¡NO AL DERRIBO!

La semana pasada os relaté cómo se gestó la idea del Sagrado Corazón y cómo fue la inauguración de dicha estatua. Pues bien, hoy os contaré las diatribas sobre este monumento y cómo un sector de la sociedad bilbaína quiso que desapareciera.
El 8 de febrero de 1933 se convocó un pleno en el Ayuntamiento en el que la minoría socialista quiso hacer constar lo que la mayoría de los vizcaínos pedían: la retirada de la estatua del Sagrado Corazón de Jesús, ya que consideraban, que era una provocación al laicismo establecido por la República Española el hecho de que permaneciera dicha estatua en una plaza pública.
No se exigía un traslado sino la demolición completa.
El Gobernador de Vizcaya, el señor Amilibia, escribió en el periódico “El Liberal” un artículo en el que acusaba de maniobra electoral a todos aquellos contrarios a la controvertida estatua.
Les acusó de utilizar con procedimientos oscuros al Sagrado Corazón como pendón político. Y lanzaba una curiosa pregunta: “¿Quién nos asegura que Jesucristo no se ha hecho republicano?”
A las seis y media de la tarde de ese día de febrero y, después de tratar otros temas municipales, la mayoría de la comisión presenta un informe en el que se propone al Apostolado de la Oración que, en un plazo oportuno, se proceda a la demolición del monumento situado en la entonces plaza de Bélgica.
Mientras en el interior se dirimía el asunto, en el exterior un grupo de personas merodeaban por las inmediaciones de la Casa Consistorial bajo la atenta mirada de losguardias de asalto.

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Siguen los argumentos a favor en el pleno, como el que esgrime Juan Garayo del PNV defendiendo que la Constitución no puede ir contra las creencias religiosas.
Ambrosio Garbisu, masón y anticlerical, además de teniente alcalde, es de opinión contraria y representa al partido Republicano quien se posiciona a favor del derribo.
Después de un buen rato de discusiones, se procede a la votación con la presencia del alcalde de Bilbao, Don Ernesto Ercoreca.
El resultado final fue de 21 votos en contra de la demolición y 23 a favor.
Dos días después, a primera hora de la mañana, el monumento apareció custodiado por guardas de seguridad montados a caballo que no permitían a nadie acercarse a una distancia de 40 metros.
Muchos fueron los bilbaínos allí congregados observando lo que sucedía. Varias mujeres permanecían arrodilladas rezando.
Hubo vigilancia incluso nocturna y carreras de jóvenes de los dos bandos, por el parque de Doña Casilda.
Los estudiantes católicos de varios centros de enseñanza comenzaron una huelga de hambre.

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Circulaban consignas para que los comerciantes cerraran sus puertas durante esta crisis.
Jose Maria Urquijo, de derechas y Consejero de la Gaceta del norte, fue a visitar al alcalde Erkoreka, a quien indicó que quería formalizar una protesta por el acuerdo alcanzado dos días antes en relación con la estatua. Y, dicho esto, dio media vuelta y salió del despacho.
A los pocos minutos el alcalde recibió otra visita. Varias señoras de la nobleza bilbaína querían que le remordiera la conciencia al Alcalde, incluso, le aseguraron que aquello no lo olvidaría Dios.
En la Basílica de Begoña se reunieron 20 000 personas en una ceremonia oficiada por el canónigo de la Catedral de Vitoria para forzar la derogación del acuerdo en el Ayuntamiento.
La batalla continua incluso en la Caja de Ahorros Municipal de Bilbao, con la retirada de los depósitos de los clientes que no estaban de acuerdo con la decisión municipal.
El 19 de Febrero el Partido Nacionalista Vasco organiza un acto en el Frontón Euskalduna para protestar contra lo decidido en el pleno del Ayuntamiento. Fueron muchas personalidades las que allí se reunieron, entre ellas, el futuro Lehendakari José Antonio Aguirre.
La prensa escrita publica día tras día noticias sobre este asunto tan delicado con diferentes opiniones y acciones llevadas a cabo en la Villa.
A Felipe Carretero, ilustre médico, se le ocurre que, después de quitar la estatua sagrada, se podía utilizar el pináculo para colocar una imagen de Don Luis Briñas en agradecimiento a su filantropía y obras de caridad que realizó a la ciudad de Bilbao; actuación que no se llevó a cabo, como sabemos todos.
Finalmente, el 20 de mayo de 1933, se decreta la suspensión del acuerdo de derribo del día 8 de Febrero.
La estatua se quedó en Bilbao y, con el tiempo, dio nombre a la plaza donde se encuentra. Muchos años después se le hizo una limpieza a fondo y ahora permanece reluciente observando el ir y venir de bilbaínos y foráneos.

5 pensamientos en “¡NO AL DERRIBO!

  1. Pues anda que no trajo follones el pobre Sagrado Corazón de Jesús que en muchas casas lo tuvimos colgado en la pared sentado en su butaca, me imagino que lo tenían los creyentes y en mi familia si lo somos, yo no soy practicante pero si creo. Estupenda historia y bien contada.

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