MÓNICA DEPRIT, ELEGANCIA Y ESTILO

Hoy me propongo acercarme a la moda de la mano de una mujer emprendedora, inquieta, inteligente, con mucho estilo y muy educada.

Mónica Deprit es una señora, de los pies a la cabeza. Esa es la primera impresión que da cuando la ves.

A las once de la mañana Mónica llega puntual a nuestra cita en el Centro Comercial Zubiarte, lugar que conoce bien ya que, desde hace más de un año, desempeña su labor como estilista de este centro.

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Después del saludo y los besos de rigor, me propone dar juntas un paseo por esta gran pasarela comercial.

Al primer lugar que nos acercamos es a la zona de los maniquíes que ella, cada semana, viste con mucho acierto.

Me explica de qué tienda es cada prenda y porqué las ha elegido en función de con qué combinen.

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Seguimos nuestro paseo por la primera planta mientras observo que es muy querida y, que la gente de los comercios, la saludan con afecto.

Mónica se hace querer, eso está claro, pero sobre todo se hace respetar.

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Me ofrece tomar un café en un local de la zona de restauración y así poder charlar más tranquilamente.

Ya sentadas frente a frente me fijo en sus ademanes serenos y equilibrados. No hay duda de que, además de en la moda, se mueve muy bien como comunicadora.

-¿Siempre te has dedicado a la moda?

-No, ¡Qué va! Yo estudié Decoración de Interiores y, al terminar, me trasladé a Milán durante un año a realizar un máster.

La moda siempre la he vivido como un hobby. Mi familia y mis amigos solían recurrir a mi cuando necesitaban un consejo para algún evento importante.

Me gustaba tanto asesorarles que, hace unos años, decidí abrir un blog en el que escribir sobre estilismo, imagen y tendencias.

Soy madre de tres hijos y me había dedicado a tiempo completo a su educación, así que, cuando crecieron un poco y tuve más tiempo libre pensé que era el momento de dar rienda suelta a mis inquietudes en el mundo de la moda.

Desconocía todo lo referente a las Redes Sociales por lo que comencé viendo videos tutoriales sobre la creación de los blogs.

Curiosamente, y después de pocos meses, mi blog se convirtió en un referente; tanto es así que, a los cinco meses del inicio de mi aventura en este mundo virtual, me llegó un enlace para que me presentara a un concurso de bloggers en Madrid.

No lo dudé, me presenté y, aunque no gané, quedé entre las diez primeras. Ese fue el detonante que me dio una gran dosis de autoestima.

Hace unos meses que no escribo por falta de tiempo pero lo retomaré en breve.

¿Cómo eran aquellos posts?

Bueno, siempre me he definido como bloguera de texto. Me explico. Mis publicaciones las ilustro con alguna foto de un estilismo pero, fundamentalmente, a lo que me dedico es a escribir un texto sobre moda. Es decir, no me limito a vestirme con un look, sacarme una foto y colgarla en el blog.

Soy consciente de que cuando salgo en las fotos las publicaciones son más leídas y alguna vez lo hago pero, realmente, no me gusta nada posar.

¿Sobre qué temas escribes?

Por ejemplo, me gusta escribir sobre la historia de la moda, anécdotas o curiosidades de este apasionante mundo. También escribo sobre tipos de materiales y diseños, pero siempre con un lenguaje claro y coloquial.

Por lo que comentas, te lleva su tiempo.

Si, a cada artículo le dedico bastante tiempo hasta que quedo satisfecha con el resultado, por eso no publico con tanta asiduidad como me gustaría.

¿Con qué periodicidad lo haces, normalmente?

Al principio uno a la semana; ahora, como te explicaba antes, llevo una temporada que he tenido que dejarlo un poco apartado por el trabajo. Aunque, al ser la estilista de Zubiarte, me dan la posibilidad de escribir en el blog del centro.

Háblame de esa otra faceta por la que sientes tanto interés.

Si, la tecnología aplicada a la moda llegó a mi vida a través de un tweet que leí sobre ello.

No conocía nada sobre este asunto, pero mi personalidad curiosa me llevó a buscar más información en la red. El 99% de los artículos están escritos en inglés. Sin embargo, me enganchó tanto el tema, que no me importaba dedicar tiempo a traducirlos.

Ha transcurrido más de un año desde entonces y sigo leyendo y aprendiendo mucho sobre esta tecnología porque estoy convencida de que es el futuro. Actualmente, es caro y poco comercial, por eso son pocos los diseñadores que se atreven a utilizarla, pero en unos años nos parecerá normal.

Imagino que acudirás a las charlas que organicen sobre esta técnica.

Si, además de asistir a conferencias, realicé un curso de Tecnomoda.

