ANA OTADUI, UNA PRESIDENTA MUY CERCANA.

Juntas Generales de Bizkaia es, posiblemente, una de las instituciones más antiguas del territorio histórico de Bizkaia; ya en la Edad Media se reunían los representantes de la Tierra Llana, las villas y Orduña, las Encartaciones y el Duranguesado, así como un nutrido grupo de hidalgos, caballeros y escuderos que acudían a la convocatoria del Señor de Bizkaia. La periodicidad de estas reuniones era de unas cuatro veces al año o, incluso, menos.
En aquellas juntas se trataban temas como el nombramiento del Señor de Bizkaia, se aprobaba la fundación de nuevas villas, se redactaban nuevas ordenanzas, se organizaban los recursos económicos, el cuidado de los montes o la construcción y mantenimiento de los caminos de la provincia, entre otras muchas cuestiones. En 1876, tras la Segunda Guerra Carlista quedaron abolidos los Fueros y, por lo tanto, desaparecieron las Juntas Generales que fueron recuperadas en 1979.
En la actualidad son cincuenta y un junteros elegidos en las elecciones forales, cada cuatro años, coincidiendo con las elecciones municipales. Los vizcaínos elegimos a estos representantes de las cuatros circunscripciones de Bizkaia: Encartaciones, Bilbao, Busturia-Uribe y Durango-Arratia.
Son cuatro las sedes de Juntas Generales en territorio vizcaíno: Casa de Juntas de Gernika, Casa de Juntas de Abellaneda, Casa de Juntas de Gerediaga y la sede de Bilbao situada en la calle Hurtado de Amézaga número 6 que fue el hotel Excelsior desde 1939 hasta 1988. Es aquí, en esta sede administrativa, donde se lleva a cabo la actividad diaria de la institución: reuniones, juntas o preparación de plenos, desde mayo de 1996 cuando se inauguró tras la reforma de este emblemático edificio. Y, precisamente, aquí tuve el honor de ser invitada hace unos días por Ana Otadui Biteri, Presidenta de las Juntas Generales de Bizkaia.
Al entrar, la planta baja del edificio cuenta con dos salas grandes: una de conferencias o de prensa y la otra para exposiciones temporales.
Ya en los pisos, lo que más sorprende es la distribución circular de las oficinas, despachos y salas de reuniones. Una escalera de madera en forma de caracol une las plantas donde se ubican los despachos de la presidenta, de los vicepresidentes y de los empleados de la institución.

Pero si hay algo que a mí, particularmente, me impresionó fueron las numerosas obras de arte que cuelgan de sus paredes. En cada rincón, por los pasillos, en casi todas las estancias se pueden observar cuadros de artistas vascos como Lazkano, Ibarrola, Oteiza o Chillida. También encuentro alguna obra donada por los diferentes autores que exponen en la sala de la planta baja.

Una de esas joyas me pareció realmente curiosa; creada por una mujer parece esconder un mensaje de liberación femenina.

Ana me esperaba en su despacho con su radiante sonrisa. Nos saludamos con dos besos y al comentarle lo bonito que es su lugar de trabajo, me aseguró que ella no ha tocado nada, que está exactamente igual que como lo dejó su predecesora. Lo único que se ha traído es un par de fotos familiares y un dibujo realizado por su niña.

Sobre una mesa reposa un cuerno que, según me explica, se trata de una réplica de uno de los utilizados hace muchos años para convocar las juntas desde alguno de los montes bocineros.

Me indica un sofá de color azul Bilbao donde nos sentamos mientras le pregunto por sus inicios en la política.

-Después de terminar Derecho en la Universidad de Deusto obtuve plaza de interina en el Ayuntamiento de Durango. En 2003 saqué plaza de administrativa en Diputación y, más tarde, me preparé para las plazas de Técnico de Administración también en Diputación. En el 2007 comencé mi carrera política siendo concejala en Elorrio, mi pueblo, y dos años después sustituí a Izaskun Bilbao en el Parlamento Vasco.
Y en 2011 te nombraron alcaldesa.
-Sí, fui la primera mujer alcaldesa de Elorrio, mi pueblo y lo llevo con muchísimo orgullo. La investidura no fue muy tranquila por parte de un sector de la población pero no lograron empañar uno de los días más felices de mi vida. Afortunadamente la gente del pueblo confió en mí y acabaron aceptándome y respetándome. El respeto es uno de los valores fundamentales para la convivencia; es lo que siempre le transmito a mi hija y así quiero que crezca.

