ISLA DE IZARO

Entre los cabos de Ogoño y Matxitxako se encuentra Izaro, la isla más grande de Bizkaia que pertenece al municipio de Bermeo. Hoy en día es un paraíso para las aves, para las especies submarinas y para la flora, pero hubo un tiempo en el que fue escenario de interesantes historias y aventuras.

Corría el mes de mayo de 1422 cuando Fray Martín de Arteaga, Martin de Erkoreka, Juan Undabarrena y Lino de Albiz, cuatro frailes Franciscanos Observantes, recalaron en este islote con el objetivo de erigir un convento que dedicaron a San Francisco bajo la advocación de Santa María. Con el paso del tiempo llegaron a vivir allí hasta veinte religiosos que ocupaban sus días pescando, tanto con redes como con anzuelo. Atendían, también, un huerto y cuidaban de varios animales. A veces, en su pequeña embarcación se dirigían a Mundaka donde los vecinos piadosos les entregaban comida y donativos.

Varios reyes visitaron el convento en diferentes épocas como, por ejemplo, Enrique IV, Fernando el Católico o la reina Isabel la Católica, quien mandó construir una escalera de piedra desde la base hasta la zona más alta de la isla que llegó a tener 256 escalones. Otro matrimonio real compuesto por Felipe II y su esposa Isabel de Valois encargaban a los frailes decenas de misas; a cambio les facilitaban ropa, trigo y otros objetos necesarios para la vida en Izaro.

Pero no todo fueron visitas amables. Los franciscanos sufrieron varios ataques de corsarios y piratas. Cuenta una leyenda que, en septiembre de 1596, el corsario Sir Francis Drake atacó con sus hombres la isla. Sin embargo, este dato no puede ser cierto ya que el inglés falleció en enero de ese mismo año.

Tras casi tres siglos habitando la isla, en agosto de 1719 la comunidad religiosa se trasladó a la anteiglesia de Forua, cerca de Gernika. Una vez que el convento fue derribado, se construyó una pequeña ermita dedicada a Santa María Magdalena de la que ya solo queda algún resto.

Durante las Guerras Napoleónicas, Izaro se utilizó como prisión y como almacén de munición y de víveres. Pero si hay un hecho por el que se hizo internacionalmente famosa la isla, es por convertirse en el logotipo de la empresa cinematográfica Izaro Films.

FOTO: ANDONI RENTERIA

EMBALSE DE GOROSTIZA

En los años cuarenta del pasado siglo, la empresa Altos Hornos de Vizcaya junto a su filial Sefanitro construyeron este embalse en el barrio baracaldés de El Regato.  No era el primero en esta zona, ya que a finales del siglo XIX se creó otra presa un poco más arriba para refrigerar las máquinas de la empresa La Iberia de Sestao. Con una superficie de treinta hectáreas, un perímetro de unos cinco kilómetros y una capacidad cercana al millón y medio de metros cúbicos se sitúa entre los montes Salsiburu y Argalario, en la cuenca del río Castaños que lleva el agua al embalse desde su nacimiento en la ladera norte del monte Eretza. Para su construcción hubo que derribar varios caseríos, una ferrería, un molino y hasta una ermita.

Es bastante habitual, y debido a la falta de precipitaciones, observar cómo baja el nivel del agua del embalse y cómo salen a flote objetos que no deberían estar ahí, tales como electrodomésticos, plásticos y hasta coches de bebé; además de ramas, troncos de árboles y mucha maleza. A pesar de ello, son muchos los pescadores que dedican su tiempo libre a intentar capturar alguna de las carpas, truchas o barbos que habitan en esta presa; en la que, de vez en cuando se detectan siluros, una especie de pez invasora.

Gracias a este pantano, la zona se ha convertido en un fabuloso lugar de recreo para los que residen en las cercanías y para muchos que lo eligen como destino, con el fin de disfrutar de un cómodo paseo y comer en alguno de sus restaurantes. A todo este entorno se le conoce como el “pulmón de Barakaldo”, ya que es un espacio magnífico para deleitarse observando la naturaleza en todo su esplendor.

En El Regato, concretamente en el edificio de la antigua escuela, inauguraron hace unos años el Centro de Interpretación Histórica y Medioambiental de Barakaldo, gestionado por el Ayuntamiento de esta localidad fabril, que ofrece información sobre la historia, el patrimonio y el medio ambiente del municipio a través de paneles, maquetas y videos.

