UNA COPA 31 AÑOS DESPUÉS

Dos fechas, dos, recordaremos siempre. 17 de agosto 2015 el día que ganamos la Supercopa al equipo que tantas veces nos ha hecho sufrir: el Barça. Y, hoy, 18 de agosto el día que recibimos a nuestros leones en las calles de Bilbao, como se merecen, con gritos de júbilo, demostraciones de alegría, música, abrazos… y, todo esto en dos colores: ROJO Y BLANCO.

En Bilbao, como hemos demostrado siempre, somos únicos para animar, apoyar, vitorear y, si es necesario, criticar a nuestro equipo, a nuestros leones.

El lunes se hablaba de milagros; coincidía en fecha con la onomástica de San Mamés, había muchos nervios, se palpaba la angustia pero, al final, todo fue como tenía que ir.

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Durante los noventa minutos se mantuvo la tensión, la crispación era patente en las caras de los jugadores. Pero eran más las ganas de conseguir el título, de llevarse la copa para Bilbao, de demostrar que siguen enseñando las garras, de ofrecernos a todos los aficionados su victoria.

Una vez conseguido, llegaron las celebraciones. Bilbao era una fiesta, la gente en la calle no quería retirarse a sus casas, en los pueblos de veraneo, me consta, que donde se juntaron dos athleticzales hubo una juerga. Y, también, tocaba decidir cómo se festejaría y cuándo.

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Días antes ya se podían leer comentarios en las redes sociales, en prensa y en otros medios de comunicación sobre si era conveniente o no sacar la gabarra, si un título así merecía que nuestra querida gabarra surcara las aguas de la ría, si se encontraba en óptimas condiciones para realizar ese trayecto, si los permisos se habían solicitado a las autoridades correspondientes. Todo eso y muchas diatribas más surgían minuto a minuto, hasta que a las doce de la noche un artículo en prensa digital concluyó lo que muchos imaginábamos: La gabarra permanecería varada en su lugar habitual: el dique seco del Museo Marítimo.

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No obstante, habría un recibimiento y reconocimiento público en tres lugares especiales y emblemáticos en Bilbao: La Basílica de Begoña para agradecer y ofrecer la copa a la “amatxu”, el Consistorio bilbaíno donde les recibiría con honores el alcalde Sr. Aburto y el Palacio de la Diputación donde también presentarían su trofeo al Diputado General, Sr Rementeria.

Yo no quería perderme la posibilidad de acompañar a los leones y a todos sus seguidores así que decidí vestirme con la camiseta rojiblanca y comenzar, como ellos, el recorrido.

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A las 15 15 h. los alrededores de la Basílica permanecían cortados al tráfico y la gente ocupaba las aceras, carreteras y era muy difícil el acceso al interior del templo. Decidí quedarme fuera disfrutando de la fiesta, del buen ánimo, de la plena felicidad.

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El autobús con los héroes se abrió paso custodiado por coches de la Policía Municipal mientras los allí presentes gritábamos entusiasmados las ya conocidas consignas y muchas más.

 

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Cuando descendieron del autocar un aplauso les dio la bienvenida mientras entraban a la Basílica.

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Habían llegado en el autobús del club pero para desplazarlos al Ayuntamiento y a la Diputación les llevarían en uno descapotable.

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El fervor de los aficionados no se puede explicar a través de palabras, solo de sentimientos. Las lágrimas no se reprimían ni en los más duros bilbaínos.

Unos minutos dentro para mostrar la copa a la virgen de Begoña mientras la gente no cabía de gozo. Fuera esperaba el autobús que les transportaría al siguiente “punto caliente”: El edificio del Ayuntamiento.

Yo me dirigí al Ayuntamiento antes de que salieran de la basílica para conseguir una buena posición. No quería perderme nada.

La gente se iba congregando, la música no paraba de sonar, una pantalla gigante nos mostraba lo que sucedía en Begoña, además de proyectar imágenes del partido jugado ayer.

