PUENTE DE DEUSTO

Salvar la distancia que separa las dos orillas de la ría para facilitar la vida de los bilbaínos siempre ha sido un reto en la historia de Bilbao. Muchos han sido los puentes construidos; algunos ya desaparecidos, otros de reciente construcción y, varios, emblemáticos como el de Deusto. Dado que el tráfico fluvial era intenso en aquella época, los puentes debían de ser levadizos.
En el año 1931, el Ayuntamiento de Bilbao encargó la ejecución de un puente de estas características a los ingenieros José Ortiz de Artiñano e Ignacio de Rotaeche quienes, junto al arquitecto Ricardo Bastida, firmaron el proyecto para la construcción del puente de Deusto inspirado en el puente levadizo de la Avenida Michigan de Chicago.

En diciembre de 1936, siendo Ernesto Erkoreka Alcalde de la villa, se inauguró. Desgraciadamente, el 18 de junio del año siguiente, hubo de ser volado como defensa durante la Guerra Civil. Dos años más tarde fue reconstruido por las autoridades franquistas y se reinauguró con el nombre de Puente del Generalísimo que mantuvo durante cuarenta años.
En los años ochenta del pasado siglo fue escenario de la encarnecida lucha de los trabajadores de los Astilleros Euskalduna contra la policía, defendiendo sus empleos ante el inminente cierre de la empresa.
Su valor patrimonial y su testimonio histórico del pasado industrial de nuestra villa le confieren un gran atractivo. En los últimos años ha sido objeto de reforma tanto de la barandilla, a la que se le ha incluido un sistema de luces leds; como la pasarela, que ha sido asfaltada o la maquinaria y las escaleras de acceso.
La apertura del puente siempre ha sido un espectáculo, aunque significara tener que esperar pacientemente en alguna de las orillas mientras contemplabas el paso de barcos como los de la naviera Pinillos, tan habituales décadas atrás. La última vez que se abrió con un fin comercial fue en mayo de 1995. Posteriormente sus hojas se han elevado en alguna ocasión más para labores de mantenimiento del mismo o para el paso de la regata de Ingenieros contra Deusto en 2008.

FOTO: ANDONI RENTERIA

EDIFICIO DE MOLINOS VASCOS

No cabe ninguna duda de que el patrimonio industrial del País Vasco es muy grande pero, también es cierto que algunos de esos edificios vivieron tiempos mejores y, en la actualidad, se encuentran en situaciones lamentables como por ejemplo el de la harinera Grandes Molinos Vascos situado en Punta Zorroza a orillas de la ría. Una imponente construcción que, al observarla, nos da una idea de la importancia que llegó a tener.

Federico de Ugalde y Echevarría, arquitecto bilbaíno encargado de este proyecto fue, además, concejal del Ayuntamiento de Bilbao, Presidente de la Sociedad Bilbaína, socio fundador de la Sociedad Filarmónica de Bilbao, miembro de la junta administrativa de la Plaza de Toros y de la Santa Casa de la Misericordia, así como artífice de la reforma del Teatro Arriaga, entre otras muchas cosas.
Para este trabajo reutilizó algunas de las instalaciones del antiguo Astillero Real de Zorroza que se ubicó en el mismo solar tres siglos atrás, pero dotándole de las más modernas técnicas constructivas como el uso de hormigón, siendo pionero en Bizkaia entre los años 1923 y 1924.

El edificio posee un aspecto grandioso. En su ala izquierda se encuentran los veintitrés silos formando semicírculos; de los cuales quince son de gran tamaño y disponen de una capacidad para albergar setenta y cinco toneladas de grano que se comunican con el quinto piso del ala derecha a través de unas escaleras. El edificio principal cuenta con cinco pisos de 600 metros cuadrados de superficie cada uno, además de dos torres como si fueran ábsides de una gran catedral. El conjunto lo completa un patio de la misma longitud que la fábrica, hasta donde llegaban los vagones de tren, rodeado por un muro que fue expropiado por el Puerto Autónomo. Lamentablemente, la actividad industrial de esta harinera cesó a los cinco años de comenzar y en la década de los sesenta del pasado siglo lo adquirió la empresa Almacenes Comerciales S.A.

En el año 2009 fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de monumento por el Gobierno Vasco.

FOTO: ANDONI RENTERIA

ARTOTEKA, ARTE AL ALCANCE DE TODOS

Laura Díez García, Iranzu Guijarro y Marina Urrutikoetxea son las creadoras de ARTOTEKA. Hace unos días pasé una mañana con Laura y Marina en la Mediodeka del Azkuna Zentroa, donde se puede visitar este proyecto, ver las obras e informarse de todo lo que conforma ARTOTEKA.

Laura me explica que el objetivo de esta iniciativa es acercar el arte a todas las personas que así lo deseen. Se trata de una plataforma de mediación a través del préstamo de obras de Arte Contemporáneo. La idea va más allá del alquiler de las obras; también realizan exposiciones, talleres y charlas con los artistas.
En muchos países de Europa, incluso en Méjico, hace años que funciona esta idea de préstamo. Por ello, estas tres mujeres reflexionaron y se propusieron adaptar este concepto a Euskadi y fue, entonces, cuando crearon un primer prototipo en el que eligieron a diez artistas vascos donde cada uno aporta tres de sus obras. Me aseguran que han tenido muchas solicitudes de artistas que quieren colaborar en el proyecto. Pero, de momento, han seleccionado a estos diez.

