EL CEMENTERIO BRITÁNICO

Casi noventa años llevan estas tumbas aquí, concretamente desde 1929.  Pero tenemos que remontarnos a la década de los setenta del siglo XVIII, cuando se decidió habilitar una campa en Bilbao para albergar un cementerio que acogiera a los británicos que no profesaban la religión católica y que, por lo tanto, no podían ser enterrados en nuestros camposantos.

Aquel lugar conocido como Campa de los Ingleses o Isla de los Siete Árboles estaba ubicado en la zona donde actualmente se encuentra el Museo Guggenheim.

Muchos de aquellos ingleses eran trabajadores de las minas o soldados caídos en las diferentes contiendas en las que participó la Commonwealth.

Al lado de la ría, las tumbas sufrieron muchos daños; tanto vandálicos como motivados por las inundaciones que, desde siempre, han asolado nuestra villa.

El estado de este santo lugar era lamentable y, la pequeña  colonia británica en Bilbao,  no podía hacerse cargo de los gastos que suponía su mantenimiento; por ello fue el propio cónsul británico quien tuvo que ocuparse de recaudar una considerable suma de dinero para adecentarlo.

Esto sucedía en el siglo XIX, pero pasaban los años y, cada vez, necesitaban más reparaciones y atención si querían conservarlo en buenas e higiénicas condiciones.

A comienzos del siglo XX se acordó su traslado fuera de la villa por razones de salubridad, además de que la Autoridad Portuaria deseaba adquirir los terrenos para acometer la ampliación del muelle.

Después de muchas negociaciones y, tras buscar el  lugar adecuado, en 1926 se localizó un espacio en el municipio de Loiu, a pocos kilómetros de Bilbao.

Entre Sondika y Derio se ubica este camposanto británico, discretamente, sin alardes, sin pretensiones, solo es un remanso de paz; lugar del último y definitivo descanso de muchos súbditos ingleses, así como españoles y de otras nacionalidades.

Hace unos días salí de Bilbao con un objetivo claro: dirigirme a este pueblo del valle del Txorierri y adentrarme en un mundo de silencio y de historia.

A pocos metros de la entrada estacioné el coche.

Una puerta de hierro pequeña se abrió sin dificultad y accedí a un jardín delantero. Lo primero que llamó mi atención fue un suelo completamente cubierto por una alfombra de los frutos de varios eucaliptus que crujían al ritmo de mis pisadas, mientras avanzaba hacia una casona que, seguro, ha conocido tiempos mejores.

Hace años debió de ser la vivienda de los guardeses. Actualmente lo deben utilizar con lugar de reunión donde ahora, supongo, se reúnen los familiares que llegan hasta aquí a enterrar a uno de sus seres queridos.

A pocos metros de la casa, la puerta principal es una verja doble que no siempre permanece abierta, pero al ser domingo, se puede acceder sin problema.

Ya en el interior, las lápidas a pocos metros de la puerta, parecen colocadas para recibir al visitante.

El estilo del camposanto es muy parecido a los que puedes encontrar en Gran Bretaña; recuerda más a un jardín por el que pasear tranquilamente, que a los cementerios a los que estamos acostumbrados en nuestro país.

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Dos capillas, una anglicana y otra católica, dan servicio a los fieles que buscan un rincón de recogimiento para rezar unas oraciones por sus familiares.

En un extremo de este cementerio, sesenta lápidas colocadas en línea donde reposan los restos de otros tantos soldados británicos caídos durante la primera y la segunda guerras mundiales.

No más de veinte minutos me han bastado para imaginar el sufrimiento de aquellos familiares de los enterrados aquí que, estando tan lejos y en tiempos tan convulsos como las guerras mundiales, no pudieron acercarse hasta Loiu a depositar unas flores en las tumbas de aquellos soldados que dieron su vida por defender las vidas de civiles tan lejos de su tierra.

Siempre os recomiendo las visitas que realizo y, esta, a pesar de lo triste que pueda parecer, también os la aconsejo.

