LARREAGABURU PARKEA

Era uno de esos días en los que me apetecía pasear pero no quería hacerlo por el asfalto del Botxo, sino por hierba y rodeada de árboles.
¿A dónde voy? Entonces recordé que en la zona de Santutxu, un parque con unas vistas preciosas a la villa, podría ser el lugar donde relajarme y tomar unas buenas fotografías.
El parque Larreagaburu se encuentra ubicado en la Mina del Morro, al lado del puente de Miraflores. La mina se encontraba en un morro de 65 metros de altura, de ahí el nombre.
Se puede acceder a él por la Avenida Larreagaburu Zubia o desde la rotonda de Miraflores.

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Este lugar de esparcimiento fue inaugurado en el año 2007.

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Su extensión es la de 22 campos de fútbol; Digamos que es el pulmón verde que da un respiro a los barrios cercanos como Santutxu, Bolueta o Atxuri.
El día que fui yo calculo que no serían más de 15 personas las que paseaban por allí. Algunos con perros, otros acompañados de niños, mayores con sus bastones… todos buscando un sitio donde disfrutar de la calma que da un paraíso urbano como este.
Hace años, esta zona se encontraba cubierta de maleza, zarzas y chabolas pero ahora se ha convertido en una zona de recreo con mesas y bancos, caminos donde practicar senderismo y un espacio dedicado a los juegos infantiles.
Yo subí desde el lado de Santutxu donde un cartel me recibió indicándome el nombre del parque.

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La cuesta parece pronunciada pero, en realidad, es muy fácil y poco costosa.
Al llegar arriba es inevitable sentirte como el amo del mundo, en este caso, del Botxo.
Las vistas de la ciudad son diferentes a las que estamos acostumbrados desde Artxanda o desde Kobetamendi.

 

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Por un lado aparece entre árboles el Casco Viejo, La Torre Iberdrola e incluso el funicular como una manchita roja. Y por el otro, el barrio de la Peña con sus altos edificios formando un bonito paisaje.

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En un montículo cerca de los columpios y, como si fuese parte del paisaje, me encuentro unas piedras con una inscripción. Se trata de los restos de la antigua mina. Me han contado que hace años cuando todavía se mantenían en pie los ladrillos, los chavales que frecuentaban aquel lugar para jugar, lo llamaban el Castillo o la Sirena.

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A todos aquellos que no lo conocéis os recomiendo la excursión, seguro que os agradará.

RESTAURACIÓN POLÉMICA DEL TEATRO ARRIAGA

A mediados de septiembre de 1915 se desató una tormenta con tintes políticos en nuestra ciudad.
El entonces alcalde, Marco Gardoqui, viajó a Madrid junto con varios concejales para tratar diferentes temas, entre ellos la reconstrucción del Teatro Arriaga.
Al principio fue todo bien, hasta que el día 16 de ese mes, estalló la noticia: El Alcalde de Bilbao dimitía tras una violenta escena con el ministro de la gobernación.
Parece ser que el desencadenante fue un telegrama enviado por tres concejales bilbaínos al ministro, desautorizando al alcalde y a sus acompañantes.
Este hecho enfadó mucho al alcalde.
La noticia llegó a Bilbao antes que el propio edil pero en la villa todos cerraron filas en torno al Sr. Gardoqui y, cuando este regresó, le estaban esperando en la estación muchos bilbainos y autoridades para recibirle y apoyarle.
La cuestión era que en el seno del Ayuntamiento no había acuerdo para la restauración del emblemático teatro.
Uno de los puntos en desacuerdo era la colocación del patio de butacas, ya que unos querían que estuviera a la altura de un segundo piso y otros pedían que fuese a nivel de calle.
La noche del 17 de septiembre hubo carreras, alborotos y enfrentamientos en el Arenal y la actual plaza Circular.
Cinco días después se eligió en pleno municipal al monárquico Luis Power, como nuevo Alcalde de Bilbao.

En cuanto a las obras, eso es otra historia, que os contaré otro día.

