UN PUEBLO QUE BAJA AL MAR

Si preguntas a algún bizkaino por un pueblo pintoresco en nuestra costa, famoso por sus fiestas de La Magdalena y con muchas cuestas, no lo dudará, te dirá Elantxobe.
Esta localidad dista 47 kilómetros de Bilbao y, el camino más fácil, es llegando hasta Amorebieta dirección Gernika y, desde allí, por Kortezubi hacia la costa; no hay pérdida.
Un sábado a las cuatro, después de almorzar en un restaurante de la zona, decido acercarme para bajar la comida paseando por sus calles empinadas. Es un buen ejercicio para las piernas.
Lo primero es aparcar el coche en la zona de arriba, donde me quedo unos minutos observando todos los detalles a mi alrededor y me detengo a leer un panel informativo.

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A pocos metros de la entrada del pueblo, en el espacio más grande, hay una plaza donde gira el autobús. Al no haber suficiente amplitud para dar la vuelta, debe hacerlo situándose en una plataforma que le hace girar. En ese momento no había ninguno pero os invito a que lo busquéis en youtube, hay videos grabados de esta curiosa maniobra.

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En este lugar también puedes asomarte al mirador y disfrutar con las vistas hacia el puerto.

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Comienzo a bajar por la calle principal: Nagusia Kalea. No me cruzo con nadie, son horas de siesta y descanso. Mientras camino pienso en los habitantes de este pequeño pueblo de Urdaibai en lo fuertes que deben tener las piernas.

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Para acceder al puerto puedes hacerlo por este camino, por las escaleras o en coche por una carretera que parte desde la entrada del pueblo antes del aparcamiento.
Esta población se sitúa en la ladera del Cabo Ogoño. En el siglo XIX tuvo mucho auge industrial gracias a las fábricas de escabeche y de conservas.

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Continúo mi descenso pensando cómo será el ascenso cuando, por fin, desembocó por una callecita en el coqueto puerto donde, en ese momento, hay atracadas bastantes pequeñas embarcaciones.

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A finales del siglo XVIII se construyeron varios muelles para protegerlo del mar.
Voy hacia el dique, donde descubro un soportal gigante, que me encanta. Imagino que los lugareños se protegerán de la lluvia mientras, sentados, charlan y comentan las noticias del pueblo con otros vecinos. Una especie de ágora en plena costa bizkaina.

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Por unas escaleras subo y aparece ante mí un mirador, que me recuerda a la proa de un barco, más concretamente del Titanic y su famosa escena con los brazos de los protagonistas extendidos al horizonte.

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Un par de hombres sentados en sendos taburetes; se les ve pensativos y relajados con sus cañas y aparejos de pesca. En un cubo a su lado, descubro un pez anaranjado que no había visto nunca pero no me atrevo a preguntarles por no molestar.

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Miro hacia el pueblo y pienso que debo subir. Es hora de marchar, me lo tomaré con calma.

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Un ancla en el camino parece querer recordar a todos los que visitamos esta población, lo dura que es la vida en el mar.

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Encuentro unas escaleras y decido realizar el ascenso por allí. De repente, como si estuviera colocado estratégicamente, aparece un banco blanco donde me siento a descansar y observar la inmensidad del océano.

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Minutos más tarde, más cansada pero muy relajada abandono este pintoresco pueblo de nuestra costa.

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Os recomiendo una visita, lo disfrutaréis.

FOTOS: ANDONI RENTERIA

MANSIONES DE GETXO

Getxo es un municipio en la costa bizkaina que no solo por el mar, sus restaurantes o su acuario es conocido. También presume de su parte monumental: sus mansiones, sobre todo las que miran hacia el Cantábrico.
Hoy os llevo a visitar esos edificios, al menos conoceréis sus fachadas y los nombres de cada una.
Aparco el coche antes de llegar al Acuario, muy cerca de la primera casa que quiero mostraros:
El Palacio Ampuero, diseñado en 1928 por Manuel María Smith a petición del empresario y político José Joaquín Ampuero Del Río y su familia.

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La siguiente es la mansión en la que, todos los que paseamos por esa zona, nos fijamos, ya que es absolutamente espectacular y su ubicación hace que sea la primera que vemos cuando nos dirigimos al puerto.
Se trata del Palacio Lezama-Leguizamón, uno de los más reconocidos de Bizkaia. Se construyó en 1903 bajo planos del arquitecto José María Basterra y fue remodelado en 1919 por Manuel María Smith.
Sus jardines tan bien cuidados es otra seña de identidad de este palacio.

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La Casa Vallejo es otra de las obras de Manuel María Smith, levantada en 1924 por orden del empresario Emilio Vallejo para habitarla junto a su familia.
En 1952 el mismo arquitecto realizó unas obras para ampliarla tanto en superficie como en altura.

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A pocos metros se puede admirar la casa Eguzkialde, edificada en 1918 en estilo puramente montañés y, en este caso, el autor de tal maravilla fue el cántabro Leonardo Rucabado.
Este palacio también es conocido como Casa Barbier o Casa de la Alcaldesa, haciendo mención a sus propietarios. Primero fue el industrial Pedro María Barbier quien ordenó su construcción y, posteriormente, en 1957 fue adquirido por la que fue alcaldesa de Bilbao Pilar Careaga y esposo.