He leído por ahí que cuando te quedaste embarazada las mujeres elorrianas te regalaron mucha ropita infantil tejida por ellas mismas.
-Lo recuerdo con muchísimo cariño. Fueron tan amables conmigo que nunca podré agradecerles tanto afecto y tantas atenciones.
Con una niña tan pequeña tendrás que hacer malabares para conciliar, supongo.
-No lo dudes, como cualquier trabajador. Afortunadamente la presencia de los aitites ayuda mucho en estos casos y estoy muy a favor de las medidas de conciliación para conseguir la igualdad que se están llevando a cabo desde el Gobierno Vasco.

Tras unos minutos pasamos al salón de comisiones y Ana me pide que me siente a su lado mientras ella lo hace en el asiento que le pertenece como presidenta.

¿Cuántas veces te reúnes aquí?
-Los martes tenemos la mesa que la forman miembros de diferentes partidos políticos. La mesa es el órgano de gobierno de esta institución y nuestra labor es ordenar los trabajos de la casa, calificar las iniciativas junteras que presenten el resto de grupos, contratación… Esta estancia dispone del espacio suficiente para que nos reunamos los cincuenta y un junteros que, por primera vez, hay más mujeres que hombres. Me gustaría destacar que somos una institución pionera; el segundo parlamento del estado después de Navarra en aprobar, por unanimidad, el plan de igualdad. En esta legislatura nos hemos puesto dos objetivos concretos: dar a conocer la institución y trabajar por la igualdad.

-Imagino que habrás vivido momentos muy emotivos en estos años.
-Sí, varios. Por ejemplo el viaje al campo de concentración de Auschwitz para plantar retoños del árbol de Gernika conmemorando los 80 años del bombardeo.
Hablando de los retoños creo que crecen por los cinco continentes.
-Sí, ahora estamos con un proyecto muy ilusionante; estamos censando el más de medio millar de retoños y subiéndolos a Internet. De tal manera que todo aquel que viaje y encuentre uno nos puede enviar una foto a nuestra web y ampliar, así, la información para todo el mundo.

Antes de salir de la sala Ana me invita a fijarme en el bronce realizado por Oteiza que representa el Gernika y, es por ello, que preside esta estancia.

Nuestra conversación continúa en la Casa de Juntas de Gernika, sede del Parlamento de Bizkaia, que fue construida entre 1826 y 1833 con un estilo neoclásico bajo proyecto de Antonio Echevarría. Se cuenta que este edificio fue el primero en Europa destinado para albergar un parlamento. Este es un lugar muy querido por el pueblo vasco. Según me indica Ana, es el tercer espacio más visitado de Bizkaia tras el museo Guggenheim y el museo de Bellas Artes de Bilbao.
Nos acercamos a la tribuna juradera. Tanto los lehendakaris como los diputados generales de Bizkaia juran aquí su cargo siendo ya una costumbre histórica. La foto es obligada delante del roble, sucesor directo del original que lleva aquí desde 2015. El árbol de Gernika es el símbolo más universal de los vascos; símbolo de paz, de derechos y de libertades. A poca distancia nos detenemos frente a los restos del roble plantado en 1700, que murió casi dos siglos más tarde y que se resguarda bajo un templete circular construido en 1929.

Ya en el interior, accedemos a la iglesia-parlamento donde se celebran los plenos de las Juntas Generales de Bizkaia. Son muchos los elementos de este magnífico espacio con claras referencias a la iglesia católica, como el altar o la pila de agua bendita. En las paredes cuelgan los retratos de los Señores de Bizkaia.

El primero de los cuadros que preside la cámara fue pintado por Francisco de Mendieta en 1609 y reproduce un hecho histórico que tuvo lugar en Gernika en verano de 1476 cuando Fernando el Católico vino a jurar los fueros. Este pintor era, además, abogado, etnógrafo e historiador y el cuadro es el primer retrato colectivo en la historia del arte europeo. Se trata de una pintura muy inspiradora para las mujeres que se dedican a la política, donde se pueden observar a cincuenta mujeres en la fila superior ataviadas con los tocados de cada uno de sus municipios. Sin duda es un cuadro pionero y revolucionario para su época, ya que representa al territorio de Bizkaia a través de sus mujeres, en vez de a través de sus alcaldes.

¿Recuerdas tu primer pleno como presidenta?
-¡Por supuesto! Nunca lo olvidaré. Fue el 16 de junio de 2015 y lo viví con mucha emoción y mucha responsabilidad. Aquí se siente el peso de la historia, el peso de los antepasados que tanto lucharon por la libertad. Es un honor para mí y, también, una gran responsabilidad el llevar a cabo bien mi trabajo.

