JOSEBA SOLOZABAL, PASIÓN POR COMUNICAR

Hace unas semanas, le propuse a Joseba reunirnos para que me hablara de él, de su trabajo, de sus aficiones, de sus recuerdos…de todo lo que quisiera contarme. No dudó ni un segundo. Me contestó con un rotundo sí. Así que, a media tarde de un jueves de septiembre, quedamos en una cafetería cercana a la Alameda Mazarredo en Bilbao.
Llegó puntual a la cita, vestido de negro y, con su habitual simpatía y desparpajo, me soltó: “¡pero qué guapa estás!”.

En la situación que estamos viviendo no podemos saludarnos con besos, por lo que nos besamos con la mirada y con sonrisas detrás de nuestras mascarillas.
Elegimos un rincón tranquilo en un patio interior del establecimiento rodeados de plantas y al cobijo de miradas indiscretas.


-¿Qué quieres que yo te cuente de mi vida? –me pregunta cuando nos sirven las bebidas.
Quiero que, con esta charla, la gente que visita mi blog descubra a un Joseba humano, ciudadano, amigo, hijo, hermano…Pretendo que te muestres como tú quieras y que me cuentes a mí y a todos mis lectores lo que tú desees.
-Perfecto.
-Naciste en Deusto aunque, he leído por ahí, que siempre que podías “ibas a Bilbao”.
-Efectivamente, nací en Deusto. Pero, desde muy joven, mi vida transcurría en Bilbao. Cruzaba el puente para ir a comprarme ropa, al cine, a tomar algo con los amigos…Mi mundo lo formé en Bilbao.
-Cuéntame algo de tu más tierna infancia.
-Desde niño supe que quería ser periodista y locutor de radio. Fíjate, ya en el colegio me interesaba por las asignaturas que me serían útiles para estudiar en la Facultad de Periodismo.
-Y, por fin, llegó ese momento. ¿Qué recuerdas de tu paso por la Universidad?
-Siempre tuve la sensación de que no aprendí mucho de periodismo, pero sí de otras materias como Historia del Arte o Historia de la Comunicación. Donde realmente aprendí fue en las prácticas que, durante tres meses, realicé en Tenerife. Aunque tampoco era exactamente lo que yo buscaba en esta profesión. Estando allí me enteré de que la Cadena Ser buscaba gente para vender publicidad y me volví a Bilbao para dedicarme a conseguir anunciantes trabajando en equipo con otras cuatro chicas. De esa época guardo muy buenos recuerdos y mantengo amistad con muchos periodistas de entonces. Un día, alguien escuchó una de las cuñas que, de vez en cuando grababa, y me ofreció la posibilidad de formar parte de un nuevo proyecto: la creación de Radio Nervión. Cambié la publicidad por un programa en la nueva cadena de radio llamado LA LEY DE LA NOCHE, donde trabajé como locutor durante unos siete años. Fue una de las mejores etapas de mi vida. Aquel programa me dio la oportunidad de aprender muchísimo y conocer a grandes personas.
-¿Y te gustaba trabajar de noche?
-Sí, siempre me ha gustado. Nunca me ha importado trasnochar.


-¿Durante todos estos años pensaste en trabajar para otra cadena?
-No te negaré que alguna oferta si me han hecho pero, para mí, siempre ha prevalecido el ser feliz respecto a ser famoso o ganar más dinero. Los formatos que me ofrecían no me convencían demasiado y, además, Bilbao me tira mucho. Decidí quedarme en casa y ser feliz siendo yo mismo.

En su cara se refleja un punto nostálgico con una mezcla de orgullo y satisfacción.

-Eres muy camaleónico. Cada entrevista es diferente y a cada invitado le tratas como si fuera único. Siempre con educación y respeto.
-Por supuesto. Procuro ser educado siempre, pero cuando veo que alguien cuenta algo inadecuado, se lo hago saber. No me corto nada.
-¿Se te ha ido alguien del plató enfadado?
-No, nunca. Me consta que alguna persona no se ha sentido cómoda en mi programa pero han sido profesionales y han mantenido bien el tipo. Nadie me ha dicho nunca que no quisiera volver. Incluso, son muchos los que llaman para venir y que les haga una entrevista.
-¿Eres consciente de que Joseba Solozabal, a pesar de ser un hombre mediático, es el gran desconocido?
-Una vez me dijo eso mismo un gran amigo. Puede ser, no sé si eso será bueno o malo. Pero, sí. Es que yo soy muy cuidadoso con lo que cuento y a quién se lo cuento. Si yo quisiera podría estar hablando horas y horas sin explicar nada de mi vida privada.
-Estoy completamente segura de ello. Pero, tendrás un grupo de personas de confianza a quienes llamas cuando estás de bajón y necesitas desahogarte ¿no?
-Sí, claro. Me rodeo de personas maravillosas. Sin embargo, a quien más le cuento mis problemas es a mí mismo. Soy muy crítico conmigo, pero también muy coherente.