Veo en las Redes Sociales a blogueras de moda asistiendo a los diferentes eventos que se organizan tanto en Bilbao como en la provincia, pero a ti no te veo en muchos.

Es cierto, no me prodigo demasiado por los actos en general y por los de moda solo si resultan muy interesantes para mi carrera profesional o si los organiza algún buen amigo o amiga.

Hace un par de años acudía a más eventos pero, tengo que priorizar, el tiempo es el que es y no te olvides que, además, tengo tres hijos adolescentes.

Cambiando de tema, tu apellido me recuerda que existe una calle en Bilbao con el nombre de Amadeo Deprit, ¿Tiene alguna relación contigo?

Sí, claro. Amadeo Deprit fue mi abuelo paterno quien llegó a ser Teniente Alcalde del Ayuntamiento de Bilbao y Alcalde de la República Independiente de Begoña. Mi abuelo fue un innovador para su época.

El apellido no es muy de Bilbao, ¿No?

No, para comenzar esta historia debemos remontarnos a mi tatarabuelo; un belga que recaló en Bilbao y se dedicó, con mucho éxito, a realizar vidrieras.

Verdaderamente, la tuya es una familia con mucha historia

Sí, estoy muy orgullosa de mi familia; han sido unos luchadores. Mi abuelo materno fue Mariano Egurrola Arriola, pelotari de renombre, que jugó en lugares como Filipinas o Egipto donde no era tan fácil viajar en aquellos años.

Ahora entiendo de donde te viene a ti ese espíritu aventurero y esas ganas de aprender y emprender.

Si, es posible.   (Mónica sonríe)

Vives en Bilbao, a pesar de que creciste en Getxo.

Sí, nací en Bilbao pero, a los diez años mi familia se mudó cerca del mar, aunque ya llevó más de veinte años viviendo aquí.

¿Qué te gusta de Bilbao?

Lo que más me gusta es pasear por sus calles, sin prisa, observando edificios, comercios… Me encanta nuestro estilo de vida, salir a disfrutar con los amigos, comer en un buen restaurante, la agenda cultural tan extensa, la posibilidad de montarte en el metro y en unos minutos sentir la brisa del mar o subir a alguno de los montes que lo rodean. Somos unos afortunados de vivir aquí.

¿Algún rincón del Botxo en especial?

Si, el parque de Doña Casilda, que todos en Bilbao llamamos “De los patos”. Desde que trabajo en Zubiarte voy más a menudo, por la cercanía. Me relaja caminar entre la gran variedad de árboles o sentarme en uno de sus bancos.

¿Sueles visitar museos?

No tanto como quisiera por falta de tiempo, pero procuro hacerlo de vez en cuando. Mis dos preferidos son el Museo Guggenheim y el Museo de Bellas Artes, con estilos diferentes pero los dos me parecen unas auténticas joyas. Viví un año en Milán y allí tuve la oportunidad de empaparme de mucho arte y conocer muchos museos.

Confiésame una de tus pasiones

Tengo varias, pero viajar está en un lugar preferente de mi lista. Me siento una privilegiada porque he salido mucho al extranjero donde he aprendido de otras culturas y eso siempre es enriquecedor.

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¿Qué opinas de los comercios de la villa?

Es una lástima que se vayan cerrando negocios históricos pero, afortunadamente, siguen quedando locales de los de “toda la vida” con gran categoría y con gente muy profesional detrás del mostrador.

¿Si te invito a desayunar qué elegirías: tortilla o carolina?

Pues, mira, te diré que no soy muy golosa pero si tengo que entrar en una pastelería sería La Suiza. En cuanto al desayuno mejor un café con un pintxo de tortilla o un bocadillito de jamón. Pero, jamón del bueno ¿Eh?

¿Y si te regalo entradas para un concierto de que tipo sería?

Musica Pop, sin duda.

¿Qué puedo comprarte para tu cumpleaños?

Objetos de cerámica y faros, muchos faros. Los colecciono desde hace años y, aunque me gusta comprarlos yo misma cuando voy de turista, también me gusta que me los regalen.

Después de más de una hora las dos debíamos atender otras obligaciones pero, antes de despedirnos, me insistió en que quería resaltar algo muy importante.

Me gustaría terminar animando a todas esas mujeres que, por circunstancias de la vida, tuvieron que dejar sus trabajos para dedicarse a su familia. Quiero decirles que yo también lo hice y, a los cincuenta años, he vuelto a incorporarme a la vida laboral. Si se quiere, con ilusión, se consiguen alcanzar muchas metas. Solo tienes que proponértelo.

