URKIOLA, PARAÍSO NATURAL

Hoy he decidido llevaros de excursión a uno de los lugares más emblemáticos que adornan nuestra provincia: El Parque Natural de Urkiola, declarado así desde el año 1989.
La superficie de este parque es de 5700 Ha, el cual está formado por la Sierra de Aramotz-Eskubaratz, los Montes del Duranguesado y la Sierra de Aragio.
El Amboto es su monte más alto con 1337 metros; además, es conocido por ser morada de Mari, la “Dama del Amboto”, la diosa suprema de la mitología vasca.
Por la autopista A8 desde Bilbao, llego en un “pis-pas” al peaje de Durango y, de allí, por la carretera nacional BI 623 dirección Mañaria, comienzo el ascenso.
Mientras, por la ventanilla, el paisaje se hace cada vez más bucólico y pastoral: los caseríos, las vacas, los montes…es como si no existieran las prisas, las ciudades, el estrés… Aquí todo es paz.
No pierdo la oportunidad de fotografiar el Eskuagatz, también conocido como la Cara de Mari, a través del parabrisas del coche.

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Después de varias curvas, llego a la cumbre donde se encuentran varios establecimientos hosteleros y el centro de interpretación del parque. Giro a la izquierda y me dirijo hacia el aparcamiento que, a esas horas, no estaba muy concurrido.
A pocos metros, el famoso santuario de Urkiola, cuyos santos titulares son San Antonio Abad y San Antonio de Padua.

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No se sabe a ciencia cierta de cuándo data la primera ermita en este lugar. Se cree que pudo ser entre el siglo VIII y el XI. Hubo, además, un hospital que, según investigaciones, pudo dar cobijo a los peregrinos del Camino de Santiago.
En 1625 comienzan las obras para erigir un nuevo santuario que sufrió diferentes destrozos debido a los temporales, saqueos y guerras acaecidos en aquella época.
La edificación actual, tal y como la conocemos hoy en día, es una obra inacabada de estilo neomedieval que comenzó a construirse en el año 1899 pero, no fue hasta 1933, que se consagró como templo religioso.

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Una gran escalinata da acceso a la iglesia y, desde ella, podemos observar los muros de lo que hubieran sido las torres y el pórtico.
Los pasillos por los que se accede al interior son las inconclusas naves laterales.

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Lo que hubiera sido la nave central es un jardín donde se halla un pequeño campanario de estilo neoclásico y una pequeña escultura dedicada a la vida en Bizkaia que está compuesta por una laya (herramienta usada en la agricultura), una turbia de piedra (que nos recuerda a la industria) y un ancla (en honor a la vida en el mar).

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Pero, si hay algo característico en este lugar de oración es, sin duda, una gran piedra situada en el exterior del que se afirma que es un meteorito y que, según cuenta la tradición, a todo aquel que de siete vueltas a su alrededor, San Antonio de Padua le ayudará a encontrar pareja.

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Ahí me veis con la piedra pero, no, yo no di las vueltas.
El entorno del santuario es realmente precioso, con varios caminos para hacer senderismo; sus magníficos bosques con hayas, robles, tilos…son un verdadero espectáculo.

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Mientras me dirijo al mirador de las Tres Cruces todo llama mi atención: ramas con formas imposibles, troncos huecos que me recuerdan a las casitas de duendes, piedras de aspecto curioso, setas al borde del camino o un hongo seco gigante incrustado en un haya.

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Desde el mirador se divisa gran parte del parque natural y, por supuesto, la sierra de Amboto.

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En la foto me podéis ver observando un panel informativo con los nombres y dibujos de los montes del entorno.

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Me encanta este lugar, te sientes en la cima del mundo.
Al volver hacia el aparcamiento mi curiosidad se centra en una construcción que sirvió como nevera desde el siglo XVII. Se trata de una cavidad cilíndrica con paredes de piedra que ha sido rehabilitada aunque, lógicamente, ya no se utiliza.

