OLMO Y DON CELES, INSEPARABLES.

Hace dos días cumplí uno de mis sueños.
No recuerdo cuando tuve conciencia de la existencia de Luis del Olmo, lo que sí sé es que, como muchos bilbaínos y foráneos, he crecido con Don Celes, ese personaje al que una serie de vicisitudes le ocurren a diario en la contraportada de algunos periódicos del país.
Su creador, Don Luis del Olmo, nació en Bilbao en el año 1922. Comenzó su carrera periodística en La Gaceta del Norte en el año 1945, donde se le encargó una tira cómica al estilo de las que se publicaban en Estados Unidos.
Fue entonces cuando nacieron Don Celestino Carovius y su esposa Petronila Pilonga. Estos personajes fueron bautizados por el entonces director del rotativo: Aureliano López Becerra.
No creo que haya nadie en Euskadi que no conozca a este hombrecito de poblado bigote al que le ocurren las más variopintas aventuras y, que el 19 de octubre cumplirá 70 años, aunque parece que por él no transcurre el tiempo.
Más de 20000 tiras publicadas casi ininterrumpidamente a lo largo de estos años.
A las seis de la tarde, impecablemente vestido y con una amplia sonrisa me recibió en la puerta de su casa Luis del Olmo, más conocido por todos como Olmo. Nos saludamos con dos besos y allí mismo lo primero que hice fue agradecerle que me atendiera y que me hubiera invitado a su domicilio, situado en el centro de Bilbao.
Me indicó que pasara a su lugar de trabajo; una estancia bien iluminada con una gran mesa en el centro en la que reposaba una tira inacabada, diversos cubiletes con muchos y variados rotuladores, reglas, tijeras y diferentes objetos de escritorio.
Me senté en la silla que me ofreció, a su lado. “Así me verás mejor trabajar”, me aseguró.
Su sentido del humor es absolutamente fantástico; una vez acomodada me miró a los ojos y me preguntó qué es lo que quería. Al decirle que conocerlo, que con eso ya me daba por satisfecha, me dice: “Hala pues ya me has conocido, ya te puedes marchar”. Por una décima de segundo me descolocó, pero cuando le vi sonreír, me di cuenta que era su humor, del que ya me habían advertido.

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Comenzó a contarme anécdotas de cuando ejercía el periodismo y debía cubrir noticias de accidentes o de cómo se despejaba de nieve la línea del tren de La Robla, mientras iba dando forma a aquella viñeta en la que estaba trabajando. Sus manos finas, de dedos largos sujetaban un Rotring con la pericia del que lleva toda la vida haciéndolo.
Le pregunté por el cariño que la gente le demuestra y sus ojos brillaron a la vez que me confesaba que era una maravillosa sensación sentirse tan querido y que, para él, era el mejor reconocimiento.
Entonces me contó una emotiva anécdota de un lector al que todos los días su nieta pequeña le pedía que le explicara la tira de Don Celes y, después de esclarecerle la aventura de ese día, la niña le daba un beso. Aquel orgulloso abuelo le escribió a Olmo para contárselo y darle las gracias porque él sentía que ese beso se lo debía al periodista.
Olmo, en un acto de generosidad, les envió un dibujo dedicado al abuelo y a la niña.
También me habló de un misionero que, desde una ciudad de la India le escribió emocionado, porque allí se sentía solo, hasta que un buen día cayó en sus manos un periódico con la tira de Don Celes y le hizo sentirse más cerca de su tierra, de Bilbao.
Me explicó muchas anécdotas divertidas, me contó chistes, me enseñó fotos y hasta una talla de madera realizada por otro lector y admirador, con las siluetas de Don Celes y el policía que le trae de cabeza.
Me habló de su pasión por el atletismo y el baloncesto, deportes que practicó de joven.
El tiempo transcurría sin que me diera cuenta, absorta, escuchándole, mirando como daba forma a la próxima viñeta, observando sus certeros movimientos con el rotulador.
Yo no quería molestarle más y, al decirle que le agradecía su tiempo, me miró y me dijo, “Oye, yo estoy muy a gusto, por mí no te preocupes”. Así que me quedé otro rato más, hablando y viéndole trabajar.

