FARMACIA ARAMBURU

La Farmacia Aramburu de Plentzia fue fundada en un frío mes de enero del año 1888 por Pedro Aramburu Mendieta originario de Gatika, quien había terminado sus estudios de Farmacia en la Universidad Central de Madrid el año anterior. Cinco años más tarde fue nombrado Farmacéutico Titular del municipio, cargo que exigía ejercer, también, de inspector de alimentos, vinos y licores.

En el año 1931 se graduó como Inspector Farmacéutico Municipal y, en su propia farmacia, pudo albergar un laboratorio de investigación clínica en el que trabajó su hijo Alejo quien, además de atender la botica, se dedicó a la investigación científica y a los análisis clínicos. Alejo Aramburu colaboró, por ejemplo, con el problema del aceite de colza, el mayor asunto de intoxicación alimentaria de España. También recogió datos de las aguas para consumo doméstico en los municipios cercanos a Plentzia. Aquel laboratorio cesó su actividad en 1990.

A lo largo de tantos años, la familia Aramburu ha ido reuniendo gran cantidad de objetos relacionados con esta profesión y en 2010 decidieron abrir un museo para mostrarlos a sus clientes y a todos los que se acercan hasta la farmacia; donde, además de diversos y curiosos aparatos utilizados para atender y analizar, también se exhiben medicamentos. Han conservado documentos, informes, libros y, por supuesto, instrumentos de laboratorio que utilizaban para elaborar los fármacos con los que atenuaban los síntomas de los vecinos y demás personas que llegaban a la farmacia desde los alrededores.

A principios de 2008 se acometió una reforma en la farmacia para reparar los importantes desperfectos que la humedad había causado en la madera e, incluso, en las paredes del local y en el techo, donde destacan unos frescos pintados por un artista italiano. Asimismo, aprovecharon para ampliar y dedicar un espacio al museo donde instalaron vitrinas y un sistema de luces led para facilitar la observación de las piezas antiguas que se exponen en orden cronológico. Cien tarros de cerámica francesa decorados a mano, un centenar de productos químicos, balanzas, un alambique o libros con recetas son algunas de los tesoros de esta exposición que muestra cómo han evolucionado los remedios, antaño más naturales y, hoy en día, más químicos.

 

FOTO: ANDONI RENTERIA

MONTE SERANTES

El monte Serantes, que pertenece a los municipios de Abanto-Zierbena y a Zierbena, además de a Santurtzi, ha sido siempre, desde sus 452 metros de altitud, un punto estratégico para controlar las dos márgenes de la ría y los montes de alrededor. En la cima se hallan tres edificaciones repartidas a diferentes alturas: el torreón, el fuerte y el polvorín de El Mazo construidos como defensa durante las guerras acaecidas en el siglo XIX.

En el plan de construcción de 1897 al torreón se le denominó “Torre avanzada del Serantes” y fue erigido en piedra de sillería irregular a dos alturas, más una azotea con garitas de vigilancia sobre planta cuadrada. En el año 2020, a instancias del Ayuntamiento de Santurtzi se le sometió a una rehabilitación según el proyecto de un equipo de especialistas asesorados por el Servicio de Patrimonio Histórico del Departamento de Cultura de la Diputación Foral de Bizkaia.

El Polvorín se construyó como almacén de armas y munición en 1880 y, hasta 1932, permaneció en activo. El fuerte, diseñado por ingenieros militares con una planta en forma pentagonal, data de 1882. Se encuentra circundado por un foso defensivo y tiene una superficie de más de ocho mil metros cuadrados. Permaneció habitado hasta el año 1926 y, en la actualidad, quedan restos de varios pabellones: unos se usaban como albergue de la tropa y del gobernador; y los otros servían para guardar la munición, así como para cocinar y almacenar los víveres.

Estos vestigios son testigos de la historia y de la arquitectura militar, además de un aliciente más para ascender a la cumbre. Gracias a su fácil acceso, es un lugar muy visitado en cualquier día del año. Pero si hay una fecha en la que miles de personas recorren el camino hasta la cima es, sin duda, la romería de Cornites, que se celebra cada lunes de Pascua. El nombre proviene de un bollo de pan que contiene un huevo, un chorizo o ambas cosas. Aunque no se sabe a ciencia cierta el origen de esta fiesta, los santurtziarras la califican como “de toda la vida” y, durante todo el día, se divierten con las actividades que se organizan en su mítico monte.

FOTO: ANDONI RENTERIA

ISLA DE IZARO

Entre los cabos de Ogoño y Matxitxako se encuentra Izaro, la isla más grande de Bizkaia que pertenece al municipio de Bermeo. Hoy en día es un paraíso para las aves, para las especies submarinas y para la flora, pero hubo un tiempo en el que fue escenario de interesantes historias y aventuras.

Corría el mes de mayo de 1422 cuando Fray Martín de Arteaga, Martin de Erkoreka, Juan Undabarrena y Lino de Albiz, cuatro frailes Franciscanos Observantes, recalaron en este islote con el objetivo de erigir un convento que dedicaron a San Francisco bajo la advocación de Santa María. Con el paso del tiempo llegaron a vivir allí hasta veinte religiosos que ocupaban sus días pescando, tanto con redes como con anzuelo. Atendían, también, un huerto y cuidaban de varios animales. A veces, en su pequeña embarcación se dirigían a Mundaka donde los vecinos piadosos les entregaban comida y donativos.

Varios reyes visitaron el convento en diferentes épocas como, por ejemplo, Enrique IV, Fernando el Católico o la reina Isabel la Católica, quien mandó construir una escalera de piedra desde la base hasta la zona más alta de la isla que llegó a tener 256 escalones. Otro matrimonio real compuesto por Felipe II y su esposa Isabel de Valois encargaban a los frailes decenas de misas; a cambio les facilitaban ropa, trigo y otros objetos necesarios para la vida en Izaro.

Pero no todo fueron visitas amables. Los franciscanos sufrieron varios ataques de corsarios y piratas. Cuenta una leyenda que, en septiembre de 1596, el corsario Sir Francis Drake atacó con sus hombres la isla. Sin embargo, este dato no puede ser cierto ya que el inglés falleció en enero de ese mismo año.

Tras casi tres siglos habitando la isla, en agosto de 1719 la comunidad religiosa se trasladó a la anteiglesia de Forua, cerca de Gernika. Una vez que el convento fue derribado, se construyó una pequeña ermita dedicada a Santa María Magdalena de la que ya solo queda algún resto.

Durante las Guerras Napoleónicas, Izaro se utilizó como prisión y como almacén de munición y de víveres. Pero si hay un hecho por el que se hizo internacionalmente famosa la isla, es por convertirse en el logotipo de la empresa cinematográfica Izaro Films.

FOTO: ANDONI RENTERIA