CASTILLO DE LOS VELASCO

Hace unas semanas visité este imponente castillo en la comarca de Las Merindades, concretamente en la población de Medina de Pomar, en la provincia de Burgos.


Pedro Fernández de Velasco, camarero mayor del rey Enrique II de Castilla fue quien mandó construirlo en este lugar en 1370, finalizándose unos sesenta años después.
Ubicado en la parte sur del pueblo donde estuvieron las murallas defensivas, este alcázar consta de dos torres unidas por una construcción central más baja y más ancha.


El torreón sur sirvió de vivienda de los nobles y el norte, más frío, fue utilizado para la servidumbre y la guardia. El centro estaba destinado a las salas del palacio, propiamente dicho.

El grosor de sus muros en algunas zonas supera los dos metros.

En el año 1896, los Duques de Frías cedieron este castillo defensivo, conocido también por “Las Torres”, al Ayuntamiento de Medina de Pomar.
Un siglo después fue restaurado con no mucho acierto, según los expertos y, desde noviembre de 2001 alberga en su interior el Museo Histórico de las Merindades.


En sus cuatro plantas se distribuyen manuscritos, documentos, enseres y restos arqueológicos que dan una amplia idea de la vida en esta zona siglos atrás.


Se realizan visitas guiadas y también se organizan conferencias y diferentes actos culturales.


Como siempre, os recomiendo una visita a este monumento burgalés.


FOTOS: ANDONI RENTERIA.

COLEGIO DE CIEGOS Y SORDOS

A finales del siglo XIX proliferaron las instituciones benéficas en Bilbao. Así surgieron La Maternidad, el Hospital de Basurto, la Misericordia, el Asilo de Huérfanos… y el Colegio de Sordos y Ciegos.
Gabriel María de Ybarra fue quien impulsó este proyecto benéfico y, para ello, mandó construir este centro educativo destinado a la formación de personas con dificultades de audición y de visión.
En Deusto, cerca de Ibarrekolanda, en los terrenos del conde de Zubiria se colocó la primera piedra en el mes de marzo de 1894 con el arquitecto Luis Basterra al mando. Aquel día fue una fiesta en la anteiglesia de Deusto en la que se interpretaron varias canciones populares como el Gernikako arbola.
Al acto asistieron las personalidades políticas del momento, con el Alcalde a la cabeza, y no faltaron los fuegos de artificio y mucha alegría.
Desgraciadamente hubo que parar las obras por falta de recursos, para comenzarlos de nuevo en mayo de 1902 siendo el arquitecto José María Basterra quien tomó el relevo. Y, por segunda vez, se interrumpieron las obras por el mismo motivo; hasta que seis años más tarde vuelven los trabajos con la dirección del arquitecto Ricardo Bastida y, por fin, fue posible su inauguración en el año 1909.
Los costes corrieron a cargo del Ayuntamiento de Bilbao, la Diputación de Bizkaia y varios particulares que donaron su dinero, implicándose, así, en este proyecto benéfico considerado uno de los mejores de España en esta especialidad.


Un edificio principal, dos pabellones en ambos laterales y otro más por la parte trasera, formaban este colegio al que no le faltaba de nada; ya que disponía de servicios de lavandería, médicos, depósito de víveres y demás prestaciones necesarias para la atención de los miles de personas que pasaron por sus aulas.
El personal docente estaba compuesto por cuatro profesores y dos auxiliares; además, las hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl eran las encargadas de enseñar a las niñas tareas como costura, plancha y cocina.
La labor educativa era prioritaria, adaptando los procedimientos pedagógicos a cada alumno.
A mediados de los años sesenta, con la construcción del canal de Deusto, sufrió un deterioro que, poco tiempo después, terminó con la desaparición de aquel centro educativo.
FOTO: INTERNET

