SUBIDA A ARTXANDA 2018

Hoy, veintiuno de octubre, se ha celebrado la novena edición de la marcha solidaria, conocida como la Subida a Artxanda.
A las diez menos cuarto de la mañana, el Alcalde, Juan Mari Aburto acompañado de varios ediles ya se encontraba en la línea de salida saludando a los bilbaínos que comenzaban a llegar.


Él ha sido el encargado de dar el pistoletazo de salida a las diez en punto, instante en el que nos hemos puesto en marcha unos ocho mil bilbaínos.


En todo momento íbamos informados del recorrido por las diferentes señales y por las indicaciones de los voluntarios.
Por Uribitarte hemos llegado al Museo Guggenheim a buen ritmo y con muchas ganas de comenzar a ascender hacia Pikotamendi, también conocido como Pesetita.


Desde el Puente de la Salve veíamos a los que todavía debían rodear el Museo.
La subida cuesta un poco pero, en mi caso, iba muy entretenida charlando con buenos amigos y se me ha hecho corto.


Al llegar a Artxanda nos esperaba un avituallamiento que consistía en una botellita de agua y un paquete de frutos secos.


Algunos de mis acompañantes habían preparado tortillas, embutidos y dulces, así que nos hemos sentado al sol para dar buena cuenta de ello.


Un rato después y, con la tripa llena, nos hemos decidido a bajar.
La vuelta la hemos hecho por el camino cercano al colegio Trueba; un camino con bastantes piedras y no muy ancho pero con bonitas vistas a nuestra villa.


Casi una hora después hemos cruzado el arco de meta y, allí, nos han entregado un txoripan y un sombrero de lluvia como detalle de nuestra participación.


No ha faltado, como en cada edición, la marca Coca Cola sirviendo refrescos.
Con el orgullo de haber completado la marcha y haber colaborado en una buena causa, hemos comido y bebido rodeados de miles de personas que, en ese momento, llegaban al Arenal.


Ha sido una mañana perfecta en la que, además de disfrutarla con amigos, el tiempo soleado nos ha acompañado.
¡Nos vemos el año que viene!
FOTOS: ANDONI RENTERIA.

TRAMPOSOS EN LA SOCIEDAD BILBAINA

Esta historia sucedió hace cien años en nuestra villa, pero bien podía ser una noticia actual, ya que, desgraciadamente, la picaresca y los robos continúan en nuestros días.
Junio de 1918 es la fecha en la que sucedieron los hechos que os voy a relatar.
Desde Madrid llegó a Bilbao un elegante militar ya retirado que, enseguida, comenzó una relación de amistad y, posiblemente, de engaño con un político del Ayuntamiento de la villa.
Aquel misterioso caballero se paseaba por las calles de Bilbao elegantemente vestido y con ademanes correctos y educados, como suelen ser los embaucadores profesionales.
Observó que existía un club donde se daban cita los más importantes hombres de la ciudad: la Sociedad Bilbaina.


Para ser un miembro más debía solicitar su ingreso, como así hizo, y mostrar sus credenciales. Desde la sociedad se pidieron informes a Madrid donde les garantizaron que se trataba de un coronel retirado que había pertenecido a otras sociedades de la capital del país y que su comportamiento era intachable.
Con esas referencias, la junta directiva de esta sociedad bilbaína, admitió al militar sin dudarlo.
Días más tarde reservó una habitación en el edificio sede de la Sociedad Bilbaina para alojarse con un supuesto amigo que, por su aspecto, parecía no tener mucho en común con el nuevo socio. Aquel hombre, de origen francés, baja estatura y cara de pocos amigos, no era del agrado del resto de miembros y no entendían qué hacía con el militar retirado al que consideraban un verdadero caballero.
Aquellos dos hombres tan diferentes entre sí estaban tramando un plan para robar el dinero del casino situado en el propio edificio. Para ello no dudaron en sobornar a uno de los serenos que vigilaba por la noche y a un croupier que fue quien les facilitó la llave para acceder al salón de juego.
Cuando ya habían organizado toda la trama, una noche, desde su habitación se encaminaron a la zona de juego portando varias herramientas con las que manipularon la ruleta, de tal forma que la bolita siempre les daría beneficios en sus jugadas.
Así estuvieron unos días y todo iba sobre ruedas, hasta que el sereno que había sido sobornado, preso de un gran remordimiento, decidió confesar la fechoría a la junta directiva de la Sociedad.
El Presidente y varios policías entraron en la habitación donde estaban los dos golfos preparados para llevar a cabo, una vez más, el truco de la ruleta manipulada.
La pareja de delincuentes fue detenida y, por el bien de la Sociedad, se decidió no contar nada para que la prensa no se enterara y quedara perjudicada la imagen de esta sociedad ya que el juego estaba prohibido.
Desgraciadamente, ocurrió justo lo contrario: Se enteró todo el mundo y dieron mucho que hablar a todos los ciudadanos de la villa y a la prensa.
En cuanto a la cantidad robada nunca se supo la verdad, ya que la Sociedad aseguraba que no habían perdido ni una sola peseta y, sin embargo, en la calle se barajaban cifras que oscilaban entre las 70 000 y las 300 000.
Esa duda jamás ha sido resuelta.

FOTO: INTERNET, firmada por Espiga.

ONCE DE OCTUBRE, LA AMATXU DE BEGOÑA Y LOS TXIKITEROS

El día de la Virgen de Begoña es, también, el Txikitero Eguna, el Día del Txikitero.

Ayer, día once de octubre, desde las once de la mañana la música y los pasacalles animaron a todos los paseantes del Casco Viejo.