De repente, en mitad de nuestra conversación, se escucha una bilbainada. No era un disco. Era un grupo de personas que se habían reunido a tomar algo y hacían lo que siempre se ha hecho en los bares con un vino en la mano: cantar. Joseba, con su sentido del humor, exclamó: “¡Vaya nivel, has contratado un coro para mí!”. Nos reímos con ganas, por supuesto y retomamos nuestra charla.

-Me estabas hablando de la gente que te rodea, ¿Te refieres también a tus compañeros de trabajo?
-Efectivamente, ellos son más que compañeros. Son amigos. A veces nos vamos a tomar algo o de compras. Son parte de mi familia.

Con Joseba puedes hablar de temas más espirituales o trascendentales, pero yo también quería saber esos chascarrillos mundanos que nos ayudan a conocer más a la persona.

-¿Te cuidas mucho?
-Mira, sí. Procuro cuidarme. Para serte sincero te diré que, a pesar de que no me gusta nada, voy al gimnasio. Pero lo hago por una razón: porque sé que el ejercicio es salud. Además, me gusta mucho comer y tengo que compensar de alguna manera. También como sano, pero solo aquellos alimentos que me apetecen y me van bien.

Lo cierto es que viéndole tan cerca se nota que ha decidido cuidarse, como así demuestra su buena figura.

-¿Has pensado en escribir un libro?
-No. No me tienta nada de nada la idea de escribir un libro.
-¿Eres más de leer o de sentarte frente al televisor a ver una película?
-Las dos cosas me encantan. Leo muchas biografías; la última la de Melania Trump que escribió una ex amiga suya, de la que destaco una reflexión que asegura que nunca se fía de nadie y así nunca se siente traicionada. Las biografías de otras personas que han llegado a ser alguien, me interesan como aprendizaje; como una manera de descubrir cómo han triunfado en la vida. También leo novelas, pero las que me aportan conocimientos sobre algún tema interesante, en las que sabes que vas a descubrir algo nuevo, no las de la típica historia de amor. Por otro lado, veo mucho cine. Casi cada noche, cuando salgo de la tele y llego a casa, me pongo una película antigua en blanco y negro antes de dormir.
-Si trasnochas no madrugarás, supongo.
-Pues te equivocas. No me levanto tarde porque me encanta desayunar tranquilamente, dedicándome tiempo para mí. A veces lo hago en mi terraza, donde me siento y me dejo llevar por mis pensamientos.
-Oyéndote diría que eres muy reflexivo.
-A veces sí y a veces no. Puedo ser muy reflexivo y muy inconsciente. Depende del día y del momento. Me encanta lo que me hace feliz en un momento puntual; me gusta vivir sin repetirme, vivir intensamente. Soy muy intenso.

Mientras le escucho, observo cómo se expresa, cómo mueve sus manos, cómo sonríe o se pone serio; cómo abre y cierra los ojos. Joseba es pura expresividad y, sí, es muy intenso; con esa intensidad que da el querer experimentar todo y no dejarse nada en el tintero de la vida.

-¿Dirías que te han hecho daño alguna vez?
-Si aseguras que nunca te han hecho daño, es que has vivido poco. El daño forma parte de la vida. No puedes saborear un éxito si no has sufrido un fracaso. Ese daño te ayuda a continuar hacia delante y te hace más fuerte.

El coro de bilbainadas continúa poniendo la banda sonora a nuestra conversación mientras Joseba da otro sorbo a su café americano.

-¿Y esa faceta tuya de actor?
-Calla, calla, ni se me ocurriría decir que soy actor. Soy muy honesto y respetuoso con el mundo de la interpretación. Es una profesión seria que requiere mucho sacrificio y dedicación. Yo lo que hago de vez en cuando son cameos en alguna obra de teatro, porque me divierte muchísimo. Pero, fíjate, también he actuado en el circo.

Mi cara de asombro le anima a contarme cómo se subió a un elefante, cómo le metieron en una jaula con un león y cómo colaboró en un número de escapismo. Realmente, Joseba es sorprendente.

