A finales del siglo XIX, más de veinte cargaderos pertenecientes a nueve sociedades mineras se distribuían por la ría desde Olabeaga en Bilbao hasta la actual dársena de “La Benedicta” en Sestao. Se utilizaban, básicamente, para acarrear el mineral de hierro que se enviaba en las bodegas de los barcos a las empresas siderúrgicas de Europa. Los cargaderos se construían en sentido perpendicular al muelle a una altura de unos diez metros desde el agua. En sus inicios consistían en unas plataformas de madera que, previamente, habían sido tratadas con una sustancia conocida como creosota que servía para protegerlas de las inclemencias del tiempo. La estructura se mantenía asentada en el lecho de la ría y en su extremo había un castillete con una vertedera por donde el mineral se precipitaba al depósito de las embarcaciones. Con el paso del tiempo, los cargaderos se fueron transformando hasta construirlos con un armazón metálico que soportaba una cinta transportadora para facilitar la salida de cinco mil toneladas de mineral cada día.

La empresa propietaria del cargadero que se muestra en la imagen, era Orconera Iron Ore Company Limited, fundada en Londres en el año 1873 con capital de la sociedad Ibarra Hermanos y Cía, además de varios socios ingleses y uno alemán. En 1877 se levantaron cinco cargaderos incluido este que, desafortunadamente, sufrió varios incendios a lo largo de su vida útil. Casi un siglo más tarde pasó a pertenecer a la desaparecida empresa Plastificantes de Lutxana. Dada la gran producción y la importancia de la compañía se hizo necesaria la creación de una línea de ferrocarril que cubriera el trayecto de unos diez kilómetros desde los montes de Triano hasta la ría.
Podemos hacernos una idea de la exorbitante cantidad que se embarcaba teniendo en cuenta que, el 90% del hierro que se extraía de las minas vizcaínas entre 1876 y 1950, se exportaba a países como Noruega, Suecia, Bélgica y Holanda. Pero, sobre todo, a Inglaterra. En la actualidad, se conservan los restos de este emblemático cargadero como testigos mudos de una época industrial de gran importancia en Bizkaia.
FOTO: ANDONI RENTERIA