BILBAO CON LOS NIÑOS DE NEPAL

El pasado sábado 16 de mayo, un acto solidario tuvo lugar en la Villa.
Se trataba de conseguir dinero para los niños afectados por los terribles terremotos de Nepal, sufridos recientemente.
Se recaudaron 3000 euros para UNICEF, a través del Saltxieguna, un día dedicado a la infancia, en el que el conocido restaurante Ein Prosit, fue el encargado de suministrar de salchichas y cerveza por dos euros, a todos los asistentes.
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La cita fue en la plaza del Ensanche y, hasta allí, acudieron numerosas caras conocidas de Bilbao.

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El alcalde Ibon Areso, inauguró esta edición a las doce de la mañana y, por supuesto, también degustó las sabrosas salchichas que se repartieron.
Hubo música a cargo del txistulari Mikel Bilbao y el cantante Iñaki Basabe. No faltaron voluntarias para acompañar a Iñaki y dar su toque de alegría al evento.

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Los athleticzales Artaburuak tampoco quisieron perder la oportunidad de colaborar con UNICEF. En la foto les podéis ver con mi querido Andoni Renteria.

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Varios actores, deportistas, periodistas y cocineros pasaron la mañana en el Ensanche comiendo, charlando, divirtiéndose y apoyando una buena causa.

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Isidro Elezgaray de Laboral Kutxa lo mismo repartía salchichas que chupa chups a los niños.

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Borja Elorza hizo de maestro de ceremonias presentando a un grupo de aizkolaris que hicieron disfrutar a todos los allí presentes.

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Siempre es un orgullo ser de Bilbao pero cuando ves iniciativas solidarias como esta, entonces me enorgullezco más, si cabe.

Fotos: Andoni Renteria.

CIRCO DE LA CONCORDIA

Levantado a finales del siglo XIX en el solar que hoy ocupa la Sociedad Bilbaina, el Circo de la Concordia es desconocido para la gran mayoría de bilbainos.
Al matrimonio formado por el empresario circense Gil Vicente Alegría y la estrella riojana Micaela Ramírez que poseían, desde 1879 en Barcelona, el Circo Alegría y, además, organizaban espectáculos itinerantes por toda la península y algunos países como Italia, se les ocurrió crear un circo estable en nuestra ciudad, ya que se dieron cuenta, tras diferentes actuaciones en la plaza de toros de Vista Alegre, que al público bilbaíno les gustaba este tipo de entretenimiento.
Una vez conseguidos los permisos pertinentes, levantaron un edificio acorde a sus necesidades que pasó a llamarse de “La Concordia” y no el oficial “Alegría” debido al nombre del terreno donde se ubicó.
Se inauguró un caluroso día de agosto de 1893 a las ocho de la tarde y terminó a la una y media de la madrugada.
Los espectadores aguantaron estoicamente las altas temperaturas en el interior de aquel caserón de madera, donde disfrutaron de diferentes actuaciones como malabares, juegos aéreos, guitarristas, payasos, leones y muchas más.
Todos coincidieron en que la construcción era muy elegante y muy bien iluminada con focos eléctricos y lámparas de gas.
Una de las figuras de este circo fue sin duda una adivinadora que vino desde Madrid para dejar con la boca abierta a todos los asistentes, así como una pareja de acróbatas a los que les faltaba una pierna a cada uno.
Tan solo dos años duró aquel espectacular circo en Bilbao, ya que el solar fue vendido.
El domingo 24 de marzo de 1895 se clausuró con la presencia de la compañía Gimnástica de la Señorita Navas.
¿Os imagináis las asombradas caras de nuestros antepasados viendo a la Mujer Barbuda y a otros personajes circenses de la época?
Como no hay ninguna imagen de aquel circo, os dejo una cogida en Internet para ilustrar el texto.
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OLMO Y DON CELES, INSEPARABLES.