FOTOS: ANDONI RENTERIA

ESCUELA NAÚTICA DE BILBAO

Decir que Bilbao lleva en sus genes la construcción de embarcaciones no es nada nuevo.
Siglos atrás, nuestra villa ya destacaba por los navíos y por el comercio marítimo.
Era evidente que los barcos debían ser pilotados por manos expertas, con los conocimientos necesarios para lanzarse a una aventura en el mar.
En 1740 el Ayuntamiento, la Diputación General del Señorío de Vizcaya y el Consulado de Bilbao decidieron fundar una escuela náutica con el objetivo de formar a los jóvenes que quisieran ejercer la carrera de marina.
En aquella época, la formación en esta escuela era gratuita y se ofertaba tanto a los oficiales de la Armada como a los pilotos de la flota mercante.
Un siglo después se inició un proceso para el control de las escuelas náuticas por parte del recién creado Ministerio de Comercio, Instrucción y Obras Públicas y el Ministerio de la Marina.
Finalmente, esta carrera se incorpora a los institutos de segunda enseñanza y se reparten las disciplinas. De tal manera, que la clases teóricas las regula el Ministerio de Instrucción y las prácticas el de la Marina.
En 1925 esta escuela náutica se instaló en el que fuera el colegio San Antonio de Deusto, a orillas de la ría, frente a la Universidad.


Al centro educativo no le faltaba de nada ya que poseía las herramientas y la maquinaria necesarias para el estudio de esta especialidad.
En el exterior, en el jardín, contaban con un palo de mesana, una rosa náutica y un frontón donde ejercitarse los futuros marinos y remeros.
También disponían de un pequeño embarcadero donde se encontraba la trainera de prácticas para el remo.
Aquel primer curso comenzó con 42 alumnos en sus aulas que, con los años, fue aumentando considerablemente.
En el año 1962 fueron varias las obras que se realizaron en el centro para su conservación; además de que se instalaron nuevos aparatos y se adquirieron nuevas embarcaciones.
Con tanta actividad este edificio necesitaba una ampliación o nueva ubicación, por lo que se decidió su traslado.
Actualmente la Escuela Náutica se encuentra en Portugalete, más cerca del mar.

Las fotos son actuales tomadas por Andoni de lo que queda de aquella escuela.

ARGIÑETA, MONUMENTO FUNERARIO

Bizkaia esconde muchos tesoros, otros los muestra.
Ese es el caso de la necrópolis de Argiñeta, un conjunto funerario que exhibe veinte sepulcros y cinco estelas en los aledaños de Elorrio junto a la ermita de San Adrián en el barrio de Zenita.

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Se construyeron en la Alta Edad Media para su utilización en las diferentes necrópolis distribuidas por los barrios de la zona, pero en el siglo XIX fueron reagrupadas en este lugar mágico y, con un punto, de misticismo.
Hace unas semanas fui hasta allí con la idea de traeros este reportaje. Era, al menos, la cuarta vez que iba y sentí lo mismo que en anteriores ocasiones: emoción.

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Aparqué el coche sin mayor problema puesto que era una mañana de un día laborable.
Estas sepulturas, que fueron realizadas en piedra arenisca procedente de las canteras del Monte Oiz, constan de dos piezas: la caja y la cubierta. Los tamaños varían y, hay dos que son los que más interés suscitan, debido a que en sus tapas tienen grabadas unas inscripciones que son los textos más antiguos que evidencian la presencia de cristianos en la provincia de Bizkaia.

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Cuatro de las estelas tienen forma de disco con un diámetro de unos 70 centímetros y la otra es de forma triangular.
En cuanto a la iconografía representada es de carácter astral como círculos concéntricos o prolongaciones radiales.

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En el interior de la ermita también se pueden ver algunos sepulcros pero, en ese momento, se encontraba cerrada.
Hay quien asegura que Argiñeta es el monumento funerario más importante del País Vasco.
Si no lo conocéis os invito a que vayáis, es una excursión en la que disfrutaréis de la naturaleza y de la historia.
FOTOS: ANDONI RENTERIA

MÓNICA DEPRIT, ELEGANCIA Y ESTILO

Hoy me propongo acercarme a la moda de la mano de una mujer emprendedora, inquieta, inteligente, con mucho estilo y muy educada.

Mónica Deprit es una señora, de los pies a la cabeza. Esa es la primera impresión que da cuando la ves.

A las once de la mañana Mónica llega puntual a nuestra cita en el Centro Comercial Zubiarte, lugar que conoce bien ya que, desde hace más de un año, desempeña su labor como estilista de este centro.

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Después del saludo y los besos de rigor, me propone dar juntas un paseo por esta gran pasarela comercial.

Al primer lugar que nos acercamos es a la zona de los maniquíes que ella, cada semana, viste con mucho acierto.

