JOSEBA SOLOZABAL, PASIÓN POR COMUNICAR

Hace unas semanas, le propuse a Joseba reunirnos para que me hablara de él, de su trabajo, de sus aficiones, de sus recuerdos…de todo lo que quisiera contarme. No dudó ni un segundo. Me contestó con un rotundo sí. Así que, a media tarde de un jueves de septiembre, quedamos en una cafetería cercana a la Alameda Mazarredo en Bilbao.
Llegó puntual a la cita, vestido de negro y, con su habitual simpatía y desparpajo, me soltó: “¡pero qué guapa estás!”.

En la situación que estamos viviendo no podemos saludarnos con besos, por lo que nos besamos con la mirada y con sonrisas detrás de nuestras mascarillas.
Elegimos un rincón tranquilo en un patio interior del establecimiento rodeados de plantas y al cobijo de miradas indiscretas.


-¿Qué quieres que yo te cuente de mi vida? –me pregunta cuando nos sirven las bebidas.
Quiero que, con esta charla, la gente que visita mi blog descubra a un Joseba humano, ciudadano, amigo, hijo, hermano…Pretendo que te muestres como tú quieras y que me cuentes a mí y a todos mis lectores lo que tú desees.
-Perfecto.
-Naciste en Deusto aunque, he leído por ahí, que siempre que podías “ibas a Bilbao”.
-Efectivamente, nací en Deusto. Pero, desde muy joven, mi vida transcurría en Bilbao. Cruzaba el puente para ir a comprarme ropa, al cine, a tomar algo con los amigos…Mi mundo lo formé en Bilbao.
-Cuéntame algo de tu más tierna infancia.
-Desde niño supe que quería ser periodista y locutor de radio. Fíjate, ya en el colegio me interesaba por las asignaturas que me serían útiles para estudiar en la Facultad de Periodismo.
-Y, por fin, llegó ese momento. ¿Qué recuerdas de tu paso por la Universidad?
-Siempre tuve la sensación de que no aprendí mucho de periodismo, pero sí de otras materias como Historia del Arte o Historia de la Comunicación. Donde realmente aprendí fue en las prácticas que, durante tres meses, realicé en Tenerife. Aunque tampoco era exactamente lo que yo buscaba en esta profesión. Estando allí me enteré de que la Cadena Ser buscaba gente para vender publicidad y me volví a Bilbao para dedicarme a conseguir anunciantes trabajando en equipo con otras cuatro chicas. De esa época guardo muy buenos recuerdos y mantengo amistad con muchos periodistas de entonces. Un día, alguien escuchó una de las cuñas que, de vez en cuando grababa, y me ofreció la posibilidad de formar parte de un nuevo proyecto: la creación de Radio Nervión. Cambié la publicidad por un programa en la nueva cadena de radio llamado LA LEY DE LA NOCHE, donde trabajé como locutor durante unos siete años. Fue una de las mejores etapas de mi vida. Aquel programa me dio la oportunidad de aprender muchísimo y conocer a grandes personas.
-¿Y te gustaba trabajar de noche?
-Sí, siempre me ha gustado. Nunca me ha importado trasnochar.


-¿Durante todos estos años pensaste en trabajar para otra cadena?
-No te negaré que alguna oferta si me han hecho pero, para mí, siempre ha prevalecido el ser feliz respecto a ser famoso o ganar más dinero. Los formatos que me ofrecían no me convencían demasiado y, además, Bilbao me tira mucho. Decidí quedarme en casa y ser feliz siendo yo mismo.

En su cara se refleja un punto nostálgico con una mezcla de orgullo y satisfacción.

-Eres muy camaleónico. Cada entrevista es diferente y a cada invitado le tratas como si fuera único. Siempre con educación y respeto.
-Por supuesto. Procuro ser educado siempre, pero cuando veo que alguien cuenta algo inadecuado, se lo hago saber. No me corto nada.
-¿Se te ha ido alguien del plató enfadado?
-No, nunca. Me consta que alguna persona no se ha sentido cómoda en mi programa pero han sido profesionales y han mantenido bien el tipo. Nadie me ha dicho nunca que no quisiera volver. Incluso, son muchos los que llaman para venir y que les haga una entrevista.
-¿Eres consciente de que Joseba Solozabal, a pesar de ser un hombre mediático, es el gran desconocido?
-Una vez me dijo eso mismo un gran amigo. Puede ser, no sé si eso será bueno o malo. Pero, sí. Es que yo soy muy cuidadoso con lo que cuento y a quién se lo cuento. Si yo quisiera podría estar hablando horas y horas sin explicar nada de mi vida privada.
-Estoy completamente segura de ello. Pero, tendrás un grupo de personas de confianza a quienes llamas cuando estás de bajón y necesitas desahogarte ¿no?
-Sí, claro. Me rodeo de personas maravillosas. Sin embargo, a quien más le cuento mis problemas es a mí mismo. Soy muy crítico conmigo, pero también muy coherente.

De repente, en mitad de nuestra conversación, se escucha una bilbainada. No era un disco. Era un grupo de personas que se habían reunido a tomar algo y hacían lo que siempre se ha hecho en los bares con un vino en la mano: cantar. Joseba, con su sentido del humor, exclamó: “¡Vaya nivel, has contratado un coro para mí!”. Nos reímos con ganas, por supuesto y retomamos nuestra charla.

-Me estabas hablando de la gente que te rodea, ¿Te refieres también a tus compañeros de trabajo?
-Efectivamente, ellos son más que compañeros. Son amigos. A veces nos vamos a tomar algo o de compras. Son parte de mi familia.

Con Joseba puedes hablar de temas más espirituales o trascendentales, pero yo también quería saber esos chascarrillos mundanos que nos ayudan a conocer más a la persona.

-¿Te cuidas mucho?
-Mira, sí. Procuro cuidarme. Para serte sincero te diré que, a pesar de que no me gusta nada, voy al gimnasio. Pero lo hago por una razón: porque sé que el ejercicio es salud. Además, me gusta mucho comer y tengo que compensar de alguna manera. También como sano, pero solo aquellos alimentos que me apetecen y me van bien.

