LOURDES LEOZ, TODA UNA VIDA BAJO UN PARAGUAS

En apenas 40 metros cuadrados, Lourdes Leoz tiene su paraíso en su local de la calle Belosticalle número 25, en pleno Casco Viejo bilbaíno.P1050061
Paragüería Leoz es un referente en Bilbao y, se podría decir, que fuera de nuestras fronteras también. De hecho, hace unos años, una norteamericana afamada empresaria del sector que cuenta con un lujoso comercio en el centro de Nueva York, vino a conocer a esta bilbaína y a aprender sus técnicas de arreglo y reparación de paraguas.
De niña ya apuntaba maneras, después de salir del colegio, muchas tardes las dedicaba a ayudar a su padre en el negocio, haciendo recados o atendiendo a la clientela.
Los veranos disfrutaba entre paraguas; no había clases y podía dedicar más tiempo a aprender este oficio que le ha aportado tantas satisfacciones.
-Lourdes cuéntame cuándo empezó todo
-Fue mi abuelo quien se inició en este negocio en el año 1933, primero como dependiente de una paragüería en la calle Correo y, después, montando esta tienda junto con su hermano. Desgraciadamente falleció y hubo de ser mi padre con quince años de edad quien se hiciera cargo del establecimiento.

Mientras charlamos me muestra varios modelos de paraguas.

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-¿Cuántos años llevas tú detrás de este mostrador?
-Bufff, muchos, tantos como treinta y cinco.
-¡Cuántos recuerdos tendrás y cuántas anécdotas!
-Sí, muchísimas. De niña me fascinaba todo lo relacionado con el arreglo, las telas, las diferentes piezas, las varillas…
Si me pides un momento te hablaré de las inundaciones del 83. Fue terrible. Mis padres vivían en Arabella y, cuando ya se pudo bajar al Casco Viejo, nos encaminamos por las escaleras de Mallona. La imagen de la actual Plaza Unamuno no la olvidaré jamás. Era absolutamente caótica, con el barro, los objetos arrastrados, la gente con katiuskas colaborando en la limpieza…
Como pudimos llegamos a la tienda mi padre y yo; aparentemente, nada indicaba que hubiera sufrido daños. Abrimos la puerta, ya no quedaba ni una gota de agua. Curiosamente, todos los paraguas se mantenían en su sitio pero… mirando con más atención, enseguida vimos la suciedad. Suelo y paredes estaban embarrados.
Todos los comercios de la zona estaban igual, algunos incluso peor. La impresionante solidaridad nos hizo dejar la tristeza a un lado para colaborar unos con otros en la recuperación y transformación de nuestro Casco Viejo.
Los gremios no daban abasto para reparar instalaciones y reformar las tiendas, por ello, la nuestra tardó unos tres meses en ponerse de nuevo en marcha.
Durante varios días, un BMW delante de la puerta arrastrado por el agua, nos hacía difícil la entrada a la tienda. Aquello era un paisaje desolador, los semblantes de la gente eran de absoluta tristeza.
Esperemos que jamás vuelva a suceder un “aguaduchu” como aquel. –Pronuncio mi deseo en voz alta mientras le comento algo más alegre.
Has participado tres años seguidos en el concurso de escaparates de Arteshop.
-Si, en 2012 me presenté y quedé segunda, el año siguiente quedé primera. Imagínate, no cabía de gozo y, este año, no he ganado pero seguiré intentándolo.
Seguro que esos triunfos han sido una de las causas de que la prensa se interese tanto por ti y por tu trabajo.
-¡No te imaginas la cantidad de veces que me han entrevistado! No solo por el concurso, también suelen venir cuando no llueve en muchos días y se interesan por mi opinión y la marcha de mi negocio. Por otro lado, cuando la lluvia no cesa durante varias jornadas, también vienen a preguntarme si estoy contenta con el temporal. Es curioso. –Me cuenta divertida mientras me muestra una de las veces que ha salido en el periódico. Tiene el recorte de prensa enmarcado.

