¡BUEN MENÚ, SEÑOR!

Todos hemos escuchado o cantado alguna vez la canción que habla de diferentes y deliciosos platos que un camarero enumera a un cliente en un restaurante.
Calamares, gallos, pescadilla frita, almejas, trucha, langosta a la americana, sopa, huevos, liebre, natillas, mazapán, flan, fruta…y, sobre todo, pavo “asao” con ensalada.
Esa es básicamente la letra de la famosa canción que interpretan los otxotes y corales desde que fue registrada en la Sociedad General de Autores por el grupo donostiarra LOS XEY.
La verdadera historia cuenta que fue Karlos Federico Zöllner compositor alemán quien escribió, a mediados del siglo XIX, el tema original titulado Der Speisezettel. Este músico fue líder del movimiento coral masculino, muy afamado en aquella época por toda Europa.
Años más tarde, Miguel Arregui Trecet, organista natural de Sestao y enamorado de la música coral, andaba buscando partituras para ser interpretadas por la Coral del Ensanche de la cual era director, cuando se encontró el tema compuesto por el músico alemán.
Fue entonces cuando decidió adaptarla y ponerle una letra en castellano. Aquella idea se le ocurrió en el café Iruña de Bilbao donde solía tocar el piano. Comenzó a leer la carta de los platos que servían y, ayudado por Jesús Unzue sobrino del fundador del café y jefe de cocina, fue escribiendo la letra que hoy conocemos.


El estreno de la divertida canción fue el 19 de agosto de 1928, primer domingo de la Semana Grande bilbaína, a las ocho de la tarde en un concierto en el kiosko del Arenal, donde también actuó la Banda Municipal de Bilbao.
Pero, la historia de esta canción no había hecho más que comenzar.
En los años cuarenta, el exitoso grupo musical guipuzcoano LOS XEY, decidió incorporar la canción a su repertorio e interpretarla por diferentes lugares del mundo.
Con el paso del tiempo y los éxitos cosechados, este grupo llegó a considerar el tema como propio después de que José Lahuerta, hermano de uno de los componentes del grupo, lo registrara en la Sociedad General de Autores con sede en Madrid.
Miguel Arregui, comenzó entonces una batalla por los derechos del “Buen Menú” pero falleció sin conseguirlo en el año 1944. Su familia pleiteó hasta conseguir un acuerdo salomónico en el año 1961 por lo que la viuda del músico y José Lahuerta se llevarían cada uno el cincuenta por ciento de los ingresos generados por la controvertida canción.
Desde entonces muchos han sido los que han interpretado el tema que nos hace salivar con tan deliciosos platos, como el conjunto GOLDEN APPLE QUARTET.
En el café Iruña muestran con orgullo la letra de la canción que se inspiró en sus variados y sabrosos platos.

FOTO: INTERNET

OLA DE FRÍO EN CARNAVAL

Las fiestas de Carnaval en Bilbao suelen celebrarse pasadas por agua y con frío, eso no es nada nuevo para los bilbaínos.
Pero, si hay una edición que se recuerda especialmente por la adversa climatología, fue la de marzo de 1916.
Aquellos días, el ánimo de los vecinos de la villa se encontraba por los suelos. No paraba de nevar y, además, la situación económica del país no era nada buena.
La prensa local destacaba la poca alegría carnavalesca y el tiempo tan desapacible. Llegaron, incluso, a comparar Bilbao con Siberia.
Solo los bailes privados, resguardados del frío, consiguieron calentar el humor en aquellos carnavales.
La intensa ola de frío con nieve y granizo enfrió más, si cabe, el ambiente festivo en el que no se arrojaron confetis en los desfiles como otros años, ya que consideraban que era una costumbre cursi y anticuada. Sin embargo, se puso de moda sujetar entre varios jóvenes a un pobre desgraciado y, restregar en su cara, un puñado de estos papelitos de colores hasta introducírselos en la boca.
No fueron alegres los carnavales, ni los disfraces estuvieron a la altura, siendo estos de mal gusto.
Y, para remate, el último día llegó la triste noticia del naufragio del trasatlántico español “Príncipe de Asturias” en la costa de Brasil. En el barco viajaban bastantes pasajeros vascos que perecieron en aquella catástrofe.
Decididamente, aquel marzo de 1916 se congelaron los corazones de los bilbaínos debido al frío y a la tristeza.