¿Encontrais a alguien conocido en la foto?
poner reto b y n

LOURDES LEOZ, TODA UNA VIDA BAJO UN PARAGUAS

En apenas 40 metros cuadrados, Lourdes Leoz tiene su paraíso en su local de la calle Belosticalle número 25, en pleno Casco Viejo bilbaíno.P1050061
Paragüería Leoz es un referente en Bilbao y, se podría decir, que fuera de nuestras fronteras también. De hecho, hace unos años, una norteamericana afamada empresaria del sector que cuenta con un lujoso comercio en el centro de Nueva York, vino a conocer a esta bilbaína y a aprender sus técnicas de arreglo y reparación de paraguas.
De niña ya apuntaba maneras, después de salir del colegio, muchas tardes las dedicaba a ayudar a su padre en el negocio, haciendo recados o atendiendo a la clientela.
Los veranos disfrutaba entre paraguas; no había clases y podía dedicar más tiempo a aprender este oficio que le ha aportado tantas satisfacciones.
-Lourdes cuéntame cuándo empezó todo
-Fue mi abuelo quien se inició en este negocio en el año 1933, primero como dependiente de una paragüería en la calle Correo y, después, montando esta tienda junto con su hermano. Desgraciadamente falleció y hubo de ser mi padre con quince años de edad quien se hiciera cargo del establecimiento.

Mientras charlamos me muestra varios modelos de paraguas.

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-¿Cuántos años llevas tú detrás de este mostrador?
-Bufff, muchos, tantos como treinta y cinco.
-¡Cuántos recuerdos tendrás y cuántas anécdotas!
-Sí, muchísimas. De niña me fascinaba todo lo relacionado con el arreglo, las telas, las diferentes piezas, las varillas…
Si me pides un momento te hablaré de las inundaciones del 83. Fue terrible. Mis padres vivían en Arabella y, cuando ya se pudo bajar al Casco Viejo, nos encaminamos por las escaleras de Mallona. La imagen de la actual Plaza Unamuno no la olvidaré jamás. Era absolutamente caótica, con el barro, los objetos arrastrados, la gente con katiuskas colaborando en la limpieza…
Como pudimos llegamos a la tienda mi padre y yo; aparentemente, nada indicaba que hubiera sufrido daños. Abrimos la puerta, ya no quedaba ni una gota de agua. Curiosamente, todos los paraguas se mantenían en su sitio pero… mirando con más atención, enseguida vimos la suciedad. Suelo y paredes estaban embarrados.
Todos los comercios de la zona estaban igual, algunos incluso peor. La impresionante solidaridad nos hizo dejar la tristeza a un lado para colaborar unos con otros en la recuperación y transformación de nuestro Casco Viejo.
Los gremios no daban abasto para reparar instalaciones y reformar las tiendas, por ello, la nuestra tardó unos tres meses en ponerse de nuevo en marcha.
Durante varios días, un BMW delante de la puerta arrastrado por el agua, nos hacía difícil la entrada a la tienda. Aquello era un paisaje desolador, los semblantes de la gente eran de absoluta tristeza.
Esperemos que jamás vuelva a suceder un “aguaduchu” como aquel. –Pronuncio mi deseo en voz alta mientras le comento algo más alegre.
Has participado tres años seguidos en el concurso de escaparates de Arteshop.
-Si, en 2012 me presenté y quedé segunda, el año siguiente quedé primera. Imagínate, no cabía de gozo y, este año, no he ganado pero seguiré intentándolo.
Seguro que esos triunfos han sido una de las causas de que la prensa se interese tanto por ti y por tu trabajo.
-¡No te imaginas la cantidad de veces que me han entrevistado! No solo por el concurso, también suelen venir cuando no llueve en muchos días y se interesan por mi opinión y la marcha de mi negocio. Por otro lado, cuando la lluvia no cesa durante varias jornadas, también vienen a preguntarme si estoy contenta con el temporal. Es curioso. –Me cuenta divertida mientras me muestra una de las veces que ha salido en el periódico. Tiene el recorte de prensa enmarcado.

