BENDICIONES EN URKIOLA

Como cada diecisiete de enero, se celebra en muchos lugares la festividad de San Antonio Abad, patrón de los animales. Este santo nació en una aldea de Egipto a mediados del siglo III después de Cristo.

Hoy he visitado el santuario de Urkiola que, cada año, recibe a numerosas personas acompañadas de sus mascotas y animales de granja para que sean bendecidas. Hace décadas era frecuente ver cómo los baserritarras llevaban a sus animales de labranza a bendecir, incluso el pan que se les daba de comer también era bendecido; así como el agua, el aceite o los cencerros que suelen portar el ganado. En la actualidad, son muchos los que trasladan hasta aquí a sus animales domésticos que son parte de la familia y que, con tanto amor, protegen y quieren. Esta fecha no es solo una celebración religiosa, sino que se ha convertido en una fiesta tradicional vasca donde poder adquirir algunos productos de la gastronomía local, como quesos, pan o dulces.

Andoni Renteria y yo hemos llegado a las once y veinte y ya se veía gente con sus mascotas. También, en unas jaulas hemos visto un conejo, una cabra, gallinas, y gatos. Pero, sin duda, el que ha atraido todas las miradas ha sido Perico, un burro muy tranquilo que llevaba en su lomo a un perrito con la ikurriña. El dueño nos ha contado que viene este día a Urkiola desde hace seis años.

Tras la misa de las doce del mediodía, los párrocos han salido a bendecir a todos los animales que esperaban fuera del templo, a pesar del frío.

Y, como siempre, no ha faltado la música de la trikitixa y el pandero que nos ha animado a todos a cantar «Ikusi, mendizaleak» y «Txoria Txori».

 

FOTOS: ANDONI RENTERIA

VIDEO, YO MISMA

 

 

 

 

PAPELERA DEL CADAGUA

 En el año 1878, Enrique de la Quadra-Salcedo, propietario de un molino harinero, decidió darle otro uso y dedicarlo a la fabricación manual de papel para liar cigarrillos. Fundó una empresa a la que bautizó con el nombre de La Carolina, en consideración a su madre Carolina Zabálburu e Ybarra. Más tarde, en 1892, fue renombrada como Papelera del Cadagua para, finalmente en 1901, pasar a denominarse Papelera Española con un capital de veinte millones de pesetas y catorce mil empleados. Esta nueva sociedad nació fruto de la agrupación de otras papeleras como la del Cadagua, la Vizcaína, la Guipuzcoana, la Navarra y Laurak-Bat, entre otras. Enrique de Aresti, importante hombre de negocios y político, junto con Rafael Picavea, político y periodista propietario del diario EL PUEBLO VASCO, consiguieron la unión de estas empresas exponiendo las ventajas económicas que conllevaría la fusión. Además, nombraron director general a Nicolás de Urgoiti, empresario vinculado al mundo editorial y periodístico.

Situada en Aranguren, perteneciente al municipio de Zalla, la papelera mejoró notablemente la vida de los vecinos; ya que supuso una gran transformación de la zona con la construcción de viviendas como residencia para los trabajadores procedentes de diversos lugares de España. La empresa tenía muy en cuenta la dimensión social y, por ello, crearon escuelas para los hijos e hijas de los obreros; además de una casa de socorro y un economato. También se habilitaron varios huertos y jardines.

Desde sus inicios, la Papelera Española fue renovando su actividad y no solo se dedicó al papel para tabaco; sino, también, a producir cartón, cartulinas, papel para escribir y sacos que exportaban a diferentes países. Como en cualquier fábrica, con el paso del tiempo se fueron remodelando las instalaciones y dotándola de nuevas tecnologías para ofrecer mejor género. A pesar de ello, en 1994 las pérdidas económicas ascendían a más de seis mil millones de pesetas. Cuatro años después la empresa entró en quiebra.

Algunos de los edificios que vemos en la actualidad son originales de finales del XIX; otros, sin embargo, datan de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo.

 

FOTO: ANDONI RENTERIA

NUEVOS ILUSTRES

El título de Ilustre de Bilbao para un bilbaino o una bilbaina es, sin duda, motivo de orgullo. Se trata del reconocimiento más valioso que otorga la villa de Bilbao a ciudadanos, empresas o instituciones que han desarrollado su actividad con profesionalidad y, sobre todo, que han contribuido a propagar el nombre de Bilbao y las bondades de la villa.

Ayer, diecisiete de diciembre en el Salón Árabe del Ayuntamiento de Bilbao, el Alcalde, Juan Mari Aburto tras un aurresku de honor, entregó las distinciones a la directiva del sector de Automoción, Inés Anitua Iriarte; al directivo de Banca, José Ignacio Goirigolzarri Tellaeche y al entrenador del Athletic Club de Bilbao, Ernesto Valverde Tejedor. Asimismo, Aburto asignó como nuevo Embajador de la Villa al equipo del Bilbao Basket.

Fueron muchos los invitados a esta ceremonia y, muchos de ellos, ilustres de otras ediciones.

Son ya 123 ilustres y cuatro embajadores desde que se instauró esta concesión en el año 2001.

En palabras del Alcalde se trata de: «un auténtico tesoro y un ejemplo de los valores que deseamos sembrar en la ciudad. Queremos que se nos conozca y reconozca como un Bilbao auténtico, forjado con valores de verdad y todos ellos y ellas son el mejor ejemplo».

Uno a uno fue entregando el diploma que así los acredita y la B de Bilbao de color plata con la que posaron antes de pronunciar unas palabras de agradecimiento.

Al terminar, dos violinistas pusieron el broche final a la ceremonia.

Y, como en todos los actos, siempre hay tiempo para saludarse, conversar y fotografiarse.

FOTOS: ANDONI RENTERIA