EL ARGALARIO

Los días que amanecen soleados y con buena temperatura debemos aprovecharlos porque ya sabemos todos cómo es la climatología en nuestra tierra.
Domingo de junio decido subir al monte Argalario perteneciente a los montes de Triano y, para ello, voy dirección Retuerto (Barakaldo) y, de allí, dirección el Regato.Antes de llegar al Polideportivo de Gorostiza tomo el camino de la derecha entre casas.
Comienza el ascenso, curva tras curva. Es importante ir con precaución ya que es una zona de mucho ciclista.
Después de unos minutos llego a una explanada muy grande donde estaciono mi coche.
Allí, en lo más alto del monte Mendibil, una monstruosa antena repetidor de televisión afea bastante el paisaje pero, sin ella, muchos bizkainos no veríamos la televisión.

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Me dirijo hacia ella disfrutando del entorno y de las vistas hacia Bilbao, hacia el mar y hacia los diferentes montes de alrededor.

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Las vacas con sus cencerros ponen la banda sonora a una mañana tranquila y soleada.
Continúo el camino dirección la Arboleda y, es entonces, cuando decido tomarme un respiro sentada en la hierba, mientras una vaca pasa muy cerca de mí como si quisiera saludarme o avisarme de que aquel es su territorio.

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La vista al pequeño pueblo minero es absolutamente fantástica. Desde aquí puedo divisar a mucha gente alrededor de los lagos disfrutando de la mañana de domingo. También puedo ver las esculturas de las que ya os hablé hace unos meses en otra entrada aquí, en el blog.

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Es hora de volver al aparcamiento. En mi camino se cruza un potrillo al que quiero acercarme pero, se asusta y huye.

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He pasado una mañana tranquila, soleada, en plena naturaleza y barata ¿Se puede pedir más?

FOTOS: ANDONI RENTERIA

BONI EL BARQUILLERO

“Boni” el patatero más que un personaje relevante en nuestra villa, fue un elemento fundamental en el Parque de Doña Casilda. Tan importante o más que el estanque, que aquellos triciclos de hierro culpables de que muchos tengamos cicatrices en las rodillas, la estatua de Tonetti o el mismísimo Museo de Bellas Artes.
Muchos recordaréis a Boni vendiendo sus inconfundibles y sabrosas patatas fritas a familias enteras de bilbaínos, sin olvidar que también servía barquillos.
Bonifacio López nació el 31 de julio de 1930 en la calle Cantarranas del conocido barrio Bilbao La Vieja.
Sus padres provenían de la Vega de Pas en Cantabria. En un primer momento se instalaron de alquiler en Plentzia. El padre elaboraba barquillos y helados que luego vendía en el pueblo o en romerías cercanas. La madre, en invierno, época de pocas ventas de helados, se dedicaba a las castañas
Años después decidieron trasladarse a Bilbao, concretamente, a la calle Uríbarri, así Boni y sus hermanos podían ir al colegio de la Aneja y vivir cerca de sus abuelos, que poseían un obrador en la calle del Cristo donde fabricaban helados artesanales.
Al estallar la guerra el padre de Boni fue llamado a filas y su madre hubo de hacerse cargo del negocio y de los cuatro hijos.
Después de cumplir Boni el servicio militar, tenía claro cuál sería su profesión: ejercería de barquillero como su padre.
Comenzó su andadura en la plaza Elíptica, aunque también visitaba los pueblos más próximos a Bilbao donde se celebraran fiestas.
Boni siempre iba acompañado por su bombo, aquel que al levantar la tapa dejaba escapar un aroma que hacía las delicias de los que se acercaban para adquirir algún barquillo.

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Estos artísticos bombos los realizaba un artesano de la calle San Francisco y llevaban pintadas algunas frases que hoy en día las veríamos en Facebook firmadas por algún escritor de éxito.
Aquellas consignas estaban pensadas para dar alegría y positivismo a la vez que era una artimaña más de marketing.
Al grito de “barqui, barqui” se hacía notar por las calles y, cuando los clientes, ya llegaban a su lado, comenzaba el proceso: en función de lo que se quisiera gastar el comprador, así giraba la ruleta del bombo y la flecha decidía si había premio o no.
Se casó en la iglesia de la Aneja con una joven cántabra y los dos se dedicaron al negocio heredado del padre de Boni.
¡Cuántos recuerdos nos evocan aquellos barquillos!
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Fotos tomadas del blog de César Estornes.