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Internet también ha ayudado en crearme una fama, hay mucha gente que, de diferentes puntos de España, me envía paraguas estropeados para su arreglo.
-¿Hay modas en los paraguas? –le pregunto cambiando de tema
-Sí, claro que las hay, cada vez los paraguas son más grandes. El mango también se hace más cómodo, el diseño de las telas y el tejido suele cambiar. Ahora es todo nylon, antes había de seda, lana y algodón.
Te voy a enseñar algo –me anuncia mientras se dirige a la trastienda.
Al momento sale con varios paraguas.
-Este es italiano de una firma muy importante y tendrá unos cincuenta años pero, sin duda, el que te voy a enseñar ahora es una auténtica reliquia y muy significativo para mí –me sigue contando a la vez que abre uno negro con empuñadura de plata.
Cuando mi abuelo trabajaba en la paragüería de la calle Correo, vendió este modelo a una joven. Mucho tiempo después, una anciana, entró un día en la tienda y me explicó que iba a ingresar en una residencia pero quería entregarme el paraguas como recuerdo de mi abuelo. Era la nieta de la joven que adquirió el paraguas y lo había conservado todos estos años
Debió ser un momento muy emotivo para ti, es una historia preciosa –apostillo mientras imagino cuántos litros de lluvia bilbaína empaparon aquella tela a lo largo de tantos años.

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Otra clienta le regaló un modelo de color verde en cuya tela se ven las manchas del tiempo y cuyo puño llama la atención por ser una talla en nácar de un caballo.

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-¡Entra en mi “cocina”! –me invita Lourdes, mientras me explica que así suele llamar a su trastienda y lugar de reparación. Hace unos meses han realizado alguna obra en el local pero siempre respetando la estructura, las vigas y la piedra.
¡Cuántas herramientas! –comento yo sorprendida ante tal cantidad de utensilios que muchos no he visto en mi vida.

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-Siéntate en mi silla –me dice mientras pone en mis manos herramientas fabricadas por su padre con madera y algo parecido a un cuchillo. ¿Quieres ayudarme a arreglar uno que tengo por aquí?
¡Claro que sí!! Pero yo no sabré hacerlo –confieso sentándome en el taburete.
Entre risas Lourdes me explica cómo reparar un paraguas y me indica dónde y cómo utilizar el alicate.

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Me enumera los nombres de algunas piezas de las que se compone el paraguas, como por ejemplo: colante, corona o placa.

Había una pequeña sierra con la que separa el mango del resto para su posterior reparación.

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También aprendí a llamar montura al paraguas sin la tela aunque yo le hubiera llamado patas de araña o robot alienígena que me parece más divertido.

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En esta foto, mi cara de asombro obedece al escuchar el relato de la vez que se le metió una varilla por la nariz, con la consecuente rotura de una vena que le hizo sangrar tanto como para echar a correr al ambulatorio más cercano.

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Varias cajas repletas de mangos de paraguas despiertan mi curiosidad, me hicieron recordar una caja llena de «tesoros» que tenía en mi habitación cuando era niña.

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Al salir de la trastienda me enseña un mueble donde descansan unos bastones muy elegantes que no me resistí a probar.

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-Mira, este es plegable, se vende muy bien –me asegura mientras yo le comento que los palos de mi tienda de campaña también tienen ese sistema de articulación con una goma que une los tubos internamente.

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¿Cuál es en tu opinión, el éxito de una pequeña tienda como la tuya?
-Sin duda alguna, la atención personalizada y el trato –me responde con seguridad. Los clientes saben que, cuando salgan por la puerta, lo harán con un paraguas adecuado a sus necesidades, sus gustos y su economía. Yo les pregunto cómo lo quieren, cuánto se quieren gastar, les explico las diferencias entre uno y otro modelo y, además tienen la garantía, que en caso de necesidad se lo arreglaré sin problema.
Después de casi una hora de charla, varias fotos y un cariñoso abrazo de despedida, abandono el local, con la sensación de haberme trasladado a aquellos años en los que el abuelo Leoz empezó en el mundo del paraguas; un objeto tan necesario y tan arraigado en nuestra ciudad.

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Gracias Lourdes por tu tiempo, tus explicaciones, tu buen trato pero, sobre todo, por tu buen humor.

Fotografías de ANDONI RENTERIA LARRARTE

MARTÍN, UN PELUQUERO TXIRENE.

Inauguro esta sección con un bilbaino de pro, una persona divertida y txirene pero, sobre todo, un profesional.

Déjale unas tijeras y un peine y te hará un cambio de look que ni la vecina te conocerá.Él es Martin, Martintxu para los que más le quieren. Conocí a este dicharachero personaje a través de un amigo común. Me dijo: «Esme, te voy a presentar a alguien con quien vas a congeniar y te contará mil historias de Bilbao»

Efectivamente, así fue. Una tarde de octubre entré en su peluquería situada en la calle Iparraguirre 54, en pleno centro del Botxo. Él estaba atendiendo a un cliente pero, cuando me vio, me sonrió y enseguida se acercó a saludarme cariñosamente. Me invitó a curiosear los diferentes recuerdos repartidos por las paredes de su local. El tema principal es el Athletic, el equipo de sus amores.