Me explica de qué tienda es cada prenda y porqué las ha elegido en función de con qué combinen.

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Seguimos nuestro paseo por la primera planta mientras observo que es muy querida y, que la gente de los comercios, la saludan con afecto.

Mónica se hace querer, eso está claro, pero sobre todo se hace respetar.

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Me ofrece tomar un café en un local de la zona de restauración y así poder charlar más tranquilamente.

Ya sentadas frente a frente me fijo en sus ademanes serenos y equilibrados. No hay duda de que, además de en la moda, se mueve muy bien como comunicadora.

-¿Siempre te has dedicado a la moda?

-No, ¡Qué va! Yo estudié Decoración de Interiores y, al terminar, me trasladé a Milán durante un año a realizar un máster.

La moda siempre la he vivido como un hobby. Mi familia y mis amigos solían recurrir a mi cuando necesitaban un consejo para algún evento importante.

Me gustaba tanto asesorarles que, hace unos años, decidí abrir un blog en el que escribir sobre estilismo, imagen y tendencias.

Soy madre de tres hijos y me había dedicado a tiempo completo a su educación, así que, cuando crecieron un poco y tuve más tiempo libre pensé que era el momento de dar rienda suelta a mis inquietudes en el mundo de la moda.

Desconocía todo lo referente a las Redes Sociales por lo que comencé viendo videos tutoriales sobre la creación de los blogs.

Curiosamente, y después de pocos meses, mi blog se convirtió en un referente; tanto es así que, a los cinco meses del inicio de mi aventura en este mundo virtual, me llegó un enlace para que me presentara a un concurso de bloggers en Madrid.

No lo dudé, me presenté y, aunque no gané, quedé entre las diez primeras. Ese fue el detonante que me dio una gran dosis de autoestima.

Hace unos meses que no escribo por falta de tiempo pero lo retomaré en breve.

¿Cómo eran aquellos posts?

Bueno, siempre me he definido como bloguera de texto. Me explico. Mis publicaciones las ilustro con alguna foto de un estilismo pero, fundamentalmente, a lo que me dedico es a escribir un texto sobre moda. Es decir, no me limito a vestirme con un look, sacarme una foto y colgarla en el blog.

Soy consciente de que cuando salgo en las fotos las publicaciones son más leídas y alguna vez lo hago pero, realmente, no me gusta nada posar.

¿Sobre qué temas escribes?

Por ejemplo, me gusta escribir sobre la historia de la moda, anécdotas o curiosidades de este apasionante mundo. También escribo sobre tipos de materiales y diseños, pero siempre con un lenguaje claro y coloquial.

Por lo que comentas, te lleva su tiempo.

Si, a cada artículo le dedico bastante tiempo hasta que quedo satisfecha con el resultado, por eso no publico con tanta asiduidad como me gustaría.

¿Con qué periodicidad lo haces, normalmente?

Al principio uno a la semana; ahora, como te explicaba antes, llevo una temporada que he tenido que dejarlo un poco apartado por el trabajo. Aunque, al ser la estilista de Zubiarte, me dan la posibilidad de escribir en el blog del centro.

Háblame de esa otra faceta por la que sientes tanto interés.

Si, la tecnología aplicada a la moda llegó a mi vida a través de un tweet que leí sobre ello.

No conocía nada sobre este asunto, pero mi personalidad curiosa me llevó a buscar más información en la red. El 99% de los artículos están escritos en inglés. Sin embargo, me enganchó tanto el tema, que no me importaba dedicar tiempo a traducirlos.

Ha transcurrido más de un año desde entonces y sigo leyendo y aprendiendo mucho sobre esta tecnología porque estoy convencida de que es el futuro. Actualmente, es caro y poco comercial, por eso son pocos los diseñadores que se atreven a utilizarla, pero en unos años nos parecerá normal.

Imagino que acudirás a las charlas que organicen sobre esta técnica.

Si, además de asistir a conferencias, realicé un curso de Tecnomoda.

Veo en las Redes Sociales a blogueras de moda asistiendo a los diferentes eventos que se organizan tanto en Bilbao como en la provincia, pero a ti no te veo en muchos.

Es cierto, no me prodigo demasiado por los actos en general y por los de moda solo si resultan muy interesantes para mi carrera profesional o si los organiza algún buen amigo o amiga.

Hace un par de años acudía a más eventos pero, tengo que priorizar, el tiempo es el que es y no te olvides que, además, tengo tres hijos adolescentes.