Lo cierto es que viéndole tan cerca se nota que ha decidido cuidarse, como así demuestra su buena figura.

-¿Has pensado en escribir un libro?
-No. No me tienta nada de nada la idea de escribir un libro.
-¿Eres más de leer o de sentarte frente al televisor a ver una película?
-Las dos cosas me encantan. Leo muchas biografías; la última la de Melania Trump que escribió una ex amiga suya, de la que destaco una reflexión que asegura que nunca se fía de nadie y así nunca se siente traicionada. Las biografías de otras personas que han llegado a ser alguien, me interesan como aprendizaje; como una manera de descubrir cómo han triunfado en la vida. También leo novelas, pero las que me aportan conocimientos sobre algún tema interesante, en las que sabes que vas a descubrir algo nuevo, no las de la típica historia de amor. Por otro lado, veo mucho cine. Casi cada noche, cuando salgo de la tele y llego a casa, me pongo una película antigua en blanco y negro antes de dormir.
-Si trasnochas no madrugarás, supongo.
-Pues te equivocas. No me levanto tarde porque me encanta desayunar tranquilamente, dedicándome tiempo para mí. A veces lo hago en mi terraza, donde me siento y me dejo llevar por mis pensamientos.
-Oyéndote diría que eres muy reflexivo.
-A veces sí y a veces no. Puedo ser muy reflexivo y muy inconsciente. Depende del día y del momento. Me encanta lo que me hace feliz en un momento puntual; me gusta vivir sin repetirme, vivir intensamente. Soy muy intenso.

Mientras le escucho, observo cómo se expresa, cómo mueve sus manos, cómo sonríe o se pone serio; cómo abre y cierra los ojos. Joseba es pura expresividad y, sí, es muy intenso; con esa intensidad que da el querer experimentar todo y no dejarse nada en el tintero de la vida.

-¿Dirías que te han hecho daño alguna vez?
-Si aseguras que nunca te han hecho daño, es que has vivido poco. El daño forma parte de la vida. No puedes saborear un éxito si no has sufrido un fracaso. Ese daño te ayuda a continuar hacia delante y te hace más fuerte.

El coro de bilbainadas continúa poniendo la banda sonora a nuestra conversación mientras Joseba da otro sorbo a su café americano.

-¿Y esa faceta tuya de actor?
-Calla, calla, ni se me ocurriría decir que soy actor. Soy muy honesto y respetuoso con el mundo de la interpretación. Es una profesión seria que requiere mucho sacrificio y dedicación. Yo lo que hago de vez en cuando son cameos en alguna obra de teatro, porque me divierte muchísimo. Pero, fíjate, también he actuado en el circo.

Mi cara de asombro le anima a contarme cómo se subió a un elefante, cómo le metieron en una jaula con un león y cómo colaboró en un número de escapismo. Realmente, Joseba es sorprendente.

-Y, en el plató, hace más de veinte años, cuando el circo traía animales, he llegado a tener tigres, serpientes, cocodrilos y hasta un mono que nos rompió medio decorado. Y todo en riguroso directo porque yo siempre trabajo en directo. Me asegura entre risas acordándose de aquella escena con el simio.
-¿Eres de los que se montan en las barracas en Aste Nagusia o prefieres verlas desde abajo?
-¡Ay, no! Las barracas me dan mucho vértigo. En la noria he subido dos veces en mi vida. A mí los que me han gustado mucho siempre han sido los autos de choque. Aunque reconozco que en los últimos años he ido poco a las barracas en el parque de Etxebarria.
-¿Dónde llevarías a alguien que no conoce Bilbao?

Y, como era de esperar, me contesta con un “depende”. Nos echamos a reír a la vez.

-Depende de quién sea, de lo que le guste, del momento… De Bilbao me gusta todo. Yo no entiendo eso de programar visitas o situaciones. Cada vez hago menos planes. Tengo una máxima: “la vida es hoy. Hazlo ya” Así que, no planearía ningún lugar en concreto. Intentaría mostrar a esa persona diferentes rincones de nuestra maravillosa ciudad.
-Entonces ¿Cómo planificas tus viajes?
-Buf, cada día me da más pereza viajar. Yo soy de los que se llevan muchas maletas aunque sea para un fin de semana. Como no sé qué querré ponerme cuando llegue al destino, meto de todo en las maletas y eso complica mucho animarme a viajar.
-Joseba, el imprevisible.
-Pues sí, soy muy imprevisible. No me gusta pensar lo que sucederá a las cinco si son las tres. Tampoco me gusta que nadie sepa lo que voy a hacer o decir o lo que estoy pensando. A veces, en directo, en alguna situación, mi equipo me mira porque no saben por dónde voy a salir, jajaja. Eso me divierte muchísimo.
-Pero, supongo que habrá algún lugar especial para ti al que hayas viajado con tus montones de maletas.
-Por destacar un lugar en el que siempre que voy soy feliz, te diría Ibiza. Conservo muy gratos recuerdos porque siempre me he sentido libre en esa isla.
-Y en las relaciones personales ¿eres de los que mantiene la cuadrilla de cuando eras estudiante?
-Alguna amistad de entonces si mantengo. Pero, en general, prefiero que vaya entrando y saliendo gente de mi vida. Soy mucho de hacer amigos con el paso del tiempo. Se trata de ir evolucionando, y las personas que hace treinta años estaban en mi vida, también han evolucionado y ahora nuestras vidas son diferentes. Nuestros intereses cambian, debes dejar ir a esas personas. Cada uno tiene que buscar su camino. Lo que más he hecho en esta vida es conocer gente.

Mientras le escucho pienso “qué razón tiene Joseba, qué buena filosofía de vida”. Debe de habérmelo notado en mi cara porque me pregunta: ¿No crees que es así?

