PAPELERA DEL CADAGUA

 En el año 1878, Enrique de la Quadra-Salcedo, propietario de un molino harinero, decidió darle otro uso y dedicarlo a la fabricación manual de papel para liar cigarrillos. Fundó una empresa a la que bautizó con el nombre de La Carolina, en consideración a su madre Carolina Zabálburu e Ybarra. Más tarde, en 1892, fue renombrada como Papelera del Cadagua para, finalmente en 1901, pasar a denominarse Papelera Española con un capital de veinte millones de pesetas y catorce mil empleados. Esta nueva sociedad nació fruto de la agrupación de otras papeleras como la del Cadagua, la Vizcaína, la Guipuzcoana, la Navarra y Laurak-Bat, entre otras. Enrique de Aresti, importante hombre de negocios y político, junto con Rafael Picavea, político y periodista propietario del diario EL PUEBLO VASCO, consiguieron la unión de estas empresas exponiendo las ventajas económicas que conllevaría la fusión. Además, nombraron director general a Nicolás de Urgoiti, empresario vinculado al mundo editorial y periodístico.

Situada en Aranguren, perteneciente al municipio de Zalla, la papelera mejoró notablemente la vida de los vecinos; ya que supuso una gran transformación de la zona con la construcción de viviendas como residencia para los trabajadores procedentes de diversos lugares de España. La empresa tenía muy en cuenta la dimensión social y, por ello, crearon escuelas para los hijos e hijas de los obreros; además de una casa de socorro y un economato. También se habilitaron varios huertos y jardines.

Desde sus inicios, la Papelera Española fue renovando su actividad y no solo se dedicó al papel para tabaco; sino, también, a producir cartón, cartulinas, papel para escribir y sacos que exportaban a diferentes países. Como en cualquier fábrica, con el paso del tiempo se fueron remodelando las instalaciones y dotándola de nuevas tecnologías para ofrecer mejor género. A pesar de ello, en 1994 las pérdidas económicas ascendían a más de seis mil millones de pesetas. Cuatro años después la empresa entró en quiebra.

Algunos de los edificios que vemos en la actualidad son originales de finales del XIX; otros, sin embargo, datan de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo.

 

FOTO: ANDONI RENTERIA

NUEVOS ILUSTRES

El título de Ilustre de Bilbao para un bilbaino o una bilbaina es, sin duda, motivo de orgullo. Se trata del reconocimiento más valioso que otorga la villa de Bilbao a ciudadanos, empresas o instituciones que han desarrollado su actividad con profesionalidad y, sobre todo, que han contribuido a propagar el nombre de Bilbao y las bondades de la villa.

Ayer, diecisiete de diciembre en el Salón Árabe del Ayuntamiento de Bilbao, el Alcalde, Juan Mari Aburto tras un aurresku de honor, entregó las distinciones a la directiva del sector de Automoción, Inés Anitua Iriarte; al directivo de Banca, José Ignacio Goirigolzarri Tellaeche y al entrenador del Athletic Club de Bilbao, Ernesto Valverde Tejedor. Asimismo, Aburto asignó como nuevo Embajador de la Villa al equipo del Bilbao Basket.

Fueron muchos los invitados a esta ceremonia y, muchos de ellos, ilustres de otras ediciones.

Son ya 123 ilustres y cuatro embajadores desde que se instauró esta concesión en el año 2001.

En palabras del Alcalde se trata de: «un auténtico tesoro y un ejemplo de los valores que deseamos sembrar en la ciudad. Queremos que se nos conozca y reconozca como un Bilbao auténtico, forjado con valores de verdad y todos ellos y ellas son el mejor ejemplo».

Uno a uno fue entregando el diploma que así los acredita y la B de Bilbao de color plata con la que posaron antes de pronunciar unas palabras de agradecimiento.

Al terminar, dos violinistas pusieron el broche final a la ceremonia.

Y, como en todos los actos, siempre hay tiempo para saludarse, conversar y fotografiarse.

FOTOS: ANDONI RENTERIA

 

 

 

LA VEGA DE LAMIAKO

Máximo Agirre, nacido a finales del siglo XVIII en el seno de una familia bilbaína de comerciantes, fue un empresario de éxito, cofundador del Banco Bilbao, impulsor del ferrocarril Tudela-Bilbao, cónsul honorario de Estados Unidos, alcalde de Bilbao… y, entre tantas ocupaciones, también adquirió unos terrenos entre la anteiglesia de Getxo y Leioa, canalizó los ríos Udondo y Gobela, desecó las marismas y fijó el terreno plantando pinos marítimos y brezo. Promovió la urbanización de Las Arenas como zona residencial para las familias más acaudaladas y, además, la convirtió en destino turístico donde se pusieron de moda los baños de mar.

En Erandio y en Leioa compró otro solar con el propósito de establecer una nueva población que se llamaría Baños de Lamiako. Sin embargo, aquello nunca llegó a ser una realidad. En cambio, se creó una granja agrícola y ganadera, y un sector del terreno se utilizó como área deportiva con hipódromo y campos de fútbol. De hecho, fue aquí donde el Athletic Club jugó sus primeras competiciones hasta abril de 1911. La parcela era tan espaciosa que una parte se dedicó para la práctica del polo, un deporte muy de moda sobre todo entre personas relevantes como el monarca Alfonso XIII, quien jugó varias veces en esta vega.

Debido a la cercanía con la ría se desarrollaron diversas profesiones que aprovechaban los recursos y las corrientes marítimas. Se construyó un pequeño puerto para el trasvase de las mercancías donde, además, atracaban las embarcaciones buscando refugio cuando había mar gruesa y no podían dejar sus barcos de poco calado en los arenales. Un área de grandes dimensiones se destinó a la instalación de varias factorías, también construyó viviendas para los obreros, mejoró sus condiciones de vida y ayudó económicamente al mantenimiento de las escuelas.

En los primeros años del siglo XX, los hijos de Máximo Aguirre donaron un solar para levantar la parroquia San Máximo en honor a su padre por su aportación a la transfiguración de la anteiglesia de Leioa. En 1925, el Ayuntamiento le nombró Hijo Adoptivo, en agradecimiento a todas las mejoras que había conseguido.

 

FOTO: ANDONI RENTERIA