EL FRONTÓN EUSKALDUNA

La calle Euskalduna fue el lugar elegido para inaugurar el catorce de Abril de 1895, el frontón de 2414 m2 del mismo nombre.
Originariamente, se practicaba cesta punta. Pero, al poco tiempo, se comenzó a jugar a pala; que, a pesar de no ser un juego muy de nuestra villa, enseguida se aficionaron los bilbaínos de entonces.

 

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El edificio que albergó esta cancha era muy elegante con almenas. Por dentro la decoración era de estilo árabe. Aseguraban, entonces, que copiado de la Alhambra de Granada.
Las piedras calizas eran de las canteras de Iturrigorri y Miravilla.
La cubierta de cristal de 6 milímetros de espesor paliaba un poco el efecto del sol.

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El suelo del frontón de losa arenisca se trajo desde las canteras cerca de Durango.
Aquí compitieron los mejores palistas de la época; hasta que llegó la guerra y lo destruyó una bomba en 1937.
Dos años después se reabre y, durante casi veinte años, se mantuvo en funcionamiento.

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Finalmente se cerró en 1957.

MENDIKOSOLO O LA DINAMITA

La naturaleza está ahí, solo debemos acercarnos a ella, respetarla, cuidarla, amarla, sentirla…ella nos dará todo lo que necesitamos.
A pocos kilómetros de Bilbao, en el pueblo de Arrigorriaga, existe un pequeño oasis entre la jungla de cemento, al que me dispongo a llevaros.
En un aparcamiento a la entrada del parque estacioné el coche y me dirigí al cartel que da la bienvenida a todo aquel que se acerque hasta aquí para deleitarse con la gran variedad de plantas y animales que conviven en armonía.

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En sus cuarenta y cinco hectáreas podemos apreciar robles, arces y fresnos entre otros árboles autóctonos y una gran diversidad de arbustos.

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El parque de Mendikosolo también es conocido como parque de “La Dinamita”, debido a que aquí estuvo ubicada una de las fábricas pertenecientes a la empresa de explosivos Rio Tinto.
Todavía quedan huellas de entonces, como una chimenea, pequeños túneles o restos de algún edificio.

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Incluso hubo una pequeña línea férrea por donde se transportaba en vagonetas el explosivo hasta la estación de Arrigorriaga que, hoy en día, son utilizados como senderos por donde pasear, hacer jogging o, si quieres andar un poco más, subir hasta la ermita San Pedro de Abrisketa a una distancia de un kilómetro más o menos desde el lago.

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Yo no subí, ya que el camino, debido a las lluvias recientes, estaba lleno de barro y se hacía dificultoso avanzar.
El parque dispone de una gran área recreativa con mesas, bancos, barbacoas, fuentes…y una zona infantil que hace las delicias de los más pequeños con sus columpios de cuerdas y su zona de arena.

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En el lago hay mucha vida; los cisnes parecen darse cuenta de que les observamos y nos obsequian con acrobáticos vuelos y nos deleitan con imágenes cariñosas entre ellos.

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Una de las cosas más atractivas del parque son las pedalinas que se pueden alquilar para goce de niños y adultos.

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Después de dar un largo paseo alrededor del lago, tomar fotografías, observar las curiosas formas de algunos árboles e imaginar cómo era este paraje hace cien años, decidí sentarme en la gran terraza de la taberna Mendikosolo a tomar un refrigerio.
Fue un acierto. El lugar se hallaba bastante tranquilo, con unas diez o quince personas en ese momento, por lo que pude disfrutar del refresco y de la paz, escuchando únicamente el trino de algún pájaro.
FOTOS: ANDONI RENTERIA

ATYLA, DE NUEVO EN BILBAO.

Atyla ha vuelto. No, no estoy diciendo ninguna barbaridad. Me refiero al barco escuela internacional Atyla que, desde el pasado 21 de noviembre, se encuentra amarrado en el muelle exterior del Museo Marítimo Ría de Bilbao.

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En el año 2014, tanto el museo como el armador del barco, firmaron un acuerdo por el cual, el museo bilbaíno, sería su puerto base para atracar y desarrollar diferentes actividades educativas.
Partió de aquí hace seis meses y ha regresado tras recorrer 10 000 millas náuticas visitando trece países; además de participar en varios festivales de grandes veleros.
La Fundación Atyla, gestora del barco, recibe donaciones con las que sufraga becas para aquellos jóvenes que quieran aprender el arte de la navegación.
Pero, no solo navegación se enseña en esta aula flotante. La Fundación ha ideado un programa educativo en el que la coach letona, Laura Tiersen, imparte cursos en inglés sobre comunicación intercultural, inteligencia emocional, concienciación medioambiental, pensamiento crítico y liderazgo.
Durante el último año han sido 130 los alumnos que han participado en estos talleres.
Hasta el 18 de abril del próximo año, el Atyla se podrá visitar los sábados, domingos y festivos para los particulares, abonando dos euros o con la entrada si se visita también el museo.
Los miércoles, jueves y viernes serán los escolares y grupos los que podrán acceder al barco.
Hace unos días tuve la suerte de visitar este maravilloso barco de dos mástiles cuyas dimensiones son 31 metros de eslora y 7 metros de manga y, allí, mientras observaba todo, y me sentía cual pirata del Caribe manejando el timón, me explicaron su historia.

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La idea de su construcción surge hace sesenta años de Esteban Vicente Jiménez, soriano y piragüista profesional, cuya ilusión era dar la vuelta al mundo en un barco de madera.
En el año 1980 Esteban comienza el proyecto de su barco a la manera tradicional de los carpinteros de ribera.
Un ingeniero naval aprobó aquel diseño con influencias de las goletas del siglo XIX y, con ayuda de amigos y voluntarios, empezó a construir los mástiles y el interior del barco utilizando madera de los bosques de Vinuesa.

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Dos años más tarde, una flota de seis camiones, trasladó esas piezas de madera hasta la población bizkaina de Lekeitio, donde se ensamblaron y se dieron forma a otras nuevas.
El 15 de mayo de 1984, el Atyla fue botado en el puerto de Lekeitio. Pero, no hubo viaje alrededor del mundo; sino que, durante 19 años, el barco se dedicó a realizar excursiones por la costa de Lanzarote.
En el año 2005 fue contratado por el Gobierno de Cantabria para convertirse en buque imagen de la comunidad autónoma y, durante seis años, sirvió para formación de navegantes, avistamiento de aves y para realizar excursiones, entre otros usos.

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Fue en el verano de 2013 cuando Rodrigo, sobrino del creador del Atyla, tuvo la idea de convertirlo en un barco escuela donde se enseñara navegación de vela clásica.
Ochenta personas son las que pueden viajar en salidas por la costa y, un máximo de veintitrés, en travesías largas.
Dispone de cocina equipada, salón de reuniones, duchas y cuartos de baños como si de un pequeño hotel se tratara.
Vera, una joven finlandesa, cuyo cargo es de primera oficial tras realizar cuatro años de formación en su país, me explicó que, a partir de mayo, navegarán por Gran Bretaña, Irlanda y el Mar del Norte y que, la intención del Atyla es cruzar el Oceáno Atlántico.

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Los cursos, según me contó, duran desde una semana a tres meses, con un horario de nueve de la mañana a seis de la tarde.

También me mostró el libro que escribió Esteban cuando proyectó el barco; según me dijo, entre risas, es la biblia de a bordo.

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Salí del barco con la sensación de haber sido parte del sueño de Esteban. Un sueño que, su sobrino Rodrigo, ha convertido en realidad en forma de buque escuela.

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FOTOS: ANDONI RENTERIA