-Por supuesto que lo creo. ¿Y qué importancia tienen en tu vida las Redes Sociales?
-Importancia, la justa. Solo tengo Facebook. Publico más bien poco y siempre de temas de trabajo: invitados que tenemos en LA KAPITAL y poco más. No me interesa nada contar mi vida a base de fotografías. Esos momentos me los guardo para mí y para mi gente más cercana. Aunque entiendo perfectamente los que lo hacen o se dedican a las Redes Sociales como trabajo.
-Me consta que nunca te niegas a colaborar en actos solidarios.
-¡Por supuesto que no! –exclama con absoluta rotundidad y mirándome a los ojos. Siempre que me han llamado para presentar una gala, un desfile o algún evento solidario he asistido. Claro, si disponía de tiempo. Tengo el firme convencimiento de que todo el trabajo que haces gratis, te vuelve como beneficio emocional. Te hace mejor persona y te sientes bien. Además, por supuesto, del cariño y agradecimiento de la gente, que no tiene precio. A pesar de que por mi trabajo en la televisión y en la radio mi tiempo no me permite ir a tantos actos como me gustaría, pienso que es un honor que me llamen.

Llevamos casi una hora charlando. En la calle hace mucho calor pero, aquí, en este patio, rodeados de plantas, estamos muy cómodos y fresquitos.

-¿Disfrutas con las cosas pequeñas de la vida o necesitas grandes lujos para ser feliz?
-Las cosas pequeñas son maravillosas si las compartes con buena compañía. Un pincho de tortilla puede ser mejor que una langosta si estás bien acompañado. De todas maneras, me encanta tomarme una caña yo solo en algún local de Bilbao. Disfruto mucho de mi compañía. Si tú eliges estar solo, no es un problema. Hay mucha gente conviviendo con personas que les hacen sentirse solos y, sin embargo, no saben o no pueden salir de esa zona de confort.
-Me queda muy claro que te gusta la gente. Pero, ¿hay algo que no soportas?

Tras dos segundos meditando la respuesta, me responde con seguridad.

-No soporto a la gente que grita o a la gente maleducada. Últimamente y, con la situación de la pandemia que estamos viviendo, se nota el enfado por la calle. Caras de malhumor que muchas serán debidas a problemas laborales.

Y, por supuesto, no podía faltar hablar del tema de los últimos seis meses.

-¿Cómo estás viviendo esta crisis sanitaria?
-Sinceramente yo no me puedo quejar en absoluto. Tengo trabajo, estoy sano y los que me rodean, también. Pero, sí creo que este virus dejará mucha sensación de fracaso. La economía afecta al ánimo de las personas y vendrá una recesión que sufriremos todos. Me da pena pensar en una Navidad triste, pero debemos aprender a vivir en esta nueva situación.
-Hablas de una Navidad triste. ¿Eres muy navideño?
-Me encanta la Navidad. Pongo las luces en noviembre y las quito en febrero. Tengo un niño Jesús durante todo el año que lo coloco en diferentes lugares de mi casa. Aunque no soy practicante religioso, me agrada visitar iglesias y encender una vela.
-¿Y futbolero? ¿Eres muy futbolero? Doy por hecho que eres del Athletic.
-No soy forofo del fútbol, a pesar de tener muchos amigos futbolistas. Pero, por supuesto, el Athletic es el Athletic. He asistido en varias ocasiones al palco de San Mamés y he disfrutado mucho observando una gran variedad de personas allí, unidas por unos colores y un sentimiento común.

El tiempo siempre pasa volando cuando estás a gusto. De repente miramos el reloj y los dos decidimos que debíamos terminar nuestra charla porque ambos teníamos otros compromisos. Así que, salimos de la cafetería tras intercambiar unas palabras amables con el dueño y nos dirigimos hacia la plaza Moyúa.

 

-¿Te preocupa la muerte? –le cuestiono a bocajarro.
-Absolutamente nada. Me preocupa el dolor y la incapacidad; el no valerme por mí mismo y tener que depender de otra persona. No temo a la muerte porque estoy convencido de que iré a otro sitio y porque no podemos controlar aquello que no depende de nosotros. Desconocemos qué nos sucederá en el futuro. Por lo tanto, intentemos vivir bien aquí y ahora.

Mientras paseamos me doy cuenta de la cantidad de bilbaínos que le miran al pasar; unos con disimulo; otros, directamente le saludan con un: “¡Aupa, Joseba!”. Varias mujeres le paran y le aseguran que le ven todos los días en su programa de Telebilbao. No me resisto y le pregunto si le incomoda esa situación.

–Noooo, por supuesto que no. Todos los que se dirigen a mí en la calle son afectuosos conmigo. Mira, hay algo que quiero dejar claro en esta charla que hemos mantenido y es el apoyo que siempre he recibido del público, de los oyentes. Todos y cada uno me han animado y me han felicitado. No hay un día de mi vida que no haya recibido una palabra amable o cariñosa de alguien. Me sigue emocionando que valoren mi labor. Realmente, no existe nada mejor en el mundo que el agradecimiento y reconocimiento de tanta gente anónima que se acercan a mí para decirme cosas bonitas. Con el paso de los años, aprecio muchísimo una mirada de verdad, una persona que te dice que te quiere o que le gusta lo que haces. Ese es el mejor premio y eso me hace crecer como persona y como profesional cada día.

Observo sus ojos brillantes, su expresión sincera, su voz emocionada y, sí, no puedo estar más de acuerdo con él.

-¿Crees que has cometido muchos errores en tu vida?
-Claro que sí y nunca tengo problema en reconocerlos. Me equivoco mucho porque también realizo muchas tareas y opino mucho. Si presentas una gala durante cinco horas, es imposible estar maravilloso todo ese tiempo.
-¿Cómo te planteas el futuro?
-De ninguna manera, sobre todo en los momentos que estamos viviendo. Laboralmente vivo el día a día y doy gracias porque soy consciente de que mucha gente de mi profesión se encuentra sin trabajo.

-Joseba, he de ser sincera contigo y decirte que me has hecho muy feliz porque te he conocido mejor. He descubierto a la persona que hay detrás del personaje televisivo. Te agradezco muchísimo el tiempo que me has dedicado.
-Esme, me lo he pasado muy bien. He estado muy a gusto y soy yo quien te da las gracias a ti.

