario para dotar, también a este local, de elegancia y distinción, sellos de la empresa familiar.
Sus lunas curvas del escaparate, realizadas en Barcelona, son muy conocidas y valoradas, además de ser las más grandes de Bilbao.

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Pero, llegaron las inundaciones de 1983 y el establecimiento de la calle Cinturería, como todos los del Casco Viejo, no se libró de las consecuencias de varios días lloviendo sin mesura sobre nuestra villa.
Finalmente, resolvieron bajar definitivamente la persiana del local afectado y mantener el actual, el de la calle Ercilla.
Hoy he decidido acercarme hasta allí para conocer a la cuarta generación de joyeros.
A las diez y media de la mañana me abría la puerta de su comercio, con una amplia sonrisa, Manu Fernández Monge.

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Manu me explica que él es gemólogo y que se puso al frente del negocio hace treinta y siete años, cuando su padre falleció.
Se trata de un negocio familiar pero, en este momento, no hay ningún miembro que recoja el testigo, ya que los futuros herederos se decantaron por profesiones que nada tienen que ver con la joyería e, incluso, algunos residen en el extranjero.
De momento, Manu, se mantiene firme y, como él dice: “Nuestra joyería, la más antigua de Bilbao con sus 125 años de historia, ha sobrevivido a dos guerras mundiales y a una guerra civil”

Me fijo en diferentes motivos decorativos que son verdaderas obras de arte.

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Manu, ¿Qué tipo de clientela cruza la puerta de tu negocio?
Mayoritariamente, es un público femenino el que visita mi joyería, aunque muchos hombres también vienen a comprar, relojes, sobre todo.
He estado mirando un poco en tu web y veo que vuestras joyas se pueden adquirir vía On line.
Sí, nos hemos adaptado a los tiempos y hemos decidido dar este servicio que parece tiene buena acogida; tanto para personas de fuera de Bilbao como para los propios bilbaínos que optan por esta manera de comprar.
¿Desde dónde os llegan los pedidos?
Nos han llegado a solicitar relojes desde lugares tan exóticos como Tahití.
Una pareja parisina me encargó un reloj y, en vez de enviárselo, volaron por la mañana hasta Bilbao para recogerlo y, ya que estaban aquí, probaron nuestra gastronomía en uno de los mejores restaurantes de la villa. Por la tarde regresaron en otro vuelo a París y, desde allí, me enviaron un mail agradeciéndome la recomendación del restaurante.
Supongo que 125 años dan para muchas anécdotas y muchos clientes. ¿Los turistas extranjeros que llegan en los cruceros de lujo se acercan hasta aquí?
No, es muy raro, porque normalmente atracan en Getxo pero les llevan de excursión a La Rioja, al Casco Viejo o a Urdaibai. Son poquísimos los turistas con alto poder adquisitivo, que bajan del crucero para deambular por las calles de nuestra ciudad.
Recuerdo hace unos meses a una pareja de Australia que, paseando, llegaron hasta aquí, se fijaron en mi escaparate y entraron. Me compraron dos collares como estos. -Abre un cajón y me muestra unos collares realizados con unas curiosas piedras que, me explica, son fósiles de mamut.

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Imagino que, después de tantos años en la zona, muchos clientes habrán pasado a ser amigos.
Si, la mayoría. Mi relación con ellos es de cariño y amistad. Son muchos años aconsejando regalos o piezas para lucir en ocasiones especiales.
¿Actualmente realizas tú las piezas de joyería?
No, ahora tengo un equipo en el taller del Casco Viejo. Yo estoy mayor. -Me confiesa entre risas.
Casi una hora ha transcurrido desde que crucé la puerta de esta joyería centenaria y reconocida de nuestra villa. El tiempo vuela, y más hablando de relojes.
Agradezco a Manu su tiempo, sus explicaciones, su profesionalidad y su amabilidad.

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Ha sido una nueva lección para mi formación de bilbainismo.
FOTOS: ANDONI RENTERIA

MARINO MONTERO DINAMIZA BILBAO.