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Muy cerca de allí han construido un refugio con servicios y cocina donde poder descansar o preparar algo para comer. Fuera, una piedra de molino decora una fuente con un agua fresca y deliciosa.

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Me monto en el coche para dirigirme al Centro de Interpretación Toki Alai que se encuentra a unos cientos de metros de allí.

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Desde este centro se llevan a cabo diferentes actividades de información, educación y divulgación dirigidas a todos los públicos.
En el jardín de la casa, lo primero que me encuentro es una recreación de una carbonera y un panel donde se explica cómo se conseguía el carbón vegetal.

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La entrada es gratuita y, la persona que me atiende, me facilita información sobre las distintas rutas que se pueden realizar en el parque.
Una visita por el interior es como asistir a un curso intensivo de Ciencias Naturales donde puedes escuchar sonidos de los bosques, puedes tocar un buitre, puedes observar a un oso sin peligro de ser atacado o puedes conocer el parque entero sin moverte de allí examinando detenidamente la maqueta gigante.

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Con los audiovisuales y paneles explicativos repartidos por las aulas, te haces buena idea de cómo es la flora y fauna de tan idílico lugar.

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Os lo aconsejo, seguro que descubriréis muchas cosas que no conocíais.
Dispuesta a volver a Bilbao, alguien me aconsejó antes de partir, una visita a una granja con ovejas y, claro, allá que fui.

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¡Qué simpáticas son! Me recibieron balando y las más pequeñas brincando.
Después de tales muestras de “cariño” regresé a la realidad, al asfalto, al ruido, al estrés… pero con una sensación de paz y con la promesa de volver.

Gracias Andoni Renteria por tu paciencia detrás de la cámara.

UN PASEO EN ROLLS ROYCE

El pasado 24 de enero fui invitada, junto con noventa blogueros más, a visitar uno de los parajes más bellos de Bizkaia
En la comarca de Las Encartaciones, concretamente en el pueblo de Galdames, existe un paraíso que incluye una casa torre, unos jardines maravillosos con olivos, unas vistas a los montes y valles que lo rodean y una fantástica colección de coches antiguos. Un paraíso en el que tuve el placer y el honor de disfrutar cuatro horas.
La manera de acceder a este maravilloso enclave es en coche, a través de pistas forestales, ya que no hay parada de transporte público.

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Desde Bilbao debéis tomar dirección a Balmaseda, saliros en Güeñes y, de allí a Galdames, enseguida veréis las señales indicando el camino a seguir hacia la Torre.

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El acto estuvo organizado por Mikel Agirregabiria, presidente de Getxoblog, y Venan Llona.
Nos indicaron que la visita comenzaría a las diez de la mañana y cuando faltaban diez minutos llegué con mi querido amigo y fotógrafo, Andoni Rentería.
El coche lo estacionamos fuera del recinto, en un lugar habilitado para ello.
La temperatura era de cero grados. El paisaje, con la helada de la noche, nos mostraba un manto blanco en los jardines que, mezclado con la niebla y algún rayo de sol, formaba un espectáculo que nuestros ojos agradecieron y nuestras cámaras inmortalizaron.

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Este paraíso encartado es el lugar por el que el empresario Miguel de la Vía apostó para realizar su sueño.
Él fue el artífice de esta colección de Rolls Royce considerada única en Europa, ya que cuenta con todos los modelos de esta firma inglesa fabricados entre 1910 y 1998.
Su buen hacer, su creatividad y su carismática personalidad quedan patentes entre estas paredes.
Todos los que lo conocieron coinciden en que era un artista, buena persona, inteligente y con mucho sentido del humor pero, sobre todo, tenía muy claras las ideas de cómo regentar su museo.
Él mismo diseñó la restauración de la torre medieval y la convirtió en lo que vemos ahora.
No han escatimado en detalles; la elegancia, el lujo y el buen gusto son marcas de la casa.

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A las diez en punto aparecieron dos trabajadores del Museo Torre Loizaga, nos saludaron muy amables y nos abrieron la puerta del primer pabellón donde pudimos observar y fotografiar lujosos automóviles de principios del siglo XX.