A pocos metros se encuentra la sala de la vidriera que, en su origen, se construyó como patio descubierto; más tarde fue un museo dedicado a la historia de Bizkaia y, en 1985, se cubrió con la magnífica vidriera que muestra, con gran colorido y a gran tamaño, el árbol y la tribuna juradera. Este espacio se utiliza para actos institucionales y es uno de los preferidos por los turistas.

¿Cómo es un día cualquiera en la vida de la presidenta de las Juntas Generales de Bizkaia?
-Llego a primera hora de la mañana al despacho y compruebo las reuniones que tengo. Preparo los asuntos referentes a la mesa de gobierno que te explicaba antes, recibo a personas que solicitan una entrevista conmigo; precisamente hace unos días recibí en Gernika a una representación del pueblo gitano. También acudo a los actos a los que me hayan convocado que, muchas veces, se alargan hasta la noche.
Para que todos lo entendamos, explícame alguno de los temas que se deciden en esas juntas.
-Por ejemplo cuestiones que nos afectan en el día a día como pueden ser los Bizkaibus, las residencias para mayores, las lindes de los terrenos, presupuestos… Somos un parlamento del siglo XXI y queremos dar respuesta a los problemas o inquietudes de los ciudadanos. En la actualidad las juntas celebran dos plenos al mes: el tercer y el último miércoles de cada mes. Se reúnen los 51 junteros y junteras con el Diputado General y el resto de diputados.
Pero, ¿Cualquier particular puede venir a juntas?
-Por supuesto, estamos encantados de que lo hagan. Nos gusta escuchar a los ciudadanos, sus inquietudes, sus quejas o cualquier cosa que sea de su interés.
Me consta que también recibes a los más pequeños.
-Efectivamente. En colaboración con UNICEF se celebra el pleno txiki. Los niños y las niñas de varios centros educativos trabajan en sus aulas un tema y luego vienen aquí y nos lo exponen. Siempre es una jornada estupenda y muy enriquecedora para todos. Ellos conocen lo que hacemos aquí y ponen mucho interés.
¿Realmente entienden la función de las Juntas Generales?
-A los niños les explico de manera sencilla que este es un parlamento donde se toman decisiones importantes para todos. Les pongo ejemplos prácticos y les comento que aquí conseguimos que funcionen las residencias de mayores, el metro, el Bizkaibus, las carreteras. También me hacen muchas preguntas y ellos se sienten importantes.

Por una puerta entramos a la biblioteca y, de allí, a un pequeño despacho solo usado en algún acto protocolario donde algún invitado ilustre se sienta para firmar en el libro de honor. Esta pequeña estancia se puede ver desde la puerta ya que siempre se mantiene abierta.


-¿Te acuerdas del cuadro que te he mostrado en el salón de plenos? Pues aquí tenemos una copia del siglo XVIII. Me señala Ana.


Mi curiosidad hace que me fije en una especie de cintas de colores y Ana me cuenta que este objeto, regalo del alcalde de Hiroshima en el ochenta aniversario del bombardeo de Gernika, representa unas grullas símbolo de la paz.

Tras unas horas con Ana, confirmo lo que ya sabía: Ana es una mujer comprometida con la igualdad, la tolerancia y el respeto y, ya en la calle, compruebo cómo los vecinos de Gernika conocen a la presidenta y le saludan con cordialidad y afecto. Se nota que le gusta la relación con las personas.

Como he titulado este post, sin duda, Ana Otadui Biteri es una presidenta muy cercana.

FOTOS: ANDONI RENTERIA

JUANJO NAVAS, PASIÓN POR EL FLAMENCO

Cantar flamenco en Bilbao parece una osadía; algo para valientes puesto que nuestra tierra no es cuna de este arte cuyo origen hay que buscarlo en Andalucía dos siglos atrás.
Una expresión artística que viene acompañada, casi siempre, de danza y de música. El flamenco, declarado en 2010 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, ha cruzado el charco y se ha instalado en países como Méjico, Panamá, Puerto Rico o El Salvador, así que, ¡Cómo no lo iba a hacer en Bilbao!
Desde hace unos años el flamenco es más conocido y amado en Euskadi, donde ya no faltan academias tanto de música como de baile.
Hace unos días me cité con Juanjo Navas, uno de los que apunta maneras y que, poco a poco, con mucho arte y humildad va consiguiendo que su nombre se escuche entre los grandes del flamenco.
Me apetecía mucho que me explicara cómo empezó, que me contara cosas de su vida. Para ello, decidimos dar un paseo por las calles de Bilbao y recorrer esos espacios que han sido tan importantes en su vida profesional.
Al primer lugar que nos dirigimos fue al club El Edén de la calle San Francisco en Bilbao La Vieja.