No puedo estar más de acuerdo con ella. Le agradezco su tiempo y, sobre todo, le agradezco que me haya querido contar tantas cosas de su vida.

Como he escrito al principio del texto: Mónica Deprit es una señora.

 

FOTOS: ANDONI RENTERIA

 

BILBAO A LA MEDIDA DE ALBA

Hacer turismo con niños siempre es una oportunidad para descubrir, a través de sus ojos, rincones en los que tú nunca hubieras reparado. Ellos lo miran desde otra perspectiva, desde la inocencia, desde su imaginación, desde su creatividad, desde su niñez.
En este post os quiero presentar a Alba, una niña de doce años nacida en el Hospital de Cruces que reside en Bilbao porque, como ella dice con gracia: “Los de Bilbao nacemos donde queremos”.
Al igual que a otras niñas y niños de su edad a Alba le gusta divertirse con sus amigos, navegar por las redes sociales, acudir al cine… pero ella, además, tiene otras inquietudes: le encanta pasear por Bilbao, conocer su entorno y leer curiosidades de la villa. Es por eso por lo que decidí que Alba sería la persona adecuada para acompañarme en este recorrido por otro Bilbao, un Bilbao a su medida, un Bilbao a la medida de Alba.
Un reportaje así no se podía realizar en un solo día, ya que debíamos ajustarnos a sus horarios, a sus clases y a sus obligaciones.
Fueron varias las tardes que quedamos para charlar, tomar un refresco, reírnos, pasear y posar para Andoni, nuestro fotógrafo.
La primera tarde era un domingo lluvioso, por lo que decidimos visitar un lugar a cubierto que ella conoce bien: El Centro Comercial Zubiarte.
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Alba suele venir con su madre de tiendas o al cine con sus amigas. Es muy presumida y le gusta comprarse ropa como a cualquier niña de su edad.
Paseamos observando escaparates y comentando las últimas tendencias de moda.

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En el piso de arriba descubrimos un futbolín donde, con más entusiasmo que pericia, disfrutamos de un rato de risas.

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Una hora después decidimos acercarnos a saludar a Melpómene, la musa de la tragedia, que se encuentra en el estanque del Museo de Bellas Artes y que fue creada en honor al compositor de música Juan Crisóstomo de Arriaga.
Hablamos sobre lo curioso del veto que las autoridades impusieron a esta escultura de Francisco Durrio por su desnudez y de como Enrique Barros hubo de crear otra musa en la misma pose pero vestida, para no sonrojar a la sociedad de hace más de sesenta años. Afortunadamente, las cosas cambiaron y ahora presumimos de dos musas del arte: esta del museo y la que adorna la fuente del paseo de Abandoibarra.

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Me gusta charlar con Alba porque se interesa por todo lo que le explico de Bilbao, por la historia de nuestra ciudad y por aquellas anécdotas o curiosidades de las que nunca ha oído hablar debido a su juventud.

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De camino hacia el Museo Guggenheim le conté que, hasta hace noventa años, en los terrenos que ahora ocupa el museo existió un cementerio inglés que, durante siglos, albergó las tumbas de los súbditos británicos que llegaron a Bilbao para trabajar en la producción de hierro.
Con cara de asombro me aseguró que jamás hubiera imaginado un camposanto debajo del moderno museo de titanio.

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Ya en el interior, advertimos el ir y venir de cientos de turistas que, armados con audio guía, escuchaban atentamente todas las indicaciones sobre las obras de arte de esta famosa pinacoteca.

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Los Tulipanes de Jeff Koons realizados en acero inoxidable fundido y terminado en colores brillantes siempre son protagonistas de las fotos de los turistas que se asoman a esta terraza encima del estanque.

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La segunda tarde la pasamos en la Basílica de Begoña y, de allí, bajamos al Parque de Etxebarria.

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Por el camino comentamos lo bonito que habían dejado este oasis después de haber derribado la fábrica de Echevarria, habiendo conservado una de sus chimeneas para el recuerdo.

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Sin duda, convertir este solar en un parque fue un acierto que los vecinos de la zona agradecen.

¡Quién iba a pensar en los años 70 que aquella fábrica sucia y ruidosa daría paso a un amplio espacio con zonas verdes y deportivas donde a diario pasean muchos bilbainos!

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Para el tercer día elegimos, como destino de nuestra excursión urbana, el Casco Viejo. Empezamos en los tinglados del Arenal donde le propuse montarnos en los columpios.

Al principio pensó que bromeaba, hasta que me vio decidida a subirme a un balancín. Entonces, Alba se unió al juego y disfrutamos de un rato muy divertido.

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Con el teatro Arriaga de fondo me comentó que tenía muchas ganas de realizar una de esas visitas guiadas por el interior del teatro y que, próximamente, lo haría con su ama.

