En el año 1941 el Ayuntamiento quiso ayudar a las familias que atravesaban dificultades económicas en aquella época de la posguerra y, para ello, organizó unas colonias de verano.
Seiscientos niños y seiscientas niñas fueron los beneficiarios de esta lúdica y educativa actividad.
Separados por sexo, cada grupo disfrutó un mes de aquella posibilidad que ofrecía el Consistorio Bilbaino.
Iban por la tarde, después de comer.
El punto de reunión era la estación del funicular para, desde allí, ascender a Artxanda.
Subían en el “funi” y allí les esperaban unas horas de aprendizaje, diversión, risas, merienda y aire sano.
Los mayores hacían las veces de monitores con los más pequeños, ya que la edad de estos niños oscilaba entre los 7 y los 15 años.
Al llegar lo primero era izar la bandera y al marchar la arriaban.
Cumplido el acto protocolario, se sentaban bajo la sombra de los pinos a realizar actividades que no implicaran esfuerzo físico, ya que el calor era insoportable.
Recibían clases, leían, se divertían con juegos de palabras o de mesa y recitaban poesías
Se les impartía clases de religión y rezaban el rosario todos los días.
La nota musical corría a cargo de un coro que ensayaba a diario canciones regionales.
Cuando la fuerza del sol disminuía, comenzaban los juegos más activos como saltar a la cuerda, montarse en los columpios, practicar balompié o tiro con chimberas (Esto solo los chicos)
Gimnasia y danzas regionales eran más propias de las niñas.
Así transcurrían las horas y aquellos chavales disfrutaban juntos, aprendían y compartían conocimientos y risas pero, sin duda, el mejor momento, el más esperado, era la hora de la merienda; merienda que consistía en una ración de pan al que añadían embutido, queso con membrillo o sardinas en aceite, unas onzas de chocolate y un vaso de agua que subían en garrafas todos los días desde Bilbao porque las fuentes de Artxanda no daban garantías de salubridad.
Años después se incorporó un vaso de leche sustituyendo al de agua.
Los colonos, como así se les conocía, engordaban en esos días una media de 754 gramos que los organizadores achacaban a la buena merienda.
El último día de las colonias preparaban exhibiciones de coros, danza y gimnasia. Además, en aquella jornada, degustaban una merienda especial.
Así se entretenían aquellos jóvenes bilbaínos de los años 40.
Mucho ha cambiado la manera de disfrutar de una tarde en el monte, pero lo que se mantiene igual es un buen bokata de chocolate o de queso con membrillo.
LOS TÍTERES DE BARRAINKUA
El Centro Municipal de Barrainkua, como todos los de Bilbao, ofrece diversas actividades, además de poder realizar gestiones municipales. Pero este centro, dispone de algo que no lo tienen los demás: Su colección de más de 300 marionetas de diferentes procedencias, realizadas en variados estilos y técnicas.
Pero no solo cuenta con las marionetas, sino que un fondo documental ayuda al visitante a conocer mejor y aprender de la historia de estos simpáticos personajes.
Son numerosos, tanto los talleres didácticos como las conferencias y seminarios, que se organizan en este centro sobre el mundo de los títeres.
El Centro de Documentación de Títeres de Bilbao-Pantzerki está pensado para potenciar y vivificar el teatro de marionetas.

Por sus prestaciones y fondo documental, es uno de los más importantes a nivel mundial. Aunque dicho así suene a bilbainada, no lo es.

La biblioteca dispone de 40 puestos de lectura y más de 3000 volúmenes dedicados a las técnicas constructivas y de manipulación de títeres.
En la hemeroteca podemos encontrar 187 colecciones de revistas especializadas en las artes escénicas.
Además el centro posee un archivo de más de 9000 fotografías, diapositivas o carteles procedentes de todo el mundo.
La sala de audiovisuales pone a disposición de todo aquel interesado en el tema más de 1500 videos y un millar de casetes, CDs y DVDs.
El salón de actos puede acoger a 100 espectadores, donde se desarrollan periódicamente actividades culturales relacionadas con este arte.
Este edificio de 1898 fue un antiguo lavadero conocido como La Perla, obra del arquitecto municipal Edesio de Garamendi en una primera fase y después de Enrique Epalza. Posteriormente fue reformado por Ramón María de Lecea para convertirlo en dependencias del Ayuntamiento.
Si algún día pasais por la zona, no dudéis en entrar a ver los títeres y marionetas que allí “viven”
«MONTSERRAT» EN BUSCA DE LIBERTAD
Hoy he visitado una curiosa e interesante exposición en el Museo Marítimo de Bilbao.
Su título es «MONTSERRAT» EN BUSCA DE LIBERTAD. Se trata de una serie de fotografías, videos, objetos y testimonios de nueve hombres que emigraron a México durante la postguerra, huyendo de la miseria y represión que reinaba en España.
Los hermanos Algorri fueron los encargados de elegir a los tripulantes de un balandro, construido para la ocasión, al que bautizaron MONTSERRAT.
En julio de 1949 fue cuando, en la sobremesa de una cena, empezaron a barajar la idea de marcharse en busca de una calidad de vida que aquí no disfrutaban.
Un año después, concretamente el Día del Carmen, durante la procesión marítima de Santurce y, mientras varias embarcaciones celebraban esta fiesta en el Abra, el MONTSERRAT pone rumbo al norte.
Empezaba su odisea.
En la exposición se pueden ver cupones de racionamiento, balanzas de peso, cartas, fotos y, hasta la maqueta del MONTSERRAT.