Aquí, en la Medioteka, desde el 23 de enero y hasta el 11 de abril, permanecerá una muestra de diez obras para dar a conocer el trabajo de los artistas y el funcionamiento de ARTOTEKA. Como ellas explican: se trata de una exposición diversa y divulgativa, con fotografías, esculturas, cuadros o performance en la que quieren demostrar que el arte es multidisciplinar. Además, en esta ocasión, los temas elegidos son de interés general en la sociedad como la ecología, la fantasía o la tecnología.

Cada obra resulta sorprendente con las explicaciones de Marina y Laura. Mi vista se detiene en un instrumento realizado con objetos cotidianos que, según me cuentan, cuando el usuario se lo lleva a su casa la finalidad es que lo disfrute, tanto observándolo como tocándolo.

Un tótem realizado con técnica láser preside el centro de la sala. A pesar de sus casi tres metros de altura, Laura me indica que está formado por bloques que se adaptan al espacio de la persona que vaya alquilarlo. Otra de las piezas es una planta natural con una grabadora donde se escuchan susurros. De una de las paredes cuelgan dos fotografías de gran tamaño en blanco y negro, que ya han sido reservadas por una escuela de yoga de Bilbao.

Una escultura blanca llama mi atención. Al acercarme me explican que representa a la bacteria Deftia, realizada tras un trabajo de investigación por parte de la autora.

No hay duda de que con el arte se aprende, se reflexiona y te invita a imaginar e, incluso, soñar.

Pero, no solo particulares desean exhibir estas obras en sus paredes. También varios colegios e institutos han solicitado información y han reservado alguna pieza que complementa alguna de sus actividades educativas.
Laura y Marina me insisten en que desean que la gente se anime a tener una relación cotidiana con el arte y que participen en actividades donde se pueda dialogar con los artistas.

La suscripción cuesta 50 euros al trimestre e incluye todo: traslado de la obra a tu domicilio o lugar donde quieres colocarla y, pasado el tiempo de tres meses, irán a recogerla. Además, si el artista puede, acude él también y te explica su obra. Y, por supuesto, incluye un seguro por si la obra sufriera algún desperfecto.
Otro de sus propósitos es conseguir que algún museo o institución cedan algunas de las obras que ya existen y que mantienen en sus almacenes.
Para finalizar, Laura me lleva al ordenador y me muestra cómo acceder a su web y buscar la información necesaria para entender o inscribirse en ARTOTEKA. Además, cuentan con una pequeña biblioteca con los libros que han sido referentes de los diez artistas.

Os animo a visitar esta muestra y no dudéis en charlar con ellas para que os aclaren cualquier duda que tengáis. Estarán encantadas de explicaros su proyecto. De hecho me aseguran que todas las personas que han visitado la exposición han mostrado mucho interés.

Si queréis más información podéis acceder a su web pinchando en este enlace.

ARTOTEKA.ORG

FOTOS: ANDONI RENTERIA

EL PAGASARRI Y SU FUENTE

Los bilbaínos sabemos muy bien que, para ser un buen bilbaino, hay que ascender al Pagasarri al menos una vez en la vida. Este es, sin duda, el monte más emblemático que forma parte del Cinturón Verde que rodea la villa. Con sus 670 metros de altitud, se encuentra al sur de la villa pudiéndose alcanzar desde diferentes lugares como Arrigorriaga, Alonsotegi o Bilbao. Además, una vez arriba, existe la posibilidad de subir a la cumbre del Ganekogorta o dirigirte hacia Llodio en Álava.
En 1914, el consistorio bilbaíno edificó un refugio para dar respuesta a tantos aficionados al montañismo. Cinco años más tarde se convirtió en el establecimiento hostelero que conocemos hoy en día; donde los que subimos nos dejamos seducir con un caldo o un delicioso bocadillo de tortilla. La idea de un refugio no es nueva; ya en el siglo XV existía una cabaña para dar cobijo a los pastores. A pocos metros se hallan las neveras del Pagasarri datadas en el siglo XVII, donde se acumulaba la nieve que subían a recoger con el objetivo de utilizarla en la conservación de alimentos o como medida sanitaria para bajar la fiebre, detener hemorragias o aliviar esguinces.

Hace más de setenta años hubo una propuesta para la construcción de un teleférico que uniera la villa de Bilbao con el monte Ganeta, separados por una distancia de 3450 metros. El plan era trasladar a 1000 personas a la hora en cabinas de 30 a una velocidad de seis metros por segundo. Evidentemente, aquello no llegó a buen puerto para satisfacción de muchos. Otra de las ocurrencias “txirenes” fue la de instalar un faro en la cumbre con el objetivo de iluminar la ría por la noche, y que tampoco llegó a realizarse.
Pero si hay un rincón con una historia curiosa detrás es la Fuente del Tarín. A principios del siglo pasado, un grupo de montañeros decidieron que en el Pagasarri debería existir una fuente. Para su construcción realizaron una suscripción popular con una aportación por persona de un real, más conocido como tarín. De ahí surgió el nombre de la fuente.

FOTO: ANDONI RENTERIA