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Minutos más tarde nos dirigimos hacia las fuentes cuyos chorros son unas simpáticas ranitas.

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El kiosko del Arenal, realizado por Pedro Ispizua en estilo Art Nouveau, es uno de los lugares favoritos de mi pequeña amiga. Le llaman la atención sus famosas vidrieras de colores y bromeamos sobre el foso que lo rodea.

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Ya entre calles, le fui contando cómo Bilbao estuvo rodeado por una muralla y le llevé a ver los restos en la calle Ronda, llamada así porque los vigilantes hacían la ronda para salvaguardar la vida de los bilbaínos que habitaban dentro de la muralla.

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Delante de la Catedral, la fuente realizada por Luis Paret, es un buen sitio para posar ante la cámara.

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Si hablamos de posar, en la plaza Unamuno, a los pies del busto del más universal de nuestros escritores, también se puede tomar una buena fotografía.

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De repente, miré la hora y pensé en lo rápido que pasa el tiempo callejeando por nuestra villa y…hablando de tiempo. ¿Dónde hay un reloj muy grande en el Casco Viejo?
¡Pues si! En la plaza Nueva.
Accedimos a este lugar emblemático y siempre concurrido, por una de sus cinco entradas. En el centro, varias palomas quisieron jugar con Alba.

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El reloj, le expliqué, se halla en la fachada de la sede de Euskaltzaindia, que también fue sede de la Diputación Foral de Bizkaia, antes de trasladarse al palacio que conocemos en la Gran Vía.

Y, para terminar, quisimos estrenar la nueva linea de metro inaugurada semanas atrás.

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En la cuarta jornada de nuestra excursión por Bilbao fuimos a la Catedral; pero, esta vez, a la Catedral del fútbol.
Habíamos quedado a las seis en la gran explanada. Alba apareció ataviada con la camiseta del equipo de nuestros amores y con muchas ganas de pasar un buen rato de confidencias y de historias de la villa.

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Durante estos días Alba elegía los sitios para visitar y yo proponía algunos otros. Estaba claro que la decisión de acercarnos a San Mamés era de las dos.
Cuando bajó del autobús, le pregunté por el examen que había tenido esa mañana; me aseguró con una gran sonrisa que le había salido muy bien.
Me encanta que me cuente lo que hace en el colegio, cuáles son sus asignaturas favoritas o qué tal lleva los exámenes. Así como me habla de sus amigas y amigos y de sus gustos tanto musicales como literarios.
Y, cambiando de tema, me confesó que su ídolo es Iker Muniain, al que ha visto en varias ocasiones en las calles del Botxo y con el que se ha fotografiado alguna vez.
En la cafetería, a través del cristal, observamos el campo con su hierba tan bien cortada y con las gradas vacías y en silencio. Nos sentamos a tomar un refresco para seguir charlando de nuestras cosas y, sobre todo, de nuestro Bilbao.

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Ya fuera, nos tomamos una foto con la Catedral guardándonos la espalda mientras decidíamos dónde ir.

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Entonces, se me ocurrió proponerle, dada la cercanía, una incursión al Museo Marítimo Ría de Bilbao. Nos encaminamos hacia allí por el paseo de Olabeaga, a orillas de la ría.

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Por el camino le expliqué el origen del nombre de la gran grúa roja que preside la explanada del museo y que, como todos los bilbaínos sabemos, se llama Karola en honor a una joven que cada día cruzaba la ría en un bote para ir a trabajar; momento que aprovechaban los obreros de los astilleros para lanzarle algún piropo porque, según cuentan, era muy bella.
Ella me confesó que no conocía esa historia y que no le gusta mucho este icono del Museo Marítimo.

-¿Qué no te gusta? le pregunté asombrada.

Entre risas la amenacé con tirarla al agua.

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Pero, finalmente, no cumplí la amenaza.

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Ya dentro y, después de observar algunos objetos que nos cuentan la historia de nuestro mar, nos subimos a la réplica de una embarcación del siglo XVII que fue propiedad del Consulado de Bilbao y que surcaba la ría con gente importante relacionada con el comercio.

La falúa, como así se llama, es uno de los reclamos de este magnífico museo.
Mientras Andoni nos fotografiaba, Alba y yo imaginábamos cómo irían vestidas aquellas elegantes y adineradas damas para navegar por la ría.

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Este museo ofrece la posibilidad de participar en los juegos y pruebas distribuidos por las diferentes salas donde, a la vez que te diviertes, adquieres conocimientos de náutica.

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Antes de salir, Alba firmó en el libro de visitas como recuerdo del rato tan ameno que habíamos pasado.

