EL PAGASARRI Y SU FUENTE

Los bilbaínos sabemos muy bien que, para ser un buen bilbaino, hay que ascender al Pagasarri al menos una vez en la vida. Este es, sin duda, el monte más emblemático que forma parte del Cinturón Verde que rodea la villa. Con sus 670 metros de altitud, se encuentra al sur de la villa pudiéndose alcanzar desde diferentes lugares como Arrigorriaga, Alonsotegi o Bilbao. Además, una vez arriba, existe la posibilidad de subir a la cumbre del Ganekogorta o dirigirte hacia Llodio en Álava.
En 1914, el consistorio bilbaíno edificó un refugio para dar respuesta a tantos aficionados al montañismo. Cinco años más tarde se convirtió en el establecimiento hostelero que conocemos hoy en día; donde los que subimos nos dejamos seducir con un caldo o un delicioso bocadillo de tortilla. La idea de un refugio no es nueva; ya en el siglo XV existía una cabaña para dar cobijo a los pastores. A pocos metros se hallan las neveras del Pagasarri datadas en el siglo XVII, donde se acumulaba la nieve que subían a recoger con el objetivo de utilizarla en la conservación de alimentos o como medida sanitaria para bajar la fiebre, detener hemorragias o aliviar esguinces.

Hace más de setenta años hubo una propuesta para la construcción de un teleférico que uniera la villa de Bilbao con el monte Ganeta, separados por una distancia de 3450 metros. El plan era trasladar a 1000 personas a la hora en cabinas de 30 a una velocidad de seis metros por segundo. Evidentemente, aquello no llegó a buen puerto para satisfacción de muchos. Otra de las ocurrencias “txirenes” fue la de instalar un faro en la cumbre con el objetivo de iluminar la ría por la noche, y que tampoco llegó a realizarse.
Pero si hay un rincón con una historia curiosa detrás es la Fuente del Tarín. A principios del siglo pasado, un grupo de montañeros decidieron que en el Pagasarri debería existir una fuente. Para su construcción realizaron una suscripción popular con una aportación por persona de un real, más conocido como tarín. De ahí surgió el nombre de la fuente.

FOTO: ANDONI RENTERIA

EL BOLLO DE MANTEQUILLA

En Bilbao son varios los dulces que alegran el paladar de oriundos y foráneos. Pero, algunos cuentan con la ventaja de ser los más deseados o queridos, como el bollo de mantequilla que no es otra cosa que una especie de bollo suizo cortado en dos mitades en cuyo interior se extiende una capa de mantequilla rematando el conjunto con azúcar por la parte superior.
Sí no eres de Bilbao y lees esta explicación quizá no te seduzca mucho, pero te garantizo querido lector que si lo pruebas, repites.
La historia se remonta al año 1813 cuando los primos Bernardo Pedro Franconi y Francesco Matossi, originarios de la localidad suiza de Poschiavo llegaron a Bilbao y abrieron una pastelería en el Casco Viejo, concretamente, en la calle Correo. Años más tarde la unieron a un local que daba a la plaza Nueva para ampliar el negocio y así surgió el café Suizo. La decoración se inspiraba en otro establecimiento que habían visto en Venecia y contaba con un mostrador donde se exhibían los dulces y una zona donde servían helados o licores.

En el año 1871 inauguraron otro café en los bajos del Hotel de Inglaterra en el Arenal. Era tal su éxito que el negocio se extendió a más de treinta ciudades como Burgos, Madrid o Pamplona, especializándose en bollería fina o helados. También elaboraban otros pasteles como el de arroz o el ruso, sin embargo fue el que bautizaron como “el bollo” el que más fama les dio, al que acompañaban con un café, costumbre que ha llegado hasta nuestros días.

Además de los primos suizos hubo varias familias de italianos y franceses en nuestra villa que abrieron negocios hosteleros donde servían nuestro adorado bollo de mantequilla, al que ya consideramos el rey de los dulces bilbaínos.