Juanjo, ¿Por qué es tan especial para ti este sitio?
-Mira, en ese balcón de ahí, canté yo dos saetas en euskera, en la pasada Semana Santa, la de 2018, durante la procesión del Nazareno.
-Fuiste la primera persona que ha cantado saetas en euskera, ¿Eres consciente de que has hecho historia?
-Sí, eso me dicen todos. Reconozco que cuando me lo propusieron dudé, ya que mis conocimientos de Euskera no son muy amplios.
Las saetas las escribió Beñat Arginzoniz ¿No?
-Sí, A Beñat, lo conocí en un concierto, me regaló un libro suyo de poemas que me emocionó, y ahí comenzó nuestra amistad. Un tiempo después, la Asociación BilbaoHistoriko se puso en contacto con él porque buscaban a alguien para cantar una saeta en la Semana Santa bilbaína, Beñat me lo contó y así fue como nos metimos en este lio.
Maravilloso lio.
-Efectivamente, me siento muy orgulloso y, como todos me dicen, he hecho historia.
-Todos tenemos en mente esa imagen tuya con Beñat en este balcón pero, cuéntame, ¿Estabas nervioso?
-No especialmente; sentía mucha responsabilidad, pero estaba feliz. Eso sí, se me pasó todo muy rápido, casi no tuve tiempo de disfrutarlo.
-Juanjo, tú has nacido en Otxarkoaga pero tu familia viene de Andalucia.
-Sí, yo nací aquí, mi familia llegó desde Andalucía en los años cincuenta.
Y, supongo, que el arte lo llevas en la sangre.
-Mi abuelo materno era conocido como “Pepe Córdoba” o “Malaquías” y ya era una figura del cante en su Baena natal; aunque nunca actuó en conciertos ni nada parecido aquí en Bilbao se hizo muy popular. Todavía hay gente que me habla de él con mucho cariño y admiración.


Deduzco que tú escuchabas flamenco desde la cuna.
-Sí, en mi casa era lo más habitual. Música pop o rock no era frecuente. Mis padres han sido siempre más de Camarón, Valderrama, Marchena, Paco de Lucía…
La música de estos grandes artistas se puede considerar la banda sonora de tu vida.
-Efectivamente, por eso para mí fue muy fácil dedicarme a ello; era un arte que había mamado desde niño.
-Y todo esto sin asistir a clases de flamenco, de música ni de ningún tipo.
-No, nunca he tomado clases. Me he formado escuchando a los grandes, a los maestros. Estoy a favor de algunas técnicas de voz pero sin perder la esencia del cante. Cantar flamenco te tiene que salir de la tripa, es como un pellizco que sientes y que lo echas “pa fuera”. Lo que si he hecho es asistir a un taller con Laura Vital, una profesora del conservatorio de Sevilla que me animó a continuar cantando. Algo vería en mí cuando me insistió tanto en que no lo dejara, y le hice caso.


-Supongo que tu familia también te lo dirá.
-Sí, me siento muy apoyado por toda mi familia. A mi mujer y a mis hijos también les gusta lo que hago.
¿Tus niños se inclinan por el flamenco?
-Les gusta todo tipo de música y tienen buen oído pero no les veo todavía decantándose por ningún género en concreto.
Hemos llegado a la puerta de un lugar que significó mucho para ti.

-Así es, la Sociedad Filarmónica me trae muy buenos recuerdos. Fui el telonero de Los Habichuela en un concierto que ofrecieron aquí. Salí solo al escenario y me encontré la sala llena. Todavía rememoro aquel momento y me emociono.


Pero, no es el único escenario importante para ti. He leído por ahí que el Guggenheim, el Teatro Campos, la Sala BBK, Bilborock, el Teatro Barakaldo…y muchos más han colgado el cartel con tu nombre.
-Es cierto. Por ejemplo, en el Auditorio del Museo Guggenheim actué en la fiesta de Gorabide en un acto entrañable y muy emotivo. Y en la Sala BBK fue una actuación muy especial con el gran Gontzal Mendibil. Aquel día el salón estaba lleno y se quedó mucha gente fuera, sin poder entrar.