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De repente, se gira hacía un mueble repleto de libros, coge un montón de tiras ya terminadas y me dice: “Elige una, la que más te guste y te la dedico”.
Había, al menos, cuarenta historietas del insigne personaje. Con las manos temblorosas, siendo consciente del regalo que me ofrecía, empecé a mirarlas; le dije que me gustaban todas y él insistió, “Venga, coge la que más te guste”.
Finalmente, me decidí por una, y se la entregué. Entonces él sacó del cubilete otro Rotring más fino y, debajo de las viñetas, escribió una dedicatoria con el nombre que le indiqué; el de un bilbainito joven que, desde que era muy pequeño, lo primero que lee cuando coge el periódico, (quizá lo único), es la tira cómica de Don Celes.

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Absolutamente emocionada con mi tesoro, le agradecí su tiempo, su charla y su buen humor y me despedí de él, quien, caballerosamente, me acompañó hasta la puerta y allí, me dio dos besos y algún consejo que seguiré al pie de la letra.
Salí a la calle como transportada en una nube; hubiera gritado a todos que estaba feliz.
Feliz porque había conocido a una leyenda que, desde hace tres años, es ILUSTRE DE BILBAO; alguien acostumbrado a premios, reconocimientos y títulos pero que, a pesar de ser muy merecidos, no hacen justicia a la gran persona que es.
Jamás olvidaré la tarde que pasé con el padre de Don Celes.
Muchas gracias, Olmo.

12 pensamientos en “OLMO Y DON CELES, INSEPARABLES.

  1. Precioso todo lo que cuentas. Con él hemos crecido todos y tanto él como Don Celes son una parte de nuestra vida. Además fué amigo de mi aita y todo lo que cuentas m
    e ha traído buenos recuerdos. Como siempre de fábula escrito y contado. Gracias Esme!!!!

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  2. Hola Es me
    Comentar que tanto mi abuelo como mis tíos eran pescadores, de Santurtzi y mi a mama era de las que vendían sardinas desde santurtzi a Bilbao.
    Mi bisabuela marina la castañera vendía castañas asadas y dulces en Bilbao, a pesar de sus 90 años decía que tenia 14 no cumplidos, nunca hubo manera de retirarla.
    Y el mejor articulo que recuerdo de Luis Del Olmo es sobre mi bisabuela Marina la castañera con caricatura incluida .
    Me alegro que alguien de mi familia hiciera feliz a alguien tan grande como Luis Del Olmo.
    Gracias Esme

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  3. Esme, me ha gustado mucho el articulo y siento un poco de envidia, ( sana se entiende) de no ser yo el que ha pasado ese rato tan agradable con el grande entre los grandes al menos para mi.
    Permíteme una pregunta, ¿que tal le encontraste de salud?
    Ha llegado hasta mis oídos que esta un poco pachucho.
    Bueno de todos modos lo dicho, me alegro un montón que lo pasaras bien y como siempre un placer leer tus historias.
    Gracias

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    • me alegra que te haya gustado, en Agosto hará 93 años, la cabeza la tiene mejor que tú y que yo, creeme. Fisicamente está muy bien, sale a la calle todos los días y sigue trabajando. ¿Qué más se puede pedir?

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  4. Hola Esme!! Que envidia me da que hayas podido estar y disfrutar,con alguien,como el padre de Don Celes,yo hoy, es el día que sigo cogiendo el periódico y mirando la ultima pagina,para ver que historia toca ese día. Me alegro que tu sueño se haya cumplido. Muxuss

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  5. Cuando yo era peque mi padre compraba el periódico y lo primero que mirábamos era Don Celes , siempre le pasaban cosas y nunca terminaba bien . Es un mito de la adolescencia de muchos bilbain@s. Me alegro que le hayas conocido al Sr. Olmo.

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  6. Esme, no me extraña que te sentirías en una nube, no es para menos .
    Lo primero que hago al coger el periódico es mirar la tira de Don Celes al igual que tu bilbainito.

    Me alegro mucho que uno de tus sueños esté cumplido.

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  7. Preciosa historia, cuantos recuerdos, no sé si lo veiaen el Correo español, el pueblo vasco o en qué periódico, pero la tira de Don Celes era imprescindible. Muchas gracias Esme y al sr. Olmo.

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