LA CANELA, BAILAORA Y MUCHO MÁS

Hace unos años me presentaron a Christina como “La Canela”, una reconocida bailaora flamenca, profesora y directora de grupos de baile.
Hoy me siento a tomar un refresco con la idea de que me cuente todo lo que ella quiera sobre su infancia, su vida profesional, sus sueños…
Lo primero que le pregunto es por su nombre artístico.

-Mi nombre completo es Christine Margrethe Lindegaard y decidí llamarme “La Canela” por dos razones. Por un lado soy una apasionada de todo lo que huela a canela; desde perfumes, aromas para el hogar, comida… todo. Y, por otro lado, mi apellido resulta bastante difícil de pronunciar.


¿De dónde procede tu familia?
-Mi padre, aunque nació en Amorebieta, era de origen danés; de ahí este apellido, que como dicen algunos, es muy raro.
Te imagino como una chiquilla inquieta y apasionada, deseando mostrar al mundo su arte.
-Algo así; con quince años ya me gané mi primer sueldo dando clases de guitarra.
¿Cuándo sentiste el gusanillo del flamenco?
-Con dieciséis años empecé a interesarme por todo lo relacionado con el flamenco; pero, en aquella época no era muy usual escuchar esta música en Bilbao. Se organizó una fiesta de sevillanas, ¡La primera en Bilbao! Y el vestuario se trajo desde Madrid porque aquí no existía nada igual. Fue maravilloso. A partir de ahí, ya no pude ni quise dejarlo.
Todo empezó como una afición pero, supongo que acudirías a clases.
-Sí, tuve la suerte de aprender de los mejores. Estudié Danza Clásica, Contemporánea, Jazz y Claqué; además de Clásico Español y Flamenco de la mano de Sara Lezana. He tenido grandes maestros como María Magdalena, La Tati, La China, Merche Esmeralda, Rafael Lorca y una larga lista de nombres que han influido en mi carrera. Soy una afortunada.
En 1986 creaste el grupo CANDELA.
-Eso es; durante cuatro años dirigí el grupo y actuamos en diversos programas de televisión y en muchos locales de Bilbao; años más tarde, dirigí el cuadro flamenco AZAHARA con músicos en directo. Llegamos a actuar en dos ediciones consecutivas de la Aste Nagusia bilbaína y en la Feria de las Naciones.


Realmente es espectacular tu Currículum Vitae; te has atrevido con la coreografía de Zarzuelas, obras musicales, acompañando a la soprano Miren de Miguel en el escenario o al cantautor vasco Tontxu.
-Siempre he sido muy activa y he aceptado todos los retos que me iban proponiendo, como impartir clases de flamenco en Rusia o Francia.
Además, me consta que diriges varios grupos de baile flamenco, organizas eventos tanto de flamenco como de sevillanas, colaboras con la Asociación de Iniciativa Gitana… ¿Hay alguna actuación que consideras que fue muy especial para ti?
-En el año 2005 con la Compañía CHUA ALBA actué en el Museo Guggenheim de Bilbao con un maravilloso e innovador espectáculo en el que se fusionaba la txalaparta con el flamenco. Fue todo un éxito y lo guardo como un buenísimo recuerdo.
He leído que también te has atrevido con los caballos. Háblame de ello.
-En 1997, con la compañía ARABES Y CÍA y la Escuela de Equitación LA GERENCÍA, creé un espectáculo ecuestre llamado BAILANDO CON CABALLOS donde 23 bailarines con ocho caballos fusionaban el baile y el movimiento. Este espectáculo se ha representado tanto en la escuela de equitación de Mioño, como en la plaza de toros de Castro Urdiales, durante, al menos, ocho años y siempre con muy buena acogida por parte del público.
¿Hay algún lugar de Bilbao donde te gustaría actuar que todavía no lo hayas hecho?
-Sí, claro. La Pérgola del Parque de Doña Casilda siempre ha sido mi escenario soñado. No pierdo la esperanza de actuar algún día allí.
¿Tú crees que los bilbaínos entendemos de flamenco?
-No. Hay un sector que sí, pero en general, no es un estilo de música o danza con el que los bilbaínos se identifiquen. Sin embargo, sí pienso que todo el mundo puede bailar flamenco. Unos lo harán mejor, lo sentirán más adentro y otros no, pero todo el mundo puede hacerlo.
Actualmente impartes clases de Flamenco y Sevillanas, además de dirigir varios grupos de baile. Pero, si hay algo que despierta mi curiosidad son dos proyectos que nacen como herramienta para el crecimiento personal.
-Efectivamente. FLAMENCO PARA EL ALMA está dirigido a personas que necesitan mejorar su autoestima y desarrollar un crecimiento personal. Y FLAMENCOACH es un proyecto básicamente para empresas que, apuestan por esta disciplina para ayudar a sus empleados y aumentar, así, la creatividad y efectividad en el trabajo. En estos talleres no buscamos la excelencia en el baile, sino que emociones como la pasión y la alegría las utilizamos para poner atención en el cuerpo y no estar pendientes de la técnica.
Al hilo de estos talleres, creé otro proyecto hace tres años pensado para personas con discapacidad en la que, a través de la música y el baile, tratamos de mejorar su calidad de vida.
Tu entusiasmo por la música lo llevas en la sangre porque tu padre, Pio Lindegaard, fue un referente para ti.
-Sí, por supuesto, mi padre amaba la música y el arte, en general. Fundó en 1958 el primer Jazz Club de Bilbao y pasó casi cincuenta años en la radio hablando de su pasión por el jazz.

Christina mira el reloj, en diez minutos tiene que impartir una clase, me pregunta si quiero subir con ella a la Escuela de Baile. No lo dudo, cogemos los abrigos y nos dirigimos a la academia All Dance, situada a pocos metros de donde nos encontramos.
Al entrar, compruebo cómo todo el personal de la escuela saluda cariñosamente a Christina.
En una sala adecuada específicamente para el flamenco; insonorizada, con espejos y diferentes objetos necesarios para practicar este arte, varias mujeres con ropa de ensayo, esperan a que Christina se vista con su falda larga y sus zapatos de flamenco.Desde una esquina observo cómo realizan el calentamiento con unos ejercicios determinados, mientras escucho los primeros acordes flamencos.


Entre ellas existe mucha camaradería y buen humor; se nota que disfrutan, que lo llevan dentro, que aman lo que hacen.
Christina me va explicando la diferencia entre alegrías, seguiriyas, bulerías, fandangos o soleás.
Me encanta cómo me lo va detallando pero, me temo, que no seré capaz de acordarme de todo con una sola clase.


Mientras la música suena, algo dentro de mí va entendiendo el porqué de tanto amor y pasión por el flamenco. Soy testigo de una maravillosa clase, unas coreografías muy ensayadas, unos pasos certeros, unos movimientos de brazos elegantes y sensuales, una alegría en la mirada…


Después de casi una hora imbuida del espíritu flamenco, salgo a la calle con el alma renovada, con un sentimiento de alegría y con la seguridad de que no será la última vez que asista a una de las magistrales clases de Christina Lindegaard, “La Canela”.

FOTOS: ANDONI RENTERIA