RECIBIMIENTO A LOS LEONES
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Dos fechas, dos, recordaremos siempre. 17 de agosto 2015 el día que ganamos la Supercopa al equipo que tantas veces nos ha hecho sufrir: el Barça. Y, hoy, 18 de agosto el día que recibimos a nuestros leones en las calles de Bilbao, como se merecen, con gritos de júbilo, demostraciones de alegría, música, abrazos… y, todo esto en dos colores: ROJO Y BLANCO.
En Bilbao, como hemos demostrado siempre, somos únicos para animar, apoyar, vitorear y, si es necesario, criticar a nuestro equipo, a nuestros leones.
El lunes se hablaba de milagros; coincidía en fecha con la onomástica de San Mamés, había muchos nervios, se palpaba la angustia pero, al final, todo fue como tenía que ir.
Durante los noventa minutos se mantuvo la tensión, la crispación era patente en las caras de los jugadores. Pero eran más las ganas de conseguir el título, de llevarse la copa para Bilbao, de demostrar que siguen enseñando las garras, de ofrecernos a todos los aficionados su victoria.
Una vez conseguido, llegaron las celebraciones. Bilbao era una fiesta, la gente en la calle no quería retirarse a sus casas, en los pueblos de veraneo, me consta, que donde se juntaron dos athleticzales hubo una juerga. Y, también, tocaba decidir cómo se festejaría y cuándo.

Días antes ya se podían leer comentarios en las redes sociales, en prensa y en otros medios de comunicación sobre si era conveniente o no sacar la gabarra, si un título así merecía que nuestra querida gabarra surcara las aguas de la ría, si se encontraba en óptimas condiciones para realizar ese trayecto, si los permisos se habían solicitado a las autoridades correspondientes. Todo eso y muchas diatribas más surgían minuto a minuto, hasta que a las doce de la noche un artículo en prensa digital concluyó lo que muchos imaginábamos: La gabarra permanecería varada en su lugar habitual: el dique seco del Museo Marítimo.
No obstante, habría un recibimiento y reconocimiento público en tres lugares especiales y emblemáticos en Bilbao: La Basílica de Begoña para agradecer y ofrecer la copa a la “amatxu”, el Consistorio bilbaíno donde les recibiría con honores el alcalde Sr. Aburto y el Palacio de la Diputación donde también presentarían su trofeo al Diputado General, Sr Rementeria.
Yo no quería perderme la posibilidad de acompañar a los leones y a todos sus seguidores así que decidí vestirme con la camiseta rojiblanca y comenzar, como ellos, el recorrido.
A las 15 15 h. los alrededores de la Basílica permanecían cortados al tráfico y la gente ocupaba las aceras, carreteras y era muy difícil el acceso al interior del templo. Decidí quedarme fuera disfrutando de la fiesta, del buen ánimo, de la plena felicidad.
El autobús con los héroes se abrió paso custodiado por coches de la Policía Municipal mientras los allí presentes gritábamos entusiasmados las ya conocidas consignas y muchas más.
Cuando descendieron del autocar un aplauso les dio la bienvenida mientras entraban a la Basílica.
Habían llegado en el autobús del club pero para desplazarlos al Ayuntamiento y a la Diputación les llevarían en uno descapotable.
El fervor de los aficionados no se puede explicar a través de palabras, solo de sentimientos. Las lágrimas no se reprimían ni en los más duros bilbaínos.
Unos minutos dentro para mostrar la copa a la virgen de Begoña mientras la gente no cabía de gozo. Fuera esperaba el autobús que les transportaría al siguiente “punto caliente”: El edificio del Ayuntamiento.
Yo me dirigí al Ayuntamiento antes de que salieran de la basílica para conseguir una buena posición. No quería perderme nada.
La gente se iba congregando, la música no paraba de sonar, una pantalla gigante nos mostraba lo que sucedía en Begoña, además de proyectar imágenes del partido jugado ayer.
Pasaban los minutos y en la plaza Ernesto Ercoreca no cabía un alfiler, era imposible dar un paso, los mayores recordábamos el recibimiento de hace 31 años, los pequeños no habían contemplado nada igual, sus ojos abiertos eran un pozo de emoción y sorpresa.
Allí nuestro pletórico regidor de la villa les esperaba para agasajarles con honores como si de héroes se trataran y, claro, que son unos héroes. Son los protagonistas de una contienda futbolística que nos ha hecho vibrar y nos ha llenado de orgullo y felicidad a todos los que sentimos el Athletic como parte de nosotros.
En la ría no veríamos la gabarra pero si pudimos ver varias embarcaciones adornadas con banderas que no querían tampoco perderse esa tarde inolvidable.
A las cuatro y media por la Avda Zumalakarregi aparecen coches de policía seguidos por el autobús descubierto donde se podía ver a los jugadores ataviados con prendas azules dando botes, alzando los brazos y sonrisas en sus caras. Detrás muchísima gente les acompañaban desde la Basílica.
Descendieron del autobús y en la escalinata del edificio consistorial se encontraban las autoridades con el Sr Aburto a la cabeza que, llevaba al cuello, una corbata acorde con los colores del día.
Allí saludaron a todo el público congregado y se hicieron las fotos de rigor.
Entraron y más fotos en la escalinata interior, de allí al Salón Árabe donde comenzó la ronda de discursos el regidor de la villa, primero en euskera y luego en castellano.
Habló sobre la filosofía del club, sobre la unión entre los aficionados y, también, comentó que nuestra afición es la mejor del mundo desde hace 117 años.
Dio paso a Josu Urrutia quien también agradeció la asistencia en euskera y castellano.