FOTO: ANDONI RENTERIA

JORGE Y JAVIER, CREADORES DE «YO FUI A EGB»

Jorge y Javier, Javier y Jorge, ellos fueron a EGB. No hay duda.
Jorge Díaz y Javier Ikaz, son amigos y residentes en Bizkaia, como diría la inolvidable Mayra Gómez Kemp en aquel programa ochentero “Un, dos, tres…responda otra vez”. Ellos son los creadores de un movimiento social, un fenómeno mediático llamado YO FUI A EGB.
Hace unos días me invitaron a su sede bilbaína para conocer mejor su trabajo y para pasar un buen rato recordando una época que nos marcó a todos los de una generación.
He de confesaros que me hace muchísima ilusión que me recibáis en vuestro templo “egebero”. Pero, vamos a comenzar por el principio. ¿Cómo empezó todo este fenómeno?
-Hace unos quince años nos conocimos a través de amigos en común. Acudíamos a conciertos, al cine, a cenar con nuestras parejas y, dado que veníamos del mundo de la publicidad y de la informática, siempre pensábamos que teníamos que crear algo diferente. Hasta que un día surgió la frase YO FUI A EGB y nos pareció un nombre magnífico que identifica a una época y a todos los que la vivimos. Pero, realmente, no sabíamos cómo darle forma; así que, lo primero que hicimos fue abrir una página en Facebook.

Días más tarde, la cifra de seguidores empezó a aumentar y nosotros veíamos con asombro cómo crecía sin parar. Un año después, el número de seguidores se duplicó sin encontrar una explicación, ya que nosotros no hacíamos nada diferente. Nos llegaban mensajes de amigos en los que nos comentaban que famosos como Carlos Latre, Pablo Motos o Iker Casillas retuiteaban y compartían nuestros posts. ¡Era increíble!
Eso debe de ser un subidón.
-Desde luego que lo era. Pero seguíamos sin ser conscientes de la repercusión y la fama que estaba cogiendo nuestra página. Veíamos con estupor cómo se hacía viral. Entonces nos dimos cuenta de que no habíamos registrado la marca, por lo que lo hicimos enseguida.
A vosotros no se os ve mucho, sois más de estar detrás.
-Nosotros no buscamos la fama. Entendemos que es la marca la que se lleva toda la popularidad y el cariño de la gente. Desde el principio, nosotros decidimos aparecer en los medios lo justo. Nos propusieron colaborar en un programa de televisión con una sección fija y, después de valorarlo, tomamos la decisión de no aceptar. Aunque eso no significa que tengamos problema en aparecer en los medios cuando nos invitan a una entrevista.
¿Sois conscientes de que os han copiado vuestra marca con nombres parecidos?
-Sí, por supuesto. Lo sabemos y, ante eso, no podemos ni queremos luchar. Nosotros tenemos claro quiénes somos y nuestros seguidores, también.

Mientras charlamos yo reconocía, con verdadera sorpresa e ilusión, diferentes objetos que todos los de la generación EGB hemos tocado, jugado, comido o leído…alguna vez. Por ejemplo, los chicles Cheiw que, todavía, mis papilas gustativas recuerdan su sabor tan característico. Entre risas y nostalgia, los tres aseguramos que es una pena que ya no existan muchas de las “chuches” que comíamos de niños.

Veo que, a lo largo de este tiempo, habéis recopilado muchos y diversos objetos.
-Sí, pero aquí no están todos. La mayoría se encuentran “de gira” en la exposición que se inauguró en Gijón, luego en Madrid y ahora deberían exponerse en Valladolid pero, por el tema de la pandemia, se han quedado allí hasta que vengan tiempos mejores y podamos continuar con la ruta por diferentes ciudades.
¿Cómo los conseguís?
-Pues mira, de varias maneras. Algunas veces hemos llegado a comprar caramelos o chicles que, con el tiempo y después de haber pagado un dinerito por ellos, se nos han estropeado. En otras ocasiones, es la gente la que nos envía mensajes y fotos contándonos que guardan verdaderos tesoros y, si nos parecen interesantes, viajamos a algún lugar de España para adquirir esos recuerdos. Pero nos es imposible recoger y guardar todo lo que nos ofrecen.