En la plaza Circular nos despedimos sin besos, sin abrazos pero con una profunda mirada de amistad y de cariño. Él sube hacia Hurtado de Amezaga y yo me dirijo hacia El Arenal, absolutamente feliz. Feliz por haberme cruzado en el camino de este hombre del que me enamora su filosofía de vida, su generosidad, su compromiso, su responsabilidad, su afán por vivir intensamente, su alegría, su simpatía…

Gracias, Joseba, por hacerme un huequito en tu agenda…y en tu corazón.

Gracias, Andoni Renteria, por tu paciencia y por tus estupendas fotografías.

ANA OTADUI, UNA PRESIDENTA MUY CERCANA.

Juntas Generales de Bizkaia es, posiblemente, una de las instituciones más antiguas del territorio histórico de Bizkaia; ya en la Edad Media se reunían los representantes de la Tierra Llana, las villas y Orduña, las Encartaciones y el Duranguesado, así como un nutrido grupo de hidalgos, caballeros y escuderos que acudían a la convocatoria del Señor de Bizkaia. La periodicidad de estas reuniones era de unas cuatro veces al año o, incluso, menos.
En aquellas juntas se trataban temas como el nombramiento del Señor de Bizkaia, se aprobaba la fundación de nuevas villas, se redactaban nuevas ordenanzas, se organizaban los recursos económicos, el cuidado de los montes o la construcción y mantenimiento de los caminos de la provincia, entre otras muchas cuestiones. En 1876, tras la Segunda Guerra Carlista quedaron abolidos los Fueros y, por lo tanto, desaparecieron las Juntas Generales que fueron recuperadas en 1979.
En la actualidad son cincuenta y un junteros elegidos en las elecciones forales, cada cuatro años, coincidiendo con las elecciones municipales. Los vizcaínos elegimos a estos representantes de las cuatros circunscripciones de Bizkaia: Encartaciones, Bilbao, Busturia-Uribe y Durango-Arratia.
Son cuatro las sedes de Juntas Generales en territorio vizcaíno: Casa de Juntas de Gernika, Casa de Juntas de Abellaneda, Casa de Juntas de Gerediaga y la sede de Bilbao situada en la calle Hurtado de Amézaga número 6 que fue el hotel Excelsior desde 1939 hasta 1988. Es aquí, en esta sede administrativa, donde se lleva a cabo la actividad diaria de la institución: reuniones, juntas o preparación de plenos, desde mayo de 1996 cuando se inauguró tras la reforma de este emblemático edificio. Y, precisamente, aquí tuve el honor de ser invitada hace unos días por Ana Otadui Biteri, Presidenta de las Juntas Generales de Bizkaia.
Al entrar, la planta baja del edificio cuenta con dos salas grandes: una de conferencias o de prensa y la otra para exposiciones temporales.
Ya en los pisos, lo que más sorprende es la distribución circular de las oficinas, despachos y salas de reuniones. Una escalera de madera en forma de caracol une las plantas donde se ubican los despachos de la presidenta, de los vicepresidentes y de los empleados de la institución.

Pero si hay algo que a mí, particularmente, me impresionó fueron las numerosas obras de arte que cuelgan de sus paredes. En cada rincón, por los pasillos, en casi todas las estancias se pueden observar cuadros de artistas vascos como Lazkano, Ibarrola, Oteiza o Chillida. También encuentro alguna obra donada por los diferentes autores que exponen en la sala de la planta baja.

Una de esas joyas me pareció realmente curiosa; creada por una mujer parece esconder un mensaje de liberación femenina.

Ana me esperaba en su despacho con su radiante sonrisa. Nos saludamos con dos besos y al comentarle lo bonito que es su lugar de trabajo, me aseguró que ella no ha tocado nada, que está exactamente igual que como lo dejó su predecesora. Lo único que se ha traído es un par de fotos familiares y un dibujo realizado por su niña.

Sobre una mesa reposa un cuerno que, según me explica, se trata de una réplica de uno de los utilizados hace muchos años para convocar las juntas desde alguno de los montes bocineros.

Me indica un sofá de color azul Bilbao donde nos sentamos mientras le pregunto por sus inicios en la política.

-Después de terminar Derecho en la Universidad de Deusto obtuve plaza de interina en el Ayuntamiento de Durango. En 2003 saqué plaza de administrativa en Diputación y, más tarde, me preparé para las plazas de Técnico de Administración también en Diputación. En el 2007 comencé mi carrera política siendo concejala en Elorrio, mi pueblo, y dos años después sustituí a Izaskun Bilbao en el Parlamento Vasco.
Y en 2011 te nombraron alcaldesa.
-Sí, fui la primera mujer alcaldesa de Elorrio, mi pueblo y lo llevo con muchísimo orgullo. La investidura no fue muy tranquila por parte de un sector de la población pero no lograron empañar uno de los días más felices de mi vida. Afortunadamente la gente del pueblo confió en mí y acabaron aceptándome y respetándome. El respeto es uno de los valores fundamentales para la convivencia; es lo que siempre le transmito a mi hija y así quiero que crezca.

He leído por ahí que cuando te quedaste embarazada las mujeres elorrianas te regalaron mucha ropita infantil tejida por ellas mismas.
-Lo recuerdo con muchísimo cariño. Fueron tan amables conmigo que nunca podré agradecerles tanto afecto y tantas atenciones.
Con una niña tan pequeña tendrás que hacer malabares para conciliar, supongo.
-No lo dudes, como cualquier trabajador. Afortunadamente la presencia de los aitites ayuda mucho en estos casos y estoy muy a favor de las medidas de conciliación para conseguir la igualdad que se están llevando a cabo desde el Gobierno Vasco.

Tras unos minutos pasamos al salón de comisiones y Ana me pide que me siente a su lado mientras ella lo hace en el asiento que le pertenece como presidenta.

¿Cuántas veces te reúnes aquí?
-Los martes tenemos la mesa que la forman miembros de diferentes partidos políticos. La mesa es el órgano de gobierno de esta institución y nuestra labor es ordenar los trabajos de la casa, calificar las iniciativas junteras que presenten el resto de grupos, contratación… Esta estancia dispone del espacio suficiente para que nos reunamos los cincuenta y un junteros que, por primera vez, hay más mujeres que hombres. Me gustaría destacar que somos una institución pionera; el segundo parlamento del estado después de Navarra en aprobar, por unanimidad, el plan de igualdad. En esta legislatura nos hemos puesto dos objetivos concretos: dar a conocer la institución y trabajar por la igualdad.

