LOGROÑO, CALIDAD DE VIDA

Hace unas semanas, pasé una tarde en Logroño. Si bien es cierto que fueron pocas horas, me maravilló descubrir cómo se había transformado la capital de La Rioja. La última vez que la visité fue veinte años atrás y lo que vi me sorprendió gratamente.
En este post, os mostraré algunos de los lugares más destacables de esta magnífica ciudad que cuenta con algo más de ciento cincuenta mil habitantes.
Aparqué muy cerca del paseo del Espolón donde se encuentra el monumento al General Espartero inaugurado en 1895 y que merece la pena observar con detenimiento detalles como los leones o las inscripciones. Me fijé en las flores y caminos muy bien cuidados de este céntrico parque.

De allí me dirigí a la plaza del Mercado donde en ese momento eran varias las personas que descansaban en alguna de las terrazas. Este es un lugar de encuentro de logroñeses y visitantes donde se concentra muchísima gente, sobre todo, durante las fiestas de San Mateo. La iglesia que preside esta plaza renovada en 1986, es la Concatedral de La Redonda; aunque no tiene esa forma, se la llama así por el anterior templo que sí era redondo.


Minutos más tarde me encaminé hacia la calle Laurel, famosa por sus locales frecuentados por propios y extraños donde se divierten mientras comen exquisiteces de la tierra o beben sus afamados vinos. También se conoce a esta calle como la Senda de los Elefantes porque muchos salen con trompa y a cuatro patas.


El Museo de la Rioja en la plaza San Agustín fue la residencia de Espartero y su esposa y se trata de una construcción del siglo XVIII en estilo barroco. En su interior se exponen cuadros, tallas, mobiliario y hallazgos arqueológicos.


Continuo mi camino por el casco antiguo de Logroño mientras voy admirando sus edificios, deteniéndome en algunos escaparates y dejando que el espíritu de la ciudad se apodere de mí. Entonces llego a una plazuela donde me paro a observar una escultura urbana bautizada como “Los Marchosos”, realizada en 2013 en bronce fundido y que representa a dos jóvenes: un hombre y una mujer que homenajean a las miles de personas que realizan la Valvanerada: una marcha que se celebra cada primavera desde Logroño hasta el Monasterio de Valvanera.


A pocos metros se encuentra la oficina de Turismo donde me aprovisiono de un plano para que me ayude en mi excursión por las calles logroñesas.
Veo que, muy cerca de aquí, se hallan los restos de la muralla que rodeaba la ciudad. Decido ir porque por allí también se encuentra el Cubo de Revellín; un cubo artillero que formaba parte de la fortificación defensiva de la ciudad construida en el siglo XVI.


La iglesia de Santiago el Real, parada obligatoria de todo aquel que realiza el Camino de Santiago, se encontraba cerrada en ese momento, pero pude admirar su exterior. Se trata del templo de origen más antiguo de la ciudad, ya que la primera edificación fue en el siglo IX. La iglesia actual está fechada en las primeras décadas del siglo XVI. En el interior se halla la virgen de la Esperanza, patrona de la ciudad.


Allí mismo se sitúa la plaza de la Oca, en cuyo suelo podemos ver pintado una especie de tablero de este juego ancestral con diferentes motivos relacionados con el Camino de Santiago francés. La partida comienza en la casilla de la ciudad de Logroño y termina en la de la tumba del Apóstol. Esta plaza fue remodelada en el año 1991 y fue entonces cuando se incorporó este juego al que le acompañan unos dados gigantes donde no dudo en sacarme una foto.


A pocos metros de este lugar, el museo de la Danza “baila” desde el año 2003 en la calle San Gregorio y, en cuyo interior, se muestran muchos documentos, fotos, cuadros y objetos relacionados con la danza; además de una biblioteca con más de un millar de volúmenes.
Tras unas horas deambulando y aprendiendo, he de marcharme con un buen sabor de boca y sabiendo que no tardaré en volver pues todavía me quedan muchos rincones, museos, edificios e iglesias que descubrir en esta ciudad bañada por el río Ebro, que ostenta títulos tan variopintos como Primera Capital Gastronómica de España en el año 2012 o Ciudad Europea del Deporte en 2014.
Me quedo con pena de no ver el puente de piedra que aparece en su escudo, pero ese será uno de los argumentos que esgrimiré para mi vuelta a Logroño.

