Son muchas las leyendas alrededor de este palacio inacabado situado en una colina del barrio de Amezaga en el municipio de Güeñes. Su nombre oficial es Palacio de Hurtado de Amézaga, aunque se le conoce como Palacio de las Brujas. Una de esas historias nos transporta al siglo XVII cuando el señor Baltasar Hurtado de Amézaga, soldado valeroso e intrépido, fue nombrado Marqués de Riscal por el rey Felipe V en reconocimiento a sus servicios. El recién estrenado noble, en agradecimiento, tuvo la idea de invitar al monarca a alojarse unos días en su vivienda; ofrecimiento que el soberano rechazó argumentando que, en toda la zona, no existía una morada adecuada y digna para cobijar a un rey.
El señor Hurtado de Amézaga se sintió tan humillado que decidió reformar su casa solariega y comenzar la construcción de un palacio apropiado para hospedar a tan distinguido invitado y a todos cuantos vinieran. El encargado de tan relevante proyecto fue el reconocido arquitecto guipuzcoano Martín de Zaldua, muy influyente en la arquitectura vasca de aquella época. Desafortunadamente, el marqués no llegó a verlo terminado porque falleció en Flandes un tiempo después y las obras se detuvieron para siempre; ya que había dejado escrito en su testamento que, si a él le sucedía una desgracia, el palacio jamás pudiera terminarse ni venderse.

Otra de las historias que se cuentan está envuelta en un halo de misterio. Se dice que uno de los hijos de la familia Hurtado de Amezaga falleció y sus ropas se las regalaron al niño de una familia vecina que tenía su misma edad. Al poco tiempo, aquel pequeño murió, también. La desdichada madre enloqueció y sus gritos atormentados se escuchaban por las inmediaciones del palacio. Incluso, los lamentos continuaron cuando la desconsolada mujer murió.
En cuanto al edificio inconcluso está diseñado en un estilo barroco. Para su construcción se emplearon piedras calizas de sillería y su estructura recuerda mucho a la arquitectura militar. Es de planta rectangular y carece tanto de tejado como de cristales en sus ventanas. En la actualidad se utiliza como nave para almacenar productos agrícolas.
FOTO: ANDONI RENTERIA

