Uno de los personajes más txirenes que ha dado la historia de Bilbao es, sin duda, José Luis Pitarque.
Pitarque (a secas) fue alguien que supo como nadie «vivir del cuento». Todavía hoy se le denomina así a alguien que vive como un rey.
Su elegancia en el vestir con buenos trajes eran su señas de identidad, además de ser un tipo simpático, con don de gentes, ocurrente y muy inteligente.
Vivió en nuestra ciudad en la primera mitad del siglo pasado.
Una de sus especialidades era la de acudir a banquetes de boda sin haber sido invitado.
Al principio iba a todos los restaurantes donde se celebraba algún festín pero, con el tiempo, fue eligiendo los que le parecían de mayor calidad.
Entraba en el comedor ataviado para la ocasión y, se desenvolvía con tanta naturalidad, que los invitados de la novia pensaban que había sido convidado por el novio y los del novio pensaban justo lo contrario.
Tan seguro de sí mismo estaba que, a veces, pronunciaba un discurso para agasajar a los novios.
Terminado el ágape abandonaba el local haciendo una crítica, para sus adentros, de todos los manjares que había saboreado.
Tanta fama cogió, que se decía que un banquete no era igual sino aparecía Pitarque, ya que entonces se entendía que el menú sería de calidad.
Cuando no acudía a bodas se dejaba caer por diferentes bares y locales de la villa. Siempre bebía gratis gracias a su ingenio y su caradura.
Fue amenazado con aplicarle la ley de vagos y maleantes si no encontraba un trabajo. Entonces se dirigió a una ferretería y encargó cuchillas de afeitar que vendía por los bares, alegando que eran cuchillas para «Caraduras»
En sus últimos días, ingresado en un hospital, fue preguntado por su profesión y, sin ningún tipo de reparo, anunció que era «fabricante de cañones». No mentía, desde luego dejaría muchos «cañones» en los locales de nuestra ciudad.
Pitarque siempre será conocido como un pícaro inteligente y, sin embargo, querido.

Archivo por días: 21 de noviembre de 2014
AHORA SÍ QUE SOY TOTALMENTE BILBAINA
Siempre he presumido y presumo de bilbaina en cualquier lugar y ante cualquier ser humano.
Llevo por bandera mi ciudad, por las venas me corre agua de la ría, mi corazón es rojiblanco, he subido al Pagasarri y me encantan el bacalao y los bollos de mantequilla pero…hasta hace unas semanas mi expediente bilbaino tenía un punto negro.
Había algo que no cumplía dentro de los requisitos del bilbainismo. Digo había porque ya no existe.
Por fin lo he conseguido. Soy absolutamente bilbaina. Ahora sí que lo puedo gritar alto y claro.
Pero…os contaré a qué me estoy refiriendo.
Cuando era pequeña, con edad para caber en el Gargantúa, mis padres hicieron todos los intentos posibles y me dieron toda serie de explicaciones para que me introdujera en la bocaza de tan ilustre personaje. Sus esfuerzos fueron en vano. Yo me negaba e incluso me enfadaba. Aquel «tipejo» no me tragaría…¡Nunca!
¿Nunca? ¡¡Nooooooo!!
Llegó el momento en que desapareció el miedo, la angustia de ser comida por un grandullón de cartón piedra y la incertidumbre de si saldría viva de aquel cuerpo o no y, entonces, aparecieron los remordimientos por no haberme atrevido, la rabia de ser una cobarde y la envidia de ver a los txikis que se atrevían y que, por edad, permitían entrar.
Pero, la niña había crecido y ya no podía ponerse a la cola entre aquellos pequeñajos valientes.
Cada vez que se celebraba una fiesta en Bilbao y divisaba a lo lejos al Gargantúa, me acercaba con esperanzas de montarme. Llegaba y leía el cartel en el que se indicaban las edades permitidas. La mía no estaba entre ellas.
Todo cambió el pasado 11 de Octubre. Se festejaba el día de la Virgen de Begoña, nuestra Amatxu.
Acudí, como cada año, a la Basílica y, cuando iba acercándome desde la calle Zumalakarregi, lo divisé. Allí estaba tan ufano, con la boca abierta, con sus grandes ojos mirándolo todo, esperando…
Era muy temprano para que hubiera niños y solo el monitor se encontraba a pie de escalera.
No lo dudé.
“Yo no puedo montarme ¿Verdad?” –Interrogué sin esperanzas al joven.
“Pues claro que sí” –Me contestó, supongo que alucinado.
No lo pensé, no podía dejar pasar esta oportunidad, no debía perder tiempo y que el chico se arrepintiera o, peor todavía, que empezaran a venir seres diminutos que me miraran con mala cara.

Dejé mi bolso y chaqueta a mi acompañante y subí con decisión las escaleras. Una vez arriba me asomé para comprobar que allí no «vivía» ningún monstruo y que el camino estaba despejado.

