LAS MUJERES EN EL ATHLETIC CLUB

“Las mujeres en el Athletic Club: de la sombra a la luz”, es el título de la actual exposición temporal ubicada en el Museo del Athletic Club en San Mamés que se inauguró el pasado octubre y se podrá visitar hasta el once de mayo de 2025.

Hoy, veintinueve de enero, he tenido el placer de recorrer esta sala polivalente acompañada de Asier Arrate, director del museo, quien me ha ido ofreciendo numerosos y sorprendentes detalles de la muestra que presenta la evolución de las mujeres en el club rojiblanco, no solo desde el ámbito deportivo, sino también desde el social.

Ahora puede sorprendernos, pero hubo una época en la que las mujeres no podían ser abonadas del club, ni mucho menos socias. Un siglo se ha cumplido desde que aquello cambió y, aunque es difícil encontrar muchas referencias informativas, se conservarn algunos documentos que nos dan una idea de lo que tuvieron que luchar para salir a la luz desde la sombra, donde estaban obligadas a permanecer.

En varias vitrinas se pueden ver carnets antiguos, muchas fotografías, carteles, entradas, balones, guantes, trofeos, posters, incluso un silbato morado de una jornada que reivindicaba la igualdad de género.

Marieli Oviedo, fotógrafa del club desde los años ochenta, es toda una entidad y, por ello, también se le rinde tributo con varias imágenes suyas y su biografía.

Además de objetos y documentos, la Fundación Labayru ha realizado un documental audiovisual con el título “Hamaika andra zurigorri- Once/Muchas mujeres rojiblancas”, con testimonios de gran valor emocional, histórico, social y deportivo.

En un libro permanecen anotados todos los nombres de las primeras abonadas del club. Seguro que más de un visitante ha reconocido a su ama o a su amama o, quizá a una tía.

Y si hoy en día existe el equipo femenino del Athletic es porque, en los años setenta, veinte jóvenes audaces se juntaron para jugar al fútbol. De ahí fueron surgiendo más equipos como el Sondika o el Leioa que perseguían un sueño. Sin duda, es una exposición histórica que nos ofrece la visión de unas mujeres luchadoras y valientes a quienes debemos mucho por haber abierto el camino para las que hemos llegado después.

Esta exposición, además de proporcionarnos información de un periodo de la historia, es un emotivo homenaje a todas aquellas pioneras que se calzaron las botas para disfrutar de su pasión por el fútbol, tanto en las gradas como en el terreno de juego.

Os dejo el enlace al museo por si queréis más información o adquirir una entrada.

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Mi agradecimiento a Asier Arrate por dedicarme un rato de su tiempo, por sus magníficas explicaciones y por posar conmigo al lado de la copa conseguida el pasado mes de abril.

FOTOS: ANDONI RENTERIA

BENDICIONES EN URKIOLA

Como cada diecisiete de enero, se celebra en muchos lugares la festividad de San Antonio Abad, patrón de los animales. Este santo nació en una aldea de Egipto a mediados del siglo III después de Cristo.

Hoy he visitado el santuario de Urkiola que, cada año, recibe a numerosas personas acompañadas de sus mascotas y animales de granja para que sean bendecidas. Hace décadas era frecuente ver cómo los baserritarras llevaban a sus animales de labranza a bendecir, incluso el pan que se les daba de comer también era bendecido; así como el agua, el aceite o los cencerros que suelen portar el ganado. En la actualidad, son muchos los que trasladan hasta aquí a sus animales domésticos que son parte de la familia y que, con tanto amor, protegen y quieren. Esta fecha no es solo una celebración religiosa, sino que se ha convertido en una fiesta tradicional vasca donde poder adquirir algunos productos de la gastronomía local, como quesos, pan o dulces.

Andoni Renteria y yo hemos llegado a las once y veinte y ya se veía gente con sus mascotas. También, en unas jaulas hemos visto un conejo, una cabra, gallinas, y gatos. Pero, sin duda, el que ha atraido todas las miradas ha sido Perico, un burro muy tranquilo que llevaba en su lomo a un perrito con la ikurriña. El dueño nos ha contado que viene este día a Urkiola desde hace seis años.

Tras la misa de las doce del mediodía, los párrocos han salido a bendecir a todos los animales que esperaban fuera del templo, a pesar del frío.

Y, como siempre, no ha faltado la música de la trikitixa y el pandero que nos ha animado a todos a cantar «Ikusi, mendizaleak» y «Txoria Txori».

 

FOTOS: ANDONI RENTERIA

VIDEO, YO MISMA

 

 

 

 

PAPELERA DEL CADAGUA

 En el año 1878, Enrique de la Quadra-Salcedo, propietario de un molino harinero, decidió darle otro uso y dedicarlo a la fabricación manual de papel para liar cigarrillos. Fundó una empresa a la que bautizó con el nombre de La Carolina, en consideración a su madre Carolina Zabálburu e Ybarra. Más tarde, en 1892, fue renombrada como Papelera del Cadagua para, finalmente en 1901, pasar a denominarse Papelera Española con un capital de veinte millones de pesetas y catorce mil empleados. Esta nueva sociedad nació fruto de la agrupación de otras papeleras como la del Cadagua, la Vizcaína, la Guipuzcoana, la Navarra y Laurak-Bat, entre otras. Enrique de Aresti, importante hombre de negocios y político, junto con Rafael Picavea, político y periodista propietario del diario EL PUEBLO VASCO, consiguieron la unión de estas empresas exponiendo las ventajas económicas que conllevaría la fusión. Además, nombraron director general a Nicolás de Urgoiti, empresario vinculado al mundo editorial y periodístico.

Situada en Aranguren, perteneciente al municipio de Zalla, la papelera mejoró notablemente la vida de los vecinos; ya que supuso una gran transformación de la zona con la construcción de viviendas como residencia para los trabajadores procedentes de diversos lugares de España. La empresa tenía muy en cuenta la dimensión social y, por ello, crearon escuelas para los hijos e hijas de los obreros; además de una casa de socorro y un economato. También se habilitaron varios huertos y jardines.

Desde sus inicios, la Papelera Española fue renovando su actividad y no solo se dedicó al papel para tabaco; sino, también, a producir cartón, cartulinas, papel para escribir y sacos que exportaban a diferentes países. Como en cualquier fábrica, con el paso del tiempo se fueron remodelando las instalaciones y dotándola de nuevas tecnologías para ofrecer mejor género. A pesar de ello, en 1994 las pérdidas económicas ascendían a más de seis mil millones de pesetas. Cuatro años después la empresa entró en quiebra.

Algunos de los edificios que vemos en la actualidad son originales de finales del XIX; otros, sin embargo, datan de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo.

 

FOTO: ANDONI RENTERIA