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El  quinto día elegimos un lugar más fresquito ya que la temperatura había subido bastante.
El parque de Doña Casilda, más conocido como “de los patos”, es el lugar ideal para sentir la naturaleza sin salir del Botxo.
A esa hora de la tarde muchas familias con niños disfrutaban de un rato de ocio paseando, jugando o descansando en la hierba o en los numerosos bancos distribuidos por sus 85000 metros cuadrados.
El estanque es el centro del parque, donde todos nos acercamos a ver a los patos y a los cisnes que siempre nos piden, con sus graznidos, algo de comer.

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Alba me contó que le gusta este parque por la gran cantidad de árboles que habitan aquí. Muchos de ellos llegaron de lejanos países, como el ombú en el que se fotografía, que proviene de Sudamérica.

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Mientras atravesamos la pérgola, que se encuentra en la parte alta del parque, a Alba se le ocurrió que podíamos acercarnos a la Alhóndiga.

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Dicho y hecho.
Por el camino comentamos que, actualmente, su nombre es Azkuna Zentroa, por el fallecido y tan querido alcalde de Bilbao.
Ella había leído que fue un antiguo almacén de vino y que hace unos años se reformó el edificio y se convirtió en este magnífico centro cultural y deportivo.
Entre las 43 columnas diseñadas por el italiano Lorenzo Baraldi, Alba eligió dos para fotografiarse con ellas, porque son las que más le gustan.

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Pero, si hay algo que le llama la atención siempre que viene aquí, es la piscina del techo que te permite observar cómo nada la gente.
Salimos a la reformada plaza Arriquibar donde no hay nada que recuerde a aquella plaza con bancos donde una mujer con la mirada perdida tejía extravagantes sombreros. Una mujer a la que llamaban loca, pero… esa es otra historia.

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Bilbao no es muy grande y habíamos visitado todos los rincones que Alba había propuesto. Sin embargo, nos faltaba uno muy importante; uno muy querido por los bilbaínos y que, según Alba, no hay que dejar de ver: Artxanda.
El monte Artxanda es un lugar de esparcimiento utilizado por los bilbaínos desde hace más de un siglo donde, incluso, se construyó un casino que fue destruido durante la Guerra Civil.
Es el lugar ideal para pasear, respirar aire limpio, comer unas rabas, tomar un refresco u observar la villa desde su mirador.
Existen muchas maneras de llegar hasta aquí pero, sin duda, la preferida por los niños, y no tan niños, es el “Funi”.

Alba Funi
Este transporte centenario tarda tres minutos en hacer cumbre en los más de doscientos metros de altitud del monte.
La huella llamó su atención; me confesó que solo sabía que estaba relacionada con la guerra civil y me aseguró que buscaría más información en Internet.

Alba Huella

Alba me explicó cómo su madre la había contado que de pequeña subía a patinar a Nogaro, la desaparecida pista de hielo.

Pero, no todo iba a ser historia, edificios, paseos, parques…también quise conocer sus gustos culinarios.
Alba es capaz de preparar platos sencillos que le enseña su madre. Las gildas, tan típicas, solo las come si no llevan guindilla; en eso coincidimos.
En cuanto a los dulces me habló de un establecimiento donde preparan unas deliciosas tartas y, por supuesto, no pone reparos a una carolina o a un pastel de arroz.

O, como se puede observar en la foto, un sabroso pintxo de Bilbao siempre es una buena opción.

Realmente y, después de tantas tardes de paseo y tan entretenidas charlas, puedo asegurar que ha sido una gran experiencia redescubrir Bilbao a través de los ojos de Alba; esos ojos que, desde el mirador, contemplan el presente, aprenden del pasado y se preguntan cómo será el futuro.

 

Alba Artxanda

Muchas gracias Alba por compartir esta aventura conmigo. Espero que no sea la última.

FOTOS: ANDONI RENTERIA

125 AÑOS DE HISTORIA JOYERA

Jamás hubiera imaginado Juan Fernández Monge Otaduy, orfebre alavés, cuando llegó a nuestra villa en la segunda mitad del siglo XIX, que comenzaba a escribir la historia de uno de los comercios emblemáticos de Bilbao.
Su hijo Fernando Fernández Monge Abrisqueta, fue el fundador en el año 1891, de la joyería FERNANDO MONGE en pleno Casco Viejo, concretamente en la calle Cinturería nº 1.
Fernando, con sus ideas innovadoras, fue quien inició relaciones con la Bolsa de Amberes e importó diamantes para la realización de sus joyas.
El local del Casco Viejo era un referente de elegancia y sobriedad, además de en profesionalidad.
En 1946, un nuevo Fernando hijo del anterior, dio el salto a la zona de Indautxu abriendo un nuevo negocio en la calle Ercilla nº 34. Para ello fue muy cuidadoso y mantuvo la estética del otro comercio; en su decoración no dudó en invertir el dinero necesario para dotar, también a este local, de elegancia y distinción, sellos de la empresa familiar.
Sus lunas curvas del escaparate, realizadas en Barcelona, son muy conocidas y valoradas, además de ser las más grandes de Bilbao.