MALDECIR Y BLASFEMAR TENÍA SU CASTIGO

El lenguaje siempre ha sido un tema del que se ha hablado mucho, sobre todo cuando no se usa correctamente.
Pero, una cosa es no utilizar bien los verbos o las frases subordinadas y otra muy diferente es pronunciar palabras soeces y malsonantes.
Eso es lo que debió pensar a finales del siglo XIX el Gobernador Civil de Bilbao cuando, a través de una circular, explicó la necesidad de erradicar ciertas palabras del vocabulario de los habitantes de la villa.
En esa carta hacía alusión a que en Vizcaya, con larga tradición católica, algunas personas maldecían y blasfemaban, con lo que faltaban el respeto a los vecinos y a todos los ciudadanos.
Y, como el objetivo era reeducar a aquellos malhablados, decidió que una multa de un máximo de 500 pesetas, les haría pensar dos veces antes de proferir insultos contra Dios y contra los Santos.
En las tabernas de la época era muy habitual escuchar frases en las que se incluían menciones nada acertadas a la Virgen.
Aquel lenguaje ofensivo hacía años que se venía observando en las calles y locales de nuestra villa, acrecentado durante la tercera Guerra Carlista. En aquella guerra blasfemaban los soldados de ambos lados, no solo los liberales.
El escritor Antonio Trueba fue uno de los más preocupados por esta moda que, según él, había sido importada por soldados y trabajadores que venían a nuestra provincia de diferentes partes de España.
Las maldiciones deseando verdaderas atrocidades al interlocutor y las obscenidades más bárbaras también tuvieron cabida entre los bilbaínos y vizcaínos de finales del XIX.


Pero si algo sorprendía especialmente, era el lenguaje soez de las mujeres de los pescadores quienes presumían de conciencia casta y devota y asistían a misa con regularidad.
Aquella manera de expresarse en Vizcaya y en todo el País Vasco, no sería la más adecuada pero formaba parte de sus comunicaciones diarias.
FOTO: INTERNET.

¡FELIZ ANIVERSARIO, PUENTE COLGANTE!

125 años cruzando a personas de lado a lado. Así es la vida del Puente Bizkaia desde aquel 28 de julio de 1893, cuando se inauguró.

Alberto de Palacio, nacido en Sara (Lapurdi) y fallecido en Getxo, fue el diseñador que, junto al constructor Ferdinand Amodin, plantearon su proyecto en 1888 de esta gran obra maestra de ingeniería y que fue aceptado por el Ministerio de Fomento dos años después.

Fue entonces cuando se constituyó la sociedad M. A. Palacio y Cía, primera concesionaria de la obra. La financiación vino de la mano de pequeños empresarios de la zona.

Fue una iniciativa privada que daba servicio al medio millón de usuarios que, en aquella época, cruzaban anualmente en barco de remos. Actualmente sigue siendo una iniciativa privada que atiende a más de cuatro millones de personas al año y a más de medio millón de vehículos.

Desde sus inicios, el objetivo de este transbordador fue el de unir ambas orillas pero sin entorpecer el paso de los barcos;  ya que, en aquel momento, Bilbao era uno de los puertos fluviales más activos de Europa.

Cuando se decidió la construcción de un puente se barajaron diferentes posibilidades como un transbordador sobre carriles, barcazas, puentes giratorios, levadizos…y hasta submarinos, hasta que se dio con la solución que hoy todos conocemos, al que se le llamó en sus inicios Puente Transbordador Palacio y que reunía todas las características que buscaban: como la posibilidad de transportar personas y carga, que el coste de su realización fuera conveniente y que se garantizara un uso regular.

Una de las curiosidades de aquel diseño era la intención de colocar ascensores con vistas panorámicas; aunque no se materializó hasta un siglo después de su inauguración.

Su construcción iba poco a poco llevándose a cabo con diferentes contratiempos como la cimentación de las torres en aquel terreno arenoso. Todo fue subsanándose con tiempo e ingenio mientras los vecinos de ambas orillas se maravillaban día a día con aquel asombroso y grandioso proyecto arquitectónico.

La barquilla original, construida en madera, fue probada con carga de mucho tonelaje y realizó varios servicios para comprobar que todo funcionaba bien y que soportaba el peso durante los minutos que dura el viaje.

Su estructura de hierro macizo desafía y acoge a todo el que lo ve desde ambas orillas de la ría.

Es capaz de combinar la verdadera función de transporte con la de símbolo y la de atracción turística. Declarado en 2006 Patrimonio Industrial de la Humanidad por la UNESCO, se ha convertido en un auténtico reclamo turístico, como así demuestran las cifras de usuarios y de curiosos que pasean por su pasarela.

En esta obra se fusionaron por un lado la moderna tecnología utilizada en puentes colgantes con cables como la mecánica de grandes vehículos que funcionaban con máquinas de vapor.

Hoy en día podemos asegurar que se ha convertido en todo un monumento de la Revolución Industrial construido con hierro, el material más habitual en la segunda mitad del siglo XIX para construir barcos, ferrocarriles o maquinaria.

Estos días no faltan diversas celebraciones en torno al puente, que todo el que se acerque hasta allí podrá disfrutar.

 

Foto en blanco y negro de la Fundación Sancho el Sabio del año 1969.El resto de fotos son de Andoni Renteria.