También me consta que has salido de Bilbao para actuar en diversas ciudades como Oviedo o Zamora pero, hay un lugar que para los cantaores significa mucho, ¿No es así?
-Sí, Casa Patas es una taberna-restaurante y tablao flamenco en el centro de Madrid y se le considera un punto de referencia en este mundo. Actuar allí es como un sueño para cualquiera que se dedica al flamenco.
Normalmente, hay dos guitarristas que te acompañan: Enrique Borja “El Vaca” y Marco Borge.
-Sí, son magníficos los dos, tocan la guitarra como nadie. A veces vienen los dos y otras, por cuestiones de agenda, solo puede acompañarme uno de ellos.
Leyendo en Internet sobre ti parece imposible que con tu edad (43 años) te haya dado tiempo para todo. Háblame de los festivales en los que has participado.
-Es cierto que en estos diez años que llevo ofreciendo conciertos he tenido la suerte de haber colaborado con muchos actos, festivales, eventos… Entre ellos por ejemplo “El Festival de Flamenco de Bilbao”, “Una Ría con Duende”, “Los Trasnoches Flamencos” o “Luna Nueva”, que fue un espectáculo que llevamos al Teatro Victoria Eugenia de Donosti en el que fusionamos danzas vascas con danzas contemporáneas y flamenco.
Con el grupo Txaleo también realizaste una mezcla que a mi me parece impensable.
-Sí, eso parecía a priori, pero lo hicimos. Mezclar el flamenco con el sonido de la txalaparta es algo que emociona de pensarlo, de imaginarlo. Es que somos de Bilbao y aquí todo es posible.
-En eso estoy de acuerdo.


-¿Tú crees que en Bilbao se entiende el flamenco?
-Hace unos años te hubiera contestado que no, y todavía no es una expresión musical que encaje bien. Sin embargo, es maravilloso observar cómo la gente va poco a poco aprendiendo, escuchando y dejándose llevar por las bulerías, seguiriyas, tangos o soleás.
En 2017 publicaste tu primer disco con los poemas de Beñat Arginzoniz, titulado REFLEJOS DE ANDALUCÍA.
-Sí, este fue el primero (Abre una bolsa y lo saca) Es mi primer hijo musical y estoy muy feliz de haberlo presentado en varios escenarios. Espero que no tarde en salir el segundo disco que me encuentro preparando en estos momentos.


-¿Dónde sueles ensayar?
-Suelo acudir a dos salas de ensayo: Una en Barakaldo y otra en LA HACERÍA, en Zorrotzaurre.
-Actuar en casa, en un lugar tan emblemático como la Plaza Nueva y en plena celebración de ASTE NAGUSIA, debió de ser apasionante.
-Jamás hubiera soñado con algo así, fue muy emocionante ver a tanta gente allí; a tantos amigos que vinieron a escucharme y a apoyarme. Me sentí muy querido y arropado. Hace diez años no imaginaba todas las cosas buenas que me están sucediendo.
Bueno, Juanjo, lo que a mí me cuentan es que no solo eres un gran artista, sino que posees un gran corazón; que eres amigo de tus amigos y muy buena gente. Así que eso se tiene que transmitir de alguna manera en tus canciones, en tu música y lo que recoges es fruto de esa mezcla.
Sonríe tímidamente.
-Hablando de escenarios importantes, he leído que pronto pisarás de nuevo el del Palacio Euskalduna.
-Pues sí, el próximo nueve de Febrero a las ocho de la tarde junto con el grupo SONIC TRASH, intentaré meterme en la piel del gran Enrique Morente y rendirle tributo como se merece. Espero que acuda mucha gente y que disfrutemos todos del espectáculo.

Nuestro paseo por Bilbao terminó en el emblemático Café Iruña donde él se pidió una infusión y yo un refresco, mientras me explicaba que, también aquí, había actuado.


He de confesarte que, hablando contigo, me doy cuenta de mi ignorancia en el tema del flamenco y, por ello, te agradezco enormemente, tanto el tiempo que has dedicado para explicarme tu afición, tus sueños y parte de tu vida, como los conocimientos que me has aportado sobre un arte que nunca me ha interesado mucho, pero te prometo que buscaré tus videos. Supongo que los encontraré en Youtube.

-Sí, ahí los cuelgo siempre. Espero que te gusten y que me lo cuentes.
Prometido. Juanjo, ha sido un gran placer pasar una tarde contigo. Te deseo muchos éxitos y que seas enormemente feliz con lo que haces.
-Lo mismo te deseo.

Le pedí una última foto con su primer disco y, entre risas, me aseguró que lo suyo es cantar, no posar.