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Pero, llegaron las inundaciones de 1983 y el establecimiento de la calle Cinturería, como todos los del Casco Viejo, no se libró de las consecuencias de varios días lloviendo sin mesura sobre nuestra villa.
Finalmente, resolvieron bajar definitivamente la persiana del local afectado y mantener el actual, el de la calle Ercilla.
Hoy he decidido acercarme hasta allí para conocer a la cuarta generación de joyeros.
A las diez y media de la mañana me abría la puerta de su comercio, con una amplia sonrisa, Manu Fernández Monge.

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Manu me explica que él es gemólogo y que se puso al frente del negocio hace treinta y siete años, cuando su padre falleció.
Se trata de un negocio familiar pero, en este momento, no hay ningún miembro que recoja el testigo, ya que los futuros herederos se decantaron por profesiones que nada tienen que ver con la joyería e, incluso, algunos residen en el extranjero.
De momento, Manu, se mantiene firme y, como él dice: “Nuestra joyería, la más antigua de Bilbao con sus 125 años de historia, ha sobrevivido a dos guerras mundiales y a una guerra civil”

Me fijo en diferentes motivos decorativos que son verdaderas obras de arte.

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Manu, ¿Qué tipo de clientela cruza la puerta de tu negocio?
Mayoritariamente, es un público femenino el que visita mi joyería, aunque muchos hombres también vienen a comprar, relojes, sobre todo.
He estado mirando un poco en tu web y veo que vuestras joyas se pueden adquirir vía On line.
Sí, nos hemos adaptado a los tiempos y hemos decidido dar este servicio que parece tiene buena acogida; tanto para personas de fuera de Bilbao como para los propios bilbaínos que optan por esta manera de comprar.
¿Desde dónde os llegan los pedidos?
Nos han llegado a solicitar relojes desde lugares tan exóticos como Tahití.
Una pareja parisina me encargó un reloj y, en vez de enviárselo, volaron por la mañana hasta Bilbao para recogerlo y, ya que estaban aquí, probaron nuestra gastronomía en uno de los mejores restaurantes de la villa. Por la tarde regresaron en otro vuelo a París y, desde allí, me enviaron un mail agradeciéndome la recomendación del restaurante.
Supongo que 125 años dan para muchas anécdotas y muchos clientes. ¿Los turistas extranjeros que llegan en los cruceros de lujo se acercan hasta aquí?
No, es muy raro, porque normalmente atracan en Getxo pero les llevan de excursión a La Rioja, al Casco Viejo o a Urdaibai. Son poquísimos los turistas con alto poder adquisitivo, que bajan del crucero para deambular por las calles de nuestra ciudad.
Recuerdo hace unos meses a una pareja de Australia que, paseando, llegaron hasta aquí, se fijaron en mi escaparate y entraron. Me compraron dos collares como estos. -Abre un cajón y me muestra unos collares realizados con unas curiosas piedras que, me explica, son fósiles de mamut.

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Imagino que, después de tantos años en la zona, muchos clientes habrán pasado a ser amigos.
Si, la mayoría. Mi relación con ellos es de cariño y amistad. Son muchos años aconsejando regalos o piezas para lucir en ocasiones especiales.
¿Actualmente realizas tú las piezas de joyería?
No, ahora tengo un equipo en el taller del Casco Viejo. Yo estoy mayor. -Me confiesa entre risas.
Casi una hora ha transcurrido desde que crucé la puerta de esta joyería centenaria y reconocida de nuestra villa. El tiempo vuela, y más hablando de relojes.
Agradezco a Manu su tiempo, sus explicaciones, su profesionalidad y su amabilidad.

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Ha sido una nueva lección para mi formación de bilbainismo.
FOTOS: ANDONI RENTERIA

MARINO MONTERO DINAMIZA BILBAO.

Si hay alguien que conozca bien lo que se cuece en Bilbao ese es, sin duda, Marino Montero.
Hace unas semanas, cuando propuse a este insigne dinamizador de eventos charlar con él para realizar una entrada en mi blog, sabía que sería un reto y, a la vez, un momento único para descubrir muchos aspectos de la historia reciente de nuestra villa.
Nos citamos a las diez y media de la mañana en una afamada cafetería del Casco Viejo. Después de pedir sendos cafés, nos sentamos en una mesa frente a frente.