-Imagino que habrás vivido momentos muy emotivos en estos años.
-Sí, varios. Por ejemplo el viaje al campo de concentración de Auschwitz para plantar retoños del árbol de Gernika conmemorando los 80 años del bombardeo.
Hablando de los retoños creo que crecen por los cinco continentes.
-Sí, ahora estamos con un proyecto muy ilusionante; estamos censando el más de medio millar de retoños y subiéndolos a Internet. De tal manera que todo aquel que viaje y encuentre uno nos puede enviar una foto a nuestra web y ampliar, así, la información para todo el mundo.

Antes de salir de la sala Ana me invita a fijarme en el bronce realizado por Oteiza que representa el Gernika y, es por ello, que preside esta estancia.

Nuestra conversación continúa en la Casa de Juntas de Gernika, sede del Parlamento de Bizkaia, que fue construida entre 1826 y 1833 con un estilo neoclásico bajo proyecto de Antonio Echevarría. Se cuenta que este edificio fue el primero en Europa destinado para albergar un parlamento. Este es un lugar muy querido por el pueblo vasco. Según me indica Ana, es el tercer espacio más visitado de Bizkaia tras el museo Guggenheim y el museo de Bellas Artes de Bilbao.
Nos acercamos a la tribuna juradera. Tanto los lehendakaris como los diputados generales de Bizkaia juran aquí su cargo siendo ya una costumbre histórica. La foto es obligada delante del roble, sucesor directo del original que lleva aquí desde 2015. El árbol de Gernika es el símbolo más universal de los vascos; símbolo de paz, de derechos y de libertades. A poca distancia nos detenemos frente a los restos del roble plantado en 1700, que murió casi dos siglos más tarde y que se resguarda bajo un templete circular construido en 1929.

Ya en el interior, accedemos a la iglesia-parlamento donde se celebran los plenos de las Juntas Generales de Bizkaia. Son muchos los elementos de este magnífico espacio con claras referencias a la iglesia católica, como el altar o la pila de agua bendita. En las paredes cuelgan los retratos de los Señores de Bizkaia.

El primero de los cuadros que preside la cámara fue pintado por Francisco de Mendieta en 1609 y reproduce un hecho histórico que tuvo lugar en Gernika en verano de 1476 cuando Fernando el Católico vino a jurar los fueros. Este pintor era, además, abogado, etnógrafo e historiador y el cuadro es el primer retrato colectivo en la historia del arte europeo. Se trata de una pintura muy inspiradora para las mujeres que se dedican a la política, donde se pueden observar a cincuenta mujeres en la fila superior ataviadas con los tocados de cada uno de sus municipios. Sin duda es un cuadro pionero y revolucionario para su época, ya que representa al territorio de Bizkaia a través de sus mujeres, en vez de a través de sus alcaldes.

¿Recuerdas tu primer pleno como presidenta?
-¡Por supuesto! Nunca lo olvidaré. Fue el 16 de junio de 2015 y lo viví con mucha emoción y mucha responsabilidad. Aquí se siente el peso de la historia, el peso de los antepasados que tanto lucharon por la libertad. Es un honor para mí y, también, una gran responsabilidad el llevar a cabo bien mi trabajo.

A pocos metros se encuentra la sala de la vidriera que, en su origen, se construyó como patio descubierto; más tarde fue un museo dedicado a la historia de Bizkaia y, en 1985, se cubrió con la magnífica vidriera que muestra, con gran colorido y a gran tamaño, el árbol y la tribuna juradera. Este espacio se utiliza para actos institucionales y es uno de los preferidos por los turistas.

¿Cómo es un día cualquiera en la vida de la presidenta de las Juntas Generales de Bizkaia?
-Llego a primera hora de la mañana al despacho y compruebo las reuniones que tengo. Preparo los asuntos referentes a la mesa de gobierno que te explicaba antes, recibo a personas que solicitan una entrevista conmigo; precisamente hace unos días recibí en Gernika a una representación del pueblo gitano. También acudo a los actos a los que me hayan convocado que, muchas veces, se alargan hasta la noche.
Para que todos lo entendamos, explícame alguno de los temas que se deciden en esas juntas.
-Por ejemplo cuestiones que nos afectan en el día a día como pueden ser los Bizkaibus, las residencias para mayores, las lindes de los terrenos, presupuestos… Somos un parlamento del siglo XXI y queremos dar respuesta a los problemas o inquietudes de los ciudadanos. En la actualidad las juntas celebran dos plenos al mes: el tercer y el último miércoles de cada mes. Se reúnen los 51 junteros y junteras con el Diputado General y el resto de diputados.
Pero, ¿Cualquier particular puede venir a juntas?
-Por supuesto, estamos encantados de que lo hagan. Nos gusta escuchar a los ciudadanos, sus inquietudes, sus quejas o cualquier cosa que sea de su interés.
Me consta que también recibes a los más pequeños.
-Efectivamente. En colaboración con UNICEF se celebra el pleno txiki. Los niños y las niñas de varios centros educativos trabajan en sus aulas un tema y luego vienen aquí y nos lo exponen. Siempre es una jornada estupenda y muy enriquecedora para todos. Ellos conocen lo que hacemos aquí y ponen mucho interés.
¿Realmente entienden la función de las Juntas Generales?
-A los niños les explico de manera sencilla que este es un parlamento donde se toman decisiones importantes para todos. Les pongo ejemplos prácticos y les comento que aquí conseguimos que funcionen las residencias de mayores, el metro, el Bizkaibus, las carreteras. También me hacen muchas preguntas y ellos se sienten importantes.

Por una puerta entramos a la biblioteca y, de allí, a un pequeño despacho solo usado en algún acto protocolario donde algún invitado ilustre se sienta para firmar en el libro de honor. Esta pequeña estancia se puede ver desde la puerta ya que siempre se mantiene abierta.