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Nos despedimos con un fuerte abrazo y, mientras me dirigía a casa, pensé en la suerte de haber conocido a este hombre tan entrañable y tan artista. También pensé en la suerte que tenemos en Bilbao que no nos falta de nada; ni flamenco.
FOTOS: ANDONI RENTERIA.

LA CANELA, BAILAORA Y MUCHO MÁS

Hace unos años me presentaron a Christina como “La Canela”, una reconocida bailaora flamenca, profesora y directora de grupos de baile.
Hoy me siento a tomar un refresco con la idea de que me cuente todo lo que ella quiera sobre su infancia, su vida profesional, sus sueños…
Lo primero que le pregunto es por su nombre artístico.

-Mi nombre completo es Christine Margrethe Lindegaard y decidí llamarme “La Canela” por dos razones. Por un lado soy una apasionada de todo lo que huela a canela; desde perfumes, aromas para el hogar, comida… todo. Y, por otro lado, mi apellido resulta bastante difícil de pronunciar.


¿De dónde procede tu familia?
-Mi padre, aunque nació en Amorebieta, era de origen danés; de ahí este apellido, que como dicen algunos, es muy raro.
Te imagino como una chiquilla inquieta y apasionada, deseando mostrar al mundo su arte.
-Algo así; con quince años ya me gané mi primer sueldo dando clases de guitarra.
¿Cuándo sentiste el gusanillo del flamenco?
-Con dieciséis años empecé a interesarme por todo lo relacionado con el flamenco; pero, en aquella época no era muy usual escuchar esta música en Bilbao. Se organizó una fiesta de sevillanas, ¡La primera en Bilbao! Y el vestuario se trajo desde Madrid porque aquí no existía nada igual. Fue maravilloso. A partir de ahí, ya no pude ni quise dejarlo.
Todo empezó como una afición pero, supongo que acudirías a clases.
-Sí, tuve la suerte de aprender de los mejores. Estudié Danza Clásica, Contemporánea, Jazz y Claqué; además de Clásico Español y Flamenco de la mano de Sara Lezana. He tenido grandes maestros como María Magdalena, La Tati, La China, Merche Esmeralda, Rafael Lorca y una larga lista de nombres que han influido en mi carrera. Soy una afortunada.
En 1986 creaste el grupo CANDELA.
-Eso es; durante cuatro años dirigí el grupo y actuamos en diversos programas de televisión y en muchos locales de Bilbao; años más tarde, dirigí el cuadro flamenco AZAHARA con músicos en directo. Llegamos a actuar en dos ediciones consecutivas de la Aste Nagusia bilbaína y en la Feria de las Naciones.


Realmente es espectacular tu Currículum Vitae; te has atrevido con la coreografía de Zarzuelas, obras musicales, acompañando a la soprano Miren de Miguel en el escenario o al cantautor vasco Tontxu.
-Siempre he sido muy activa y he aceptado todos los retos que me iban proponiendo, como impartir clases de flamenco en Rusia o Francia.
Además, me consta que diriges varios grupos de baile flamenco, organizas eventos tanto de flamenco como de sevillanas, colaboras con la Asociación de Iniciativa Gitana… ¿Hay alguna actuación que consideras que fue muy especial para ti?
-En el año 2005 con la Compañía CHUA ALBA actué en el Museo Guggenheim de Bilbao con un maravilloso e innovador espectáculo en el que se fusionaba la txalaparta con el flamenco. Fue todo un éxito y lo guardo como un buenísimo recuerdo.
He leído que también te has atrevido con los caballos. Háblame de ello.
-En 1997, con la compañía ARABES Y CÍA y la Escuela de Equitación LA GERENCÍA, creé un espectáculo ecuestre llamado BAILANDO CON CABALLOS donde 23 bailarines con ocho caballos fusionaban el baile y el movimiento. Este espectáculo se ha representado tanto en la escuela de equitación de Mioño, como en la plaza de toros de Castro Urdiales, durante, al menos, ocho años y siempre con muy buena acogida por parte del público.
¿Hay algún lugar de Bilbao donde te gustaría actuar que todavía no lo hayas hecho?
-Sí, claro. La Pérgola del Parque de Doña Casilda siempre ha sido mi escenario soñado. No pierdo la esperanza de actuar algún día allí.
¿Tú crees que los bilbaínos entendemos de flamenco?
-No. Hay un sector que sí, pero en general, no es un estilo de música o danza con el que los bilbaínos se identifiquen. Sin embargo, sí pienso que todo el mundo puede bailar flamenco. Unos lo harán mejor, lo sentirán más adentro y otros no, pero todo el mundo puede hacerlo.
Actualmente impartes clases de Flamenco y Sevillanas, además de dirigir varios grupos de baile. Pero, si hay algo que despierta mi curiosidad son dos proyectos que nacen como herramienta para el crecimiento personal.
-Efectivamente. FLAMENCO PARA EL ALMA está dirigido a personas que necesitan mejorar su autoestima y desarrollar un crecimiento personal. Y FLAMENCOACH es un proyecto básicamente para empresas que, apuestan por esta disciplina para ayudar a sus empleados y aumentar, así, la creatividad y efectividad en el trabajo. En estos talleres no buscamos la excelencia en el baile, sino que emociones como la pasión y la alegría las utilizamos para poner atención en el cuerpo y no estar pendientes de la técnica.
Al hilo de estos talleres, creé otro proyecto hace tres años pensado para personas con discapacidad en la que, a través de la música y el baile, tratamos de mejorar su calidad de vida.
Tu entusiasmo por la música lo llevas en la sangre porque tu padre, Pio Lindegaard, fue un referente para ti.
-Sí, por supuesto, mi padre amaba la música y el arte, en general. Fundó en 1958 el primer Jazz Club de Bilbao y pasó casi cincuenta años en la radio hablando de su pasión por el jazz.