Enmarcados se pueden ver desde sellos, hasta caricaturas de los jugadores cuando ganaron la liga del 82-83 y liga y copa 83-84, carnets de socios, postales, un trozo de titanio del usado en la construcción de nuestro flamante museo plateado  y hasta una fotografía auténtica de Pichichi.

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Pero la joya de la tienda es, sin duda, la placa de la calle RAFAEL MORENO «PICHICHI».

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-«Auténtica» – me asegura  él, ufano.

Fascinada por tal cantidad de objetos  los minutos pasaban mientras con su característico sentido del humor iba relatándome sus vivencias y su historia.

-Martin ¿Cuántos años llevas de profesión?

– En este negocio va para 31, pero anteriormente tuve un local en Autonomía donde pasé 19 años de mi vida.

-Se nota que disfrutas de tu trabajo.

-Sí, es cierto, me encanta mi profesión, tengo la suerte de que siempre me ha fascinado

-Me he fijado en tu pelo al entrar, llevas un corte maravilloso y muy actual.

– Esto es cosa de Lola, mi mujer. – Me aseguró orgulloso señalando a su esposa.

Allí estaba ella, su Lola, una bilbaina marchosa, divertida, habladora y muy  simpática. Son la pareja perfecta, compenetrados, txirenes, alegres, con mucho sentido del humor.

Sigo con mis preguntas.

-¿Es presumido el bilbaino?

-Mucho.  Al bilbaino, en general, le gusta ir bien peinado y acicalado. Todavía tengo clientes que vienen a afeitarse a mi peluquería.

-Creí que ya no se practicaba el afeitado con navaja.

-Pues sí, pero en Euskadi existe una reglamentación que solo se permite con cuchillas desechables.

Mientras me cuenta esto, se acerca a una estantería a coger unas cuantas navajas que  posee y como si se tratase de un tesoro pirata me enseña sus navajas, sus primeros utensilios.

-Me resulta curioso que haya hombres que prefieran venir a tu negocio a afeitarse pudiendo hacerlo en casa, -Comenté yo.

-¡No es lo mismo! -me asegura con rotundidad. Aquí se les hace un afeitado a conciencia; con vapor en la cara, doble rasurado, masaje y crema, que nos lleva un buen rato.

-¿Qué es esa caja con diferentes tubos de cristal? -Pregunté señalando a una de sus estanterías.

-Esa caja tiene mucha historia, -Me confiesa Martin. Se trata de un kit de lámparas para quitar verrugas y para broncearse. Hace varios años  entró una mujer de origen vasco pero afincada en Francia, me contó que solía venir a Bilbao cada cierto tiempo y siempre que pasaba por mi escaparate se quedaba mirando. Resultó que una vivienda que poseía en la villa, la vendió y se estaba deshaciendo de los objetos y muebles. En la casa encontró esta caja y pensó que el mejor lugar para depositarla sería mi peluquería. Yo se lo agradecí mucho y, de vez en cuando, la pongo en el escaparate para disfrute de paseantes y clientes.

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-Hablando de escaparates, me consta que sueles cambiar mucho la decoración

-Sí, un decorador al que me une buena amistad de muchos años, me transforma el escaparate cada cierto tiempo. A veces no estoy de acuerdo como lo hace y tengo que ser yo el que elucubre ideas, jaja

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Oye Martín,  eso que se suele decir  de: «Vales más por lo que callas que por lo que hablas», ¿en tu caso es así?

-Bueno, aquí, de lo que más se habla es del Athletic, pero, sí, alguna cosilla sí me guardo. – Me confiesa con cara de pícaro.

Una de las anécdotas que me hizo mucha gracia entre tantas que me relató fue la de los chiquillos del colegio situado cerca de su peluquería que, cuando pasan por delante, le dicen: Aupa Athletic!!

Martin lo cuenta emocionado, él también tiene dos txikis que le hacen feliz: sus dos nietos. Me enseña fotos de ellos en su móvil y veo la cara de orgullo y satisfacción. Además de una buena persona es un auténtico aitite.

Era hora de cerrar la peluquería y, estábamos tan a gusto, que nos fuimos a tomar un vino por  la zona. Comprobé que todo el mundo le conoce, le saluda y, para todos tiene una palabra amable y muchas sonrisas. Volví a mi casa con la sensación de que hay mucha gente buena que merece la pena, gente que te alegra el día con solo un buenos días, gente con la que compartir una buena charla.

Gracias Martín y Lola por ser tan estupendos y formar parte del Universo Bilbaino.

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