-¿Te acuerdas del cuadro que te he mostrado en el salón de plenos? Pues aquí tenemos una copia del siglo XVIII. Me señala Ana.


Mi curiosidad hace que me fije en una especie de cintas de colores y Ana me cuenta que este objeto, regalo del alcalde de Hiroshima en el ochenta aniversario del bombardeo de Gernika, representa unas grullas símbolo de la paz.

Tras unas horas con Ana, confirmo lo que ya sabía: Ana es una mujer comprometida con la igualdad, la tolerancia y el respeto y, ya en la calle, compruebo cómo los vecinos de Gernika conocen a la presidenta y le saludan con cordialidad y afecto. Se nota que le gusta la relación con las personas.

Como he titulado este post, sin duda, Ana Otadui Biteri es una presidenta muy cercana.

FOTOS: ANDONI RENTERIA

JUANJO NAVAS, PASIÓN POR EL FLAMENCO

Cantar flamenco en Bilbao parece una osadía; algo para valientes puesto que nuestra tierra no es cuna de este arte cuyo origen hay que buscarlo en Andalucía dos siglos atrás.
Una expresión artística que viene acompañada, casi siempre, de danza y de música. El flamenco, declarado en 2010 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, ha cruzado el charco y se ha instalado en países como Méjico, Panamá, Puerto Rico o El Salvador, así que, ¡Cómo no lo iba a hacer en Bilbao!
Desde hace unos años el flamenco es más conocido y amado en Euskadi, donde ya no faltan academias tanto de música como de baile.
Hace unos días me cité con Juanjo Navas, uno de los que apunta maneras y que, poco a poco, con mucho arte y humildad va consiguiendo que su nombre se escuche entre los grandes del flamenco.
Me apetecía mucho que me explicara cómo empezó, que me contara cosas de su vida. Para ello, decidimos dar un paseo por las calles de Bilbao y recorrer esos espacios que han sido tan importantes en su vida profesional.
Al primer lugar que nos dirigimos fue al club El Edén de la calle San Francisco en Bilbao La Vieja.


Juanjo, ¿Por qué es tan especial para ti este sitio?
-Mira, en ese balcón de ahí, canté yo dos saetas en euskera, en la pasada Semana Santa, la de 2018, durante la procesión del Nazareno.
-Fuiste la primera persona que ha cantado saetas en euskera, ¿Eres consciente de que has hecho historia?
-Sí, eso me dicen todos. Reconozco que cuando me lo propusieron dudé, ya que mis conocimientos de Euskera no son muy amplios.
Las saetas las escribió Beñat Arginzoniz ¿No?
-Sí, A Beñat, lo conocí en un concierto, me regaló un libro suyo de poemas que me emocionó, y ahí comenzó nuestra amistad. Un tiempo después, la Asociación BilbaoHistoriko se puso en contacto con él porque buscaban a alguien para cantar una saeta en la Semana Santa bilbaína, Beñat me lo contó y así fue como nos metimos en este lio.
Maravilloso lio.
-Efectivamente, me siento muy orgulloso y, como todos me dicen, he hecho historia.
-Todos tenemos en mente esa imagen tuya con Beñat en este balcón pero, cuéntame, ¿Estabas nervioso?
-No especialmente; sentía mucha responsabilidad, pero estaba feliz. Eso sí, se me pasó todo muy rápido, casi no tuve tiempo de disfrutarlo.
-Juanjo, tú has nacido en Otxarkoaga pero tu familia viene de Andalucia.
-Sí, yo nací aquí, mi familia llegó desde Andalucía en los años cincuenta.
Y, supongo, que el arte lo llevas en la sangre.
-Mi abuelo materno era conocido como “Pepe Córdoba” o “Malaquías” y ya era una figura del cante en su Baena natal; aunque nunca actuó en conciertos ni nada parecido aquí en Bilbao se hizo muy popular. Todavía hay gente que me habla de él con mucho cariño y admiración.


Deduzco que tú escuchabas flamenco desde la cuna.
-Sí, en mi casa era lo más habitual. Música pop o rock no era frecuente. Mis padres han sido siempre más de Camarón, Valderrama, Marchena, Paco de Lucía…
La música de estos grandes artistas se puede considerar la banda sonora de tu vida.
-Efectivamente, por eso para mí fue muy fácil dedicarme a ello; era un arte que había mamado desde niño.
-Y todo esto sin asistir a clases de flamenco, de música ni de ningún tipo.
-No, nunca he tomado clases. Me he formado escuchando a los grandes, a los maestros. Estoy a favor de algunas técnicas de voz pero sin perder la esencia del cante. Cantar flamenco te tiene que salir de la tripa, es como un pellizco que sientes y que lo echas “pa fuera”. Lo que si he hecho es asistir a un taller con Laura Vital, una profesora del conservatorio de Sevilla que me animó a continuar cantando. Algo vería en mí cuando me insistió tanto en que no lo dejara, y le hice caso.


-Supongo que tu familia también te lo dirá.
-Sí, me siento muy apoyado por toda mi familia. A mi mujer y a mis hijos también les gusta lo que hago.
¿Tus niños se inclinan por el flamenco?
-Les gusta todo tipo de música y tienen buen oído pero no les veo todavía decantándose por ningún género en concreto.
Hemos llegado a la puerta de un lugar que significó mucho para ti.

-Así es, la Sociedad Filarmónica me trae muy buenos recuerdos. Fui el telonero de Los Habichuela en un concierto que ofrecieron aquí. Salí solo al escenario y me encontré la sala llena. Todavía rememoro aquel momento y me emociono.


Pero, no es el único escenario importante para ti. He leído por ahí que el Guggenheim, el Teatro Campos, la Sala BBK, Bilborock, el Teatro Barakaldo…y muchos más han colgado el cartel con tu nombre.
-Es cierto. Por ejemplo, en el Auditorio del Museo Guggenheim actué en la fiesta de Gorabide en un acto entrañable y muy emotivo. Y en la Sala BBK fue una actuación muy especial con el gran Gontzal Mendibil. Aquel día el salón estaba lleno y se quedó mucha gente fuera, sin poder entrar.