En un momento de la conversación Jorge y Javier me muestran vasos de la famosa crema de chocolate que lleva su marca en el envase. Muy orgullosos me cuentan que fue la propia empresa quien se puso en contacto con ellos para esta promoción con la que colaboraron encantados.

-Imagino que os pedirán a menudo que vuestro sello aparezca en diferentes artículos.
-Sí, muchas veces. Pero no queremos quemar la marca y, por eso, elegimos meticulosamente y con rigor dónde poner nuestro sello.
También en este tiempo habréis conocido a muchos personajes que jamás hubierais imaginado.
-Sí, somos muy afortunados. Hemos compartido mesa con algunos de los cantantes de nuestra época que todos conocemos; con escritores en ferias de libros; con actores de renombre. Una de las personas que nos hizo mucha ilusión conocer fue Mayra Gómez Kemp, la incombustible presentadora del “Un, dos, tres…”

En una de las baldas reposan sus libros, los que ellos han escrito y que contienen, además de imágenes de objetos, fotografías de variadas escenas “egeberas” en aulas de colegios, en fiestas o en otras situaciones.
Javier me explica que han escrito cuatro libros y que, el primero, fue un auténtico bombazo. Me asegura que siguen vendiéndolos muy bien y que muchos adultos los compran para que sus hijos lean y descubran cómo vivíamos treinta o cuarenta años atrás.

Y, por si esto fuera poco, también habéis sacado al mercado un juego de mesa.
-Sí, es una buena idea para divertirse y aprender en familia, sobre todo en estos momentos que pasamos más tiempo en casa.

Es entonces cuando Jorge coge una tarjeta y comienza a preguntarme sobre televisión y comidas. Se trata de un juego muy completo en el que hay preguntas y pruebas. Además, contiene también los famosos cromos que se volteaban con la mano.

Incluso, hace unos meses estabais de gira.
-Bueno, eso sí que fue un auténtico espectáculo que jamás olvidaremos. Desde 2018, más de diez ciudades españolas visitamos con un cartel excepcional. Desgraciadamente, con la pandemia está difícil programar giras. En Bilbao también hemos organizado muchas fiestas en diferentes discotecas y lo pasamos genial. Ojalá pronto podamos repetirlas.
Escuchando vuestro relato muchos pensarán que YO FUI A EGB, es un hobby para vosotros.
-Si hay algo que queremos destacar es que, tras diez años al frente de nuestra marca, podemos asegurar que nos ganamos la vida con esto; que es un trabajo a pesar de que no falta quien cree que lo que hacemos es jugar. Detrás de las publicaciones, la gira, los libros, los viajes…hay una labor que requiere un gran esfuerzo y muchas horas invertidas a diario. Nunca dejamos de trabajar. Para nosotros no existen los fines de semana porque siempre estamos alerta en busca de historias, anécdotas, fotos o contestando los cientos de mails o mensajes en las redes sociales.
Os entiendo perfectamente porque, desde hace unos años, estoy en este mundo y sé que las redes requieren mucho tiempo y mucha creatividad. Y, si me permitís, yo considero que realizáis, incluso, una obra social trayendo a la memoria de todos los que os seguimos, aquellos maravillosos años en los que fuimos tan dichosos.
-Hemos recibido mensajes, a lo largo de estos diez años, agradeciéndonos lo que hacemos. Personas que sus infancias no fueron muy felices, pero que recuerdan momentos entrañables con añoranza. Críticas no solemos recibir porque no entramos en temas que puedan suscitar enfados entre nuestros seguidores.

Mientras me siguen contando, me fijo en una máquina de juegos de aquella época y les comento que yo era muy aficionada al SPACE INVADERS. Dicho y hecho, Javier la enciende y busca el programa. En dos minutos regreso a mi adolescencia en la sala de juegos de mi barrio rodeada de amigos compitiendo por ver quién hace desaparecer más marcianos. Ya no tengo la agilidad de entonces y me matan enseguida, así que seguimos con nuestra charla. En esta ocasión, sobre nuestros libros preferidos de entonces: LOS CINCO Y LOS HOLLISTER que no pueden faltar en las baldas de los egeberos. Me sorprenden con un libro de texto que todavía tengo por casa.

