MOTÍN DURANTE LAS FIESTAS

El mes de agosto en Bilbao siempre ha sido conocido por sus fiestas, nuestra semana grande, alegría, diversión, baile, juegos y muchas cosas más.
En el año 1921, las fiestas de verano pasaron a segundo plano por varios motivos, uno de ellos venía dándose desde hacía años: eran sosas. Se decía que el Ayuntamiento escatimaba en gastos y así era imposible divertirse sin unos buenos espectáculos.
Otra de las causas para que aquellos festejos no tuvieran gran repercusión fue el tumulto que se formó en la cárcel de Larrinaga que restó protagonismo a la Semana Grande.
El 24 de Agosto unos desagradables incidentes habían desatado un motín en aquella prisión en los arrabales de Bilbao.
El motivo de tal estallido no fue otro que el destrozo de unas botas propiedad de un reo, por parte de otro apodado “El Pirata”.
El señor Caballud, director de la cárcel, ordenó encerrar en una celda de castigo a dicho “pirata” ya que, durante el interrogatorio, este se mostró de manera altanera y grosera.
El acusado comenzó a gritar pidiendo socorro, lo que hizo que otros presos secundaran sus alaridos, por lo que también se les trasladó a otras celdas especiales.
A estos alborotadores se les unieron otros reclusos que golpeaban rejas y paredes con vasos y platos, llegando, incluso, a derribar un tabique.
Al director no le quedó más remedio que avisar al Gobernador Civil quien hizo acudir a la Guardia Civil.
La policía contuvo aquella revuelta, pero el problema no estaba resuelto.

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Al día siguiente los presos se declararon en huelga de hambre. En algunos medios se aseguraba que eran alentados por comunistas y sindicalistas para formar el jaleo; así que, se acercaron hasta el penal, el Presidente de la Diputación y el Vicepresidente de la comisión provincial de prisiones quienes hicieron una encuesta entre los presidiarios y concluyeron que el problema radicaba en la calidad del rancho.
A instancias de estas autoridades se mejoró la calidad de los alimentos y todos los reclusos abandonaron la huelga.
Los periodistas que, hasta allí se acercaron, no contentos con la resolución del motín, preguntaron a aquellos hombres y llegaron a la conclusión de que el rancho no era el verdadero motivo.
Pero, sobre aquella historia, no trascendieron más datos.

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LARRINAGA, RECUERDOS DE UNA PRISIÓN.

Visitar una cárcel no es agradable para nadie, incluso una exposición sobre una prisión no suena muy atractivo.
Aun así, ayer decidí acudir a la Ondare Aretoa en la calle María Díaz de Haro donde la Sociedad Aranzadi con apoyo de la Diputación de Bizkaia había organizado una muestra que lleva por título “CÁRCEL DE LARRINAGA. LA MEMORIA OCULTA”.
Esta exposición, muy bien documentada y con una gran labor de investigación, fue inaugurada hace un mes y terminaba ayer día 26 de febrero. Por poco no la veo.
Su nombre real era Cárcel Provincial de Bilbao, aunque todos la conocían como Larrinaga.
Construida en el año 1871, no fue hasta principios de 1873 que comenzó a funcionar aquel siniestro y triste edificio situado en la zona de las calles Zabalbide y Fika, donde ahora se ubica el grupo de viviendas Garamendi. Sus puertas se cerraron definitivamente en el año 1968.
Durante ese tiempo fueron muchos los hombres y mujeres apresados, mucho sufrimiento, muchas lágrimas, algunos presos fugados, muertes, suciedad y todo lo que podamos imaginar de la vida en un sitio como este.
Dentro de estos muros muchos fueron los ilustres personajes que pasaron buenas temporadas, entre ellos Sabino Arana. También hicieron reos a periodistas, escritores, maestros y sindicalistas, entre otros.
Al entrar en la sala lo primero que veo son los escudos de Bizkaia y Bilbao, junto con el año de edificación. Por supuesto son reproducciones.

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A unos metros un maniquí con el traje del Regimiento de Garellano.

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Una vez atravesado el umbral, en una pared, una gran foto del Bilbao de aquella época que, despierta tanto mi curiosidad, como para hacerme permanecer allí varios minutos, descubriendo edificios o echando de menos otros por no estar construidos todavía.

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Diferentes vitrinas con cartas, documentos, objetos cotidianos, imágenes de presos tras los barrotes o en el patio, imágenes de los familiares esperando largas colas para poder acceder al edificio y visitar a sus seres queridos, muchos recuerdos repartidos por las estancias expositoras.

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Una foto que muestra las galerías interiores donde se hallaban las celdas me hace detener; casi puedo escuchar el abrir y cerrar de aquellas pesadas puertas que separaban a los presos de sus familias, de la libertad.

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Al fondo una pequeña sala en penumbra. Me dirijo hacia allí y, al entrar, no puedo evitar dar un respingo. A unos metros de mí una herramienta de tortura, que tantas veces he visto en la televisión o en libros, estaba allí, quieta, limpia, parecía sin estrenar.

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Este garrote vil, resulta que no es auténtico sino que ha sido utilizado en una película y lo han prestado para la exposición.
Lo miro, lo remiro y mi corazón se encoje. ¡Cuántas muertes injustas! ¡Cuánto sufrimiento se podía haber evitado!
En un cartel explicativo a la entrada leo cómo era su uso y diferentes curiosidades sobre el mismo.
Al salir de allí, necesito unos segundos para recuperarme y, mis pasos, me llevan a otra sala con sillas donde en ese momento proyectan un documental con testimonios de familiares de presos.
Estremece escuchar a esas personas que hablan de sufrimientos, de visitas a la cárcel, de cómo la recuerdan…
Minutos después decido abandonar la sala y continuar con la visita.

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Más vitrinas, más documentos, más fotografías y una habitación con poca luz. Entro y mis ojos se chocan con la recreación de una lúgubre y austera celda de aquel penal afortunadamente desaparecido.

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Algo menos de una hora he permanecido en el interior de esta prisión, al menos así lo siento, como si yo hubiese sido una reclusa.
Son muchos los sentimientos que afloran en mí en ese momento, muchas dudas, mucha tristeza, mucha indignación por las injusticias cometidas…pero, sobre todo, mucho agradecimiento a todas aquellas personas que lucharon por nuestra libertad y que por ello se vieron abocados a sacrificar la suya.
Salgo de la exposición confirmando que ha sido buena idea venir y conocer mejor nuestra historia reciente.

Las fotos son de Andoni Renteria.