He de explicar que en Bilbao son dos los Gargantúas que hacen las delicias de los niños, uno más grande que otro. En este caso, el que me iba a tragar sin compasión, era el pequeño.
Lo primero y lo más fácil fue introducir mi pierna izquierda.
Ya estaba, ahora la derecha. Para esa maniobra tuve que agarrarme a sus grandes dientes y hacer un ejercicio de elasticidad ya que, como es lógico, está ideado para cuerpos más pequeños.
Por fin, lo conseguí, ya me encontraba sentada en la lengua. Entonces el monitor levantó la mandíbula inferior del Gargantúa y éste, me tragó.
El interior es un tobogán más ancho que los habituales de los parques por lo que dentro cabía perfectamente.
El recorrido es de apenas tres metros y en un segundo ya vi de nuevo la luz saliendo por…bueno ya sabéis todos por dónde.
Mi cara de felicidad de la última foto lo dice todo.
Aquel día cumplí un sueño de mi infancia que me perseguía en cada fiesta o fecha señalada en nuestra villa.
¡Soy absolutamente bilbaína!
BASONDO
Son muchos los lugares de nuestra geografía que merecen una visita y que iré contando en esta sección pero, hoy quiero hablaros del Centro de Acogida de Fauna Basondo.
Se encuentra en el municipio de Kortezubi, a 40 kms de Bilbao.
En una extensión de 60000 kms2 de bosques y prados, este parque es un aula didáctica gigante.
10 000 escolares lo visitan al año.
El objetivo de Basondo no es lucrativo sino divulgativo y de recuperación de la fauna silvestre.
Es un centro de acogida de animales irrecuperables que los centros de recuperación no pueden mantener por espacio o por no disponer de instalaciones adecuadas.
También colaboran con otros centros europeos de conservación de especies como el lobo ibérico o el bisonte europeo.
Son muchos los voluntarios que participan en este proyecto como estudiantes de veterinaria, biología o jardinería, entre otros.
Al entrar, lo primero que te encuentras es una obra de Agustín Ibarrola: Sus troncos pintados, tan característicos. Ahí me tomé la primera imagen.

Mientras me sacaban la foto oía que «alguien» me silbaba. Me giré y comprobé con sorpresa que el simpático amigo era un jako que me saludaba desde su jaula.

Minutos después apareció Nerea, una de las trabajadoras del parque, que hizo de guía en esta ocasión.
La visita comienza en la zona de animales domésticos. Separados en varios recintos encontramos gallinas, jabalíes, cabras y cerdos vietnamitas.

De allí nos dirigimos a la zona de animales silvestres y los primeros que vi fueron los tan temidos lobos, también pude observar a los zorros, gato montés, hurones, corzos, emúes, muflones, bisontes, buitres y muchos más.
El recorrido se hace muy ameno porque puedes contemplar a los animales a una distancia corta que te permite fotografiarlos y captar muchas cosas que de otra manera sería imposible.

Un coqueto estanque entre árboles, acoge patos, cisnes y diferentes ánades.
En otro pequeño estanque infinidad de tortugas lucen sus caparazones.
Uno de los recintos donde más disfruté fue el de los conejos. ¡¡¡Qué bonitos y simpáticos son todos!!! Aunque se asustaban un poco cuando les tocaba.

El reptilario está dedicado a pequeños reptiles tales como pogonas, lagartos y serpientes.
Al principio me costó entrar, pero luego incluso fui capaz de tocar una tranquila pogona.

A mitad del recorrido, el parque de Basondo cuenta con un área recreativa para sentarse a disfrutar del maravilloso paisaje o para comer un bokata.
Continuamos el camino y escuchamos unos chillidos; Unas escandalosas ocas se alegraban de vernos mientras que las cabras, en el recinto de al lado, daban saltos de contentas cuando les di unas hojas para comer

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Otra de las actividades de la visita es una exposición en la que se explica la vida en las marismas de Urdaibai y las aves migratorias.
También organizan, en los períodos de mayor afluencia, exhibiciones de vuelo en libertad de aves rapaces para disfrute de todos.
En el edificio principal disponen de una tienda donde se pueden adquirir diferentes objetos y recuerdos de la visita, así como productos gastronómicos típicos de nuestra tierra.
Son muchas cosas las que sorprenden gratamente de Basondo, como la limpieza, el paisaje, lo bien cuidados que están los animales, el buen trato con los visitantes, las diferentes actividades para los niños pero, sobre todo, la manera que tienen de concienciarnos del cuidado de nuestro entorno y de los animales.
Os aconsejo la visita, además, allí cerca se encuentra el «Bosque pintado de Ibarrola» y las Cuevas de Santimamiñe.
Aquí os dejo el enlace.
http://www.basondo.com/

