MUSEO DE LA PASIÓN VIVIENTE DE BALMASEDA

El museo de la Pasión Viviente de Balmaseda, creado hace doce años es, además, la sede de la Asociación Vía Crucis de Balmaseda, sucesora de la vieja cofradía de la Vera Cruz y quien gestiona todo lo relacionado con la Semana Santa balmasedana, que ha ido evolucionando desde finales del siglo XIX. La tradición de la representación del Vía Crucis de Balmaseda se remonta al siglo XVI cuando se peregrinaba al cercano monte Kolitza para pedir a San Roque que les librara de la peste que sufrían en aquella época. Pero no será hasta mediados del siglo XIX cuando comiencen las procesiones tal y como las conocemos en la actualidad.

Este museo se encuentra en lo que fue el convento de Santa Clara fundado en el siglo XVII y construido con la donación realizada por el indiano D. Juan de la Piedra Verástegui nacido en esta villa. Llama la atención el retablo de la antigua iglesia del convento que se conserva en perfecto estado; así como el magnífico órgano datado en 1777.

Entre sus paredes se muestran los trajes de algunos de los personajes más significativos de la semana de pasión. Así como pasos, objetos o imágenes. La tecnología también está presente y no faltan pantallas donde poder ver y escuchar escenas del Vía Crucis en el que participan más de seiscientos vecinos.

Todo lo que sucede esos días de la Semana Santa, puedes verlo aquí, en el museo. Jorge, su responsable y quien realiza las visitas guiadas me ofreció toda serie de explicaciones y me mostró alguno de los objetos, como un casco de romano.

Os animo a que realicéis una excursión al pueblo y, por supuesto, al museo.

FOTOS: ANDONI RENTERIA

SALÓN CINEMATOGRÁFICO OLIMPIA

Después de cuarenta años de proyectar en su pantalla documentales, películas mudas, incluso los primeros films sonoros de la historia del cine, el Salón Olimpia finalizó su actividad y cerró sus puertas el 19 de enero de 1947. Aquel mítico cine se hallaba en la Gran Vía bilbaína, sustituyendo al café Olimpia donde, además, disponía de un almacén a modo de galería comercial.
Su historia comienza cuando el negocio hostelero no funcionaba bien y fue entonces cuando se creó una sociedad para reconvertirlo en cine. El 12 de septiembre de 1905 abrió sus puertas como Cine Olimpia presumiendo de todas las comodidades de la época. El día de la inauguración se proyectaron varios documentales. Pero, sin duda, fue el titulado “La Sociedad Atlética en el campo de Lamiaco” el que despertó más interés entre los asistentes. Un cuarteto de músicos fue contratado para amenizar la espera entre cada una de las funciones.
Los bilbaínos de entonces acogieron bien aquellas imágenes en movimiento que narraban historias o reportajes de diferentes lugares del mundo. Uno de aquellos asiduos era Félix Unamuno, hermano de nuestro bilbaíno más universal, Miguel de Unamuno, quien se acomodaba en una localidad reservada para él.

 

Juan Álvarez, gerente de la sala, gozaba de fama de buen empresario que utilizaba originales técnicas para atraer al público; como el hecho curioso de permitir acceder al local comiendo unas manzanas caramelizadas o cacahuetes que vendían en la entrada. Desgraciadamente, el progreso también afectó a aquel lugar de entretenimiento; la construcción de salas de cine más grandes y más modernas hizo que el Salón Olimpia dejará de ser un referente del cine en Bilbao y se vio mermada la asistencia de público. Por ello no hubo más remedio que clausurarla y, como colofón a aquellas cuatro décadas de existencia, el gerente decidió que los últimos días de vida del salón se mostrarían las películas más exitosas que se habían visto allí. Durante cuatro días los bilbaínos fueron pasando por el Olimpia para despedirse con mucha pena del que había sido lugar de encuentro, de besos furtivos, de risas, de lágrimas, de emociones…
Aquel edificio, construido por el arquitecto municipal Ricardo Bastida, fue derribado para dar paso a uno nuevo propiedad de la Caja de Ahorros Vizcaína donde instaló sus oficinas y, en cuyo patio interior, llegó a construirse el cine Gran Vía hoy en día desaparecido y reformado en la conocida Sala BBK.

(No confundir esta sala de cine con la que hubo en la calle Iparragirre desde 1951 hasta 1985)

La foto es de Internet.