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Lo primero que observo en Marino es que sostiene la mirada y eso me gusta mucho. No rehúye ninguna pregunta, ninguna cuestión. Al contrario, se le ve cómodo revolviendo su café solo mientras me sonríe y me explica que fue alumno del colegio Maristas.
Eran los tiempos en los que las aulas de dicho colegio se encontraban en la plaza Nueva y, para disfrutar del recreo, debían subir por las escaleras de las Calzadas de Mallona; donde, una vez arriba, daban rienda suelta a sus juegos infantiles.
Me lo cuenta entre risas, pero confiesa que entonces no les hacía mucha gracia el esfuerzo de subir dos veces al día, ya que por la tarde también contaban con tiempo para recreo.
¿Ya de niño apuntabas maneras de dinamizador?
Bueno, un poco sí. Fui delegado de clase varios cursos y me gustaba colaborar en la organización de actividades escolares.
Fuiste a Maristas y el bachiller lo realizaste en el Instituto Central
Si, así es. En el “insti” éramos muy apasionados y ocurrentes. Creamos un grupo con el fin de promover y colaborar en cualquier evento cultural. La primera idea fue la de establecer un día libre para los porteros de fincas de la zona. Se trataba de suplirles en sus puestos, de tal manera que algunos de nosotros nos quedáramos trabajando para que los porteros junto con el resto del grupo de chavales del grupo, se fuesen de excursión. Así estos empleados de fincas disfrutarían de una jornada de asueto y diversión. Fue todo un éxito. Hubo incluso alguna nota de prensa al respecto.
Mucha gente desconoce que Marino Montero estudió la carrera de Derecho.
Pues sí, estoy titulado por la Universidad de Deusto pero jamás he ejercido de abogado.
¿Y si te digo ADARRA qué te viene a la cabeza?
ADARRA fue un grupo formado por profesores de la Escuela Pública y varios pedagogos. Se encargaban de coordinar las distintas actividades infantiles por los barrios con las asociaciones vecinales que, además, editaron un libro sobre juegos infantiles. Y, claro, allí estuve yo también con los txikis.
¿El público infantil te gustaba?
Sí, me movía bien en ese mundo. En 1973 programé una semana de talleres y juegos infantiles en Cruces que fue todo un éxito.
Cinco años después, fundamos OSKUS, un grupo dedicado también a todo lo que tuviera que ver con las actividades de los más pequeños.

