CASA DE JUNTAS DE ABELLANEDA

 

A pesar de que la más conocida de las tres sedes oficiales de las Juntas Generales de Bizkaia es la de Gernika, existen también la de Gerediaga y la de Abellaneda. En la Edad Media, a las reuniones para tratar temas importantes del territorio, asistían numerosas personas. Posteriormente, se modificó el sistema nombrando a un solo representante de cada concejo, villa o república. La comarca de las Encartaciones formaba parte del Señorío de Bizkaia, aunque conservaba una oportuna independencia política que suscitaba muchos conflictos entre esta corporación y la de Gernika que, poco a poco, fueron dirimiendo.

En el siglo XIV, las juntas de los representantes de los concejos de la comarca de las Encartaciones se celebraban a la intemperie en una campa cercana a la Torre Abellaneda, hasta que en el siglo XVI se erigió una primera sede que constaba de dos plantas: la de abajo que se utilizaba como cárcel y la de arriba la de las juntas. Décadas más tarde, concretamente en 1635, se construyó un caserío en forma de cubo a cuatro aguas. A lo largo del tiempo fueron varias las remodelaciones o ampliaciones que se realizaron como: la casa del teniente del Corregidor y la posada de los junteros. También se abrieron más ventanas y se levantaron más almenas.

En la primera década del siglo XIX el edificio fue abandonado tras eliminar las juntas en esta sede e incorporarse las villas de la comarca al Señorío de Bizkaia, trasladando las reuniones a la casa de Juntas Generales de Gernika.

En 1994 se inauguró, en este edificio, el Museo de las Encartaciones. Fueron necesarias importantes reformas para adaptar los espacios y convertirlos en salas de exposiciones en las que se muestran objetos sobre la historia y el desarrollo de la comarca desde la prehistoria hasta la mitad del siglo XIX. Este museo, además, dedica su labor al estudio y a la difusión de todo lo concerniente a la historia, al arte y al patrimonio encartado. Para ello cuentan con un amplio programa de actividades culturales y pedagógicas; así como visitas guiadas y rutas por el entorno.

 

 

 

 

FARMACIA ARAMBURU

La Farmacia Aramburu de Plentzia fue fundada en un frío mes de enero del año 1888 por Pedro Aramburu Mendieta originario de Gatika, quien había terminado sus estudios de Farmacia en la Universidad Central de Madrid el año anterior. Cinco años más tarde fue nombrado Farmacéutico Titular del municipio, cargo que exigía ejercer, también, de inspector de alimentos, vinos y licores.

En el año 1931 se graduó como Inspector Farmacéutico Municipal y, en su propia farmacia, pudo albergar un laboratorio de investigación clínica en el que trabajó su hijo Alejo quien, además de atender la botica, se dedicó a la investigación científica y a los análisis clínicos. Alejo Aramburu colaboró, por ejemplo, con el problema del aceite de colza, el mayor asunto de intoxicación alimentaria de España. También recogió datos de las aguas para consumo doméstico en los municipios cercanos a Plentzia. Aquel laboratorio cesó su actividad en 1990.

A lo largo de tantos años, la familia Aramburu ha ido reuniendo gran cantidad de objetos relacionados con esta profesión y en 2010 decidieron abrir un museo para mostrarlos a sus clientes y a todos los que se acercan hasta la farmacia; donde, además de diversos y curiosos aparatos utilizados para atender y analizar, también se exhiben medicamentos. Han conservado documentos, informes, libros y, por supuesto, instrumentos de laboratorio que utilizaban para elaborar los fármacos con los que atenuaban los síntomas de los vecinos y demás personas que llegaban a la farmacia desde los alrededores.

A principios de 2008 se acometió una reforma en la farmacia para reparar los importantes desperfectos que la humedad había causado en la madera e, incluso, en las paredes del local y en el techo, donde destacan unos frescos pintados por un artista italiano. Asimismo, aprovecharon para ampliar y dedicar un espacio al museo donde instalaron vitrinas y un sistema de luces led para facilitar la observación de las piezas antiguas que se exponen en orden cronológico. Cien tarros de cerámica francesa decorados a mano, un centenar de productos químicos, balanzas, un alambique o libros con recetas son algunas de los tesoros de esta exposición que muestra cómo han evolucionado los remedios, antaño más naturales y, hoy en día, más químicos.

 

FOTO: ANDONI RENTERIA

MONTE SERANTES

El monte Serantes, que pertenece a los municipios de Abanto-Zierbena y a Zierbena, además de a Santurtzi, ha sido siempre, desde sus 452 metros de altitud, un punto estratégico para controlar las dos márgenes de la ría y los montes de alrededor. En la cima se hallan tres edificaciones repartidas a diferentes alturas: el torreón, el fuerte y el polvorín de El Mazo construidos como defensa durante las guerras acaecidas en el siglo XIX.

En el plan de construcción de 1897 al torreón se le denominó “Torre avanzada del Serantes” y fue erigido en piedra de sillería irregular a dos alturas, más una azotea con garitas de vigilancia sobre planta cuadrada. En el año 2020, a instancias del Ayuntamiento de Santurtzi se le sometió a una rehabilitación según el proyecto de un equipo de especialistas asesorados por el Servicio de Patrimonio Histórico del Departamento de Cultura de la Diputación Foral de Bizkaia.

El Polvorín se construyó como almacén de armas y munición en 1880 y, hasta 1932, permaneció en activo. El fuerte, diseñado por ingenieros militares con una planta en forma pentagonal, data de 1882. Se encuentra circundado por un foso defensivo y tiene una superficie de más de ocho mil metros cuadrados. Permaneció habitado hasta el año 1926 y, en la actualidad, quedan restos de varios pabellones: unos se usaban como albergue de la tropa y del gobernador; y los otros servían para guardar la munición, así como para cocinar y almacenar los víveres.

Estos vestigios son testigos de la historia y de la arquitectura militar, además de un aliciente más para ascender a la cumbre. Gracias a su fácil acceso, es un lugar muy visitado en cualquier día del año. Pero si hay una fecha en la que miles de personas recorren el camino hasta la cima es, sin duda, la romería de Cornites, que se celebra cada lunes de Pascua. El nombre proviene de un bollo de pan que contiene un huevo, un chorizo o ambas cosas. Aunque no se sabe a ciencia cierta el origen de esta fiesta, los santurtziarras la califican como “de toda la vida” y, durante todo el día, se divierten con las actividades que se organizan en su mítico monte.

FOTO: ANDONI RENTERIA