PICHICHI EN BRONCE

En Bilbao son muchas las estatuas famosas por uno u otro motivo, pero si hay una a la que se profesa un cariño muy especial es, sin duda, el busto del primer goleador de nuestro equipo de fútbol.

El monumento a Pichichi se colocó por primera vez en la grada de la Misericordia del campo de San Mamés el 8 de diciembre de 1926.

pichichi-busto-original
Su autor, Quintín de Torre, nacido en Bilbao en 1877 se formó en la Escuela de Artes y Oficios de la ciudad.
Viajó a París para continuar su formación con becas tanto del Ayuntamiento de la villa como de la Diputación de Vizcaya.
Fue el fundador y presidente de la Asociación de Artistas Vascos de Bilbao.
Residió largas temporadas en el pueblo burgalés de Espinosa de los Monteros y, en octubre de 1966, falleció en su casa del barrio de Irala.
Mantuvo una estrecha relación con Miguel de Unamuno; por ello, aceptó de buen agrado, el encargo por parte del entonces presidente del Athletic Club Ricardo de Irezabal, de realizar un busto en la memoria del que fue sobrino nieto del gran escritor.
Para sufragar los gastos, los socios y muchos que no lo eran, aportaron una cantidad de dinero que, finalmente, no fue suficiente y el Club rojiblanco pagó lo que faltaba.

En pocos meses, Quintín de la Torre concluyó el busto en bronce negro de aquel jugador que falleció por las fiebres que le produjeron la ingesta de unas ostras en mal estado.

pichichi-644x362
El busto se colocó de espaldas a la Casa de la Misericordia sobre un pedestal.
Se organizó un partido del Athletic contra el Arenas de Getxo para festejar el solemne acto de inauguración, en el que no faltaron coronas y ramos de flores en honor de tan insigne deportista que ha dado nombre al título del máximo goleador de la liga de fútbol.
Por supuesto, no faltaron las reseñas en todos los periódicos de Bilbao y Bizkaia.
En 1953 se cambió de ubicación al busto de Pichichi cuando se construyó la tribuna principal. También en 1982, mientras se reformó el estadio para acoger los encuentros del Mundial de Fútbol, fue necesario reubicarlo.
Y, por tercera vez, el busto se movió cuando se derribó el antiguo San Mamés para acometer la obra del nuevo campo de fútbol.
Actualmente, este busto tan venerado, se encuentra en la salida del túnel de vestuarios.
Es allí donde se dirigen, según marca la tradición, los capitanes de los equipos que pisan el césped de la “Catedral” por primera vez, para realizar una ofrenda floral como respeto y admiración por el que fue una figura de la historia de nuestro club.

2016-11-24-athletic-3-us-sassuolo-2

Fotos tomadas de Internet.

MODELISMO NAVAL EN EL MUSEO MARÍTIMO

El Museo Marítimo Ría de Bilbao ha preparado una de sus salas para acoger varias maquetas de barcos construidos de una manera artesanal.

p1730057

El modelismo naval, que así se llama este arte, viene de lejos; concretamente del antiguo Egipto. En las tumbas de los grandes faraones se encontraron los primeros modelos de los que se tiene constancia. Ellos creían que el barco les serviría para ayudarles en su viaje al más allá.

Hoy en día son muchos los aficionados a construir pequeños barcos a escala que requiere arduas labores de investigación, grandes dosis de paciencia y mucha destreza manual.

p1730060

En esta sala se pueden admirar diferentes tipos de embarcaciones. Llaman la atención los exvotos marineros, que son ofrendas que realizaban los marinos a las iglesias o ermitas en agradecimiento por haberles protegido en naufragios, temporales o ataques de enemigos.

p1730066

No faltan los modelos trabajados con huesos, hilos o cabellos humanos por prisoneros durante las guerras napoleónicas.

p1730059

Estas pequeñas obras de arte no son solo decorativas, sino que algunas tienen como objetivo servir como modelos para la formación de los futuros marineros de las escuelas naúticas.

p1730073

El Museo Marítimo ha concebido esta muestra como una actividad más para las familias y, por ello, al entrar en la sala encontraréis un folleto con diferentes explicaciones y pruebas para realizar con los más pequeños de la casa.

p1730055

En esta foto, al lado de un magnífico barco de vela, podéis verme con el director del Museo, el Sr. Jon Ruigómez.

p1730077

FOTOS: ANDONI RENTERIA.

 

 

UN FORZUDO BIZKAINO

De sobra es conocida la fama de los vascos y, de los bilbaínos más concretamente, de forzudos, de hombres aguerridos, de chicarrones del norte.
Sin duda, a lo largo de la historia muchos son los personajes que han destacado por esta cualidad pero, uno en especial fue legendario.
Juan Bautista Artaza Iraolaga, más conocido como “Ansonekoa” por haber nacido en el caserío Ansone de Urduliz, quizá sea el gran forzudo bizkaino.
En 1827, a sus quince años, ya poseía una altura colosal con un cuerpo bien formado.
Muchos de sus vecinos le solicitaban ayuda para mover kupelas de mil kilogramos o para desplazar carros cargados con leña.
En 1832, en plena guerra carlista, quisieron obligar a Ansonekoa a alistarse pero, este no se prestaba a ir a ninguna contienda, por lo que un día que se encontró con un famoso reclutador y sus ayudantes, se enzarzó en una trifulca que terminó a tortas; motivo por el cual el joven tuvo que huir dirección Portugalete para enrolarse en la goleta Euskalduna, cuyo capitán era familiar suyo.
El barco puso rumbo al Pacífico y, cuenta la leyenda, que no pasaba un día a bordo sin que demostrara su fuerza con los diferentes aparejos, jarcias y demás objetos pesados.
Terminada la guerra, regresó al caserío, pero para poco tiempo, ya que le había cogido gusto a esto del mar y se embarcó de nuevo en otro bergantín que se dirigía a Liverpool.
Allí, nada más bajar a puerto, fue testigo de una pelea y, sin pensarlo dos veces, se metió en medio con tal mala fortuna que llegó la policía para detenerle, acto que le valió la deportación.

14258_1

De nuevo se enroló en el Euskalduna y, esta vez, arribó en Londres donde participó en algún combate en el que se admitían apuestas. Siempre ganaba dejando a su contrincante tirado en el suelo.
Él era muy consciente de su fuerza por lo que, a veces, le gustaba apostar como aquella vez que retó a doce hombres en sokatira y, dicen, que a consecuencia del esfuerzo falleció en su caserío.
Sin duda fue un tipo forzudo, tanto de complexión como de carácter.