También me consta que has salido de Bilbao para actuar en diversas ciudades como Oviedo o Zamora pero, hay un lugar que para los cantaores significa mucho, ¿No es así?
-Sí, Casa Patas es una taberna-restaurante y tablao flamenco en el centro de Madrid y se le considera un punto de referencia en este mundo. Actuar allí es como un sueño para cualquiera que se dedica al flamenco.
Normalmente, hay dos guitarristas que te acompañan: Enrique Borja “El Vaca” y Marco Borge.
-Sí, son magníficos los dos, tocan la guitarra como nadie. A veces vienen los dos y otras, por cuestiones de agenda, solo puede acompañarme uno de ellos.
Leyendo en Internet sobre ti parece imposible que con tu edad (43 años) te haya dado tiempo para todo. Háblame de los festivales en los que has participado.
-Es cierto que en estos diez años que llevo ofreciendo conciertos he tenido la suerte de haber colaborado con muchos actos, festivales, eventos… Entre ellos por ejemplo “El Festival de Flamenco de Bilbao”, “Una Ría con Duende”, “Los Trasnoches Flamencos” o “Luna Nueva”, que fue un espectáculo que llevamos al Teatro Victoria Eugenia de Donosti en el que fusionamos danzas vascas con danzas contemporáneas y flamenco.
Con el grupo Txaleo también realizaste una mezcla que a mi me parece impensable.
-Sí, eso parecía a priori, pero lo hicimos. Mezclar el flamenco con el sonido de la txalaparta es algo que emociona de pensarlo, de imaginarlo. Es que somos de Bilbao y aquí todo es posible.
-En eso estoy de acuerdo.


-¿Tú crees que en Bilbao se entiende el flamenco?
-Hace unos años te hubiera contestado que no, y todavía no es una expresión musical que encaje bien. Sin embargo, es maravilloso observar cómo la gente va poco a poco aprendiendo, escuchando y dejándose llevar por las bulerías, seguiriyas, tangos o soleás.
En 2017 publicaste tu primer disco con los poemas de Beñat Arginzoniz, titulado REFLEJOS DE ANDALUCÍA.
-Sí, este fue el primero (Abre una bolsa y lo saca) Es mi primer hijo musical y estoy muy feliz de haberlo presentado en varios escenarios. Espero que no tarde en salir el segundo disco que me encuentro preparando en estos momentos.


-¿Dónde sueles ensayar?
-Suelo acudir a dos salas de ensayo: Una en Barakaldo y otra en LA HACERÍA, en Zorrotzaurre.
-Actuar en casa, en un lugar tan emblemático como la Plaza Nueva y en plena celebración de ASTE NAGUSIA, debió de ser apasionante.
-Jamás hubiera soñado con algo así, fue muy emocionante ver a tanta gente allí; a tantos amigos que vinieron a escucharme y a apoyarme. Me sentí muy querido y arropado. Hace diez años no imaginaba todas las cosas buenas que me están sucediendo.
Bueno, Juanjo, lo que a mí me cuentan es que no solo eres un gran artista, sino que posees un gran corazón; que eres amigo de tus amigos y muy buena gente. Así que eso se tiene que transmitir de alguna manera en tus canciones, en tu música y lo que recoges es fruto de esa mezcla.
Sonríe tímidamente.
-Hablando de escenarios importantes, he leído que pronto pisarás de nuevo el del Palacio Euskalduna.
-Pues sí, el próximo nueve de Febrero a las ocho de la tarde junto con el grupo SONIC TRASH, intentaré meterme en la piel del gran Enrique Morente y rendirle tributo como se merece. Espero que acuda mucha gente y que disfrutemos todos del espectáculo.

Nuestro paseo por Bilbao terminó en el emblemático Café Iruña donde él se pidió una infusión y yo un refresco, mientras me explicaba que, también aquí, había actuado.


He de confesarte que, hablando contigo, me doy cuenta de mi ignorancia en el tema del flamenco y, por ello, te agradezco enormemente, tanto el tiempo que has dedicado para explicarme tu afición, tus sueños y parte de tu vida, como los conocimientos que me has aportado sobre un arte que nunca me ha interesado mucho, pero te prometo que buscaré tus videos. Supongo que los encontraré en Youtube.

-Sí, ahí los cuelgo siempre. Espero que te gusten y que me lo cuentes.
Prometido. Juanjo, ha sido un gran placer pasar una tarde contigo. Te deseo muchos éxitos y que seas enormemente feliz con lo que haces.
-Lo mismo te deseo.

Le pedí una última foto con su primer disco y, entre risas, me aseguró que lo suyo es cantar, no posar.

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Nos despedimos con un fuerte abrazo y, mientras me dirigía a casa, pensé en la suerte de haber conocido a este hombre tan entrañable y tan artista. También pensé en la suerte que tenemos en Bilbao que no nos falta de nada; ni flamenco.
FOTOS: ANDONI RENTERIA.

LA CANELA, BAILAORA Y MUCHO MÁS

Hace unos años me presentaron a Christina como “La Canela”, una reconocida bailaora flamenca, profesora y directora de grupos de baile.
Hoy me siento a tomar un refresco con la idea de que me cuente todo lo que ella quiera sobre su infancia, su vida profesional, sus sueños…
Lo primero que le pregunto es por su nombre artístico.

-Mi nombre completo es Christine Margrethe Lindegaard y decidí llamarme “La Canela” por dos razones. Por un lado soy una apasionada de todo lo que huela a canela; desde perfumes, aromas para el hogar, comida… todo. Y, por otro lado, mi apellido resulta bastante difícil de pronunciar.


