EL PALACIO ARTAZA

El palacio Artaza es una magnífica construcción del año 1914 situada en el municipio de Leioa a pocos kilómetros de Bilbao.
Ubicado en una finca de 30 hectáreas que, a principios del siglo pasado, era primera línea de playa.
El empresario Víctor Chávarri Anduiza fue quien encargó al reconocido arquitecto Manuel María Smith este palacio en el que se han alojado personajes relevantes como el rey Alfonso XIII.


Este terreno fue subastado por el estado en 1894 y adquirido por la familia del industrial portugalujo.
En 1989 pasó a ser propiedad del Gobierno Vasco y la Diputación Foral de Bizkaia se hizo cargo de los jardines que, actualmente, se mantienen abiertos para disfrute de los vecinos y visitantes.


Hasta que, en 2018 el Gobierno Vasco cedió la finca y el palacio al Ayuntamiento de Leioa por un período inicial de diez años, era utilizado como lugar para realizar actos protocolarios. En la actualidad se celebran bodas civiles a parejas empadronadas en el municipio y algún acto institucional o cultural.
Este gran palacio construido en forma de U con piedra y ladrillo rojo se divide en tres zonas: la noble, la de servicio y las caballerizas.
Al entrar un gran hall recibe al visitante. Una puerta a la derecha nos lleva a una pequeña capilla con un balcón interior al que se accede por el primer piso donde escuchaba misa la familia.


Grandes alfombras y lámparas son los últimos vestigios de una vida ostentosa.

La sala de baile y la sala de ceremonias dan paso a una galería en semicírculo con salida al gran jardín donde los miembros de la familia y sus amistades jugaban al croquet, paseaban entre copias de estatuas griegas o se sentaban bajo la pérgola.


En el primer piso se ubican varias habitaciones con salones y cuartos de baño que llaman la atención no solo por el tamaño y sus grifos con baño de oro, sino por su suelo enmoquetado de blanco. Desde una de las terrazas, la imagen del jardín es preciosa.


La cocina de hierro funcionaba con leña o carbón y se mantiene en perfectas condiciones.

Una gran vidriera multicolor preside la majestuosa escalinata de madera oscura.

En esta visita guiada que realicé hace unos días no muestran el palacio completo pero sí sirve para hacernos una idea del nivel de vida de la familia Chavarri.
FOTOS: ANDONI RENTERIA.

DOLOMITAS EN EL VALLE DE KARRANTZA

En el barrio de Ambasaguas del Valle de Carranza, se encuentra un museo muy curioso: el de la antigua fábrica de Dolomitas.
La dolomía es una roca sedimentaria utilizada como materia prima para diferentes industrias.
En el año 1956 la empresa Dolomitas del Norte comenzó, en el barrio de Ranero, la explotación de la cantera que se hizo muy famosa porque, en una de sus voladuras, se abrió un boquete que permitió descubrir las Cuevas de Pozalagua, hasta ese momento ocultas.
Este material extraído de la mina al aire libre lo trasladaban mediante un tranvía aéreo hasta lo que actualmente es el museo, que fue la estación de descarga. Allí también se encontraban los hornos donde se introducían para el proceso de la elaboración de losetas refractarías que se suministraban a grandes empresas como Altos Hornos de Bizkaia.
Hace unas semanas, acudí hasta este museo con Leyre Barreras, guía profesional de la empresa Leykatur. Estacionamos el coche y, allí mismo, mientras observaba el edificio, Leyre me fue dando detalles de los días de visita. Los fines de semana abren siempre y los días laborables, con cita previa.

Al entrar lo primero que llama la atención es que se mantiene igual que cuando se cerró en el año 1976. Han pintado las paredes y han limpiado pero, básicamente, tiene el mismo aspecto.
Mi guía me contó que, desde 2002, estas instalaciones fueron declaradas Bien Cultural en la categoría de monumento, por el Gobierno Vasco.
Varios paneles informativos colocados en las paredes informan al visitante de la creación de la fábrica y del proceso de las rocas extraídas.

Emociona ver una imagen de parte del personal de la fábrica.


Diversos objetos aportan realidad a la visita; como sacos con piedras, sacos vacíos, vitrinas con botellas que contienen productos químicos o el despacho del Director donde cuelga un cuadro de la antigua fábrica.


En la parte de arriba podemos hacernos una idea muy clara de cómo se transportaba el material desde la cantera en unas vagonetas, a través de este sistema de tranvía aéreo.