JORGE Y JAVIER, CREADORES DE «YO FUI A EGB»

Jorge y Javier, Javier y Jorge, ellos fueron a EGB. No hay duda.
Jorge Díaz y Javier Ikaz, son amigos y residentes en Bizkaia, como diría la inolvidable Mayra Gómez Kemp en aquel programa ochentero “Un, dos, tres…responda otra vez”. Ellos son los creadores de un movimiento social, un fenómeno mediático llamado YO FUI A EGB.
Hace unos días me invitaron a su sede bilbaína para conocer mejor su trabajo y para pasar un buen rato recordando una época que nos marcó a todos los de una generación.
He de confesaros que me hace muchísima ilusión que me recibáis en vuestro templo “egebero”. Pero, vamos a comenzar por el principio. ¿Cómo empezó todo este fenómeno?
-Hace unos quince años nos conocimos a través de amigos en común. Acudíamos a conciertos, al cine, a cenar con nuestras parejas y, dado que veníamos del mundo de la publicidad y de la informática, siempre pensábamos que teníamos que crear algo diferente. Hasta que un día surgió la frase YO FUI A EGB y nos pareció un nombre magnífico que identifica a una época y a todos los que la vivimos. Pero, realmente, no sabíamos cómo darle forma; así que, lo primero que hicimos fue abrir una página en Facebook.

Días más tarde, la cifra de seguidores empezó a aumentar y nosotros veíamos con asombro cómo crecía sin parar. Un año después, el número de seguidores se duplicó sin encontrar una explicación, ya que nosotros no hacíamos nada diferente. Nos llegaban mensajes de amigos en los que nos comentaban que famosos como Carlos Latre, Pablo Motos o Iker Casillas retuiteaban y compartían nuestros posts. ¡Era increíble!
Eso debe de ser un subidón.
-Desde luego que lo era. Pero seguíamos sin ser conscientes de la repercusión y la fama que estaba cogiendo nuestra página. Veíamos con estupor cómo se hacía viral. Entonces nos dimos cuenta de que no habíamos registrado la marca, por lo que lo hicimos enseguida.
A vosotros no se os ve mucho, sois más de estar detrás.
-Nosotros no buscamos la fama. Entendemos que es la marca la que se lleva toda la popularidad y el cariño de la gente. Desde el principio, nosotros decidimos aparecer en los medios lo justo. Nos propusieron colaborar en un programa de televisión con una sección fija y, después de valorarlo, tomamos la decisión de no aceptar. Aunque eso no significa que tengamos problema en aparecer en los medios cuando nos invitan a una entrevista.
¿Sois conscientes de que os han copiado vuestra marca con nombres parecidos?
-Sí, por supuesto. Lo sabemos y, ante eso, no podemos ni queremos luchar. Nosotros tenemos claro quiénes somos y nuestros seguidores, también.

Mientras charlamos yo reconocía, con verdadera sorpresa e ilusión, diferentes objetos que todos los de la generación EGB hemos tocado, jugado, comido o leído…alguna vez. Por ejemplo, los chicles Cheiw que, todavía, mis papilas gustativas recuerdan su sabor tan característico. Entre risas y nostalgia, los tres aseguramos que es una pena que ya no existan muchas de las “chuches” que comíamos de niños.

Veo que, a lo largo de este tiempo, habéis recopilado muchos y diversos objetos.
-Sí, pero aquí no están todos. La mayoría se encuentran “de gira” en la exposición que se inauguró en Gijón, luego en Madrid y ahora deberían exponerse en Valladolid pero, por el tema de la pandemia, se han quedado allí hasta que vengan tiempos mejores y podamos continuar con la ruta por diferentes ciudades.
¿Cómo los conseguís?
-Pues mira, de varias maneras. Algunas veces hemos llegado a comprar caramelos o chicles que, con el tiempo y después de haber pagado un dinerito por ellos, se nos han estropeado. En otras ocasiones, es la gente la que nos envía mensajes y fotos contándonos que guardan verdaderos tesoros y, si nos parecen interesantes, viajamos a algún lugar de España para adquirir esos recuerdos. Pero nos es imposible recoger y guardar todo lo que nos ofrecen.

En un momento de la conversación Jorge y Javier me muestran vasos de la famosa crema de chocolate que lleva su marca en el envase. Muy orgullosos me cuentan que fue la propia empresa quien se puso en contacto con ellos para esta promoción con la que colaboraron encantados.

-Imagino que os pedirán a menudo que vuestro sello aparezca en diferentes artículos.
-Sí, muchas veces. Pero no queremos quemar la marca y, por eso, elegimos meticulosamente y con rigor dónde poner nuestro sello.
También en este tiempo habréis conocido a muchos personajes que jamás hubierais imaginado.
-Sí, somos muy afortunados. Hemos compartido mesa con algunos de los cantantes de nuestra época que todos conocemos; con escritores en ferias de libros; con actores de renombre. Una de las personas que nos hizo mucha ilusión conocer fue Mayra Gómez Kemp, la incombustible presentadora del “Un, dos, tres…”

En una de las baldas reposan sus libros, los que ellos han escrito y que contienen, además de imágenes de objetos, fotografías de variadas escenas “egeberas” en aulas de colegios, en fiestas o en otras situaciones.
Javier me explica que han escrito cuatro libros y que, el primero, fue un auténtico bombazo. Me asegura que siguen vendiéndolos muy bien y que muchos adultos los compran para que sus hijos lean y descubran cómo vivíamos treinta o cuarenta años atrás.