-Y, en el plató, hace más de veinte años, cuando el circo traía animales, he llegado a tener tigres, serpientes, cocodrilos y hasta un mono que nos rompió medio decorado. Y todo en riguroso directo porque yo siempre trabajo en directo. Me asegura entre risas acordándose de aquella escena con el simio.
-¿Eres de los que se montan en las barracas en Aste Nagusia o prefieres verlas desde abajo?
-¡Ay, no! Las barracas me dan mucho vértigo. En la noria he subido dos veces en mi vida. A mí los que me han gustado mucho siempre han sido los autos de choque. Aunque reconozco que en los últimos años he ido poco a las barracas en el parque de Etxebarria.
-¿Dónde llevarías a alguien que no conoce Bilbao?

Y, como era de esperar, me contesta con un “depende”. Nos echamos a reír a la vez.

-Depende de quién sea, de lo que le guste, del momento… De Bilbao me gusta todo. Yo no entiendo eso de programar visitas o situaciones. Cada vez hago menos planes. Tengo una máxima: “la vida es hoy. Hazlo ya” Así que, no planearía ningún lugar en concreto. Intentaría mostrar a esa persona diferentes rincones de nuestra maravillosa ciudad.
-Entonces ¿Cómo planificas tus viajes?
-Buf, cada día me da más pereza viajar. Yo soy de los que se llevan muchas maletas aunque sea para un fin de semana. Como no sé qué querré ponerme cuando llegue al destino, meto de todo en las maletas y eso complica mucho animarme a viajar.
-Joseba, el imprevisible.
-Pues sí, soy muy imprevisible. No me gusta pensar lo que sucederá a las cinco si son las tres. Tampoco me gusta que nadie sepa lo que voy a hacer o decir o lo que estoy pensando. A veces, en directo, en alguna situación, mi equipo me mira porque no saben por dónde voy a salir, jajaja. Eso me divierte muchísimo.
-Pero, supongo que habrá algún lugar especial para ti al que hayas viajado con tus montones de maletas.
-Por destacar un lugar en el que siempre que voy soy feliz, te diría Ibiza. Conservo muy gratos recuerdos porque siempre me he sentido libre en esa isla.
-Y en las relaciones personales ¿eres de los que mantiene la cuadrilla de cuando eras estudiante?
-Alguna amistad de entonces si mantengo. Pero, en general, prefiero que vaya entrando y saliendo gente de mi vida. Soy mucho de hacer amigos con el paso del tiempo. Se trata de ir evolucionando, y las personas que hace treinta años estaban en mi vida, también han evolucionado y ahora nuestras vidas son diferentes. Nuestros intereses cambian, debes dejar ir a esas personas. Cada uno tiene que buscar su camino. Lo que más he hecho en esta vida es conocer gente.

Mientras le escucho pienso “qué razón tiene Joseba, qué buena filosofía de vida”. Debe de habérmelo notado en mi cara porque me pregunta: ¿No crees que es así?

-Por supuesto que lo creo. ¿Y qué importancia tienen en tu vida las Redes Sociales?
-Importancia, la justa. Solo tengo Facebook. Publico más bien poco y siempre de temas de trabajo: invitados que tenemos en LA KAPITAL y poco más. No me interesa nada contar mi vida a base de fotografías. Esos momentos me los guardo para mí y para mi gente más cercana. Aunque entiendo perfectamente los que lo hacen o se dedican a las Redes Sociales como trabajo.
-Me consta que nunca te niegas a colaborar en actos solidarios.
-¡Por supuesto que no! –exclama con absoluta rotundidad y mirándome a los ojos. Siempre que me han llamado para presentar una gala, un desfile o algún evento solidario he asistido. Claro, si disponía de tiempo. Tengo el firme convencimiento de que todo el trabajo que haces gratis, te vuelve como beneficio emocional. Te hace mejor persona y te sientes bien. Además, por supuesto, del cariño y agradecimiento de la gente, que no tiene precio. A pesar de que por mi trabajo en la televisión y en la radio mi tiempo no me permite ir a tantos actos como me gustaría, pienso que es un honor que me llamen.

Llevamos casi una hora charlando. En la calle hace mucho calor pero, aquí, en este patio, rodeados de plantas, estamos muy cómodos y fresquitos.