Abajo en el sótano existen los antiguos silos que, gracias a un programa informático, han conseguido los efectos de sonido e imágenes que nos trasladan a una época en la que aquí había mucha actividad.
Según me explicó Leyre, esta es la parte que más gusta, sobre todo a los niños.


Durante algo más de una hora, recorrí la fábrica museo y salí sabiendo mucho más sobre este mineral, sobre su transformación y sobre la vida fabril en el valle de Carranza.
Muchas gracias, Leyre, por dedicarme tu tiempo y tus enseñanzas.
FOTOS: ANDONI RENTERIA

UN MUSEO DE PAZ

El Museo de la Paz en Gernika es uno de esos lugares donde merece la pena pasearse entre su historia, sus documentos, sus objetos, sus audiovisuales, sus emociones, sus recuerdos…
Este museo se encuentra en la Plaza de los Fueros frente al Ayuntamiento y al lado de la casa de Cultura. No hay pérdida.


Hace un tiempo acudí hasta aquí para conocerlo de cerca y, amablemente, su directora Iratxe Momoitio, me recibió en su despacho y me explicó las diversas actividades que llevan a cabo en el museo y me ofreció datos sobre las cifras de visitas que, cada año, aumentan.
Desde el museo ofrecen visitas guiadas a grupos o individuales en varios idiomas. También realizan actividades culturales, educativas y rutas guiadas por diferentes itinerarios de los alrededores.

La directora insistió en el objetivo de este museo y no es otro que promover los valores de la paz, despertar los sentimientos y las sensaciones y difundir los conocimientos de la historia.

Son muchos los grupos de estudiantes que visitan el museo y se interesan por él, bien sea de nuestro país o de fuera.
Cuentan con un amplio abanico de talleres didácticos para acercar a los alumnos a la cultura de la paz desde un punto de vista lúdico y creativo.
Este museo se inauguró en 1998 con el fin de narrar lo sucedido aquel 26 de abril de 1937 cuando el pueblo de Gernika sufrió el trágico bombardeo por parte de la aviación nazi. Años después se reformó y se creó el actual; único en el país dedicado a la Paz.
El museo se distribuye en tres pisos y un sótano. Quizá una de las salas que más impresiona sea la “Casa de Begoña”. En una habitación amueblada a la moda de la época con unos bancos para poder “vivirla” sentados, el visitante se traslada a aquel día hace más de ochenta años. Impresiona oír las voces de los niños de aquella familia y una radio en la lejanía. De repente, se escuchan sirenas, aviones pasar, gritos, estallidos…todo es confuso, todo es destrucción y terror.


En las vitrinas de cristal hay varios objetos como ropas de los milicianos, máquinas de escribir o prismáticos.


Los paneles informativos con fotografías que ilustran aquel día nos dan una idea bastante clara del sufrimiento de la población de Gernika.

En la exposición permanente hay una sección muy interesante en la que se explica qué es exactamente la paz. También existen otros apartados en los que se cuenta qué legado dejó el bombardeo y nos ofrecen testimonios en formato audiovisual de aquellas personas que vivieron esos terribles días.


El GERNIKA de Picasso está muy presente en el museo y, en algunas zonas, en el suelo bajo unos gruesos vidrios, se pueden observar restos de los edificios destruidos.


Al museo no le falta de nada e, incluso, dispone de una tienda para todo aquel que quiera llevarse un recuerdo de su paso como libros, objetos decorativos, artículos solidarios o láminas con preciosas fotografías.

Este museo muestra los horrores vividos en aquella cruenta guerra y pretende que no se borre de la memoria lo que sufrieron tantos vecinos del pueblo. Por ello propone una alternativa de reconciliación para salvar el mundo a través de la paz. Invita a crear y buscar la paz. Nos enseña a valorar y respetar los Derechos Humanos.


Os dejo este enlace para más información https://www.museodelapaz.org/
Sin duda, es uno de los lugares que hay que visitar.
FOTOS: ANDONI RENTERIA

BALMASEDA, LA PRIMERA VILLA DE BIZKAIA.

Balmaseda no es un pueblo cualquiera, no. Balmaseda es una villa desde el año 1199 cuando el Señor de Bortedo, Don Lope Sánchez de Mena, le otorgó el título.
La primera villa de Bizkaia fue un lugar estratégico entre montañas; tanto para construir una ciudad fortificada como paso para las rutas comerciales usando la antigua calzada romana; llegando a ser, durante la Edad Media, el punto comercial más importante en la zona Cantábrica del Reino de Castilla.