Si hay alguien que conozca bien lo que se cuece en Bilbao ese es, sin duda, Marino Montero.
Hace unas semanas, cuando propuse a este insigne dinamizador de eventos charlar con él para realizar una entrada en mi blog, sabía que sería un reto y, a la vez, un momento único para descubrir muchos aspectos de la historia reciente de nuestra villa.
Nos citamos a las diez y media de la mañana en una afamada cafetería del Casco Viejo. Después de pedir sendos cafés, nos sentamos en una mesa frente a frente.

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Lo primero que observo en Marino es que sostiene la mirada y eso me gusta mucho. No rehúye ninguna pregunta, ninguna cuestión. Al contrario, se le ve cómodo revolviendo su café solo mientras me sonríe y me explica que fue alumno del colegio Maristas.
Eran los tiempos en los que las aulas de dicho colegio se encontraban en la plaza Nueva y, para disfrutar del recreo, debían subir por las escaleras de las Calzadas de Mallona; donde, una vez arriba, daban rienda suelta a sus juegos infantiles.
Me lo cuenta entre risas, pero confiesa que entonces no les hacía mucha gracia el esfuerzo de subir dos veces al día, ya que por la tarde también contaban con tiempo para recreo.
¿Ya de niño apuntabas maneras de dinamizador?
Bueno, un poco sí. Fui delegado de clase varios cursos y me gustaba colaborar en la organización de actividades escolares.
Fuiste a Maristas y el bachiller lo realizaste en el Instituto Central
Si, así es. En el “insti” éramos muy apasionados y ocurrentes. Creamos un grupo con el fin de promover y colaborar en cualquier evento cultural. La primera idea fue la de establecer un día libre para los porteros de fincas de la zona. Se trataba de suplirles en sus puestos, de tal manera que algunos de nosotros nos quedáramos trabajando para que los porteros junto con el resto del grupo de chavales del grupo, se fuesen de excursión. Así estos empleados de fincas disfrutarían de una jornada de asueto y diversión. Fue todo un éxito. Hubo incluso alguna nota de prensa al respecto.
Mucha gente desconoce que Marino Montero estudió la carrera de Derecho.
Pues sí, estoy titulado por la Universidad de Deusto pero jamás he ejercido de abogado.
¿Y si te digo ADARRA qué te viene a la cabeza?
ADARRA fue un grupo formado por profesores de la Escuela Pública y varios pedagogos. Se encargaban de coordinar las distintas actividades infantiles por los barrios con las asociaciones vecinales que, además, editaron un libro sobre juegos infantiles. Y, claro, allí estuve yo también con los txikis.
¿El público infantil te gustaba?
Sí, me movía bien en ese mundo. En 1973 programé una semana de talleres y juegos infantiles en Cruces que fue todo un éxito.
Cinco años después, fundamos OSKUS, un grupo dedicado también a todo lo que tuviera que ver con las actividades de los más pequeños.