Cambiando de tema, tu apellido me recuerda que existe una calle en Bilbao con el nombre de Amadeo Deprit, ¿Tiene alguna relación contigo?

Sí, claro. Amadeo Deprit fue mi abuelo paterno quien llegó a ser Teniente Alcalde del Ayuntamiento de Bilbao y Alcalde de la República Independiente de Begoña. Mi abuelo fue un innovador para su época.

El apellido no es muy de Bilbao, ¿No?

No, para comenzar esta historia debemos remontarnos a mi tatarabuelo; un belga que recaló en Bilbao y se dedicó, con mucho éxito, a realizar vidrieras.

Verdaderamente, la tuya es una familia con mucha historia

Sí, estoy muy orgullosa de mi familia; han sido unos luchadores. Mi abuelo materno fue Mariano Egurrola Arriola, pelotari de renombre, que jugó en lugares como Filipinas o Egipto donde no era tan fácil viajar en aquellos años.

Ahora entiendo de donde te viene a ti ese espíritu aventurero y esas ganas de aprender y emprender.

Si, es posible.   (Mónica sonríe)

Vives en Bilbao, a pesar de que creciste en Getxo.

Sí, nací en Bilbao pero, a los diez años mi familia se mudó cerca del mar, aunque ya llevó más de veinte años viviendo aquí.

¿Qué te gusta de Bilbao?

Lo que más me gusta es pasear por sus calles, sin prisa, observando edificios, comercios… Me encanta nuestro estilo de vida, salir a disfrutar con los amigos, comer en un buen restaurante, la agenda cultural tan extensa, la posibilidad de montarte en el metro y en unos minutos sentir la brisa del mar o subir a alguno de los montes que lo rodean. Somos unos afortunados de vivir aquí.

¿Algún rincón del Botxo en especial?

Si, el parque de Doña Casilda, que todos en Bilbao llamamos “De los patos”. Desde que trabajo en Zubiarte voy más a menudo, por la cercanía. Me relaja caminar entre la gran variedad de árboles o sentarme en uno de sus bancos.

¿Sueles visitar museos?

No tanto como quisiera por falta de tiempo, pero procuro hacerlo de vez en cuando. Mis dos preferidos son el Museo Guggenheim y el Museo de Bellas Artes, con estilos diferentes pero los dos me parecen unas auténticas joyas. Viví un año en Milán y allí tuve la oportunidad de empaparme de mucho arte y conocer muchos museos.

Confiésame una de tus pasiones

Tengo varias, pero viajar está en un lugar preferente de mi lista. Me siento una privilegiada porque he salido mucho al extranjero donde he aprendido de otras culturas y eso siempre es enriquecedor.

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¿Qué opinas de los comercios de la villa?

Es una lástima que se vayan cerrando negocios históricos pero, afortunadamente, siguen quedando locales de los de “toda la vida” con gran categoría y con gente muy profesional detrás del mostrador.

¿Si te invito a desayunar qué elegirías: tortilla o carolina?

Pues, mira, te diré que no soy muy golosa pero si tengo que entrar en una pastelería sería La Suiza. En cuanto al desayuno mejor un café con un pintxo de tortilla o un bocadillito de jamón. Pero, jamón del bueno ¿Eh?

¿Y si te regalo entradas para un concierto de que tipo sería?

Musica Pop, sin duda.

¿Qué puedo comprarte para tu cumpleaños?

Objetos de cerámica y faros, muchos faros. Los colecciono desde hace años y, aunque me gusta comprarlos yo misma cuando voy de turista, también me gusta que me los regalen.

Después de más de una hora las dos debíamos atender otras obligaciones pero, antes de despedirnos, me insistió en que quería resaltar algo muy importante.

Me gustaría terminar animando a todas esas mujeres que, por circunstancias de la vida, tuvieron que dejar sus trabajos para dedicarse a su familia. Quiero decirles que yo también lo hice y, a los cincuenta años, he vuelto a incorporarme a la vida laboral. Si se quiere, con ilusión, se consiguen alcanzar muchas metas. Solo tienes que proponértelo.

No puedo estar más de acuerdo con ella. Le agradezco su tiempo y, sobre todo, le agradezco que me haya querido contar tantas cosas de su vida.

Como he escrito al principio del texto: Mónica Deprit es una señora.

 

FOTOS: ANDONI RENTERIA