Christina mira el reloj, en diez minutos tiene que impartir una clase, me pregunta si quiero subir con ella a la Escuela de Baile. No lo dudo, cogemos los abrigos y nos dirigimos a la academia All Dance, situada a pocos metros de donde nos encontramos.
Al entrar, compruebo cómo todo el personal de la escuela saluda cariñosamente a Christina.
En una sala adecuada específicamente para el flamenco; insonorizada, con espejos y diferentes objetos necesarios para practicar este arte, varias mujeres con ropa de ensayo, esperan a que Christina se vista con su falda larga y sus zapatos de flamenco.Desde una esquina observo cómo realizan el calentamiento con unos ejercicios determinados, mientras escucho los primeros acordes flamencos.


Entre ellas existe mucha camaradería y buen humor; se nota que disfrutan, que lo llevan dentro, que aman lo que hacen.
Christina me va explicando la diferencia entre alegrías, seguiriyas, bulerías, fandangos o soleás.
Me encanta cómo me lo va detallando pero, me temo, que no seré capaz de acordarme de todo con una sola clase.


Mientras la música suena, algo dentro de mí va entendiendo el porqué de tanto amor y pasión por el flamenco. Soy testigo de una maravillosa clase, unas coreografías muy ensayadas, unos pasos certeros, unos movimientos de brazos elegantes y sensuales, una alegría en la mirada…


Después de casi una hora imbuida del espíritu flamenco, salgo a la calle con el alma renovada, con un sentimiento de alegría y con la seguridad de que no será la última vez que asista a una de las magistrales clases de Christina Lindegaard, “La Canela”.

FOTOS: ANDONI RENTERIA

MI ENCUENTRO CON EL ALCALDE

En muchas ocasiones he visitado el edificio del Ayuntamiento para asistir a ruedas de prensa, a actos culturales o, incluso, a bodas. Pero, hasta hace dos días, nunca había traspasado la puerta del despacho de la máxima autoridad de la villa.
A la una y media de la tarde del pasado miércoles, el Alcalde, Juan Mari Aburto, acompañado de Aitor Bilbao Aresti, Director de Alcaldía y Comunicación, me da la bienvenida afectuosamente y me abre la puerta de sus dependencias, situadas en el tercer piso a pocos metros del majestuoso Salón Árabe.
Lo primero que me muestra es una estancia de unos veinte metros cuadrados a la que denominan antesala. Los techos, de unos cinco metros de altura elegantemente decorados, me transportan a finales del siglo XIX cuando el arquitecto Joaquín Rucoba diseñó este magnífico palacio municipal.

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Una mesa de madera de forma rectangular preside el centro de la sala. Alrededor de ella hay varias vitrinas con objetos tan diversos como antiguos. Me fijo en unos recipientes de plata que, en tiempos pasados, servían como urna para introducir las bolas donde, previamente, se habían metido las papeletas para votar.
También veo objetos como llaves, mazas o ejemplares de las ordenanzas municipales de siglos pasados.


En una de las paredes cuelga un cuadro con el título Lee Kuan Yew World City Prize en reconocimiento a la transformación urbana de la villa, otorgado en Shanghai en el año 2010.