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Pero quizá de lo que más orgulloso te sientas es de haber sido uno de los promotores, impulsores y creadores de la ASTE NAGUSIA tal y como la conocemos hoy en día.
Bueno, se siente mucha satisfacción por haber acercado a los bilbainos unas fiestas que, hasta entonces, solo eran para unos pocos. Antes de 1978, únicamente, las disfrutaban aquellos que iban al teatro o a los toros. Pocas diversiones más había.
Hoy en día nadie puede aburrirse en la semana grande. Todos tienen cabida en unas fiestas tan populares y con tanta oferta como las de Bilbao.
Ya sé que lo has contado muchísimas veces a lo largo de todos estos años, pero me encantaría que me lo contaras a mí.
Jajaja. Sí, es cierto, he hablado sobre ello cientos de veces.
Todo comenzó con un concurso de ideas para una nueva ASTE NAGUSIA promovido por el Corte Inglés y el Ayuntamiento. Se trataba de aportar iniciativas para una mayor participación ciudadana.
El premio fue para el colectivo popular Txomin Barullo y, a partir de ahí, se creó una comisión de fiestas que, en poco más de un mes, diecisiete jóvenes con muchas ilusiones y mucho ímpetu pero con pocos medios y poca experiencia, decidimos ponernos al frente de una aventura que, afortunadamente, salió bien y ha llegado hasta nuestros días.
No fue tarea fácil. Tuvimos que hablar con representantes del Ayuntamiento, con otros colectivos culturales y convencerles a todos que aquellas fiestas serían una magnífica oportunidad para traer alegría a Bilbao.
Nos encontramos con voces a favor y voces en contra, pero eran otros tiempos, no había intereses partidistas y, como habíamos imaginado, la cosa salió adelante.
En prensa también nos dieron caña. Sin embargo, aquello ya era imparable.
Por aquello nunca cobrasteis nada
No, claro que no. En aquel momento, el cobrar o no daba lo mismo. Estábamos haciendo algo por nuestra ciudad y eso era el mejor pago.
Y, por fin, llegó aquel sábado de agosto de 1978 en el que todos permanecían expectantes y, supongo, que vosotros nerviosos. ¿Qué recuerdas de aquel día?
Emoción y mucha responsabilidad, sin duda. Fue muy emotivo el txupinazo en las escaleras de la Basílica de Begoña, por parte de Isabel Arciniega de la comparsa Araba Etxea.
Minutos después nos sumergimos en un desfile de comparsas que, al son de la música y cargados de ilusión, nos dirigimos hacia el Arenal.
Yo viví un momento muy conmovedor porque entre el público se encontraba un tío abuelo mío que lloraba emocionado.
He leído por ahí que insistes en que deberíamos usar el pañuelo de fiestas todos los días de la ASTE NAGUSIA y que no todos lo hacemos.
Es cierto. La indumentaria es nuestro distintivo en esos días festivos. Abogo por el pañuelo como complemento identificativo y, también, defiendo que Bilbao debería proyectar una imagen fuera de nuestras fronteras para que cualquiera que viera, por ejemplo una foto, supiera identificar nuestra ASTE NAGUSIA como ocurre en San Fermín.
¿Cómo recuerdas aquellos momentos iniciales de las inundaciones del 83?
Fueron momentos de caos e incertidumbre. Fíjate que fue tal el desconcierto, que en un primer momento, decidimos colocar los equipos de música en sitios altos de las propias txosnas, sin imaginar que el nivel del agua subiría tanto como para arrastrar txosnas y llevarse todo por delante.
También me acuerdo de cómo trasladamos al Gargantua a rastras hasta la plaza Circular.
Todos los componentes de las comparsas nos pedían consejo a nosotros, los de la comisión de fiestas. Debíamos tomar decisiones rápidas ante lo que se nos venía encima.
Siempre diré lo mismo, las comparsas ayudaron muchísimo coordinando la estructura cívica. A las 9 de la mañana y a las 3 de la tarde se repartían los trabajos de limpieza y desescombro.
¿Alguna vez has “huido” del Botxo en la ASTE NAGUSIA?
Jamás. Llevo viviendo las fiestas intensamente desde hace más de 30 años y espero seguir haciéndolo mucho tiempo más.
En el año 1987 comenzaste una nueva andadura con el Grupo Iruña
Sí, me hicieron de la plantilla y yo me dedicaba a planificar un calendario de diferentes actividades. Hace algo más de un año que ya no trabajo para el grupo.
Si Marino Montero se pierde en Bilbao, ¿Dónde deberíamos ir a buscarle?
Por las alturas, básicamente. El funicular me encanta y el ascensor de Mallona también, aunque desgraciadamente, ahora no esté en funcionamiento.

Terminado el café salimos a pasear primero por la Plaza Nueva y, después, nos dirigimos al Arenal, centro neurálgico de las fiestas.

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¿Qué parte de la ciudad sería, según tú, de visita obligada para un turista que se acerque al Botxo?
A todo el mundo que venga por primera vez a Bilbao les recomendaría un paseo por el Casco Viejo, sin duda.
¿Vales más por lo que callas que por lo que hablas?
Rotundamente, sí.

