RUGBY EN SAN MAMÉS

En estos días se han disputado dos finales de Rugby sobre el césped de nuestra catedral, la de San Mamés.
Quizá muchos penséis que es la primera vez que este deporte, creado en Inglaterra hace casi dos siglos, llega a nuestro santuario del fútbol.
Curiosamente, en mayo de 1924, algunas voces se alzaron con el afán de organizar un partido de fútbol en homenaje al fallecido seis años antes, Rafael Moreno “Pichichi”. Pero, cosas del destino, no se llevó a cabo por circunstancias que se desconocen. Sin embargo, se pensó en celebrar un encuentro de rugby como ya se había hecho años atrás en el campo de Jolaseta. Aquel torneo les sirvió a los organizadores para establecer las normas del partido, las características del terreno y varios detalles más que, hasta entonces, nunca se habían dado en San Mamés.
El encuentro tuvo lugar un domingo de primavera con la presencia de la viuda y la hija del recordado futbolista y con el objetivo de entregarles la recaudación; ya que desde la muerte de Pichichi su economía se había visto mermada.


Al principio iban los dos equipos bastante igualados y, el público bastante entregado, lo seguía con interés a pesar de no estar familiarizado con las jugadas.
Poco a poco y, en vista que no entendían mucho de rugby, los asistentes empezaron a mostrar su indiferencia.
Finalmente, el partido terminó con un resultado de veintiún puntos para el equipo de Bayona, frente a los doce del de Hendaya.
Al día siguiente, la prensa se hizo eco de la noticia con opiniones bastante negativas sobre la agresividad de los deportistas en el terreno de juego y la gran suciedad. Aseguraban que los asistentes a aquel partido solo habían acudido para homenajear a Pichichi colaborando con el importe de la entrada, pero que, realmente, lo que ellos amaban era el fútbol.

Foto de San Mamés en aquellos años.

Después de aquella primera vez, vinieron dos más. Una en abril de 1948 cuando se disputaron los cuartos de final del Campeonato de España entre el SEU de Madrid y el Club Deportivo de Bilbao. Y la otra el 11 de mayo de 1990 en un encuentro que enfrentó a la selección de Euskadi y a la de Cataluña.

Foto del partido de rugby en San Mamés 12-04-1948 Club Deportivo-SEU de Madrid

Así que, podemos asegurar que el rugby ya había entrado en la Catedral antes de que la EPCR (European Professional Club Rugby) eligiera Bilbao como sede para las finales de la Challenge Cup y la Champions Cup.

FOTOS DE INTERNET

GALA DE CLAUSURA DE FANT BILBAO 2018

Esta noche he asistido a la gala de clausura de la vigésima cuarta edición de FANT, el Festival de Cine Fantástico de Bilbao, que ha tenido lugar en la Sala BBK de la Gran Vía bilbaína.
Al llegar, varios medios gráficos esperaban en la acera para disparar sus flashes a todos los invitados al evento que posaban en el Photocall.

Beatriz Marcos y yo también hemos posado junto al personaje del cartel de esta edición.


Muchas caras conocidas de la cultura, las instituciones y, por supuesto, del cine han querido acudir a este broche final de una semana en la que no han faltado las películas de temática fantástica, en los cines GOLEM del Azkuna Zentroa.

El salón estaba casi al completo, con un público entregado y con ganas de disfrutar.


A las ocho en punto ha aparecido en el escenario el actor y presentador Lander Otaola y, dos minutos despúes y dando volteretas, ha entrado la también actriz Ylenia Baglietto.


Con su característica simpatía han ido presentando uno por uno a los premiados.
Este año el palmarés ha sido el siguiente:
• Mejor largometraje: Mayhem.
• Mejor largometraje con el voto popular: Tigers are not afraid.
• Mejor cortometraje: Bailaora.
• Mejor cortometraje vasco: Ziren.
• Mejor cortometraje con el voto popular: RIP.
• Mejor guión: Tigers are not afraid.
• Dirección innovadora: November
• Mejor interpretación de un corto vasco: Fernando Albizu.
• Premio Fantrobia: Paul Urkijo.
• Estrella del Fantástico: Joe Dante.
• Mejor largometraje panorama fantástico: Dhogs.
• Mejor cortometraje panorama fantástico: Á chacun sa malédiction.