FOTO: ANDONI RENTERIA

ALONSOTEGI, UN PUEBLO ENTRE MONTAÑAS

Hace unos días visité Alonsotegi, un pueblo perteneciente a la comarca de Las Encartaciones a unos ocho kilómetros de distancia del centro de Bilbao dirección Balmaseda. Allí me estaba esperando para hacerme de guía, mi amigo Joseba Urbieta Lemos, el que fuera alcalde de esta población encartada desde 2015 hasta 2023.

Lo primero que me contó Joseba fue que Alonsotegi perteneció durante cien años a Barakaldo, hasta su desanexión en 1991 tras la aprobación de esa operación en el Pleno del Ayuntamiento de la localidad fabril, un referéndum celebrado en abril de 1990 y, por supuesto, el acuerdo en la Casa de Juntas de Gernika. Fue entonces cuando la antigua anteiglesia de Alonsotegi y el barrio de Irauregi se unieron para formar el pueblo tal y como lo conocemos en la actualidad. Aproximadamente tres mil personas se reparten entre sus tres núcleos de población: Alonsotegi, Irauregi y Arbuio.

En la plaza Doctor Madinabeitia, se encuentra la casa consistorial, un edificio de volumen compacto y uso funcional, construido en los años noventa del pasado siglo para acoger el ayuntamiento. A pocos metros, luce esbelta una preciosa fuente que data del año 1902. Al otro lado de la carretera y, también de principios del XX, un gran bloque con muchos ventanales que, según me explica Joseba, se trata de las antiguas escuelas del pueblo.

Continuamos el paseo y cruzamos un puente de piedra desde el que se divisa el Ganekogorta.

La iglesia San Bartolomé de estilo neogótico fue inaugurada en 1904. Se encuentra situada en un alto, y a sus pies, una pared decorada con varios murales artísticos que narran la historia de Alonsotegi.

La iglesia San Antolín se construyó entre los siglos XV y XVI y, parece ser, que fue a petición de los abuelos paternos de Fray Martin de Coscojales, historiador y fraile agustino. Como curiosidad, esta es la única ermita de Bizkaia que conserva su retablo original.

El río Kadagua que cruza el pueblo ofrece un magnífico espectáculo a todo aquel que se detiene a ver bajar el agua tan deprisa y con tanta fuerza. Si bien es cierto que, a veces, cuando está muy crecido, llega a desbordarse causando destrozos e incomodidades para los vecinos.

Poco a poco llegamos al monolito que el pueblo de Alonsotegi dedica a uno de sus vecinos ilustres: Andoni Goikoetxea. El mítico ex jugador del Athletic Club nació a pocos metros de esta obra realizada en piedra por Mikel Matxin. Fue inaugurada en abril de 2022 con amplia asistencia, tanto del alcalde en ese momento, Joseba Urbieta, como de concejales, aficionados rojiblancos y, por supuesto, el entonces presidente del club, Aitor Elizegi y el propio Goiko.

En marzo de 2025 en el parque del Frontón, el ex lehendakari, Iñigo Urkullu, natural de Alonsotegi, plantó un retoño del Árbol de Gernika con el que quiso simbolizar las libertades tradicionales de todos los vascos.

Al lado del espectacular frontón, una zona infantil cubierta es uno de los lugares de juego de los más pequeños. Alonsotegi cuenta, además, con un renovado Centro de Salud, así como biblioteca, Kultur Etxea y Kulturgunea.

Si algo llama la atención de Alonsotegi es su acentuada orografía con una notable diferencia de cotas: en el centro del pueblo es de unos 50 metros sobre el nivel del mar y, sin embargo, en el Ganekogorta, uno de los montes que lo rodean, son casi 1000 metros de altitud.

Para los amantes de la naturaleza y el senderismo, Alonsotegui es un buen destino; ya que se pueden realizar varias rutas donde, seguro, se toparán con minas antiguas, ermitas o rocas milenarias.

Durante más de dos horas paseamos por las calles de Alonsotegi deteniéndonos delante de algunos de sus edificios, observando el ir y venir de aquellos vecinos con los que nos cruzábamos y a quienes Joseba saludaba afectuosamente. Pude comprobar el cariño que le profesan y que, por supuesto, es mutuo.

Al marchar, Joseba me invitó a volver en septiembre durante las fiestas de San Antolín, asegurándome que Alonsotegi se llena de música, deporte, tradiciones y muy buen ambiente. Además, me habló de la Feria Agrícola y Ganadera de Andra Mari que tiene lugar en junio y donde se pone en relieve el trabajo del sector primario y se disfruta con la exposición del ganado local y con la exhibición de perros pastor, entre otras actividades lúdicas, gastronómicas y culturales.

 

ESKERRIK ASKO, JOSEBA!

¡MUCHAS GRACIAS, JOSEBA!

Fotos: ANDONI RENTERIA