Nos acercamos al Kiosko del Arenal, lugar que Marino mira con cariño. Es uno de sus rincones favoritos. Me comenta que este espacio está infrautilizado; que, además de la Banda Municipal de Música, deberían actuar otros grupos para deleite de todos.
A mí me gusta la idea, claro.

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Continuamos paseando y charlando de Bilbao, por supuesto, y nuestros pasos nos llevan hacia la barandilla de la ría como si el agua, en otros tiempos marrón chocolate, ejerciera sobre nosotros una fuerza a la que no pudiéramos resistirnos.
A Marino la ría le apasiona, lo sé.

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¿Qué ves al mirar la ría?
Veo una infinidad de posibilidades, veo actividades, veo vida. Eso es lo que se merece nuestra ría y nuestra ciudad. Creo que hay mucho por hacer respecto a la ría. Se ha regenerado como para poder disfrutar de ella y eso es lo que deberíamos hacer.
En el fondo, eres un romántico, Marino.

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Entre risas, nos despedimos pero, solo por hoy. Marino es un hombre con el que charlar es un placer. Sabe mucho, sabe todo de Bilbao, así que, decido que no será la última vez que me siente a tomar un café con él.
Además no hemos hablado de su presente, de la Academia del Cerdo Txarriduna a la que pertenece, de su participación en actos culturales de la villa, del certamen literario de relatos sobre la ASTE NAGUSIA, de su implicación en la regata que enfrenta cada año a la escuela de Ingenieros y a la Universidad de Deusto, de la fiesta del txikitero, de la Semana Santa, de…
Mila esker, Marino! Nos encontraremos por el Botxo.

FOTOS: ANDONI RENTERIA.

IBON PÉREZ, PASIÓN POR COMUNICAR.

Este era un reto para mí, debía entrevistar a un periodista. Pero, no. Yo no entrevisto, yo charlo, yo escucho y eso es lo que le propuse a Ibon Pérez meses atrás, aunque no se ha producido hasta hace tres días que nos citamos en un lugar muy significativo para él: la sede de Euskal Irrati Telebista (EITB) en Bilbao.
Ibon me abrió su corazón durante dos horas y media. En estas líneas quiero acercaros a lo mejor de Ibon: a la gran persona que es.
A las once y media de la mañana me estaba esperando en la puerta principal del edificio. Al verme abrió sus brazos para envolverme y, por fin, darnos esos besos que llevaban tiempo queriendo hacerse realidad.

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Atravesamos las puertas acristaladas para acceder al control de seguridad. Allí me di cuenta de lo apreciado que es este joven lekeitarra. Todos le saludaron cariñosamente y bromearon con él.
Subimos a la zona donde se encuentran los trabajadores de redacción, producción, marketing y demás secciones que supone una cadena de televisión como esta.

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Él no paraba de saludar, sonreír o intercambiar unas palabras con todo el que se cruzaba.
Después de tomar algunas fotografías decidimos sentarnos en una zona de descanso donde podríamos conversar tranquilamente y degustar un café de máquina.

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– Me gustaría que me hablaras de tu infancia, de tu pueblo.
– El próximo 28 de febrero cumpliré 29 años. Fui prematuro. Nací a los seis meses de gestación de mi ama y además lo hice en una ambulancia. Cuando llegamos a la clínica del Doctor Guimón en Bilbao, los médicos decidieron mi ingreso en una incubadora del hospital de Basurto. Te contaré algo divertido. Mi aita y un amigo fotógrafo se disfrazaron de enfermeros para entrar a verme y sacar mi primera imagen. La guardo con mucho cariño.
– Procedes de una familia de marinos.
– Sí, mi familia siempre ha estado relacionada con el mar. Mi aita está jubilado pero fue jefe de máquinas en un atunero. Conmigo esa tradición se perdió; quise dedicarme al periodismo, profesión que me entusiasma, que me da la vida.
– Preferiste hacer carrera en tierra firme.
– Efectivamente. La profesión que elegí es bastante más inestable que un barco en plena tempestad pero es lo que me apasiona. Es un mundo difícil y exigente, pero no pierdo la esperanza, he luchado y lucho todos los días por mantenerme, por aprender.
– ¿Tuviste claro desde niño que querías a ser periodista?
– ¡¡No!! Qué va. Yo quería ser cura. Fui monaguillo mucho tiempo y aquel ambiente me gustaba, me transmitía paz. Tiempo después me imaginé siendo un intrépido arqueólogo estudioso de la raza humana o un astronauta viajando por nuevos y desconocidos planetas.
Finalmente, estudié Ciencias de la Información, profesión en la que me siento muy cómodo y me ha aportado tantos buenos momentos.