Ha habido una mención especial a la película BYE BYE BABY, por su magnífica dirección y cuidada estética en una historia muy cinéfaga.

Los agraciados que no han asistido a la gala han enviado un video (cada uno más txirene) dando las gracias al público y al jurado.

La Concejala de Cultura, Nekane Alonso, ha entregado a Fernando Albizu su trofeo por su interpretación en el cortometraje «Aprieta pero raramente ahoga».

Entregados los premios, los presentadores han despedido la gala con su habitual sentido del humor.

 

Ha sido una velada magnífica y fantástica, como no podía ser menos. Veremos qué nos depara el festival el año que viene cuando se cumpla un cuarto de siglo de su creación.

FOTOS: ANDONI RENTERIA.

CENARRUZA, LUGAR DE PAZ

La antigua colegiata de Cenarruza es actualmente un priorato de la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia.
Situado en el municipio de Cenarruza-Bolivar a unos cincuenta kilómetros de Bilbao, es un importante paso de la ruta Jacobea, que fue declarado Monumento Histórico Artístico en el año 1948 y se encuentra en una ladera del macizo montañoso de Oiz.
Existe una leyenda que explica que en el año 968 los vecinos de Gerricaiz, a pocos kilómetros de la colegiata, vieron cómo un águila cogió una calavera de una tumba de la iglesia y se la llevó hasta el lugar donde hoy se ubica este edificio religioso. Aquella gente lo entendió como una señal y decidieron construir una iglesia que se convirtió en la parroquia de la población.
Con el paso de los años fue ganando en prestigio y fueron muchos los peregrinos que paraban aquí en su ruta hacia Santiago. Por ello, a finales del siglo XIV, se construyó el complejo religioso que vemos hoy en día compuesto por varios edificios que rodean un patio.
En 1379 Gonzalo de Mena y Roelas, Obispo de Calahorra, diócesis a la que pertenecía Vizcaya, la declaró Colegiata.
Hace unas semanas dediqué una mañana a pasear por la zona e impregnarme de la paz y sosiego que se respira en este enclave tan espiritual.

Aparqué el coche en una zona habilitada para tal uso. No vi a nadie ni oí ningún ruido, solo unos minutos más tarde escuché relinchar a unos caballos en un terreno adyacente.


La quietud era absoluta. En el primer lugar que me adentré fue en el claustro renacentista del siglo XVI que, para mi asombro y decepción, lo vi bastante descuidado. Mi vista se fijó en los arcos de media punta sobre unas columnas toscanas.


De allí me dirigí a la iglesia que, en ese momento, se encontraba completamente vacía.
Con calma observé los diferentes detalles de este templo del siglo XV imaginando cuántos peregrinos, cuántos devotos y cuántas personas buscando un rincón en silencio habrán pasado por aquí.


Al salir, mis ojos debieron adaptarse a la luz, ya que en la iglesia predominaba la oscuridad.
De nuevo en el patio central de este conjunto de edificios vi un arco y decidí atravesarlo; se trataba de una salida desde la que se observa el pueblo y una tapia muy alta que rodea el jardín al que no se puede acceder.


Después de un buen rato vi a un monje salir de lo que parecía un comedor y le saludé.
Muy amablemente me devolvió el saludo y a mis preguntas me explicó que son siete los monjes benedictinos que habitan el monasterio y que durante todo el año acogen a muchos peregrinos, sobre todo alemanes. Les ofrecen una cama, una cena ligera y un desayuno a base de café y pan.
También me comentó que dedican parte de su tiempo a la repostería que luego venden en una pequeña tienda frente al claustro.
Me aseguró que la vida en el monasterio es una buena vida si realmente estás convencido de tu vocación.


Le di las gracias por dedicarme unos minutos de su tiempo y me despedí.
Sin duda alguna, es un lugar maravilloso, con encanto y en un entorno privilegiado, para todos aquellos que realizan el Camino de Santiago y anhelan un sitio para reposar en una de sus etapas. Eso sí, todo es muy sencillo. Aquí no se puede ir buscando lujos.
FOTOS: ANDONI RENTERIA