Y, por si esto fuera poco, también habéis sacado al mercado un juego de mesa.
-Sí, es una buena idea para divertirse y aprender en familia, sobre todo en estos momentos que pasamos más tiempo en casa.

Es entonces cuando Jorge coge una tarjeta y comienza a preguntarme sobre televisión y comidas. Se trata de un juego muy completo en el que hay preguntas y pruebas. Además, contiene también los famosos cromos que se volteaban con la mano.

Incluso, hace unos meses estabais de gira.
-Bueno, eso sí que fue un auténtico espectáculo que jamás olvidaremos. Desde 2018, más de diez ciudades españolas visitamos con un cartel excepcional. Desgraciadamente, con la pandemia está difícil programar giras. En Bilbao también hemos organizado muchas fiestas en diferentes discotecas y lo pasamos genial. Ojalá pronto podamos repetirlas.
Escuchando vuestro relato muchos pensarán que YO FUI A EGB, es un hobby para vosotros.
-Si hay algo que queremos destacar es que, tras diez años al frente de nuestra marca, podemos asegurar que nos ganamos la vida con esto; que es un trabajo a pesar de que no falta quien cree que lo que hacemos es jugar. Detrás de las publicaciones, la gira, los libros, los viajes…hay una labor que requiere un gran esfuerzo y muchas horas invertidas a diario. Nunca dejamos de trabajar. Para nosotros no existen los fines de semana porque siempre estamos alerta en busca de historias, anécdotas, fotos o contestando los cientos de mails o mensajes en las redes sociales.
Os entiendo perfectamente porque, desde hace unos años, estoy en este mundo y sé que las redes requieren mucho tiempo y mucha creatividad. Y, si me permitís, yo considero que realizáis, incluso, una obra social trayendo a la memoria de todos los que os seguimos, aquellos maravillosos años en los que fuimos tan dichosos.
-Hemos recibido mensajes, a lo largo de estos diez años, agradeciéndonos lo que hacemos. Personas que sus infancias no fueron muy felices, pero que recuerdan momentos entrañables con añoranza. Críticas no solemos recibir porque no entramos en temas que puedan suscitar enfados entre nuestros seguidores.

Mientras me siguen contando, me fijo en una máquina de juegos de aquella época y les comento que yo era muy aficionada al SPACE INVADERS. Dicho y hecho, Javier la enciende y busca el programa. En dos minutos regreso a mi adolescencia en la sala de juegos de mi barrio rodeada de amigos compitiendo por ver quién hace desaparecer más marcianos. Ya no tengo la agilidad de entonces y me matan enseguida, así que seguimos con nuestra charla. En esta ocasión, sobre nuestros libros preferidos de entonces: LOS CINCO Y LOS HOLLISTER que no pueden faltar en las baldas de los egeberos. Me sorprenden con un libro de texto que todavía tengo por casa.

Contadme alguna curiosidad que os suceda en las redes.
-Muchas de las fotos que publicamos nos las hacen llegar nuestros seguidores y, cada vez que colgamos imágenes de grupos de alumnos en sus clases, siempre hay quien nos dice que se reconoce entre los niños o las niñas. Incluso reconocen a sus compañeros, aunque no sea ni su clase, ni su colegio, ni su ciudad. Es muy curioso y divertido leer los comentarios. La única explicación que vemos es que la ropa, los peinados y el entorno de la foto, eran tan comunes para todos que nos lleva a confusión.
¿Cómo conseguís no repetir contenidos?
-El único secreto es el tiempo. Mucho, mucho tiempo delante del ordenador, rebuscando y rebuscando. Sin embargo, es inevitable que alguna vez en estos diez años hayamos repetido algún contenido.
Me comentabais que la gente os envía fotografías. Contadme alguna cosa simpática o curiosa que os hayan mandado.
-Si, a veces nos sorprenden con cosas como un señor que nos envió una foto de una caja de golosinas que un tío suyo tenía guardada y que la descubrieron cuando falleció. En otra ocasión fueron unos obreros que, al cavar una zanja, encontraron enterrados envases de Tigretones y Bollicaos. Nosotros a estos hallazgos los llamamos “Arqueología EGB”.

Me pasaría horas escuchando sus miles de anécdotas, pero deben seguir trabajando para continuar ofreciéndonos esos gratos recuerdos. Eso sí, antes de marchar, les pido una foto con Espinete y Mazinger Z, dos de los personajes de cartón que decoran las paredes de su oficina.

Ha sido un verdadero placer charlar con Jorge Díaz y Javier Ikaz, nuestros egeberos favoritos.

FOTOS: ANDONI RENTERIA