– Eres una persona muy formada por lo que he podido averiguar.
– Si, además del título de la UPV, hablo cuatro idiomas y tengo dos Masters en comunicación y audiovisuales.
– Tu currículum es impresionante para lo joven que eres. ¿Cuándo comenzaste a trabajar en esta casa?
– En 2005 colaboré en el programa PIKA PIKA de ETB2, de ahí me fui a Telebilbao mientras estudiaba en la UPV.
Tres años después fui becario, aquí, en esta casa. Por eso EITB es tan importante para mí; siento un cariño especial por esta empresa pública de comunicación. Aquí me siento como en mi propia casa.
En estos años he sido testigo de la transformación del mercado. Yo soy un chico de la antigua escuela pero en la era digital.
– Supongo que también habrá mucha competencia.
– Si, la hay. Mucha gente viene pisando fuerte. Hay muy buenos profesionales tanto delante como detrás de las cámaras. Pero eso es estupendo. La competencia es lo que alimenta el ser bueno o no. Es un acicate. Al menos yo me lo tomo así.
– Una de las características que yo destacaría de ti es tu versatilidad, eres todo un todoterreno, ¿Te sientes así?
– Bueno, soy una persona muy inquieta, me gusta aprender, me gusta escribir, me gusta empaparme de todo lo que me rodea, quizá por eso he probado varias actividades dentro de la comunicación. He trabajado como realizador, como guionista, como tertuliano, como reportero, incluso como actor.
– ¡Ah, es cierto!, te he visto en una serie de esta casa, precisamente.
– Si, un capítulo de EUSKOLEGAS. Fue muy divertido y enriquecedor.
También he hecho algún cameo en el cine; en la película FUEGO de Luis Marías aparezco en una escena rodada en mi pueblo y, lo último, que todavía no se ha estrenado, es mi intervención en la película GERNIKA. Estoy deseando verla, disfruté mucho en el rodaje, además es una película en la que el argumento gira en torno a unos periodistas en plena Guerra Civil Española y muchos de los que participamos éramos periodistas.
– ¿Cómo fue tu paso por el programa EL GRAN DEBATE de Telecinco?
– En Madrid me sentí muy querido. Aterricé sintiéndome un chico de baserri y volví completamente fortalecido y valorado. La Fábrica de la Tele me trató genial, aprendí mucho, aunque el sueldo no era muy alto y tuve que trabajar también de camarero. La vida allí es cara si tienes que pagarte la casa y la comida.
Cuando terminó mi contrato la dirección del programa me entregó una carta de recomendación. Fue muy emotiva la despedida.
– Cuéntame alguna anécdota que recuerdes de manera especial de aquella época.
– Recuerdo que me mandaron a hacer un reportaje en un barrio muy humilde del extrarradio de Madrid, donde debía entrevistar a una señora mayor que se había hecho cargo de sus hijos y de sus nietos. La pobre mujer me confesó que nunca había podido dar un capricho a los niños y que eso le hacía sentirse muy mal. Después de la entrevista, con las cámaras apagadas, me dirigí a una tienda de golosinas y me gasté 20 euros en diversos dulces. Volví a la casa y le di la bolsa a aquella desconsolada señora, pero le pedí que les dijera a sus nietos que había sido ella quien lo había comprado. Yo no quería honores, mi intención era que aquellos pequeños recibieran las golosinas de su abuela.
Salí de la casa pensando en lo poco que cuesta hacer felices a las personas.
En aquel programa se sucedían las anécdotas. En otro reportaje, uno de los conocidos como “perroflauta” me pegó un puñetazo. Se ve que no le gustó que le grabaran. En fin, gajes del oficio. Jaja

