BASONDO

Son muchos los lugares de nuestra geografía que merecen una visita y que iré contando en esta sección pero, hoy quiero hablaros del Centro de Acogida de Fauna Basondo.

Se encuentra en el municipio de Kortezubi, a 40 kms de Bilbao.
En una extensión de 60000 kms2 de bosques y prados, este parque es un aula didáctica gigante.
10 000 escolares lo visitan al año.
El objetivo de Basondo no es lucrativo sino divulgativo y de recuperación de la fauna silvestre.
Es un centro de acogida de animales irrecuperables que los centros de recuperación no pueden mantener por espacio o por no disponer de instalaciones adecuadas.
También colaboran con otros centros europeos de conservación de especies como el lobo ibérico o el bisonte europeo.
Son muchos los voluntarios que participan en este proyecto como estudiantes de veterinaria, biología o jardinería, entre otros.

Al entrar, lo primero que te encuentras es una obra de Agustín Ibarrola: Sus troncos pintados, tan característicos. Ahí me tomé la primera imagen.

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Mientras me sacaban la foto oía que «alguien» me silbaba. Me giré y comprobé con sorpresa que el simpático amigo era un jako que me saludaba desde su jaula.

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Minutos después apareció Nerea, una de las trabajadoras del parque, que hizo de guía en esta ocasión.
La visita comienza en la zona de animales domésticos. Separados en varios recintos encontramos gallinas, jabalíes, cabras y cerdos vietnamitas.

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De allí nos dirigimos a la zona de animales silvestres y los primeros que vi fueron los tan temidos lobos, también pude observar a los zorros, gato montés, hurones, corzos, emúes, muflones, bisontes, buitres y muchos más.
El recorrido se hace muy ameno porque puedes contemplar a los animales a una distancia corta que te permite fotografiarlos y captar muchas cosas que de otra manera sería imposible.

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Un coqueto estanque entre árboles, acoge patos, cisnes y diferentes ánades.
En otro pequeño estanque infinidad de tortugas lucen sus caparazones.

Uno de los recintos donde más disfruté fue el de los conejos. ¡¡¡Qué bonitos y simpáticos son todos!!! Aunque se asustaban un poco cuando les tocaba.

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El reptilario está dedicado a pequeños reptiles tales como pogonas, lagartos y serpientes.
Al principio me costó entrar, pero luego incluso fui capaz de tocar una tranquila pogona.

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A mitad del recorrido, el parque de Basondo cuenta con un área recreativa para sentarse a disfrutar del maravilloso paisaje o para comer un bokata.
Continuamos el camino y escuchamos unos chillidos; Unas escandalosas ocas se alegraban de vernos mientras que las cabras, en el recinto de al lado, daban saltos de contentas cuando les di unas hojas para comer

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Otra de las actividades de la visita es una exposición en la que se explica la vida en las marismas de Urdaibai y las aves migratorias.
También organizan, en los períodos de mayor afluencia, exhibiciones de vuelo en libertad de aves rapaces para disfrute de todos.
En el edificio principal disponen de una tienda donde se pueden adquirir diferentes objetos y recuerdos de la visita, así como productos gastronómicos típicos de nuestra tierra.

Son muchas cosas las que sorprenden gratamente de Basondo, como la limpieza, el paisaje, lo bien cuidados que están los animales, el buen trato con los visitantes, las diferentes actividades para los niños pero, sobre todo, la manera que tienen de concienciarnos del cuidado de nuestro entorno y de los animales.

Os aconsejo la visita, además, allí cerca se encuentra el «Bosque pintado de Ibarrola» y las Cuevas de Santimamiñe.
Aquí os dejo el enlace.
http://www.basondo.com/

SAN MAMÉS. MI PRIMERA VEZ.

Muchas eran las ganas que yo tenía de pisar la Catedral, de sentir los latidos de los corazones de los aficionados, de escuchar el rugido de los leones, de emocionarme cantando el himno, de gritar con cada gol, de empaparme de todo lo que me rodeaba, de observar las reacciones de los allí congregados, de soñar…
Todas esas sensaciones las provoca un estadio y un equipo, nuestro equipo.
Os contaré cómo me sentí el día que pisé por primera vez el nuevo campo de San Mamés.
Era un sábado 30 de agosto, jugábamos contra el Levante. El resultado fue 3-0, todo un festival de goles.
Al acercarme a las inmediaciones de San Mamés, una marea rojiblanca apareció ante mí.
Todos a una, todos con nuestro equipo, todos con alegría, ilusión y ganas de disfrutar de hora y media de fútbol.

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He de confesar, que para mí el fútbol era lo de menos, yo iba atraída por el sentimiento Athletic. a dejarme invadir por sensaciones nuevas, a enamorarme de un lugar sagrado para todos los aficionados: La Catedral.
Mi asiento estaba debajo del palco, muy buena situación, por lo que me decían los que ya conocían el estadio.
Antes de sentarme estuve varios minutos deleitándome con el entorno, con el colorido, con las risas, con el buen ánimo de los allí presentes.
De repente, el himno. Cincuenta mil almas entonándolo al unísono como si de una oración se tratara. La emoción era máxima.

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Los jugadores saltaron al terreno de juego, la gente les alentaba con sus voces o cánticos, yo absorbiendo todo.
Llegaron los goles, la gente en pie, felices, más que felices, pletóricos.
Cada vez que un jugador era sustituido por otro el mismo ritual: Todos levantados aplaudiendo, tanto al que se iba como al que entraba.
Final del partido pero no final de las emociones. De nuevo el himno, todos a una y, al salir, la marea rojiblanca por los aledaños del campo, comentando las mejores jugadas y henchidos de orgullo y satisfacción.
Yo salí del estadio con mi sentimiento Athletic renovado, fortalecido, mucho más orgullosa de pertenecer a una gran afición, a una maravillosa ciudad.
Siempre recordaré mi primera vez en la nueva Catedral.

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PASEO DEL ARENAL

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El Paseo del Arenal es un lugar emblemático en nuestra villa. Lugar de encuentros, de paseos, de música… pero lo que algunos de vosotros no sabíais es que hace más de cien años, este bucólico rincón de la villa tenía tres paseos. Entrando desde el Ayuntamiento, el camino de la izquierda era  conocido como el PASEO DE LOS CURAS, por supuesto era el clero quien deambulaba por él pero también lo utilizaban las personas mayores y los de más poder en la villa.

El paseo del centro, llamado PASEO DE LOS SEÑORITOS, era frecuentado por los estudiantes, hijos de familias «bien». Y, el paseo de la derecha, el más cercano a la ría era conocido como PASEO DE LA ALPARGATA, donde se reunían las personas con oficios manuales, como las modistas o artesanos. Se cuenta que este era el más concurrido de los tres, el más alegre y con mejor ambiente, sobre todo al atardecer.

Yo tengo muy claro por donde hubiera paseado: por el mismo sitio que lo hago ahora, es decir, al lado de la barandilla, observando la ría.

Espero que os haya resultado curiosa la historia.