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Pasaban los minutos y en la plaza Ernesto Ercoreca no cabía un alfiler, era imposible dar un paso, los mayores recordábamos el recibimiento de hace 31 años, los pequeños no habían contemplado nada igual, sus ojos abiertos eran un pozo de emoción y sorpresa.

Allí nuestro pletórico regidor de la villa les esperaba para agasajarles con honores como si de héroes se trataran y, claro, que son unos héroes. Son los protagonistas de una contienda futbolística que nos ha hecho vibrar y nos ha llenado de orgullo y felicidad a todos los que sentimos el Athletic como parte de nosotros.

En la ría no veríamos la gabarra pero si pudimos ver varias embarcaciones adornadas con banderas que no querían tampoco perderse esa tarde inolvidable.

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A las cuatro y media por la Avda Zumalakarregi aparecen coches de policía seguidos por el autobús descubierto donde se podía ver a los jugadores ataviados con prendas azules dando botes, alzando los brazos y sonrisas en sus caras. Detrás muchísima gente les acompañaban desde la Basílica.

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Descendieron del autobús y en la escalinata del edificio consistorial se encontraban las autoridades con el Sr Aburto a la cabeza que, llevaba al cuello, una corbata acorde con los colores del día.

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Allí saludaron a todo el público congregado y se hicieron las fotos de rigor.

Entraron y más fotos en la escalinata interior, de allí al Salón Árabe donde comenzó la ronda de discursos el regidor de la villa, primero en euskera y luego en castellano.

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Habló sobre la filosofía del club, sobre la unión entre los aficionados y, también, comentó que nuestra afición es la mejor del mundo desde hace 117 años.

Dio paso a Josu Urrutia quien también agradeció la asistencia en euskera y castellano.

El sol quiso unirse a esta fiesta y brilló en todo su esplendor, empezaba a hacerse insoportable el calor pero allí nos manteníamos firmes y felices.

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Por fin decidieron asomarse al balcón desde donde vendrían los momentos más simpáticos con Iker Muniain como maestro de ceremonias, haciéndonos cantar, bailar e, incluso, pidiéndonos silencio en algunos momentos.

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Uno a uno han ido tomando la palabra con frases divertidas pero con un discurso común. Todos nos agradecieron el apoyo recibido en tantos años.

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La emoción, la agitación, la entrega, los cánticos, los aplausos, las lágrimas…todo se mezcló formando una sinfonía como pocas veces hemos presenciado en nuestra villa.

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Todo era poco para agradecer y demostrar al equipo que estamos con ellos, que sufrimos con ellos, que vibramos con ellos, que los queremos, que los apoyamos y que, pase lo que pase, seguiremos ahí, al pie del cañón.

Ellos ya lo saben y se notaba que sentían nuestra emoción y nuestro cariño.

Levantaron la copa, una copa que lucirá en una vitrina junto con todas las que se han conseguido en los más de 100 años que ya ha cumplido nuestro club.

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Algunos jugadores como Aduriz o Gurpegi fueron tremendamente aplaudidos y aclamados.

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En un momento dado han soltado cientos de miles de confetis formando una nube rojiblanca que ha hecho las delicias de todo el personal.

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Se despidieron y, un rato después, ya estaban en el autobús para encaminarse al último punto, al edificio de la Diputación en Gran Vía.

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Allí fue casi imposible acercarse, se habían juntado todos los que bajaron de Begoña, los que les recibieron en el Ayuntamiento más todos los que esperaban delante del palacio.

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Salieron al balcón y mostraron la copa a los aficionados.

Ha sido una jornada emotiva que jamás olvidaremos y que siempre diremos “Yo estuve ahí, yo participé de la celebración”

Solo me queda dar las gracias a todos por su comportamiento ejemplar, demostrando una vez más que somos la mejor afición del mundo apoyando al mejor equipo del mundo.

AUPA ATHLETIC!!!

BETI, BETI ZUREKIN!