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Internet también ha ayudado en crearme una fama, hay mucha gente que, de diferentes puntos de España, me envía paraguas estropeados para su arreglo.
-¿Hay modas en los paraguas? –le pregunto cambiando de tema
-Sí, claro que las hay, cada vez los paraguas son más grandes. El mango también se hace más cómodo, el diseño de las telas y el tejido suele cambiar. Ahora es todo nylon, antes había de seda, lana y algodón.
Te voy a enseñar algo –me anuncia mientras se dirige a la trastienda.
Al momento sale con varios paraguas.
-Este es italiano de una firma muy importante y tendrá unos cincuenta años pero, sin duda, el que te voy a enseñar ahora es una auténtica reliquia y muy significativo para mí –me sigue contando a la vez que abre uno negro con empuñadura de plata.
Cuando mi abuelo trabajaba en la paragüería de la calle Correo, vendió este modelo a una joven. Mucho tiempo después, una anciana, entró un día en la tienda y me explicó que iba a ingresar en una residencia pero quería entregarme el paraguas como recuerdo de mi abuelo. Era la nieta de la joven que adquirió el paraguas y lo había conservado todos estos años
Debió ser un momento muy emotivo para ti, es una historia preciosa –apostillo mientras imagino cuántos litros de lluvia bilbaína empaparon aquella tela a lo largo de tantos años.

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Otra clienta le regaló un modelo de color verde en cuya tela se ven las manchas del tiempo y cuyo puño llama la atención por ser una talla en nácar de un caballo.

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-¡Entra en mi “cocina”! –me invita Lourdes, mientras me explica que así suele llamar a su trastienda y lugar de reparación. Hace unos meses han realizado alguna obra en el local pero siempre respetando la estructura, las vigas y la piedra.
¡Cuántas herramientas! –comento yo sorprendida ante tal cantidad de utensilios que muchos no he visto en mi vida.

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-Siéntate en mi silla –me dice mientras pone en mis manos herramientas fabricadas por su padre con madera y algo parecido a un cuchillo. ¿Quieres ayudarme a arreglar uno que tengo por aquí?
¡Claro que sí!! Pero yo no sabré hacerlo –confieso sentándome en el taburete.
Entre risas Lourdes me explica cómo reparar un paraguas y me indica dónde y cómo utilizar el alicate.

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Me enumera los nombres de algunas piezas de las que se compone el paraguas, como por ejemplo: colante, corona o placa.

Había una pequeña sierra con la que separa el mango del resto para su posterior reparación.

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También aprendí a llamar montura al paraguas sin la tela aunque yo le hubiera llamado patas de araña o robot alienígena que me parece más divertido.

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En esta foto, mi cara de asombro obedece al escuchar el relato de la vez que se le metió una varilla por la nariz, con la consecuente rotura de una vena que le hizo sangrar tanto como para echar a correr al ambulatorio más cercano.

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Varias cajas repletas de mangos de paraguas despiertan mi curiosidad, me hicieron recordar una caja llena de «tesoros» que tenía en mi habitación cuando era niña.

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Al salir de la trastienda me enseña un mueble donde descansan unos bastones muy elegantes que no me resistí a probar.

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-Mira, este es plegable, se vende muy bien –me asegura mientras yo le comento que los palos de mi tienda de campaña también tienen ese sistema de articulación con una goma que une los tubos internamente.

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¿Cuál es en tu opinión, el éxito de una pequeña tienda como la tuya?
-Sin duda alguna, la atención personalizada y el trato –me responde con seguridad. Los clientes saben que, cuando salgan por la puerta, lo harán con un paraguas adecuado a sus necesidades, sus gustos y su economía. Yo les pregunto cómo lo quieren, cuánto se quieren gastar, les explico las diferencias entre uno y otro modelo y, además tienen la garantía, que en caso de necesidad se lo arreglaré sin problema.
Después de casi una hora de charla, varias fotos y un cariñoso abrazo de despedida, abandono el local, con la sensación de haberme trasladado a aquellos años en los que el abuelo Leoz empezó en el mundo del paraguas; un objeto tan necesario y tan arraigado en nuestra ciudad.

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Gracias Lourdes por tu tiempo, tus explicaciones, tu buen trato pero, sobre todo, por tu buen humor.

Fotografías de ANDONI RENTERIA LARRARTE