DONACIONES EN EL MUSEO VASCO

Desde el pasado 8 de noviembre hasta el próximo 24 de febrero, el Museo Vasco-Euskal Museoa de Bilbao, ofrece a los visitantes un paseo por la historia a través de una serie de objetos y obras de arte donadas por particulares y entidades, en una nueva exposición titulada “DONACIONES-DOHAINTZAK 2013-2018”.

En la planta baja del Museo, al lado de la puerta de acceso desde la Plaza de Unamuno, nos recibe una verdadera joya: El tríptico policromado de Elejabarri procedente de la ya desaparecida ermita de San Juan cerca del actual hospital de Basurto. Esta pieza tan valiosa, desde el punto de vista artístico e histórico, fue realizada a finales del siglo XVI.


En la primera sala, también en la planta baja, se exponen una gran variedad de objetos curiosos que han sido donados al museo en los últimos cinco años. En este universo femenino se pueden ver Imágenes de añas con los bebés a los que alimentaban y cuidaban, una cuna utilizada por los hijos de la fotógrafa Eulalia Abaitua, trajes de novia, zapatos, mobiliario…
Sin duda, parece que hemos vuelto al pasado.


En la segunda sala, a pocos metros de aquí, se muestra la vida del empresario Horacio Echevarrieta; así como la transformación social y económica de nuestro territorio.
La fábrica de Echevarria en todo su esplendor preside una de las paredes de esta estancia.


Todos estos elementos que se exhiben en el Museo, son parte de nuestra historia, son recuerdos, son auténticos tesoros.
Sabéis que me gusta aconsejaros visitas a museos o exposiciones. Esta me parece una buena oportunidad de, además, hacerla acompañada de los niños, ya que habrá muchas cosas que nunca hayan visto.

FOTOS: ANDONI RENTERIA

GALERIAS PUNTA BEGOÑA

Las Galerías de Punta Begoña, que todos los que frecuentamos la zona hemos conocido desde niños, se encuentran en el Muelle de Ereaga en Getxo.


Con una situación privilegiada, las vistas desde estas galerías y sus jardines en la parte de arriba, son magníficas como pude comprobar hace unos días que realicé una visita a esta construcción que se encuentra en proceso de recuperación.
Pero, vayamos por el principio.
En 1918, el magnate industrial Horacio Echevarrieta, solicitó al arquitecto Ricardo Bastida que, para solucionar el problema de desprendimiento de rocas de la ladera de su propiedad, construyera un edificio emblemático para uso y disfrute de su familia y de los amigos que acudían habitualmente a su residencia.


No quería un simple muro; sino que él deseaba un espacio para observar y ser observado. Fue así como tres años más tarde las Galerías Punta Begoña se convirtieron en una ampliación de la mansión de este magnate educado en el seno de una familia adinerada que se embarcó en proyectos como la creación de las líneas aéreas Iberia, la urbanización de la Gran Vía de Madrid o la compra de los Astilleros de Cádiz, entre otros.
Estas galerías fueron su propiedad más preciada, de la que no quiso desprenderse ni cuando, en 1933, tuvo serios problemas económicos. La situación política del país fue la artífice de su declive en los negocios. Horacio Echevarrieta fue un hombre preocupado por los demás, un hombre emblemático y estimado que falleció en el Palacio Munoa de Barakaldo, finca de su propiedad, en 1963 a los noventa y dos años.
Hace muchos años que estas galerías han sufrido un gran deterioro por el escaso mantenimiento y el mal uso que le han dado algunas personas que han ocupado la construcción de manera ilegal.

Una cadena hotelera quiso comprar la propiedad para convertirla en un hotel de lujo, pero aquellas negociaciones no llegaron a término y, actualmente, se encuentra en proceso de rehabilitación con el fin de abrirlas al público, tanto para realizar visitas guiadas como para acoger diversas actuaciones artísticas o exposiciones culturales.
El Ayuntamiento de Getxo junto con la UPV-EHU ha decidido que, tras ochenta años de abandono, estas galerías de alto valor patrimonial, sean de nuevo un lugar simbólico del municipio.


Llama la atención de cualquiera que recorra estos pasillos, la decoración a base de pomposos azulejos que, en su mayoría, se encuentran deteriorados; así como el gran salón donde se organizaban fiestas y reuniones para los elegantes miembros de la sociedad vizcaina de hace casi un siglo. Su enorme chimenea calentaba las veladas invernales mientras las mujeres lucían sus mejores galas. En el techo se pueden leer arengas al dictador Francisco Franco y proclamas a España, ya que durante la Guerra Civil, cuando las tropas franquistas entraron en Getxo, el empresario, en contra de su voluntad, tuvo que ceder su preciada posesión para ser utilizada como sede del alto mando italiano. En esta estancia también se han hallado el escudo de armas de Bilbao y el escudo de Bizkaia.


Esta construcción que, en una época más próspera fue escenario de diversión y alegría, durante la Guerra Civil se alojaron la tristeza, el llanto, el sufrimiento y el dolor ya que lo convirtieron en un hospital de convalecencia; donde, sobre todo, las enfermeras desempeñaban un papel fundamental en la atención y cuidado de cientos de enfermos y heridos.
Muchas cosas curiosas se pueden observar, como un banco realizado en baldosas o grandes cajas donde los restauradores van depositando los trozos de azulejos que intentarán recuperar.


