Acerca de Esme

Soy de Bilbao, vivo en Bilbao y nací enamorada de Bilbao.

SAN MAMÉS. MI PRIMERA VEZ.

Muchas eran las ganas que yo tenía de pisar la Catedral, de sentir los latidos de los corazones de los aficionados, de escuchar el rugido de los leones, de emocionarme cantando el himno, de gritar con cada gol, de empaparme de todo lo que me rodeaba, de observar las reacciones de los allí congregados, de soñar…
Todas esas sensaciones las provoca un estadio y un equipo, nuestro equipo.
Os contaré cómo me sentí el día que pisé por primera vez el nuevo campo de San Mamés.
Era un sábado 30 de agosto, jugábamos contra el Levante. El resultado fue 3-0, todo un festival de goles.
Al acercarme a las inmediaciones de San Mamés, una marea rojiblanca apareció ante mí.
Todos a una, todos con nuestro equipo, todos con alegría, ilusión y ganas de disfrutar de hora y media de fútbol.

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He de confesar, que para mí el fútbol era lo de menos, yo iba atraída por el sentimiento Athletic. a dejarme invadir por sensaciones nuevas, a enamorarme de un lugar sagrado para todos los aficionados: La Catedral.
Mi asiento estaba debajo del palco, muy buena situación, por lo que me decían los que ya conocían el estadio.
Antes de sentarme estuve varios minutos deleitándome con el entorno, con el colorido, con las risas, con el buen ánimo de los allí presentes.
De repente, el himno. Cincuenta mil almas entonándolo al unísono como si de una oración se tratara. La emoción era máxima.

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Los jugadores saltaron al terreno de juego, la gente les alentaba con sus voces o cánticos, yo absorbiendo todo.
Llegaron los goles, la gente en pie, felices, más que felices, pletóricos.
Cada vez que un jugador era sustituido por otro el mismo ritual: Todos levantados aplaudiendo, tanto al que se iba como al que entraba.
Final del partido pero no final de las emociones. De nuevo el himno, todos a una y, al salir, la marea rojiblanca por los aledaños del campo, comentando las mejores jugadas y henchidos de orgullo y satisfacción.
Yo salí del estadio con mi sentimiento Athletic renovado, fortalecido, mucho más orgullosa de pertenecer a una gran afición, a una maravillosa ciudad.
Siempre recordaré mi primera vez en la nueva Catedral.

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PASEO DEL ARENAL

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El Paseo del Arenal es un lugar emblemático en nuestra villa. Lugar de encuentros, de paseos, de música… pero lo que algunos de vosotros no sabíais es que hace más de cien años, este bucólico rincón de la villa tenía tres paseos. Entrando desde el Ayuntamiento, el camino de la izquierda era  conocido como el PASEO DE LOS CURAS, por supuesto era el clero quien deambulaba por él pero también lo utilizaban las personas mayores y los de más poder en la villa.

El paseo del centro, llamado PASEO DE LOS SEÑORITOS, era frecuentado por los estudiantes, hijos de familias «bien». Y, el paseo de la derecha, el más cercano a la ría era conocido como PASEO DE LA ALPARGATA, donde se reunían las personas con oficios manuales, como las modistas o artesanos. Se cuenta que este era el más concurrido de los tres, el más alegre y con mejor ambiente, sobre todo al atardecer.

Yo tengo muy claro por donde hubiera paseado: por el mismo sitio que lo hago ahora, es decir, al lado de la barandilla, observando la ría.

Espero que os haya resultado curiosa la historia.

DON DIEGO, EL VIAJERO.

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Corría el año 1887 cuando en el consistorio bilbaíno se planteó un debate para decidir quién debería recibir un homenaje en forma de estatua. Sería la primera en la ciudad y había que pensarlo bien.
Fue el teniente alcalde de entonces, Domingo Gorostiza, quien propuso a nuestro fundador Don Diego López de Haro.
Ahora tocaba decidir quién llevaría a cabo semejante obra.
Apostaron por Mariano Benlliure, valenciano de 26 años y, lo suficientemente famoso, para darle el porte que tan ilustre personaje merecía.
El lugar elegido para su ubicación fue el centro de la plaza Nueva, en frente de la Diputación Provincial, hoy sede de Euskaltzaindia.
El 31 de Agosto de 1890 el Noticiero Bilbaíno comunicaba la inauguración de la estatua.
Los balcones de la plaza se engalanaron para la ocasión, no cabía ni un alma, todo Bilbao quería recibir a su fundador.
Hubo vítores, aplausos y el discurso del alcalde.
Solo cinco años estuvo allí, ya que hubo de trasladarse para instalar el kiosko de la música.
Durante un tiempo «residió» en la plaza Circular pero, los puristas opinaban que el fundador debía situarse donde tuvo lugar el origen de la villa, por ello se le reubicó en la plaza de los Santos Juanes en Atxuri.
Aunque tampoco parecía que aquella ubicación sería para mucho tiempo.
Desde el 19 de Noviembre de 1937 Don Diego nos «vigila» a una altura de 10 metros sobre un pedestal en la plaza Circular. Parece que ahora si ha encontrado su destino definitivo.

(FOTO INTERNET)