¿De dónde procede tu familia?
-Mi padre, aunque nació en Amorebieta, era de origen danés; de ahí este apellido, que como dicen algunos, es muy raro.
Te imagino como una chiquilla inquieta y apasionada, deseando mostrar al mundo su arte.
-Algo así; con quince años ya me gané mi primer sueldo dando clases de guitarra.
¿Cuándo sentiste el gusanillo del flamenco?
-Con dieciséis años empecé a interesarme por todo lo relacionado con el flamenco; pero, en aquella época no era muy usual escuchar esta música en Bilbao. Se organizó una fiesta de sevillanas, ¡La primera en Bilbao! Y el vestuario se trajo desde Madrid porque aquí no existía nada igual. Fue maravilloso. A partir de ahí, ya no pude ni quise dejarlo.
Todo empezó como una afición pero, supongo que acudirías a clases.
-Sí, tuve la suerte de aprender de los mejores. Estudié Danza Clásica, Contemporánea, Jazz y Claqué; además de Clásico Español y Flamenco de la mano de Sara Lezana. He tenido grandes maestros como María Magdalena, La Tati, La China, Merche Esmeralda, Rafael Lorca y una larga lista de nombres que han influido en mi carrera. Soy una afortunada.
En 1986 creaste el grupo CANDELA.
-Eso es; durante cuatro años dirigí el grupo y actuamos en diversos programas de televisión y en muchos locales de Bilbao; años más tarde, dirigí el cuadro flamenco AZAHARA con músicos en directo. Llegamos a actuar en dos ediciones consecutivas de la Aste Nagusia bilbaína y en la Feria de las Naciones.


Realmente es espectacular tu Currículum Vitae; te has atrevido con la coreografía de Zarzuelas, obras musicales, acompañando a la soprano Miren de Miguel en el escenario o al cantautor vasco Tontxu.
-Siempre he sido muy activa y he aceptado todos los retos que me iban proponiendo, como impartir clases de flamenco en Rusia o Francia.
Además, me consta que diriges varios grupos de baile flamenco, organizas eventos tanto de flamenco como de sevillanas, colaboras con la Asociación de Iniciativa Gitana… ¿Hay alguna actuación que consideras que fue muy especial para ti?
-En el año 2005 con la Compañía CHUA ALBA actué en el Museo Guggenheim de Bilbao con un maravilloso e innovador espectáculo en el que se fusionaba la txalaparta con el flamenco. Fue todo un éxito y lo guardo como un buenísimo recuerdo.
He leído que también te has atrevido con los caballos. Háblame de ello.
-En 1997, con la compañía ARABES Y CÍA y la Escuela de Equitación LA GERENCÍA, creé un espectáculo ecuestre llamado BAILANDO CON CABALLOS donde 23 bailarines con ocho caballos fusionaban el baile y el movimiento. Este espectáculo se ha representado tanto en la escuela de equitación de Mioño, como en la plaza de toros de Castro Urdiales, durante, al menos, ocho años y siempre con muy buena acogida por parte del público.
¿Hay algún lugar de Bilbao donde te gustaría actuar que todavía no lo hayas hecho?
-Sí, claro. La Pérgola del Parque de Doña Casilda siempre ha sido mi escenario soñado. No pierdo la esperanza de actuar algún día allí.
¿Tú crees que los bilbaínos entendemos de flamenco?
-No. Hay un sector que sí, pero en general, no es un estilo de música o danza con el que los bilbaínos se identifiquen. Sin embargo, sí pienso que todo el mundo puede bailar flamenco. Unos lo harán mejor, lo sentirán más adentro y otros no, pero todo el mundo puede hacerlo.
Actualmente impartes clases de Flamenco y Sevillanas, además de dirigir varios grupos de baile. Pero, si hay algo que despierta mi curiosidad son dos proyectos que nacen como herramienta para el crecimiento personal.
-Efectivamente. FLAMENCO PARA EL ALMA está dirigido a personas que necesitan mejorar su autoestima y desarrollar un crecimiento personal. Y FLAMENCOACH es un proyecto básicamente para empresas que, apuestan por esta disciplina para ayudar a sus empleados y aumentar, así, la creatividad y efectividad en el trabajo. En estos talleres no buscamos la excelencia en el baile, sino que emociones como la pasión y la alegría las utilizamos para poner atención en el cuerpo y no estar pendientes de la técnica.
Al hilo de estos talleres, creé otro proyecto hace tres años pensado para personas con discapacidad en la que, a través de la música y el baile, tratamos de mejorar su calidad de vida.
Tu entusiasmo por la música lo llevas en la sangre porque tu padre, Pio Lindegaard, fue un referente para ti.
-Sí, por supuesto, mi padre amaba la música y el arte, en general. Fundó en 1958 el primer Jazz Club de Bilbao y pasó casi cincuenta años en la radio hablando de su pasión por el jazz.

Christina mira el reloj, en diez minutos tiene que impartir una clase, me pregunta si quiero subir con ella a la Escuela de Baile. No lo dudo, cogemos los abrigos y nos dirigimos a la academia All Dance, situada a pocos metros de donde nos encontramos.
Al entrar, compruebo cómo todo el personal de la escuela saluda cariñosamente a Christina.
En una sala adecuada específicamente para el flamenco; insonorizada, con espejos y diferentes objetos necesarios para practicar este arte, varias mujeres con ropa de ensayo, esperan a que Christina se vista con su falda larga y sus zapatos de flamenco.Desde una esquina observo cómo realizan el calentamiento con unos ejercicios determinados, mientras escucho los primeros acordes flamencos.


Entre ellas existe mucha camaradería y buen humor; se nota que disfrutan, que lo llevan dentro, que aman lo que hacen.
Christina me va explicando la diferencia entre alegrías, seguiriyas, bulerías, fandangos o soleás.
Me encanta cómo me lo va detallando pero, me temo, que no seré capaz de acordarme de todo con una sola clase.


Mientras la música suena, algo dentro de mí va entendiendo el porqué de tanto amor y pasión por el flamenco. Soy testigo de una maravillosa clase, unas coreografías muy ensayadas, unos pasos certeros, unos movimientos de brazos elegantes y sensuales, una alegría en la mirada…


Después de casi una hora imbuida del espíritu flamenco, salgo a la calle con el alma renovada, con un sentimiento de alegría y con la seguridad de que no será la última vez que asista a una de las magistrales clases de Christina Lindegaard, “La Canela”.

FOTOS: ANDONI RENTERIA