Por unas escaleras se sube a la zona más alta donde estuvo ubicada la mansión de la familia Echevarrieta desaparecida hace muchos años. Actualmente lo ocupan varios edificios de viviendas de lujo.

Las vistas son muy diferentes a las que Horacio Echevarrieta y sus familiares contemplaban. El Puerto Deportivo y los grandes ferris han sustituido a los barcos más modestos o de pescadores que surcaban estas aguas ocho décadas atrás.


Durante toda la visita, la guía nos fue explicando la historia del lugar, pero si realizas la visita por libre existen unos paneles informativos con los datos necesarios para hacerte una idea de lo que fueron estas galerías.


Para más información sobre las visitas os dejo este enlace

Galerias Punta Begoña

Las fotos están hechas con mi móvil.

CENARRUZA, LUGAR DE PAZ

La antigua colegiata de Cenarruza es actualmente un priorato de la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia.
Situado en el municipio de Cenarruza-Bolivar a unos cincuenta kilómetros de Bilbao, es un importante paso de la ruta Jacobea, que fue declarado Monumento Histórico Artístico en el año 1948 y se encuentra en una ladera del macizo montañoso de Oiz.
Existe una leyenda que explica que en el año 968 los vecinos de Gerricaiz, a pocos kilómetros de la colegiata, vieron cómo un águila cogió una calavera de una tumba de la iglesia y se la llevó hasta el lugar donde hoy se ubica este edificio religioso. Aquella gente lo entendió como una señal y decidieron construir una iglesia que se convirtió en la parroquia de la población.
Con el paso de los años fue ganando en prestigio y fueron muchos los peregrinos que paraban aquí en su ruta hacia Santiago. Por ello, a finales del siglo XIV, se construyó el complejo religioso que vemos hoy en día compuesto por varios edificios que rodean un patio.
En 1379 Gonzalo de Mena y Roelas, Obispo de Calahorra, diócesis a la que pertenecía Vizcaya, la declaró Colegiata.
Hace unas semanas dediqué una mañana a pasear por la zona e impregnarme de la paz y sosiego que se respira en este enclave tan espiritual.

Aparqué el coche en una zona habilitada para tal uso. No vi a nadie ni oí ningún ruido, solo unos minutos más tarde escuché relinchar a unos caballos en un terreno adyacente.


La quietud era absoluta. En el primer lugar que me adentré fue en el claustro renacentista del siglo XVI que, para mi asombro y decepción, lo vi bastante descuidado. Mi vista se fijó en los arcos de media punta sobre unas columnas toscanas.


De allí me dirigí a la iglesia que, en ese momento, se encontraba completamente vacía.
Con calma observé los diferentes detalles de este templo del siglo XV imaginando cuántos peregrinos, cuántos devotos y cuántas personas buscando un rincón en silencio habrán pasado por aquí.


Al salir, mis ojos debieron adaptarse a la luz, ya que en la iglesia predominaba la oscuridad.
De nuevo en el patio central de este conjunto de edificios vi un arco y decidí atravesarlo; se trataba de una salida desde la que se observa el pueblo y una tapia muy alta que rodea el jardín al que no se puede acceder.


Después de un buen rato vi a un monje salir de lo que parecía un comedor y le saludé.
Muy amablemente me devolvió el saludo y a mis preguntas me explicó que son siete los monjes benedictinos que habitan el monasterio y que durante todo el año acogen a muchos peregrinos, sobre todo alemanes. Les ofrecen una cama, una cena ligera y un desayuno a base de café y pan.
También me comentó que dedican parte de su tiempo a la repostería que luego venden en una pequeña tienda frente al claustro.
Me aseguró que la vida en el monasterio es una buena vida si realmente estás convencido de tu vocación.


Le di las gracias por dedicarme unos minutos de su tiempo y me despedí.
Sin duda alguna, es un lugar maravilloso, con encanto y en un entorno privilegiado, para todos aquellos que realizan el Camino de Santiago y anhelan un sitio para reposar en una de sus etapas. Eso sí, todo es muy sencillo. Aquí no se puede ir buscando lujos.
FOTOS: ANDONI RENTERIA

LAS PLAYAS DE SOPELANA

Las playas Arrietara y Atxabiribil se encuentran en el municipio de Sopelana a dieciocho kilómetros de Bilbao.

Por carretera o en metro siempre es un buen plan acercarse hasta aquí y disfrutar de unas vistas inmejorables al Mar Cantábrico.

Aunque no sea verano siempre se puede ver a alguien paseando por estos arenales, en compañía de sus mascotas o practicando algún deporte.

Las impresionantes olas invitan a adentrarse con una tabla de surf.

Entre las dos playas no hay fronteras, puedes ir paseando a lo largo desde un acantilado a otro.

En un día de invierno la paz es uno de los ingredientes del paseo, solo roto por algún ladrido o la fuerza de las olas al romper en la orilla.

En verano los chiringuitos y las escuelas de surf siempre están muy concurridos.

Desde hace años no se puede acceder a la playa en coche, sino que hay que aparcarlo a unos cien metros en una zona habilitada para ello.

No faltan fuentes y papeleras. Sin embargo, solo hay unos pocos bancos de piedra.

A pocos metros de aquí, Barinatxe, la conocida como playa Salvaje, es un paraíso al que se accede bajando un montón de escaleras o por un camino hacia la zona nudista.

Sin duda, es un buen destino en cualquier época del año.

FOTOS: ANDONI RENTERIA.