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– La historia de las chuches es conmovedora. Fue un detalle precioso. Tu aspecto de chico duro quizá no concuerde con tu interior. Eres muy sensible, eso se nota a los cinco minutos de conocerte.
– Si, lo soy y, precisamente, esta manera de ser que tengo me causó problemas en la ikastola, de pequeño. Sufrí las burlas de mis compañeros. Con el paso del tiempo logré perdonarles, de hecho me los encuentro alguna vez y nos llevamos bien.
– ¿A qué dedicaba el pequeño Ibon su tiempo?
– La música me ha acompañado siempre. Estudié solfeo y elegí el piano como instrumento. Según iba creciendo mi corazón me pedía dedicarme a algo en lo que pudiera ayudar o colaborar con alguna causa benéfica y me hice voluntario de la Asociación Uribe Costa de síndrome de down.
– Has ejercido de guionista, ayudante de realización, redactor, reportero, tertuliano… ¿Con qué te quedas?
– Realmente, si quieres que te diga la verdad, lo que me apasiona es el trabajo en la calle, el contacto permanente con esas personas que, amablemente, contestan a tus preguntas, muchas veces complicadas.
El micro es una prolongación de mí mismo. El frío, la lluvia, el calor…no me afecta si es con un micrófono en la mano. En esos momentos soy absolutamente feliz.
– ¿Actualmente tienes algún proyecto entre manos?
– Siempre tengo algo entre manos. En unos días me trasladaré a Madrid. Estoy muy ilusionado con un tema que me han ofrecido que ya te iré contando.
Además quisiera terminar una novela que comencé hace tiempo y la tengo abandonada.
– ¿Una novela? Eso suena muy bien. Adelántame algo del argumento.
– Bueno, es una novela ambientada en Bilbao y alrededores con muchas dosis históricas.
– Estoy deseando leerla. Me estabas explicando tus proyectos y me surge una duda. ¿En este mundo del periodismo lo que te ofrecen se cumple?
– No siempre, de hecho es una de las cosas que más me cabrea de mi profesión. Te llama alguien en quien confías y te pone el caramelo en la boca con un trabajo o colaboración. Días después te llama de nuevo para decirte que no va a ser posible.
– Supongo que tú también llamarás, ¿Cuál suele ser la respuesta?
– Sí, claro que me busco la vida, pero es muy decepcionante cuando te presentas para un nuevo trabajo y te rechazan con el argumento de que quieren caras más conocidas o todo lo contrario, que quieren gente nueva.
– He de confesarte que cuando veía hace unos meses las fotos que colgabas en Facebook mientras trabajabas en aquella empresa de caucho, me daba lástima y me enfadaba a la vez. Me parecía muy triste que alguien con talento que ha dedicado muchas horas de estudio y ha invertido mucho dinero en su formación deba dedicarse a algo que nada tiene que ver con lo suyo, solo porque no hay trabajo para él.
– Sí, es triste, pero no soy el único. En todas las profesiones sucede. A mí no se me caen los anillos ni me avergüenza ser albañil o realizar un trabajo en cadena en una fábrica. Lo que no estoy dispuesto a mi edad es a depender económicamente de mis padres. Ellos me apoyan y están a mi lado en todo lo que hago. Son mi referencia y los adoro.
– Y si hablamos de adoraciones, sé que hay por ahí alguien con nombre Fleu que te quita las penas.
– Sí, mi perro. Lo adoro, es cierto. Me escucha, me acompaña, me quiere y siempre me hace sonreír.
– Ibon, antes de despedirme de ti quiero que sepas que la charla contigo ha sido una de las más emotivas que he tenido desde que abrí mi blog. Eres un hombre encantador, sensible, directo e inteligente. Te deseo muchísima suerte en la vida. Eres un currante nato y eso merece una recompensa.
  Gracias por compartir tus sueños, tus ilusiones, tu vida conmigo durante dos horas.
– Gracias a ti, Esme. Ha sido un verdadero placer.

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FOTOS: ANDONI RENTERIA.

