EL CINE DEL COLEGIO SANTIAGO APÓSTOL

En 1911 y, después de haber tenido varias sedes, el Colegio Santiago Apóstol inicia sus clases en el nuevo ensanche bilbaíno, cerca de la Plaza Arriquibar, donde actualmente se encuentra la Plaza Bizkaia y los edificios anexos. Aquel colegio, que tan bien conocieron muchos bilbaínos, era un referente en la educación al que no le faltaba de nada; tanto en cuestión de deporte, con frontón y gimnasio, como en lo religioso con su propia iglesia y en lo cultural con un magnífico cine que, también, se utilizaba como salón de actos.
Situado debajo de la iglesia, el suelo y las sillas eran de madera, lo que favorecía el barullo y el ruido cuando la proyección no era del gusto del público, haciendo enfadar a los siempre vigilantes frailes. Al ser colegio exclusivamente de chicos no había problema para acomodarlos; solo cuando el cine abría al público en general, era cuando sentaban a los chicos abajo y, a las chicas, en el anfiteatro.
Con el paso de los años, la sala de cine fue reformada; se quitaron las columnas, se instalaron varios palcos y se decoró la estancia de una manera más acogedora, con butacas y con capacidad para mil cuatrocientas personas. Además se abrió una puerta por Alameda Rekalde lo que facilitaba el acceso a todos.
La reinauguración tuvo lugar el 8 de diciembre de 1961 con un concierto, una actuación de ballet y una fiesta para alumnos y padres.
Las sesiones cinematográficas solían ser los jueves y los domingos, y siempre estaban sometidas a la censura y al visto bueno de la Asociación de Padres de Familia que velaba por la moral de los jóvenes asistentes.

Dos asociaciones ligadas al cine tuvieron su sede aquí. Por un lado el “Cine Club Universitario”, expulsado de la Escuela de Ingenieros por considerar que era un foco de encuentros con políticos; y, por otro lado, el “Cine Club El Desván”, cuyas ideas comunistas eran conocidas por todos. Los censores tenían mucho trabajo cada vez que alguno de estos clubes organizaba una sesión, pero ellos siempre se las ingeniaban para proyectar películas prohibidas y atraer a numeroso público.
También en este cine tuvieron cabida actuaciones musicales y teatrales. Aquellas galas solían ser presentadas por un, entonces joven locutor de radio, José María Iñigo.
El 1 de junio de 1976 este singular cine bajó el telón; al mismo tiempo que el colegio cerró sus puertas para su posterior demolición.

 

(Foto de Internet)

UN CINE EN EL FRONTÓN

Muchos han sido los cines que, desgraciadamente, han desaparecido del panorama bilbaíno en los últimos años.
En este post os quiero hablar de uno en la calle Esperanza, que pasó a mejor vida a finales de los sesenta del pasado siglo.
Anteriormente y, curiosamente, este lugar había sido un frontón donde solo jugaban señoritas de buenas familias.
En 1918 y debido a que las jóvenes no se sentían a gusto siendo observadas por muchos hombres que se acercaban al frontón, cambió de actividad y, fue así, como se convirtió en el Cinematógrafo Metropolitano; aunque no era como conocemos hoy en día los cines. Su interior tenía el aspecto de un vagón de tren y, por las ventanillas, los espectadores disfrutaban de unas panorámicas de lugares como Roma, París o Londres. Aquella idea que hoy nos parece rocambolesca fue importada de una sala de Madrid y, mientras que allí gozó de mucho éxito, aquí no gustó tanto.
Fue en 1923 cuando los administradores del Salón Vizcaya adquirieron el local y lo transformaron en el CINEMA BILBAO.
Por menos de una peseta los espectadores tenían la posibilidad de ver las películas en sesión continua.
Algo más de mil personas ocupaban sus butacas de madera los fines de semana.
Durante la Guerra Civil, el local fue intervenido; se acusó de rojo al propietario y, de la gerencia, se hizo cargo el organismo del régimen franquista llamado “Prensa del Movimiento”. Lo transformaron en el Cinema del Soldado donde los jóvenes militares lo utilizaban como lugar donde reunirse, tomar algo en el bar o, simplemente, descansar.
Aseguran las crónicas de entonces que con tanta afluencia de gente el hedor era insoportable.


En el año 1940 la empresa Trueba S.A. adquirió este cine con el objetivo de proyectar las películas que ya habían sido estrenadas en las salas del Buenos Aires o del Trueba. El precio de la entrada era más económico y a muchos bilbaínos no les importaba ver las películas nuevas quince días más tarde.
La decoración no había cambiado desde sus inicios y eso no fue del agrado del público, por lo que comenzó a decaer la asistencia de espectadores.
Para colmo de males, el 9 de junio de 1966, una tormenta se cernió sobre el cielo de la villa y descargó más de cien litros por metro cuadrado. Con tanta agua el muro del túnel de la línea de ferrocarril de Las Arenas se vino abajo causando numerosos destrozos en la sala y anegando completamente el cine.
Afortunadamente no hubo daños personales, pero el estropicio fue tal que ya nunca más volvió a abrir sus puertas.
Veinte años más tarde, el Alcalde José Luis Robles inauguró el frontón de la Esperanza en ese mismo lugar.
La foto la he cogido de INTERNET.