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Pero quizá de lo que más orgulloso te sientas es de haber sido uno de los promotores, impulsores y creadores de la ASTE NAGUSIA tal y como la conocemos hoy en día.
Bueno, se siente mucha satisfacción por haber acercado a los bilbainos unas fiestas que, hasta entonces, solo eran para unos pocos. Antes de 1978, únicamente, las disfrutaban aquellos que iban al teatro o a los toros. Pocas diversiones más había.
Hoy en día nadie puede aburrirse en la semana grande. Todos tienen cabida en unas fiestas tan populares y con tanta oferta como las de Bilbao.
Ya sé que lo has contado muchísimas veces a lo largo de todos estos años, pero me encantaría que me lo contaras a mí.
Jajaja. Sí, es cierto, he hablado sobre ello cientos de veces.
Todo comenzó con un concurso de ideas para una nueva ASTE NAGUSIA promovido por el Corte Inglés y el Ayuntamiento. Se trataba de aportar iniciativas para una mayor participación ciudadana.
El premio fue para el colectivo popular Txomin Barullo y, a partir de ahí, se creó una comisión de fiestas que, en poco más de un mes, diecisiete jóvenes con muchas ilusiones y mucho ímpetu pero con pocos medios y poca experiencia, decidimos ponernos al frente de una aventura que, afortunadamente, salió bien y ha llegado hasta nuestros días.
No fue tarea fácil. Tuvimos que hablar con representantes del Ayuntamiento, con otros colectivos culturales y convencerles a todos que aquellas fiestas serían una magnífica oportunidad para traer alegría a Bilbao.
Nos encontramos con voces a favor y voces en contra, pero eran otros tiempos, no había intereses partidistas y, como habíamos imaginado, la cosa salió adelante.
En prensa también nos dieron caña. Sin embargo, aquello ya era imparable.
Por aquello nunca cobrasteis nada
No, claro que no. En aquel momento, el cobrar o no daba lo mismo. Estábamos haciendo algo por nuestra ciudad y eso era el mejor pago.
Y, por fin, llegó aquel sábado de agosto de 1978 en el que todos permanecían expectantes y, supongo, que vosotros nerviosos. ¿Qué recuerdas de aquel día?
Emoción y mucha responsabilidad, sin duda. Fue muy emotivo el txupinazo en las escaleras de la Basílica de Begoña, por parte de Isabel Arciniega de la comparsa Araba Etxea.
Minutos después nos sumergimos en un desfile de comparsas que, al son de la música y cargados de ilusión, nos dirigimos hacia el Arenal.
Yo viví un momento muy conmovedor porque entre el público se encontraba un tío abuelo mío que lloraba emocionado.
He leído por ahí que insistes en que deberíamos usar el pañuelo de fiestas todos los días de la ASTE NAGUSIA y que no todos lo hacemos.
Es cierto. La indumentaria es nuestro distintivo en esos días festivos. Abogo por el pañuelo como complemento identificativo y, también, defiendo que Bilbao debería proyectar una imagen fuera de nuestras fronteras para que cualquiera que viera, por ejemplo una foto, supiera identificar nuestra ASTE NAGUSIA como ocurre en San Fermín.
¿Cómo recuerdas aquellos momentos iniciales de las inundaciones del 83?
Fueron momentos de caos e incertidumbre. Fíjate que fue tal el desconcierto, que en un primer momento, decidimos colocar los equipos de música en sitios altos de las propias txosnas, sin imaginar que el nivel del agua subiría tanto como para arrastrar txosnas y llevarse todo por delante.
También me acuerdo de cómo trasladamos al Gargantua a rastras hasta la plaza Circular.
Todos los componentes de las comparsas nos pedían consejo a nosotros, los de la comisión de fiestas. Debíamos tomar decisiones rápidas ante lo que se nos venía encima.
Siempre diré lo mismo, las comparsas ayudaron muchísimo coordinando la estructura cívica. A las 9 de la mañana y a las 3 de la tarde se repartían los trabajos de limpieza y desescombro.
¿Alguna vez has “huido” del Botxo en la ASTE NAGUSIA?
Jamás. Llevo viviendo las fiestas intensamente desde hace más de 30 años y espero seguir haciéndolo mucho tiempo más.
En el año 1987 comenzaste una nueva andadura con el Grupo Iruña
Sí, me hicieron de la plantilla y yo me dedicaba a planificar un calendario de diferentes actividades. Hace algo más de un año que ya no trabajo para el grupo.
Si Marino Montero se pierde en Bilbao, ¿Dónde deberíamos ir a buscarle?
Por las alturas, básicamente. El funicular me encanta y el ascensor de Mallona también, aunque desgraciadamente, ahora no esté en funcionamiento.

Terminado el café salimos a pasear primero por la Plaza Nueva y, después, nos dirigimos al Arenal, centro neurálgico de las fiestas.

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¿Qué parte de la ciudad sería, según tú, de visita obligada para un turista que se acerque al Botxo?
A todo el mundo que venga por primera vez a Bilbao les recomendaría un paseo por el Casco Viejo, sin duda.
¿Vales más por lo que callas que por lo que hablas?
Rotundamente, sí.

Nos acercamos al Kiosko del Arenal, lugar que Marino mira con cariño. Es uno de sus rincones favoritos. Me comenta que este espacio está infrautilizado; que, además de la Banda Municipal de Música, deberían actuar otros grupos para deleite de todos.
A mí me gusta la idea, claro.

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Continuamos paseando y charlando de Bilbao, por supuesto, y nuestros pasos nos llevan hacia la barandilla de la ría como si el agua, en otros tiempos marrón chocolate, ejerciera sobre nosotros una fuerza a la que no pudiéramos resistirnos.
A Marino la ría le apasiona, lo sé.

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¿Qué ves al mirar la ría?
Veo una infinidad de posibilidades, veo actividades, veo vida. Eso es lo que se merece nuestra ría y nuestra ciudad. Creo que hay mucho por hacer respecto a la ría. Se ha regenerado como para poder disfrutar de ella y eso es lo que deberíamos hacer.
En el fondo, eres un romántico, Marino.

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Entre risas, nos despedimos pero, solo por hoy. Marino es un hombre con el que charlar es un placer. Sabe mucho, sabe todo de Bilbao, así que, decido que no será la última vez que me siente a tomar un café con él.
Además no hemos hablado de su presente, de la Academia del Cerdo Txarriduna a la que pertenece, de su participación en actos culturales de la villa, del certamen literario de relatos sobre la ASTE NAGUSIA, de su implicación en la regata que enfrenta cada año a la escuela de Ingenieros y a la Universidad de Deusto, de la fiesta del txikitero, de la Semana Santa, de…
Mila esker, Marino! Nos encontraremos por el Botxo.

FOTOS: ANDONI RENTERIA.