 

 

Fotos: ANDONI RENTERIA

LEZAMA, UN PORTERO CON HISTORIA

Hoy os hablaré de un histórico portero del Athletic: RAIMUNDO PÉREZ LEZAMA.
Su hijo Manu, al que me une una gran amistad, ha sido tan amable de dedicarme un rato para explicarme quién fue su padre y qué relevancia tuvo en nuestro club.
Nos citamos en una cafetería del centro de Bilbao y, como siempre que nos vemos, los primeros minutos se dedica a bromear conmigo.

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Manu comienza la historia por el principio a instancias mías y yo se lo agradezco.
Raimundo Pérez Lezama nació en Barakaldo un 22 de Noviembre de 1922. A los quince años su vida dio un giro inesperado: Le enviaron junto con su hermano menor a la ciudad de Southampon (Inglaterra) en el barco “La Habana”, para preservarle de la Guerra Civil. Unos 4000 niños vascos fueron evacuados a Gran Bretaña.
Raimundo fue apadrinado por un Comandante de la RAF (Fuerza Aérea Real) que le ofreció un puesto de chófer. Aquel hombre era, además, un directivo del Southampton Club de Football, donde le hicieron unas pruebas y tanto les gustó que, Raimundo Pérez Lezama, debutó como portero en un partido frente al Arsenal.
Aquello, sin él saberlo, iba a cambiar su futuro; le iba a convertir en una leyenda.
En el año 1940, tras casi cuatro años de exilio, llegó de nuevo a Bilbao y su padre, trabajador de Altos Hornos, le preguntó qué es lo que había aprendido en Inglaterra además del idioma, a lo que el muchacho respondió ufano que sabía jugar al fútbol.
El progenitor, sin pensarlo dos veces, habló con un amigo directivo del Arenas para que le probaran. Mientras todos los jugadores de aquel equipo entrenaban en alpargatas, Raimundo, se presentó con tres pares de botas y su suéter irlandés.

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A los pocos minutos de observar su juego en el campo Gobelas, le ficharon y, cuatro meses más tarde, ya pertenecía a la plantilla del Athletic en la temporada 1940-1941, aunque seguía jugando en el Arenas.
El primer gran triunfo fue la Final de Copa del año 1943 en el entonces METROPOLITANO, hoy estadio Bernabéu, contra el Real Madrid. En aquel partido Lezama paró todo lo que le tiraron.
Solían entrenar en Lezama y en Ibaiondo. Su equipación era muy básica; las botas, que traían de Inglaterra y Portugal llevaban tacos de madera prensada unidos a la suela con unos clavitos.
En un partido Lezama sufrió un clavo de aquellos en la frente, perteneciente a la zapatilla de Puskas.

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Terminó su andadura en el Athletic en la temporada 1956-1957 y se fue al Indautxu a instancias de Pirulo Laso. Raimundo no quiso cobrar nada de aquel club porque Pirulo y él eran muy amigos y como él decía: “A un amigo no le voy a cobrar”
Por aquel entonces, el portero, disponía de un negocio de luminosos pionero en Bilbao en este sector.
Al dejar el Indautxu le llamaron del Sestao donde jugó bajo palos durante un año.
Su andadura futbolística concluyó en el mismo equipo donde comenzó: El Arenas. Fue un regreso a sus orígenes.
Fueron muchos los trofeos conseguidos en los que Lezama participó activamente, que paso a reseñar:
-Dos Ligas
-Cinco subcampeonatos
-Seis Copas
-Trofeo Zamora concedido por el diario MARCA.