El sol quiso unirse a esta fiesta y brilló en todo su esplendor, empezaba a hacerse insoportable el calor pero allí nos manteníamos firmes y felices.
Por fin decidieron asomarse al balcón desde donde vendrían los momentos más simpáticos con Iker Muniain como maestro de ceremonias, haciéndonos cantar, bailar e, incluso, pidiéndonos silencio en algunos momentos.
Uno a uno han ido tomando la palabra con frases divertidas pero con un discurso común. Todos nos agradecieron el apoyo recibido en tantos años.
La emoción, la agitación, la entrega, los cánticos, los aplausos, las lágrimas…todo se mezcló formando una sinfonía como pocas veces hemos presenciado en nuestra villa.
Todo era poco para agradecer y demostrar al equipo que estamos con ellos, que sufrimos con ellos, que vibramos con ellos, que los queremos, que los apoyamos y que, pase lo que pase, seguiremos ahí, al pie del cañón.
Ellos ya lo saben y se notaba que sentían nuestra emoción y nuestro cariño.
Levantaron la copa, una copa que lucirá en una vitrina junto con todas las que se han conseguido en los más de 100 años que ya ha cumplido nuestro club.
Algunos jugadores como Aduriz o Gurpegi fueron tremendamente aplaudidos y aclamados.
En un momento dado han soltado cientos de miles de confetis formando una nube rojiblanca que ha hecho las delicias de todo el personal.
Se despidieron y, un rato después, ya estaban en el autobús para encaminarse al último punto, al edificio de la Diputación en Gran Vía.
Allí fue casi imposible acercarse, se habían juntado todos los que bajaron de Begoña, los que les recibieron en el Ayuntamiento más todos los que esperaban delante del palacio.
Salieron al balcón y mostraron la copa a los aficionados.
Ha sido una jornada emotiva que jamás olvidaremos y que siempre diremos “Yo estuve ahí, yo participé de la celebración”
Solo me queda dar las gracias a todos por su comportamiento ejemplar, demostrando una vez más que somos la mejor afición del mundo apoyando al mejor equipo del mundo.
AUPA ATHLETIC!!!
BETI, BETI ZUREKIN!
Fotos: ANDONI RENTERIA
Nuestra geografía está llena de rincones maravillosos, verdes y con encanto. Siempre es una gozada realizar excursiones para conocerlos, descubrir ruinas, visitar cuevas, disfrutar de las playas o atravesar un monte para llegar a un faro.
Eso es exactamente lo que quise hacer un jueves por la mañana hace dos meses: visitar el faro de Gorliz.
Desde Bilbao al aparcamiento de Astondo, a pocos metros del hospital de Gorliz donde estacioné el coche, solo distan unos 26 kilómetros.
Pasando la playa a mano derecha se puede ver un caminito por el que comenzar el ascenso. No es muy costoso y las vistas desde arriba merecen la pena el pequeño esfuerzo. Encontraréis un panel explicativo de la fauna y la flora de la zona antes de empezar a subir.
El recorrido no tiene pérdida, solo se debe seguir el sendero indicado y no meterse por recovecos en los que solo encontraréis matorrales.
Siempre que comienzas una excursión nunca sabes cómo se desarrollara. Eso es exactamente lo que me sucedió a mí.
Comienzo el recorrido y unos minutos después me detengo para tomar aire y deleitarme observando la hermosa bahía de Gorliz.
En ese momento la brisa marina aparece para refrescarme durante la subida pero…tengo la sensación de que no será solo una brisita.
Continuo hacia la cumbre entre encinas y pinos, siempre con el objetivo de llegar al faro de Cabo Villano, el más alto de la costa Cantábrica con sus 165 metros y uno de los más jóvenes, ya que fue construido en 1990.
También allí se encuentra un cañón y restos de una batería de costa.
En todo esto voy pensando mientras pongo atención en mis pisadas para no caerme o pincharme con las zarzas que salen a mi paso.
De repente, una gota. Otra gota. Y otra. ¿Qué hago? ¿Continúo o doy la vuelta?
Miro a lo lejos y calculo que todavía queda bastante camino para llegar a mi destino. Por un momento dudo pero decido seguir.
Las gotas cada vez son más constantes y gordas pero, lo peor, es el viento. La brisita de hace un rato se ha convertido en un desapacible aire del Cantábrico que, mezclado con la lluvia, empieza a dificultarme el bucólico paseo.
Avanzo unos metros más y llego a un camino más ancho donde he de sortear un enorme charco con barro. Menos mal que estoy ágil y puedo subirme a una valla para esquivarlo.
El pelo empieza a pegarse a mi cabeza como si hubiera salido de la ducha. La ropa se me adhiere al cuerpo; no es la adecuada para un día de lluvia.
Llego a un cruce y, allí, decido que, aunque no quedan muchos metros hasta el faro, lo dejaré para otro día con mejor tiempo. Será una buena excusa para volver a este precioso paraje.
Al bajar hacia el aparcamiento paso por delante de La Granja Foral donde se ubica el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de Bizkaia. Debajo de una tejavana he de refugiarme durante unos minutos con la esperanza de que la incesante lluvia amaine. La mojadura es tremenda y empiezo a sentir frío. Minutos después, el tiempo no mejora y yo debía volver a Bilbao, así que tomo la decisión de abandonar mi cobijo y realizar los últimos trescientos metros a paso ligero.
Por fin llego al aparcamiento; hora y media después de haber iniciado la excursión sin saber que no podría concluirla como a mí me hubiera gustado.
Enciendo el motor del coche y la calefacción para entrar en calor. Solo espero no haber cogido un resfriado.
¡Volveré!
FOTOS: ANDONI RENTERIA