PALACIO REAL DE OLITE

En este post os quiero llevar a un lugar que os hará soñar con otras épocas, con la realeza, el lujo y, ¡cómo no! con los entresijos de palacio.
El Palacio Real de Olite, ubicado en el pueblo navarro del mismo nombre es una construcción que parece dibujada por un ilustrador de cuentos infantiles. Declarado Monumento Nacional en enero de 1925, el palacio está considerado uno de los conjuntos civiles góticos más importantes de Europa.

El rey Carlos III y su esposa Doña Leonor fueron los artífices de la construcción del que, cuentan, tenía tantas habitaciones como días del año.
Hace unas semanas me acerqué hasta aquí tras veinte años sin hacerlo. Pagué los tres euros con cincuenta de la entrada y me adentré en un mundo de fantasía. Observé con satisfacción que han instalado un ascensor para las personas con movilidad reducida; que, si bien, no sirve para subir almenas por las empinadas y estrechas escaleras de caracol, al menos le ofrece al visitante la posibilidad de pasear por la primera planta del palacio.

Mirando hacia el entorno imagino aquellos jardines tan lujosos de los que se tiene constancia e, incluso, su zoológico. Muchos juegos de pelota, torneos de lucha y hasta corridas de toros tuvieron lugar en los terrenos que rodean el palacio, ahora ocupados por varios edificios.

Desde el siglo XIII ha sufrido muchas y variadas transformaciones. Lo que se conoce como Palacio Viejo, hoy en día es un Parador Nacional de Turismo.
El Palacio Nuevo, el que fue proyectado por el rey Carlos III, está inspirado en el gótico civil frances, ya que el monarca nació en Nantes. Este era, sin duda, su palacio favorito de los que la familia poseía.

En el año 1813, el general Espoz y Mina, con el objetivo de evitar que los franceses se hiciesen con el castillo, decidió provocar un incendio que destruyó parcialmente la construcción.
En 1913 fue adquirido por la Diputación Foral de Navarra y en 1937 comenzó una cuidada y detallada restauración para devolverle su aspecto original.


Actualmente, se pueden visitar torres, almenas, cámaras y pasillos que nos dan una idea muy completa de cómo era vivir aquí.
Sin duda, os animo a que visiteis este maravilloso conjunto arquitectónico como ya hacen más de ciento cincuenta mil personas al año.

EL CERCO DE ARTAJONA

En la parte alta del pueblo de Artajona en Navarra, se encuentra una fortificación conocida como el Cerro de Artajona. Se trata de una fortaleza que se adapta muy bien a la silueta de la loma con su muralla y las nueves torres que quedan en pie de las catorce que llegó a tener en su diseño original del siglo XI, con un perímetro de unos 770 metros.


A pocos metros de la entrada, un gran aparcamiento facilita a los visitantes acercarse hasta aquí en coche para adentrarse en un mundo medieval del que no nos cansamos de escuchar historias y observar objetos o edificaciones.
No es difícil imaginar a los nobles, a los soldados, a los clérigos…deambular por este lugar cada uno afanado en sus asuntos. Uno de los edificios más espectaculares es la iglesia de San Saturnino del siglo XIII que posee un tejado invertido, que fue construido de esta singular manera para recoger el agua de la lluvia, tan escasa en esta zona, y dirigirla hacia un aljibe subterráneo. En el interior de la iglesia podemos observar un retablo gótico del siglo XVI en el que destaca la virgen con el niño y la imagen del santo. A mí me fascinó el rosetón en lo alto de la fachada y que, al colarse los rayos de sol por él, le confiere al templo un aspecto mágico. Fue durante el reinado de Felipe el Hermoso y su esposa doña Juana cuando se proyectó esta iglesia.

De nuevo en el exterior, me siento en uno de los bancos para maravillarme contemplando las grandes extensiones de campos de cereales e imaginando cómo debió ser la vida aquí siglos atrás.


El Gobierno de Navarra, hace unos años, restauró todo el conjunto para que pudiéramos conocer mejor la historia, admirarla y, en cierta manera, vivirla. Este lugar, también ha servido de escenario de películas como por ejemplo: “Robin y Marian” de 1976 con los actores Sean Connery y Audrey Hepburn.


Me hubiera gustado ver el conjunto medieval de noche para apreciarlo iluminado pero, tendrá que ser en otra ocasión.