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Antes de continuar con este recorrido arquitectónico me tomo unos minutos para admirar tanto los palacios como el mar, que en ese momento, se encuentra en calma absoluta.

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Desde aquí contemplo la Casa Cisco II, un edificio de viviendas de mediados del siglo XX con firma de Eugenio Aguinaga.

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Me dirijo al Muelle de Las Arenas para seguir observando las magníficas residencias del siglo pasado.
Cisco Etxea es otra de las preciosidades que miran con altanería hacia el mar. Realizada según diseño de Manuel María Smith en el año 1909, destaca por su estilo inglés innovador.
Esta casa sirvió de inspiración para las casas Cisco II y Cisco III

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Otra de las creaciones del Sr. Smith fue la casa Kaiertza en 1929 con un estilo regionalista; mitad casa montañesa y mitad palacio barroco vasco. Destaca su porche sobre una escalinata flanqueada por columnas.

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Kaialde es otro ejemplo de arquitectura palaciega construida por Manuel María Smith en 1925, se distingue por la gran variedad de elementos constructivos y decorativos.

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Es el momento de detenerse a analizar y admirar la Villa Ariatza del mismo arquitecto y del mismo año que la anterior, ya que los terrenos pertenecían a Tomás Allende Alonso, industrial y senador, que repartió y mandó construir ambas casas para sus hijos.

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Unos metros más adelante me topo con Bidearte, también de Smith, esta vez del año 1927. Construida como “casa de inquilinato de lujo”, es una casa de vecindad con seis viviendas.

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Mi recorrido termina delante de la casa Itsas Begi, construida por Rafael Garamendi en 1927, de inspiración neovasca popular basada en el modelo de caserío.

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Estas son algunos de los ejemplos que podemos admirar en uno de los rincones más bellos de Bizkaia y cercano a Bilbao. Os invito a que vayáis y descubráis muchas más.

FOTOS: ANDONI RENTERIA

EL REGATO, PARAÍSO CERCANO

En esta nueva excursión por las “afueras” no os llevaré lejos de Bilbao; solo nos desplazaremos once kilómetros.
Os llevo al barrio El Regato de Barakaldo. Para llegar hasta aquí desde Bilbao debemos ir primero a Retuerto y en la rotonda cercana a la iglesia nos desviamos hacia El Regato.
Una tarde de sábado decido adentrarme en este precioso valle bañado por el rio Castaños y, ocupado en su mayor parte, por un pantano construido a principios del siglo XX para uso de Altos Hornos.
Esta es una zona rural donde también existieron varios molinos para tratar los cereales que allí se sembraban. También fueron importantes las diversas ferrerías allí localizadas.
Actualmente es un lugar de esparcimiento y recreo donde te olvidas que existe una vida cosmopolita, estrés, rascacielos y autopistas.
Se puede disfrutar de la gastronomía en algunos de sus muchos restaurantes o practicar senderismo, ciclismo e incluso pesca.
Aparco el coche a la entrada del pueblo y me dirijo hacia la iglesia San Roque que, en ese momento, se hallaba cerrada para mi decepción.

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Por un puentecito a su izquierda me dirijo al otro lado del río, observando como juegan unos simpáticos patos.

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En el otro lado hay una fuente donde, seguramente, saciarán la sed los chavales que jueguen en el frontón que se encuentra allí mismo y que, a esa hora de calor, permanece vacío.

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Decido pasear por esta orilla entre árboles. El camino es muy cómodo y se hace muy agradable transitar por él.

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De vez en cuando me paro porque algo me llama la atención; unos patos se me acercan y yo me acuerdo que llevo una galleta en el bolso.

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Como si ellos presintieran que les iba a dar de comer, se me acercan graznando a mucha velocidad, tanta que me hacen reír.
En cuanto se han comido las migajas se van, sin despedirse, ni agradecimientos, ni tan siquiera una mirada atrás.

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Continúo el sendero. Me cruzo con familias en bicicleta, con señores pescando, con jóvenes enamorados de la mano y con muchos que, al igual que yo, solo buscan un momento de paz practicando un ejercicio suave.

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A lo lejos, en un alto, observo el Colegio El Regato, un centro escolar que funciona como cooperativa y que, según he oído, goza de buena fama en la zona.
No estoy cansada pero el lugar merece la pena una pausa. ¡Cuánta paz se respira!,

P1110404¡Cuántas cosas nos ofrece la naturaleza para que nos fijemos y nos hagamos preguntas!
Terminado el paseo regreso a la zona de casas y veo que en las antiguas escuelas han creado un Centro de Interpretación. En una de las fachadas un monumento recrea el duro trabajo de una ferrería.

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Como es sábado por la tarde el centro permanece cerrado, así que, después de pasear admirando las casas de alrededor y tomarme un refresco sentada en una terraza de uno de los bares, decido que volveré.

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Espero que vosotros también os deis una vuelta por este pequeño paraíso cercano a la civilización.

FOTOS: ANDONI RENTERIA