EL COLEGIO DE ESCOLAPIOS

El 6 de septiembre de 1893, el padre Marcelino Ortiz y el hermano Leonardo Álvarez, ambos de la Congregación de los Escolapios, llegaron a Bilbao con la intención de buscar un edificio donde asentarse y comenzar su actividad de enseñanza religiosa. Localizaron un terreno con una casa recién construida en la confluencia de las calles Henao y Heros. Un mes más tarde, las Escuelas Pías se inauguraban con tal cantidad de alumnos de primera y segunda enseñanza que, en poco tiempo, el centro acusó problemas de espacio.
Tuvieron que transcurrir ocho años para que se adquirieran los terrenos adyacentes a este inmueble y se comenzara la construcción de un edificio proyectado por el arquitecto Alfredo Acebal. El que había sido colegio hasta ese momento se vendió para conseguir más dinero destinado a la nueva obra que, en junio de 1915, se inauguró con la bendición del arcipreste de Bilbao. Constaba de un entresuelo y dos plantas en su origen; sin embargo, con el tiempo se fue adaptando a las necesidades, por lo que ampliaron el espacio tanto en altura como adquiriendo más terreno, en este caso a la familia Alcocer Rivacoba, para la creación de un polideportivo.
Este inmueble cumplía dos finalidades: por un lado era centro educativo y, por otro, era residencia de la Comunidad de Escolapios. Además, una zona se dedicaba como internado para todos aquellos niños que venían de pueblos alejados de Bilbao.


En julio de 1936, la comunidad religiosa ofreció su edificio a las necesidades públicas derivadas de la incipiente guerra civil y fue utilizado, también, como alojamiento para los batallones del ejército vasco. Meses más tarde, el colegio quedó incautado y usado como prisión; hasta que, al cabo de tres años y tras muchas gestiones, volvió a manos de los padres Escolapios.
Muchos personajes conocidos de distintas disciplinas fueron alumnos de este colegio como el pintor Juan de Aranoa o el futbolista del Athletic Club, Pichichi.

(FOTO DE ANDONI RENTERIA)

LA ALHÓNDIGA

Si hablas con la gente mayor de la zona te asegurarán que todavía les parece oler al vino que albergaba este gran almacén situado en el centro de Bilbao.

El arquitecto Ricardo Bastida fue quien diseñó el monumental edificio pionero en la utilización de hormigón armado. Se construyó entre 1905 y 1909 ocupando toda una manzana de aquel ensanche bilbaíno que comenzaba a desarrollarse. Este almacén de vinos de construcción funcional fue concebido para unificar la actividad de las cinco alhóndigas existentes en aquel momento en la villa.

Diez años después de su inauguración, el 21 de mayo de 1919 a las cuatro de la mañana, un devastador incendio se declaró en el pabellón de droguería, donde se encontraban grandes cantidades de material inflamable. El fuego fue extendiéndose durante varios días siendo necesarios muchos efectivos del cuerpo de bomberos para extinguirlo. Uno de ellos falleció en el siniestro y otros cuatro resultaron heridos de gravedad. Ricardo Bastida también participó activamente en las labores de extinción y, con mucha pena, mandó demoler una de las torres que, muy deteriorada por las llamas, corría peligro de derrumbe.

A pesar de los desperfectos, se pudieron salvar muchos documentos de varias dependencias y bastantes barricas de vino. El coste económico del desastre se valoró entre 20 y 30 millones de pesetas.

En el año 1977 la alhóndiga abandonó su actividad cayendo, el edificio, en el olvido; hasta que, en 1980, se presentó una idea para convertirlo en centro cultural, aunque, finalmente, no se llevó a cabo.

Años después, otro proyecto, esta vez del arquitecto Philippe Starck, fue aceptado y, en mayo de 2001, comenzaron las obras de demolición del interior del antiguo almacén de vino, manteniendo intacta su fachada.Nueve a ños más tarde los bilbaínos pudimos acceder a este nuevo centro cultural y deportivo donde destaca el interior con sus cubos recubiertos de ladrillo y su gran sol en una gigantesca pantalla. Pero, sobre todo, sus cuarenta y tres originales y coloristas columnas ideadas por el artista italiano Lorenzo Baraldi, que se encuentran en el atrio.

Desde marzo del año 2015 la Alhóndiga pasó a llamarse oficialmente AZKUNA ZENTROA en homenaje al fallecido Alcalde Iñaki Azkuna. A pesar del nombre muchos bilbaínos continúan refiriéndose a ella con su nombre original.