Hace dos días cumplí uno de mis sueños.
No recuerdo cuando tuve conciencia de la existencia de Luis del Olmo, lo que sí sé es que, como muchos bilbaínos y foráneos, he crecido con Don Celes, ese personaje al que una serie de vicisitudes le ocurren a diario en la contraportada de algunos periódicos del país.
Su creador, Don Luis del Olmo, nació en Bilbao en el año 1922. Comenzó su carrera periodística en La Gaceta del Norte en el año 1945, donde se le encargó una tira cómica al estilo de las que se publicaban en Estados Unidos.
Fue entonces cuando nacieron Don Celestino Carovius y su esposa Petronila Pilonga. Estos personajes fueron bautizados por el entonces director del rotativo: Aureliano López Becerra.
No creo que haya nadie en Euskadi que no conozca a este hombrecito de poblado bigote al que le ocurren las más variopintas aventuras y, que el 19 de octubre cumplirá 70 años, aunque parece que por él no transcurre el tiempo.
Más de 20000 tiras publicadas casi ininterrumpidamente a lo largo de estos años.
A las seis de la tarde, impecablemente vestido y con una amplia sonrisa me recibió en la puerta de su casa Luis del Olmo, más conocido por todos como Olmo. Nos saludamos con dos besos y allí mismo lo primero que hice fue agradecerle que me atendiera y que me hubiera invitado a su domicilio, situado en el centro de Bilbao.
Me indicó que pasara a su lugar de trabajo; una estancia bien iluminada con una gran mesa en el centro en la que reposaba una tira inacabada, diversos cubiletes con muchos y variados rotuladores, reglas, tijeras y diferentes objetos de escritorio.
Me senté en la silla que me ofreció, a su lado. “Así me verás mejor trabajar”, me aseguró.
Su sentido del humor es absolutamente fantástico; una vez acomodada me miró a los ojos y me preguntó qué es lo que quería. Al decirle que conocerlo, que con eso ya me daba por satisfecha, me dice: “Hala pues ya me has conocido, ya te puedes marchar”. Por una décima de segundo me descolocó, pero cuando le vi sonreír, me di cuenta que era su humor, del que ya me habían advertido.

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Comenzó a contarme anécdotas de cuando ejercía el periodismo y debía cubrir noticias de accidentes o de cómo se despejaba de nieve la línea del tren de La Robla, mientras iba dando forma a aquella viñeta en la que estaba trabajando. Sus manos finas, de dedos largos sujetaban un Rotring con la pericia del que lleva toda la vida haciéndolo.
Le pregunté por el cariño que la gente le demuestra y sus ojos brillaron a la vez que me confesaba que era una maravillosa sensación sentirse tan querido y que, para él, era el mejor reconocimiento.
Entonces me contó una emotiva anécdota de un lector al que todos los días su nieta pequeña le pedía que le explicara la tira de Don Celes y, después de esclarecerle la aventura de ese día, la niña le daba un beso. Aquel orgulloso abuelo le escribió a Olmo para contárselo y darle las gracias porque él sentía que ese beso se lo debía al periodista.
Olmo, en un acto de generosidad, les envió un dibujo dedicado al abuelo y a la niña.
También me habló de un misionero que, desde una ciudad de la India le escribió emocionado, porque allí se sentía solo, hasta que un buen día cayó en sus manos un periódico con la tira de Don Celes y le hizo sentirse más cerca de su tierra, de Bilbao.
Me explicó muchas anécdotas divertidas, me contó chistes, me enseñó fotos y hasta una talla de madera realizada por otro lector y admirador, con las siluetas de Don Celes y el policía que le trae de cabeza.
Me habló de su pasión por el atletismo y el baloncesto, deportes que practicó de joven.
El tiempo transcurría sin que me diera cuenta, absorta, escuchándole, mirando como daba forma a la próxima viñeta, observando sus certeros movimientos con el rotulador.
Yo no quería molestarle más y, al decirle que le agradecía su tiempo, me miró y me dijo, “Oye, yo estoy muy a gusto, por mí no te preocupes”. Así que me quedé otro rato más, hablando y viéndole trabajar.

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De repente, se gira hacía un mueble repleto de libros, coge un montón de tiras ya terminadas y me dice: “Elige una, la que más te guste y te la dedico”.
Había, al menos, cuarenta historietas del insigne personaje. Con las manos temblorosas, siendo consciente del regalo que me ofrecía, empecé a mirarlas; le dije que me gustaban todas y él insistió, “Venga, coge la que más te guste”.
Finalmente, me decidí por una, y se la entregué. Entonces él sacó del cubilete otro Rotring más fino y, debajo de las viñetas, escribió una dedicatoria con el nombre que le indiqué; el de un bilbainito joven que, desde que era muy pequeño, lo primero que lee cuando coge el periódico, (quizá lo único), es la tira cómica de Don Celes.

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Absolutamente emocionada con mi tesoro, le agradecí su tiempo, su charla y su buen humor y me despedí de él, quien, caballerosamente, me acompañó hasta la puerta y allí, me dio dos besos y algún consejo que seguiré al pie de la letra.
Salí a la calle como transportada en una nube; hubiera gritado a todos que estaba feliz.
Feliz porque había conocido a una leyenda que, desde hace tres años, es ILUSTRE DE BILBAO; alguien acostumbrado a premios, reconocimientos y títulos pero que, a pesar de ser muy merecidos, no hacen justicia a la gran persona que es.
Jamás olvidaré la tarde que pasé con el padre de Don Celes.
Muchas gracias, Olmo.