Para ilustrar el texto he tomado de internet esta foto del trasantlántico PRÍNCIPE DE ASTURIAS.

CASA DE SOCORRO

El incremento de la población en el Bilbao de finales del siglo XIX hizo necesaria la creación de un hospital más grande y con mejores condiciones sanitarias que el existente en Atxuri.
Al mismo tiempo se pensó en la posibilidad de crear una Casa de Socorro en la zona del Ensanche para atender a aquellos enfermos con necesidades urgentes, para los que el desplazamiento al hospital se convertía en un problema.
Se presentó una moción en el pleno del Ayuntamiento y fue aprobada por unanimidad.
Sin embargo, tuvieron que pasar dieciocho años hasta que el arquitecto Enrique Epalza se encargó de la obra en un terreno propiedad del consistorio, en Abando, cercano a la iglesia de San Vicente.

Casa Socorro Ensanche
Además de Casa de Socorro también fue laboratorio químico.
Actualmente se utiliza como sede de los Servicios Médicos Municipales.
La fachada de este singular edificio combina la piedra con el ladrillo, muy habitual en la manera de trabajar de Epalza. El estilo es modernista; huyendo, así, del eclecticismo de la época.
Consta de un semisótano sobre el que se asientan cuatro plantas.
FOTO: ANDONI RENTERIA

LOS BILBAINOS EN EL TEATRO

Hubo una época hace cien años que el teatro parecía de todo menos un teatro. Al menos, como lo conocemos hoy en día.
El comportamiento de los bilbaínos en las salas de teatro era muy diferente al de la actualidad.
Os pondré algunos ejemplos de las costumbres de aquellos espectadores de principios del siglo XX.
En el teatro Campos se formaban las conocidas como “piñas”; un grupo de personas que venían juntas y ocupaban las plateas. Eso sí, según testimonios en la prensa de entonces, era bastante caro formar parte de aquellas piñas. Por todo debían pagar; por el diván donde se sentaban, el whisky que tomaban o los gemelos para observar mejor la representación o para fisgar al público asistente.
Otra de las curiosidades que se permitía en las salas de cine o de teatro era el uso de grandes sombreros. La mayoría de las mujeres se adornaban con estas prendas y no se las quitaban cuando entraban en el teatro.
En los periódicos se publicaban artículos de personas que se quejaban del uso de los aparatosos sombreros de las damas pero, nada decían de los que fumaban; a pesar de ser una práctica peligrosa que podía provocar un incendio.
Los argumentos esgrimidos por las damas en contra eran, sobre todo, el fuerte olor del tabaco y que el humo no les permitía ver lo que sucedía en el escenario.
Las quejas también se dirigían a los teatros; por ejemplo, el hecho de que no hubiera escaleras metálicas, que fuesen viejos, que las butacas tuvieran poca separación entre ellas…
Pero, no servían de mucho todas estas manifestaciones en prensa. Y, como era previsible, en 1914 el teatro Arriaga quedó completamente destruido por un incendio provocado, según se aseguró, un cigarrillo mal apagado.


Hubo, también, protestas por temas más banales como la falta de luz en el patio de butacas y, de esta manera, imposibilitar a los asistentes distinguir los vestidos de las señoras. Ya que, al teatro se iba, además de a disfrutar de la obra, a ver y a ser visto.
Por eso se exigía que se iluminara el patio de butacas con la misma intensidad que el escenario.
Otro elemento desaparecido hace mucho tiempo fue la “claque”; un grupo de personas elegidas para aplaudir y vitorear a los actores o las escenas de la obra. Se trataba de aficionados al teatro a los que se les regalaba una entrada con el compromiso de aplaudir cuando el jefe de la “claque” se lo indicara.
Eran otros tiempos. Otros tiempos de teatro.