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Allí se encontraba una preciosa carroza blanca utilizada para las bodas.

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Seguimos el recorrido por otros pabellones.
Diferentes carteles explicativos nos indicaban los nombres de los coches.
De repente, apareció el mismo modelo que el usado por el asesinado presidente Kennedy en su último viaje con vida.

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Además de los setenta y cinco modelos de Rolls Royce, pudimos ver otras marcas como este Ferrari Testarrosa del que se encaprichó Andoni.

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Continuamos la visita admirando y asombrándonos con cada modelo.

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En el exterior nos esperaban tres modelos cada cual más espectacular: Un Hispano Suiza, el nuevo BMW híbrido y el impresionante deportivo Lamborghini en el que no me resistí a entrar.

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Después de varias fotos accedimos a la fortaleza y, allí, un historiador de la zona nos reunió para contarnos cómo había sido la transformación de la torre guiándonos por el interior para mostrarnos las diferentes estancias, cada una con sus peculiaridades.

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En el piso más bajo, donde siglos atrás hubo un establo, ahora una gran chimenea preside la habitación.

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En el siguiente piso, los dueños de la torre hacían la vida; la cocina y la sala de estar con una pequeña ventana que no permitía entrar el frío en invierno.
Pero la sorpresa estaba por llegar; en el tercer piso un gran dormitorio elegantemente decorado nos hizo a todos imaginar cómo sería habitar en un lugar tan especial.

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Faltaba de visitar la azotea de la torre, a la que accedimos por una estrecha escalera.
A pesar del frío pudimos disfrutar de unas vistas inmejorables rodeados de montes, caseríos y varios burros que pastaban tranquilamente sin reparar en nosotros.

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Volvimos a bajar los tres pisos para acceder al jardín con piscina y, de allí, nos dirigimos a otro salón donde María de la Vía, sobrina del fundador nos mostró diferentes cuadros que había pintado su tío.

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Faltaba el broche final.
María, una mujer encantadora y con gran sentido del humor, nos indicó que nos habían preparado un aperitivo en otro de los salones.
Para llegar había que pasar por más salas y por un txoko preparado para cualquier celebración.

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Una gran mesa con productos de la zona nos estaba aguardando.
María nos comentó que tanto el queso, como los embutidos o el pan procedían de los pueblos aledaños.

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Nos sirvieron varias bebidas pero, sin duda, el éxito llegó con el txakoli Torre Loizaga cosecha de 2014, fruto de los viñedos de este valle.
El trato por parte de los organizadores y anfitriones fue excelente. Entre los blogueros mucha camaradería y muchas risas.
Hubo varias personas que se acercaron a saludarme con las que estuve intercambiando ideas sobre nuestros blogs.

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Realmente fue una suerte que me invitaran a este evento.
Aquí podéis ver unas fotos de todo el grupo rodeados de historia y lujo.

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Doy las gracias a Mikel Aguirregabiria, a María de la Vía, al personal de mantenimiento de la Torre, a todos los blogueros y a mi acompañante y fotógrafo Andoni Renteria.
Desde aquí, os recomiendo una visita al lugar; saldréis encantados, os transportaréis a otra época y, aunque no sintáis especial predilección por los automóviles, os llevaréis a casa una experiencia inolvidable.

Os dejo el enlace para mayor información de precios y horarios.

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MUSEO DE LAS ENCARTACIONES

Todos sabéis que me apasionan los museos, sus salas, sus exposiciones, su ir y venir de gente…
Hoy os hablaré de uno que no es muy habitual en los circuitos turísticos pero que merece mucho la visita.
El pasado 3 de diciembre, acompañada por Andoni y su cámara fotográfica, me dirigí al Museo de las Encartaciones situado en el barrio de Abellaneda en el municipio de Sopuerta.

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Amaneció un día frío, con sirimiri y bastante niebla, pero nada de eso podía empañar la belleza del lugar.
El paisaje merece la pena por sí solo, con la torre el conjunto es asombroso.
Estacionamos el coche en el aparcamiento y, al cruzar la puerta, notamos un agradable calorcito.
En el hall del museo, una gran maqueta de la comarca nos recibe.