Contadme alguna curiosidad que os suceda en las redes.
-Muchas de las fotos que publicamos nos las hacen llegar nuestros seguidores y, cada vez que colgamos imágenes de grupos de alumnos en sus clases, siempre hay quien nos dice que se reconoce entre los niños o las niñas. Incluso reconocen a sus compañeros, aunque no sea ni su clase, ni su colegio, ni su ciudad. Es muy curioso y divertido leer los comentarios. La única explicación que vemos es que la ropa, los peinados y el entorno de la foto, eran tan comunes para todos que nos lleva a confusión.
¿Cómo conseguís no repetir contenidos?
-El único secreto es el tiempo. Mucho, mucho tiempo delante del ordenador, rebuscando y rebuscando. Sin embargo, es inevitable que alguna vez en estos diez años hayamos repetido algún contenido.
Me comentabais que la gente os envía fotografías. Contadme alguna cosa simpática o curiosa que os hayan mandado.
-Si, a veces nos sorprenden con cosas como un señor que nos envió una foto de una caja de golosinas que un tío suyo tenía guardada y que la descubrieron cuando falleció. En otra ocasión fueron unos obreros que, al cavar una zanja, encontraron enterrados envases de Tigretones y Bollicaos. Nosotros a estos hallazgos los llamamos “Arqueología EGB”.

Me pasaría horas escuchando sus miles de anécdotas, pero deben seguir trabajando para continuar ofreciéndonos esos gratos recuerdos. Eso sí, antes de marchar, les pido una foto con Espinete y Mazinger Z, dos de los personajes de cartón que decoran las paredes de su oficina.

Ha sido un verdadero placer charlar con Jorge Díaz y Javier Ikaz, nuestros egeberos favoritos.

FOTOS: ANDONI RENTERIA

LA NOCHE MÁGICA

Este año, la Cabalgata de Reyes no ha podido cruzar las calles de Bilbao debido a la situación sanitaria. Sin embargo, el Ayuntamiento de Bilbao ha querido que los niños y niñas de la villa pudieran ver a los tres magos en un espectáculo que ha tenido lugar en el Bilbao Arena de Miribilla en cinco funciones durante el día de hoy, cinco de enero.
Un espacio para diez mil personas que, debido al límite de aforo, solo han podido reunir a cuatrocientas en cada pase, puede parecer a priori “desangelado”. Pues no. La música, el colorido, los trajes vistosos de los bailarines, el buen humor, el espíritu navideño, la emoción, las sonrisas infantiles…todos esos ingredientes han ocupado sus butacas durante los cuarenta minutos que ha durado el espectáculo titulado LA NOCHE MÁGICA.

El Alcalde de la villa, Juan Mari Aburto ha querido presenciar el espectáculo acompañado de tres concejales del Ayuntamiento.

Se apagan las luces y aparecen Trusky y Trasky, dos ayudantes de los reyes que deben poner en marcha la máquina que fabrica los juguetes, pero no saben cómo funciona. A través de las canciones, las palmas y las variadas coreografías van intentando que arranque.

Casi al final del espectáculo, aparecen en una pantalla gigante los protagonistas recién llegados de Oriente para explicarles cómo deben proceder con la indómita máquina. El truco está en meter por un lado las cartas de todos los niños y niñas.

Así lo hacen y, por fin, se arregla para alegría de un público entusiasmado. Fuegos artificiales y confetis para celebrar que ya podrán distribuir los ansiados regalos mientras entran por un lateral los queridos Reyes Magos lanzando besos y saludando con sus manos enguantadas.

Ya sobre el escenario, sus majestades, piden a los niños que nunca dejen de jugar y que sean buenos con todos. Antes de terminar no puede faltar un abrazo aunque sea con pandemia. Gaspar invita a los asistentes a extender sus brazos y rodear su propio cuerpo con ellos con el fin de autoabrazarse.

El espectáculo termina con un deseo: Ojalá nunca perdamos la ilusión y la esperanza en una noche mágica como la de hoy.

FOTOS: ANDONI RENTERIA