El 25 de julio del año 1956, en un momento de la historia en el que todo lo relacionado con el euskera o la cultura vasca estaba prohibido, varios miembros de la Sociedad “Irurena”, entre ellos Damián Ayo, Félix Yurrebaso y Antonio Bilbao, se atrevieron a organizar un evento que llegaría hasta nuestros días como una tradición más: las paellas de Aixerrota.
En las primeras trece ediciones, se presentaron a concurso unas 150 paellas y acudieron alrededor de siete mil personas. Su primera ubicación fue las campas de Azkorri, hasta que se trasladó a las campas del paseo Aixerrota, a pocos metros del molino del mismo nombre. Cada año va ganando asistentes, habiendo llegado a alcanzar los sesenta mil entre vecinos del municipio y forasteros que vienen, incluso, de países europeos. La fama de esta celebración festiva gastronómica es tal, que algunos cocineros de prestigio también han participado con sus paellas.

Itxas Argia es la asociación que organiza la competición, entrega la leña y el arroz para la elaboración de las paellas y que, de manera voluntaria y totalmente altruista, trabaja sin descanso para que ese día todo transcurra sin contratiempos y se pueda disfrutar del mejor ambiente posible. Además, Itxas Argia cuenta con una larga trayectoria promoviendo actos culturales, sociales y deportivos en Getxo como, por ejemplo, Santa Águeda, el Cross de Andra Mari o el Día del Dulzainero, entre otros.
La jornada siempre se hace coincidir con el día de Santiago Apóstol y, por ello, se celebra el fin de semana más cercano a esa fecha. Los participantes se afanan desde primera hora de la mañana en preparar los ingredientes y la decoración para conseguir la paella más vistosa, más sabrosa y la más original de todas las que se presentan; ya que en este concurso se valoran todos esos factores. Y, como estamos en el norte, no es extraño que llueva y tengan que cobijarse en casetas habilitadas con toldos, pero sin perder el buen humor. Por supuesto, además de arroz hay otros componentes importantes ese día, como los txistularis y los dantzaris.
FOTO: ANDONI RENTERIA