Se encuentra a treinta kilómetros de la capital vizcaína por lo que es un buen destino para realizar una excursión, pasear por sus calles, conocer su historia y degustar su gastronomía.
Algo más de siete mil habitantes conviven en esta villa atravesada por el río Cadagua y rodeada por montes, bosques y muchos lugares de interés turístico que la convierten en un destino ideal.
Peregrinos, comerciantes, mezcla de culturas… han sido fundamentales para hacer de Balmaseda una villa con infinidad de costumbres y festejos que mantienen ese sabor a tradición.
Si se busca escalar cumbres, desde aquí se puede acceder al Kolitza que, con sus 879 metros de altitud, es uno de los cinco montes bocineros de Bizkaia.
Hace unas semanas me dirigí hasta aquí, la capital de la comarca de las Encartaciones.
Al llegar comenzó una fina lluvia que no impidió que desistiera de mi objetivo que no era ni más ni menos que tomar nota de lo más destacado de la villa y luego contároslo aquí. Así que, paraguas en mano, me adentré en su Casco Viejo.


Su importante patrimonio cultural me llevó a visitar sus dos iglesias: San Severino y San Juan, cerradas en ese momento.


Sus calles empedradas muestran palacetes y casas señoriales, además de muchos comercios que dan buena idea de la actividad actual del pueblo.
La sede del Ayuntamiento es un magnífico edificio de estilo barroco construido a mediados del siglo XVIII que ha sido reformado en muchas ocasiones.

(Foto tomada de Balmaseda.eus)

A unos cientos de metros de allí otro edificio religioso: El convento de Santa Clara. Este conjunto monumental actualmente se dedica a hostal, restaurante y museo de la Pasión Viviente.

A su lado, la Escuela Pública Mendia, donde muchos niños y niñas balmasedanos acuden cada día. Y, cuando salen, les espera el precioso parque temático Santa Clara lleno de estructuras inspiradas en la Edad Media donde no falta una tirolina o un castillo con toboganes.

 


La Casa de Cultura o Kultur Etxea es el lugar de reunión para disfrutar de diversas actividades para niños y mayores.

Son muchos los iconos de esta villa pero, el que siempre sale en las imágenes, es el famoso Puente Viejo o Puente de la Muza. Este símbolo por derecho propio se construyó en el siglo XV sobre uno anterior del siglo XII. Sus tres arcos y el torreón le confieren una silueta inconfundible y un orgullo para los vecinos. Fue una de las antiguas puertas para acceder a la villa y era el lugar donde debían pagar los impuestos los comerciantes, mercaderes o cualquiera que quisiera entrar en Balmaseda.

Balmaseda es lugar de paso de la ruta Jacobea y, por ello, no faltan detalles que así lo recuerdan como los peregrinos con los que no dudé en sacarme una foto.


En una población con tantos habitantes las infraestructuras y los servicios han de estar a la altura de los vecinos, es por ello, que disponen de un gran polideportivo donde realizar variadas disciplinas deportivas.


Por muchos motivos se conoce la villa pero, sin duda, la escenificación de la Pasión en Semana Santa es, posiblemente, el más internacional.
Durante todo el año se preparan para interpretar sus papeles, elegir sus ropas o acondicionar el decorado. Es un orgullo representar a Jesucristo y así lo aseguran los hombres del pueblo que, cada año, se meten en el principal personaje de la Semana Santa.
El mercado medieval es otra cita ineludible si hablamos de Balmaseda, así como el día de putxeras. Esas ollas tienen su origen en el tren de la Robla a principios del siglo XX cuando sus trabajadores ingeniaron un recipiente que recibiera el calor del vapor de la máquina del tren y, así, comer platos calientes durante su jornada laboral. En esta villa se veneran estas ollas, tanto que, incluso, poseen una escultura cerca del río.

El río Cadagua atraviesa Balmaseda.

Muchos conocen a esta villa por su fábrica de boinas La Encartada, que actualmente es un museo. Un vecino de Balmaseda, Marcos Arena Bermejillo, emigró a México y, cuando regresó, a finales del siglo XIX emprendió un negocio junto con cuatro empresarios de la zona. Decidieron que el objeto que elaborarían sería la boina, una prenda muy utilizada entre los campesinos, militares y la clase obrera de aquella época.
Os recomiendo una visita al museo y os dejo aquí el enlace de un reportaje que publiqué hace tiempo La Encartada

Para los que preferís llegar desde Bilbao en tren, la estación se encuentra a pocos metros del centro del pueblo.


Posiblemente me he quedado corta en mi descripción de esta magnífica villa, es por eso por lo que os animo a vosotros a descubrirla. Os sorprenderá.
FOTOS: ANDONI RENTERIA