Una hora más tarde, delante del edificio de La Bolsa de la calle Pelota, se prensaron unos setenta kilogramos de uva para extraer el primer mosto de txakolí de este año.

La Escuela de Pastelería quiso endulzar a todos los que se acercaron hasta este rincón emblemático de Bilbao, con un trozo de la popular tarta Begoña.

Como ya es tradición a las doce en punto comenzó la ofrenda floral. Y, como cada año, Inmaculada Legarreta, Presidenta de la Peña Athletic del Casco Viejo, fue la encargada de colocar un ramo en la hornacina de la Virgen situada en la fachada principal del edificio.

No podía faltar un Ave María; este año interpretado por un tenor acompañado de una pianista.

Al terminar, se sirvió el mosto a todos los asistentes que, he de confesar, estaba delicioso.

El ilustrador Tomás Ondarra y una representación de los Bomberos de Bilbao asistieron también al acto; ya que en esta edición se les ha nombrado Txikitos de Honor por su aportación a esta tradición tan nuestra y por sus actos solidarios.

Y, como siempre en estas reuniones, muchas caras conocidas de la sociedad bilbaína o de la política se dejaron ver entre los cientos de bilbaínos que, hasta el Casco Viejo, se acercaron.

 

Desde el siglo XVI ya tenemos constancia de la existencia de una cofradía para honrar a la Virgen de Begoña.

Se realizaban pasacalles y romerías con la Virgen a hombres para solicitarle favores y para agradecerle las ayudas concedidas.

Después de la declaración de patrona de Bizkaia en 1903, la romería hasta la basílica se estipuló para el 11 de octubre y, cada año, la Cofradía de Nuestra Señora de Begoña nombra a un Romero de Honor.

Este año y, por primera vez, han sido dos mujeres las elegidas. Dos madres, dos amigas, dos políticas, dos mujeres con el mismo sentimiento por la Amatxu de Begoña: La Diputada Ibone Bengoetxea y la Concejala Beatriz Marcos.

 

A las siete de la tarde en el Teatro Arriaga los nervios y la emoción se hacían notar entre tantos amigos que quisieron acompañarlas en esta procesión.

Media hora más tarde partían por las calles del Casco Viejo acompañadas de fanfarrias, txistularis y dantzaris, además del Romero de Honor 2017, Jon de Miguel, el Presidente de la Cofradía, Javier Diago y el Hermano Mayor Honorario de la Cofradía, Isidro Elezgarai.

En la Plazuela de Santiago, en la calle La Cruz y en la plaza Unamuno la comitiva se detuvo unos minutos mientras los dantzaris nos deleitaban con sus bailes.

Por las escaleras de las Calzadas de Mallona y animados por la música pisaban con orgullo y con decisión cada escalón, sabiendo que les quedaba menos para reencontrarse con la Amatxu de Begoña.

En las cercanías de la Basílica la gente disfrutaba de este día tan grande para los bilbaínos y vizcaínos, en general. Varios puestos de comida no daban abasto sirviendo las deliciosas rosquillas o pasteles vascos, además de talo y txakolí.

En el interior del templo la misa de las ocho terminaba para dar paso a los miembros de la Cofradía quienes ocuparon los primeros bancos.

La primera en pronunciar su discurso fue Beatriz Marcos quien hizo varias referencias a la Virgen y a su familia. Ibone Bengoetxea relató emocionada sus recuerdos infantiles en este lugar cuando hizo su primera comunión.

Toda la ceremonia estuvo cargada de emotividad y amor por la Virgen.

Un año más el once de octubre fue una gran fiesta en Bilbao. Un año más la Amatxu reunió a todos sus hijos en su casa, en la Basílica de Begoña.

FOTOS Y VIDEOS: ANDONI RENTERIA.

 

 

VILLA MARÍA

Este palacete “escondido” en la calle Ibañez de Bilbao de la capital vizcaína es de los pocos que todavía nos recuerdan aquel pasado de grandes fortunas y grandes lujos.

Su nombre, Villa María,se lo puso el empresario naviero Ramón de la Sota, cuando se trasladó aquí con su esposa Catalina Aburto y Uribe en el año 1890.

Una año más tarde nació el quinto de los trece hijos de la pareja: Alejandro, quien llegó a ser presidente del Athletic Club y un reconocido editor.

Solo diez años permaneció la familia en este majestuoso edificio del ensanche bilbaino, ya que se les quedó pequeño para tantas personas y se trasladaron al Palacio de Ibaigane, actual sede del Athletic Club de Bilbao.

En el año 1900 el arquitecto Gregorio Ibarreche fue el encargado de rehabilitar esta residencia en un centro de oficinas.

Dieciocho años más tarde Manuel María Smith, el arquitecto que introdujo el estilo inglés en el País Vasco, derribó parte del palacio para volver a construirlo de manera más funcional.

Pero, no quedarían así las reformas. En el año 1993 José Luis Saez de la Calle, lo convirtió en lo que actualmente conocemos: la sede de la Capitanía Marítima, inaugurada el 21 de noviembre de 1995.

El edificio consta de un sótano, una planta baja y dos plantas superiores donde se distribuyen muchos despachos.

En el techo se  puede observar una gran vidriera de autor desconocido en la que predomina el color rojo y aporta mucha luz al lugar.

El aspecto, en general, es de sencilla elegancia y pulcritud, además de funcionalidad.

Pequeños detalles decorativos pueden escapar de la atención del visitante, ya que no es un edificio ostentoso.

La fachada de color rosa es, quizá, lo más llamativo del que fue un palacio residencia de una de las familias más importantes y poderosas de la sociedad bilbaina.

FOTOS: ANDONI RENTERIA