EMBALSE DE GOROSTIZA

En los años cuarenta del pasado siglo, la empresa Altos Hornos de Vizcaya junto a su filial Sefanitro construyeron este embalse en el barrio baracaldés de El Regato.  No era el primero en esta zona, ya que a finales del siglo XIX se creó otra presa un poco más arriba para refrigerar las máquinas de la empresa La Iberia de Sestao. Con una superficie de treinta hectáreas, un perímetro de unos cinco kilómetros y una capacidad cercana al millón y medio de metros cúbicos se sitúa entre los montes Salsiburu y Argalario, en la cuenca del río Castaños que lleva el agua al embalse desde su nacimiento en la ladera norte del monte Eretza. Para su construcción hubo que derribar varios caseríos, una ferrería, un molino y hasta una ermita.

Es bastante habitual, y debido a la falta de precipitaciones, observar cómo baja el nivel del agua del embalse y cómo salen a flote objetos que no deberían estar ahí, tales como electrodomésticos, plásticos y hasta coches de bebé; además de ramas, troncos de árboles y mucha maleza. A pesar de ello, son muchos los pescadores que dedican su tiempo libre a intentar capturar alguna de las carpas, truchas o barbos que habitan en esta presa; en la que, de vez en cuando se detectan siluros, una especie de pez invasora.

Gracias a este pantano, la zona se ha convertido en un fabuloso lugar de recreo para los que residen en las cercanías y para muchos que lo eligen como destino, con el fin de disfrutar de un cómodo paseo y comer en alguno de sus restaurantes. A todo este entorno se le conoce como el “pulmón de Barakaldo”, ya que es un espacio magnífico para deleitarse observando la naturaleza en todo su esplendor.

En El Regato, concretamente en el edificio de la antigua escuela, inauguraron hace unos años el Centro de Interpretación Histórica y Medioambiental de Barakaldo, gestionado por el Ayuntamiento de esta localidad fabril, que ofrece información sobre la historia, el patrimonio y el medio ambiente del municipio a través de paneles, maquetas y videos.

FOTO: ANDONI RENTERIA

PRESENTACIÓN DE «HISTORIA DE BIZKAIA EN PILDORITAS»

Ayer, diez de junio de 2024 se presentó mi nuevo libro titulado HISTORIA DE BIZKAIA EN PILDORITAS, editado por Ediciones Gallo de Oro con su sello editorial Bilbao Gloria Mundi. El acto tuvo lugar a las siete de la tarde en el salón de actos de la emblemática Biblioteca de Bidebarrieta en el Casco Viejo bilbaino.

Minutos antes de comenzar la gente iba colocándose en las butacas mientras yo saludaba a unos y a otros. A las siete en punto, el cantante Iñaki Basabe subió al escenario con su guitarra y nos deleitó con el reconocido tema «Bizkaia Maite» de Benito Lertxundi.

 

Después de la estupenda interpretación de Iñaki, el popular y reconocido periodista y presentador de Telebilbao, Joseba Solozabal y yo recorrimos el pasillo central hasta llegar al escenario.

Tras los agradecimientos al público por su asistencia, Joseba comenzó su presentación tanto del libro como de mi persona.

Al escenario subieron, también, Andoni Renteria autor de la mayoría de las fotos del libro y, por supuesto, Beñat Arginzoniz, editor de El Gallo de Oro.

La velada se desarrolló entre emociones, risas, complicidad y muchas ganas de conocer más sobre la historia de nuestro territorio.

También quisieron intervenir con sus preguntas y comentarios varios asistentes.

Al terminar, todos aquellos que ya tenían el libro en su poder, esperaron pacientemente la cola para que yo estampara una firma en él, además de darnos un abrazo, expresarles mi gratitud y ofrecerles un bombón.

Y, ¡cómo no!, no podía faltar una imagen de todos mis amigos.

Para terminar solo me queda daros las gracias a todas y cada una de las personas que os acercasteis hasta la biblioteca para apoyarme en un día tan importante para mí; a Joseba Solozabal por su maravillosa presentación; a Ediciones Gallo de Oro y, por supuesto, a ANDONI RENTERIA por sus fotos y videos.

 

PUNTA LUCERO, VISTAS A LA HISTORIA Y AL MAR.

Nunca había subido a Punta Lucero; aunque, si bien es cierto, muchas veces dije aquello de: “tengo que subir. Debe de haber unas vistas magníficas desde la cumbre”. Y, por fin, hace unos días me animé a ascender hasta lo más alto y descubrir el encanto de este monte con tanta historia que permite admirar el bello paisaje de la costa.
Desde Bilbao en coche tardé unos veinte minutos en recorrer los veinte kilómetros hasta Zierbena. En el barrio de la Cuesta, al lado de la iglesia San Román, aparqué sin problemas y me dirigí al inicio de la ruta a pocos metros. Tras cruzar una puerta grande emprendí la subida cruzándome con varias personas que, por lo que me explicaron, realizan esta ruta en sus paseos diarios.

El recorrido completo de ida y vuelta supone unas dos horas y media y no reviste gran dificultad por lo que es apto para subir en familia con los más pequeños de la casa. Existen dos caminos para llegar a la cumbre: uno por el interior y otro, el que yo elegí, discurre mirando al mar con el piso de asfalto y algún banco para poder descansar y desde donde observar el puerto de Zierbena, el Superpuerto de Bilbao o la margen derecha hasta Sopelana.

En cualquier caso, los dos caminos te llevan hasta la cumbre donde se encuentran los restos de una antigua fortificación militar. Ya en el siglo XVI y en el XIX, durante las guerras carlistas, se excavaron varias trincheras. Sin embargo, los restos mejor conservados son los pertenecientes a las baterías, nidos de ametralladoras y cuarteles construidos por las tropas franquistas entre 1937 y los años cincuenta del pasado siglo. Aunque nunca llegaron a funcionar, se mantuvieron activas hasta 1982. Desde entonces, estas instalaciones solo son un reclamo turístico para los que ascienden hasta la cima.
El que fue cuartel militar se encuentra en un estado lamentable donde yo no me atreví a entrar. Al lado, una especie de piscina de cemento me hace pensar que se trataría de un depósito de agua. Varios cañones apuntando al mar y detrás, las galerías que servían como refugio.

Tras varios minutos imaginando cómo vivían en este entorno los cientos de militares que lucharon en los últimos siglos, me dediqué a disfrutar del mar Cantábrico, de su grandiosidad y preferí abandonarme a pensamientos más alegres. Allí arriba, a 307 metros de altitud, sientes la libertad y la felicidad en estado puro.

En mi descenso me topé con más construcciones abandonadas que forman parte de la historia de este monte y de nuestra tierra.

No hace falta deciros que disfruté muchísimo y que cuando bajé me dije: ¿Cómo he podido tardar tanto tiempo en subir a Punta Lucero?
Os lo aconsejo, sin duda.

FOTOS: ANDONI RENTERIA