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El Alcalde me explica que al desaparecido Alcalde, Iñaki Azkuna, le gustaba utilizar esta estancia como despacho, ya que se sentía más cómodo. Sin embargo, él prefiere el despacho contiguo y esta solo la utiliza como lugar de recepción de personalidades.
Por una puerta nos dirigimos a su lugar de trabajo: un despacho del mismo tamaño que el anterior pero menos sobrio y con su toque personal.
Lo primero que observo es una sencilla mesa de cristal con capacidad para unas ocho personas que, según me cuenta, fue idea de él; ya que la de madera, que ya existía cuando él llegó, le resulta pequeña para la cantidad de papeles o libros que suele utilizar.
En una balda me fijo en varios balones y le pregunto sobre ellos. Me cuenta que uno es del Bilbao Basket, otro del Bilbao Athletic, otro de la Copa Europa y dos son de rugby. Uno de ellos es de la final que se jugará en Bilbao y que, para él, significa mucho; ya que lleva escrito los valores con los que él mismo se identifica: respeto, honestidad, solidaridad y disciplina.

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En una vitrina de cristal y madera puedo ver la bandera de Bilbao y la makila de mando que saca para enseñármela. Son los símbolos del alcalde de la villa y se guardan ahí de manera muy respetuosa. Por supuesto, no falta la ikurriña a su lado.

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Encima de su mesa de trabajo se encuentran colocados varios portafotos con imágenes de sus hijos, su esposa y su madre.
En otra balda llena de libros hay un objeto que llama poderosamente mi atención y, así, se lo hago saber. Se trata de la famosa agenda roja con la que paseaba por Bilbao antes de ser alcalde e iba tomando notas de todo aquello que consideraba mejorable. Consciente de mi curiosidad la abre y me invita a leer algunas anotaciones. Entonces me dice que este cuaderno ya no lo usa en la calle, sino que es otro el que lleva. Para mi sorpresa, se mete la mano en el bolsillo interior de la americana y saca una libreta pequeña del mismo color rojo que, también, abre para que pueda leer lo que escribe cuando camina por Bilbao.

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El despacho hace esquina y me invita a asomarme; para ello no duda en descorrer las cortinas y mostrarme las fabulosas vistas a la ría y al Arenal. “Es muy luminoso, -me asegura, pero como solemos trabajar hasta que oscurece, hemos colocado en el techo unas luces de leds porque las lámparas de pie que había no daban suficiente luz y, además, estas consumen menos”

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Dicho esto me ofrece sentarme a su lado en la mesa de cristal y me pregunta por mi libro. Es entonces cuando le entrego un ejemplar dedicado que me agradece con dos besos. Enseguida lee la dedicatoria y, con una sonrisa, me comenta que le ha gustado mucho.

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Me explica que no pudo asistir a la presentación de mi libro y, por eso, me llamó para desearme suerte desde Londres, donde se encontraba para acudir al día siguiente a la gala en la que se decidiría cuál sería la Mejor Ciudad Europea 2018. Afortunadamente nos concedieron ese premio a nosotros, a Bilbao.
Él sabía que yo tenía mucha curiosidad por ver de cerca el título, así que lo coge de una repisa y me lo muestra. Me fijo en la imagen del fondo del diploma y veo que se trata de la calle Portal de Zamudio; encima se puede leer un poema en inglés en el que se ensalza nuestra ciudad, nuestro arte y nuestra industria.

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Le pregunto si pasaron muchos nervios y me asegura que sí; que permanecieron varias horas en aquel salón donde había representantes de las otras ciudades que competían por el galardón y, me confiesa, que se emocionó cuando escuchó que la ciudad elegida era Bilbao.
La agradable y distendida conversación hizo que el tiempo pasara sin darnos cuenta. Fue entonces cuando Aitor Bilbao propuso realizar unas fotos para el recuerdo en el Salón Árabe; así que, hacia allí nos dirigimos el Alcalde, Aitor, Andoni y yo.
Al lado de la bandera de la villa posamos con mi libro y con el título recién traído de Londres.

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El momento simpático fue cuando el propio Alcalde nos fotografió a Aitor y a mí con mi libro HISTORIA DE BILBAO EN PILDORITAS.

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Solo me queda agradecer los más de setenta minutos que el Alcalde, Juan Mari Aburto, me dedicó, su agradable charla y su sinceridad. Agradecer también que no puso ninguna pega a que Andoni fotografiara su lugar de trabajo y agradecer, tanto a él como a Aitor Bilbao Aresti, su amabilidad, su simpatía, su cariño y sus elogios hacia mi persona.