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Nos acercamos al mostrador donde una chica nos comentó que la entrada es gratuita todos los días, pero que si no nos importaba nos haría unas preguntas para saber de dónde éramos y si habíamos oído hablar de este museo. Preguntas a las que, por supuesto, accedimos a contestar.
El Museo de las Encartaciones fue en origen la Casa de Juntas Avellaneda, sede del gobierno político encartado durante varios siglos.
En esta Casa de Juntas se daban cita los representantes de los valles y concejos de la comarca para tratar los diferentes asuntos de aquella época. Construida en el siglo XIV ha sufrido muchas reformas. Hubo un museo anterior al actual creado en 1968 pero, no sería hasta 1994 que se fundaría el Museo de las Encartaciones.
Este edificio está considerado el más emblemático de las Encartaciones y ofrece al visitante la posibilidad de adentrarse en la historia, disfrutar y aprender de la vida pasada de la zona.
Un museo que impulsa el estudio, difusión y recuperación del patrimonio histórico, artístico y etnográfico de esta comarca.
Se compone de diez salas en las que se explica la historia de esta comarca desde la prehistoria hasta el siglo XIX con diferentes soportes como maquetas, objetos cotidianos, herramientas de trabajos, audiovisuales, cuadros o esculturas, además de los paneles informativos correspondientes.

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En este museo se realizan, también, actividades como conferencias, cuentacuentos, visitas de centros educativos, talleres y cualquier cosa que ayude a difundir la memoria histórica de las Encartaciones.
La primera sala está dedicada a la prehistoria, con objetos que utilizaban como herramientas para su vida diaria. Avanzando en la historia vemos estelas funerarias.

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Llegamos a otra sala donde un grupo de estudiantes estaban realizando un taller que consistía en montar como si fuese un puzzle, el arco de la portada de la iglesia de San Miguel de Linares en Arcentales.
En la foto me veis a mí con una reproducción expuesta allí.

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Por una escalera de caracol vas accediendo a los siguientes pisos y a sus correspondientes salas.

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En una de ellas se muestran armaduras, blasones, armas y maquetas de diversas casas-torre.

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Pasamos a otra sala y vemos un cuadro realizado en cristal donde se observa una escena de una de las juntas de Abellaneda.

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Maniquíes con ropas de época nos dan una idea del lujo con el que vestían aquellos nobles.

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Un piso más arriba, varios objetos y máquinas utilizadas para la labranza nos dan la bienvenida.
Esta es una zona donde se cultiva la uva para realizar un exquisito txakolí y no faltan las prensas antiguas.

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En otra sala disfrutamos con maquetas de barcos donde observamos pequeños detalles como el velamen, los cañones, los timones…

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En esta imagen me podéis ver con una reproducción en piedra de Francisco de Garay, el primer gran explorador vasco en América. Con 18 años se embarcó en el segundo viaje que Colón realizó al nuevo continente.

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Una vez que visitamos todas las salas, nos bajamos a la zona de actividades donde el grupo de chavales que habíamos visto minutos antes, se encontraba en plena realización de un taller de escritura antigua. Otro de los locales habilitado para estos fines disponía de unos paneles pintados imitando a las paredes de una cueva.

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De nuevo en el exterior del edificio, paseamos por el jardín y subimos las escaleras hacia la parte superior de la torre donde se puede contemplar un bucólico paisaje con niebla incluida.

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Frente a la torre fotografiamos un gran viñedo de uva para txakoli.

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Antes de montar en el coche, algo que no solemos oír en Bilbao llamó mi atención, me acerqué y, en una campa, unas simpáticas ovejas parecían contentas de vernos.

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Yo intenté que se arrimaran a la verja, aunque fue en vano, claro, pero fue un momento muy divertido que unido al vivido dentro del museo hizo que la mañana de frio y sirimiri se convirtiera en soleada y cálida.
Gracias Andoni por tus fotos y tu compañía.