Foto de las columnas: ANDONI RENTERIA

Foto antigua: Internet

 

LA SOCIEDAD EL SITIO

Tras 125 días de asedio por parte del ejército carlista, el 2 de mayo de 1874, las tropas liberales levantaron el bloqueo a la villa de Bilbao. Durante aquel sitio, algunos hombres de entre 18 y 60 años, se ofrecieron como voluntarios para apoyar a los ejércitos liberales que combatían en el frente. Estos improvisados soldados fueron conocidos como  “Auxiliares”
Al principio, su lugar de reunión, era bajo el desaparecido Tilo del Arenal, donde comentaban la situación y el desarrollo de la contienda. Poco a poco iban consolidándose como asociación. Y, el 19 marzo de 1875, crearon la Sociedad “El Sitio” con sus propios estatutos, donde se definen como una agrupación de carácter abierto y liberal que fomenta el recreo y la cultura.
En diciembre de 1890 se inauguró el “Palacio de las libertades”, nombre que le dieron a la nueva sede proyectada por el arquitecto Severino Achúcarro en la calle Bidebarrieta, en pleno Casco Viejo, que fue subvencionada con el dinero aportado por la alta burguesía bilbaína.
Se trata de un majestuoso edificio de estilo ecléctico en el que destaca su gran escalinata, su preciosa vidriera realizada en Amberes o su elegante salón de actos decorado por Anselmo Guinea, donde pronunciaron discursos diversas personalidades de la cultura o de la política como Unamuno, Ortega y Gasset, Lorca, Azaña o Alcalá Zamora.


Una cafetería, un gimnasio, un salón de baile o una escuela de esgrima eran algunas de las variadas actividades de este club social que, en 1937, en plena Guerra Civil fue clausurado y sus bienes fueron incautados por el Estado quien, posteriormente, vendió todo lo confiscado al Ayuntamiento de Bilbao.
Tuvieron que pasar más de cuatro décadas para que la Sociedad El Sitio apareciera nuevamente reactivada por un grupo de bilbaínos liberales, con el objetivo de impulsar la cultura tradicional y promover valores como la libertad y la tolerancia. Actualmente continua su actividad cultural ofreciendo charlas, conferencias y muchas iniciativas de carácter liberal.

Desde 1956, la que fue su sede, se transformó en la Biblioteca Municipal de Bidebarrieta, uno de los centros culturales más importantes de la villa, que cuenta con un fondo de cien mil libros, de los cuales, gran parte son los incautados por el Estado durante la guerra.

(Foto actual de Andoni Renteria)

EL CINE DEL COLEGIO SANTIAGO APÓSTOL

En 1911 y, después de haber tenido varias sedes, el Colegio Santiago Apóstol inicia sus clases en el nuevo ensanche bilbaíno, cerca de la Plaza Arriquibar, donde actualmente se encuentra la Plaza Bizkaia y los edificios anexos. Aquel colegio, que tan bien conocieron muchos bilbaínos, era un referente en la educación al que no le faltaba de nada; tanto en cuestión de deporte, con frontón y gimnasio, como en lo religioso con su propia iglesia y en lo cultural con un magnífico cine que, también, se utilizaba como salón de actos.
Situado debajo de la iglesia, el suelo y las sillas eran de madera, lo que favorecía el barullo y el ruido cuando la proyección no era del gusto del público, haciendo enfadar a los siempre vigilantes frailes. Al ser colegio exclusivamente de chicos no había problema para acomodarlos; solo cuando el cine abría al público en general, era cuando sentaban a los chicos abajo y, a las chicas, en el anfiteatro.
Con el paso de los años, la sala de cine fue reformada; se quitaron las columnas, se instalaron varios palcos y se decoró la estancia de una manera más acogedora, con butacas y con capacidad para mil cuatrocientas personas. Además se abrió una puerta por Alameda Rekalde lo que facilitaba el acceso a todos.
La reinauguración tuvo lugar el 8 de diciembre de 1961 con un concierto, una actuación de ballet y una fiesta para alumnos y padres.
Las sesiones cinematográficas solían ser los jueves y los domingos, y siempre estaban sometidas a la censura y al visto bueno de la Asociación de Padres de Familia que velaba por la moral de los jóvenes asistentes.

Dos asociaciones ligadas al cine tuvieron su sede aquí. Por un lado el “Cine Club Universitario”, expulsado de la Escuela de Ingenieros por considerar que era un foco de encuentros con políticos; y, por otro lado, el “Cine Club El Desván”, cuyas ideas comunistas eran conocidas por todos. Los censores tenían mucho trabajo cada vez que alguno de estos clubes organizaba una sesión, pero ellos siempre se las ingeniaban para proyectar películas prohibidas y atraer a numeroso público.
También en este cine tuvieron cabida actuaciones musicales y teatrales. Aquellas galas solían ser presentadas por un, entonces joven locutor de radio, José María Iñigo.
El 1 de junio de 1976 este singular cine bajó el telón; al mismo tiempo que el colegio cerró sus puertas para su posterior demolición.

 

(Foto de Internet)