EL RESIDENCE DE MANU

Muchos lugares con historia en Bilbao, muchos rincones emblemáticos, muchos sitios a los que acudir o descubrir. Algunos llevan más de 50 años ofreciendo sus productos a unos bilbaínos exigentes y otros, como es el caso del RESIDENCE, en solo 12 años de trayectoria, es un lugar de culto para los que saben dónde encontrar un espacio acogedor, con buena música y una copa de calidad.

La visita al RESIDENCE es la experiencia que me tenía preparada la Asociación de comerciantes BilbaoCentro para mi participación en el concurso de Bloggers, así que hacia allí me dirigí el pasado jueves.

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Manu Iturregui abrió su local de la calle Barraincúa 1 en el año 2003, en una zona no muy frecuentada entonces por aquellos que buscan un sitio donde relajarse al salir del trabajo o para quedar con los amigos los fines de semana.


Pero… ¿Quién es Manu?
Manu es todo un personaje en sí mismo. Todavía no ha cumplido cuatro décadas pero su experiencia detrás de una barra le respalda para ser uno de los barman más importantes de la villa.


Cuando entró en la escuela de ingenieros pensó que aquel sería su camino sin embargo, años después, la realidad fue otra. A él lo que le gustaba era el trato con la gente desde su atalaya, desde su barra y con una coctelera en la mano.
La primera impresión que puede darte al conocerlo es de persona seria pero, transcurridos dos minutos, compruebas que es un hombre con gran corazón, quizá tímido pero muy dispuesto a explicarte su recorrido y su experiencia en el negocio.
También es una persona solidaria como lo demuestran sus acciones a favor del movimiento MOVEMBER, (Contracción entre moustache y november) Este acto nació hace más de diez años en Australia donde unos jóvenes decidieron dejarse bigote durante el mes de noviembre para apoyar a un amigo que se encontraba enfermo.

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A partir de ese momento muchos han sido los países que se suman a esta iniciativa, actualmente hay más de 20. Todo el dinero recaudado se destina a organizaciones que se dedican a investigar las enfermedades masculinas.
El pasado jueves 26 Manu reunió en su local a Roger Rueda, otro compañero de profesión, para ofrecer unos cócteles a sus clientes y de esta manera recaudar dinero a favor de esta causa solidaria.
También acudió al local una peluquera que se prestó para arreglar los bigotes a todos los que hasta el RESIDENCE se acercaran.
Después de un rato de charla, Manu, me preguntó si me apetecía algún combinado en concreto. Yo le dije que me encantaría pero que fuese sin alcohol, entonces sin pensarlo me dijo: “Te voy a hacer un Shirley Temple”
Fue entonces cuando me contó la historia del famoso coctel que lleva el nombre de aquella pequeña actriz de rubios tirabuzones a quien invitaban a muchos eventos pero que no podía tomar lo mismo que los adultos. Eso fue lo que dio la idea a un camarero para crear esta bebida sin alcohol.
Los ingredientes son tres: Zumo de pomelo, ginger ale y granadina y el resultado fue muy refrescante y dulce, como a mí me gusta.

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El Residence destaca por su ambiente de pub, esa es su seña de identidad. Algunos lo comparan con aquella serie de televisión titulada “Cheers” pero en pleno de centro de Bilbao.
Observo a Manu como utiliza diferentes artilugios con destreza y experiencia. Una máquina de CO2 sirve para enfriar las copas y darles una apariencia escarchada.

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Mientras realiza la mezcla me indica que todos los días permanece abierto el local. Los miércoles un grupo de música irlandesa ameniza la tarde.
Otra actividad del Residence son las catas de Whisky que, de vez en cuando, reúnen a varias personas entendidas en este licor o que simplemente quieren aprender y divertirse.
Antes de marchar me fijo en un cuadro de hace tres años en el que la Ría del Ocio le premia por el ambiente genuino y el espíritu gaélico.

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Una hora después salí a la calle sabiendo un poquito más de cócteles y con la satisfacción que da el haber conocido a un personaje de Bilbao.
FOTOS: ANDONI RENTERIA