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Manu me relata todos estos datos biográficos de su padre con verdadero orgullo reflejado en el brillo de sus ojos.
Le pido que me cuente alguna anécdota más personal que refleje el lado más humano de su padre y, por supuesto, está de acuerdo.
Vivían en María Díaz de Haro y, los domingos de partido, su ama le preparaba a su aita siempre el mismo menú, consistente en un caldo, una tortilla francesa, un plátano y un café.
Con su pequeña maletita preparada, donde llevaba su ropa deportiva y los objetos de aseo, se dirigía hacía La Catedral a realizar su trabajo, lo que mejor sabía a hacer: Evitar que el equipo contrario les marcara un gol.
No solía ir solo, le acompañaba su hijo Manu, quien sonríe recordando tantas y tantas veces que iba de la mano de su padre.
Al llegar allí, Raimundo le daba un duro que llevaba en un bolsillo interno de su pantalón de fútbol, para que se acercara a una de las vendedoras que paseaban su mercancía por las gradas y comprara un regaliz de palo. Al portero le encantaba aquella golosina que masticaba en la portería mientras se concentraba en el juego.
Raimundo Pérez Lezama, era conocido como Lezama pero, además, tenía dos motes: “El señor de las altas torres” porque era un señor debajo de los palos en su trato con todos y el “Bocas”, porque, según sus compañeros, no se callaba nada.
Manu evoca aquellos partidos en San Mamés como auténticas romerías; los aficionados se acercaban al estadio desde diferentes lugares de Bilbao y desde pueblos de la provincia. La zona no estaba asfaltada como la conocemos hoy en día, sino que había campas y barrizales, por ello, solían acudir en alpargatas. También se traían las botas de vino, con lo que el aspecto era de fiesta dominical.
Los domingos que jugaban fuera de Bilbao los vivían como auténticas odiseas. Utilizaban un autobús que salía de la sede del Athletic situada, entonces, en la calle Bertendona, al que bautizaron como “Bala Roja”. Entre los futbolistas se organizaban apuestas sobre el tiempo que tardaría el vehículo en llegar a Orduña y cuántos pinchazos se producirían hasta Miranda de Ebro. Lo que nos da una idea de las aventuras que soportaban aquellos deportistas. En Miranda dejaban el autobús y se montaban en el tren que les acercaría a su destino.

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Otra curiosa anécdota es la protagonizada por el portero Zamora quien, en un partido, se acercó a su padre, cuando éste comenzaba su andadura futbolística, y le dijo: “Chaval, esto no es lo tuyo, déjalo”. Tiempo después coincidieron de nuevo en San Mamés y le confesó: “Chaval, estaba equivocado, eres el mejor portero de España”
Lezama será recordado, además de por su calidad humana y su buen juego, por ser innovador en su manera de parar. De Inglaterra importó unas formas diferentes de actuar bajo palos, de sacar con la mano y a botepronto. Algún árbitro se lo recriminó, pero él se defendía explicando que era la técnica utiliza en aquel país donde aprendió a jugar al fútbol.
Desde hace unas semanas RAIMUNDO PÉREZ LEZAMA dispone de una calle al lado de su querida Catedral. Seguro que a él le hubiera hecho muy feliz saber que se le sigue recordando en Bilbao como se merece y que muchos jóvenes sin haberle visto jugar le admiran.
Me despido de mi querido amigo Manu agradeciéndole su tiempo y sus innumerables historias sobre un gran portero pero, sobre todo, un gran padre. Antes de marchar de la cafetería me enseña una camiseta de Lezama, enmarcada y dedicada a la Peña Kalimotxo, que cuelga de una de las paredes del local.

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FOTOS ACTUALES: ANDONI RENTERIA

AMBIENTE ROJIBLANCO

Esta mañana he acudido al evento que había organizado mi amigo Javier De Peque junto con otros comerciantes de la calle Belosticalle en pleno Casco Viejo.

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A las doce ya se respiraba un gran ambiente festivo, mucha animación e ilusión por ver la Copa el lunes en Bilbao.

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No han faltado ni las bebidas ni los aperitivos ni, por supuesto, la música. Hemos cantado y bailado todas las canciones que, sobre el Athletic, se han compuesto.

Me he encontrado con verdaderos amigos como: Andoni Renteria, Toni Alvaro y Javi, Luis Bañeres, Eguzkiñe Elorrieta, Iñaki Alonso y por supuesto Javier de Peque y su esposa Lourdes Leoz.

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Al volver para casa he entrado en la Plaza Nueva que me ha recordado a la típica mañana de Aste Nagusia.

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Ya está instalada la pantalla para que esta noche todo el que quiera pueda acercarse hasta allí para ver ganar a nuestros leones.

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Os dejo fotos.

Aupa Athletic!

FOTOS: ANDONI RENTERIA