MONCHO PANZA EN EL CAMPOS

Moncho Borrajo no deja indiferente a nadie. Este cómico gallego consigue crear unos espectáculos divertidos, mordaces, sorprendentes, reivindicativos, ingeniosos, creativos y tiernos. Todo eso lo logra cada vez que se sube a un escenario.
Ayer, día 26 de junio, a las ocho menos cuarto de la noche, me encontraba en el Teatro Campos de Bilbao para asistir a su nuevo show titulado MONCHO PANZA.
Este año 2015 se celebra el IV Centenario de la edición de la segunda parte de El Quijote y, por ello, se le ocurrió a este polifacético artista, realizar un homenaje a esta gran obra de la literatura universal.

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Llegué pronto porque, de todos es sabido, que si te retrasas, Moncho interrumpe su actuación para preguntarte de dónde vienes y por qué llegas tarde.
A las ocho en punto suena una música y aparece MONCHO PANZA con su burro “Lito”, como le ha bautizado él: “De españolito”.

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El decorado es sencillo; bastan unas telas, un par de sillas, unas ánforas, una pantalla donde aparece el ingenioso hidalgo de la Mancha alguna vez y mantiene un diálogo con Moncho Panza y un botijo con el que el protagonista aplaca su sed.
Son varios números los que realiza, como por ejemplo nos recita refranes que todos conocemos y usamos, pero él los transforma a su manera.
También nos escenifica fragmentos de películas chinas, polacas y rusas. Ese fue el momento que más me reí y, además, fue cuando nos hizo cantar a todo el público.
Otro de los momentos es cuando él y, Mari Carmen, la ayudante en algún momento de Moncho Panza, papel que interpreta la actriz Lucía Bravo, sacan a seis chicos del público para bailar un pasodoble.

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Es cierto que se mete con algunas de las personas sentadas en primera fila, pero no vi a ninguno poner mala cara, todos entendieron su peculiar sentido del humor.
Moncho tiene detractores y lo sabe, pero, después de 40 años sobre el escenario, algo tendrá cuando todos salimos encantados, habiendo pasado un rato agradable y divertido.
No todo fueron carcajadas, también hubo momentos para soltar la lagrimita. Al menos a mí se me escapó alguna. En un momento dado preguntó si había alguna embarazada entre los asistentes. No hubo respuesta, no había ninguna mujer en estado de buena esperanza.
Bajó al patio de butacas y observó a las personas más cerca del escenario y, entonces, se fijó en un matrimonio de edad avanzada, les interrogó sobre los años que llevaban casados. Al decirle estos que eran 54 los años de vida en común, les ofreció componerles en ese momento una canción si ellos querían.
El matrimonio accedió y subió al escenario donde se sentaron en ambas sillas. Moncho le ofreció a la mujer una rosa mientras ella, a instancias de él, le explicaba los hijos y nietos que tenían y algún aspecto de su vida.
Con esos datos Moncho improvisó una letra con una música de fondo que enterneció a la pareja y a muchos de los que no salíamos de nuestro asombro por su facilidad de invención.
Al terminar les prometió que, en un rato, se les haría entrega de un CD con la canción, ya que había sido grabada. Fue un detalle precioso que, a buen seguro, este matrimonio bilbaíno no olvidará nunca.
Faltaban minutos para terminar cuando, vestido de gobernador, pronunció un discurso con letras de canciones sabidas por todos. Fue muy divertido escuchar cómo hablaba de que le “habían robado el carro” en alusión al tema de Manolo Escobar y, a partir de ahí, una cascada de frases que todos hemos tarareado alguna vez.
A las diez de la noche Moncho se despidió, agradeciendo la asistencia de todos.
Comenzaron los aplausos enloquecidos, la gente tímidamente iba poniéndose en pie, hasta que todos nos levantamos en un acto de respeto, agradecimiento y admiración hacia este hombre sencillo, sensible, inteligente, artista, mordaz y muy humano.

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Un rato después, en el hall del teatro, fui testigo del cariño que siente la gente por él. Le pedían fotos y besos y él, a pesar de estar muy cansado, no decepcionó a nadie y para todos desplegó la mejor de sus sonrisas.
Ahí estaba el hombre; el personaje satírico se había quedado entre bambalinas. Este es el caballero que me dio un fuerte abrazo mientras me hacía preciosas confidencias.
GRACIAS MONCHO…POR TODO.

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En esta foto me podéis ver con dos buenas amigas: Mertxe y Toni.

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FOTOS: ANDONI RENTERIA