-¿Disfrutas con las cosas pequeñas de la vida o necesitas grandes lujos para ser feliz?
-Las cosas pequeñas son maravillosas si las compartes con buena compañía. Un pincho de tortilla puede ser mejor que una langosta si estás bien acompañado. De todas maneras, me encanta tomarme una caña yo solo en algún local de Bilbao. Disfruto mucho de mi compañía. Si tú eliges estar solo, no es un problema. Hay mucha gente conviviendo con personas que les hacen sentirse solos y, sin embargo, no saben o no pueden salir de esa zona de confort.
-Me queda muy claro que te gusta la gente. Pero, ¿hay algo que no soportas?

Tras dos segundos meditando la respuesta, me responde con seguridad.

-No soporto a la gente que grita o a la gente maleducada. Últimamente y, con la situación de la pandemia que estamos viviendo, se nota el enfado por la calle. Caras de malhumor que muchas serán debidas a problemas laborales.

Y, por supuesto, no podía faltar hablar del tema de los últimos seis meses.

-¿Cómo estás viviendo esta crisis sanitaria?
-Sinceramente yo no me puedo quejar en absoluto. Tengo trabajo, estoy sano y los que me rodean, también. Pero, sí creo que este virus dejará mucha sensación de fracaso. La economía afecta al ánimo de las personas y vendrá una recesión que sufriremos todos. Me da pena pensar en una Navidad triste, pero debemos aprender a vivir en esta nueva situación.
-Hablas de una Navidad triste. ¿Eres muy navideño?
-Me encanta la Navidad. Pongo las luces en noviembre y las quito en febrero. Tengo un niño Jesús durante todo el año que lo coloco en diferentes lugares de mi casa. Aunque no soy practicante religioso, me agrada visitar iglesias y encender una vela.
-¿Y futbolero? ¿Eres muy futbolero? Doy por hecho que eres del Athletic.
-No soy forofo del fútbol, a pesar de tener muchos amigos futbolistas. Pero, por supuesto, el Athletic es el Athletic. He asistido en varias ocasiones al palco de San Mamés y he disfrutado mucho observando una gran variedad de personas allí, unidas por unos colores y un sentimiento común.

El tiempo siempre pasa volando cuando estás a gusto. De repente miramos el reloj y los dos decidimos que debíamos terminar nuestra charla porque ambos teníamos otros compromisos. Así que, salimos de la cafetería tras intercambiar unas palabras amables con el dueño y nos dirigimos hacia la plaza Moyúa.

 

-¿Te preocupa la muerte? –le cuestiono a bocajarro.
-Absolutamente nada. Me preocupa el dolor y la incapacidad; el no valerme por mí mismo y tener que depender de otra persona. No temo a la muerte porque estoy convencido de que iré a otro sitio y porque no podemos controlar aquello que no depende de nosotros. Desconocemos qué nos sucederá en el futuro. Por lo tanto, intentemos vivir bien aquí y ahora.

Mientras paseamos me doy cuenta de la cantidad de bilbaínos que le miran al pasar; unos con disimulo; otros, directamente le saludan con un: “¡Aupa, Joseba!”. Varias mujeres le paran y le aseguran que le ven todos los días en su programa de Telebilbao. No me resisto y le pregunto si le incomoda esa situación.

–Noooo, por supuesto que no. Todos los que se dirigen a mí en la calle son afectuosos conmigo. Mira, hay algo que quiero dejar claro en esta charla que hemos mantenido y es el apoyo que siempre he recibido del público, de los oyentes. Todos y cada uno me han animado y me han felicitado. No hay un día de mi vida que no haya recibido una palabra amable o cariñosa de alguien. Me sigue emocionando que valoren mi labor. Realmente, no existe nada mejor en el mundo que el agradecimiento y reconocimiento de tanta gente anónima que se acercan a mí para decirme cosas bonitas. Con el paso de los años, aprecio muchísimo una mirada de verdad, una persona que te dice que te quiere o que le gusta lo que haces. Ese es el mejor premio y eso me hace crecer como persona y como profesional cada día.

Observo sus ojos brillantes, su expresión sincera, su voz emocionada y, sí, no puedo estar más de acuerdo con él.

-¿Crees que has cometido muchos errores en tu vida?
-Claro que sí y nunca tengo problema en reconocerlos. Me equivoco mucho porque también realizo muchas tareas y opino mucho. Si presentas una gala durante cinco horas, es imposible estar maravilloso todo ese tiempo.
-¿Cómo te planteas el futuro?
-De ninguna manera, sobre todo en los momentos que estamos viviendo. Laboralmente vivo el día a día y doy gracias porque soy consciente de que mucha gente de mi profesión se encuentra sin trabajo.

-Joseba, he de ser sincera contigo y decirte que me has hecho muy feliz porque te he conocido mejor. He descubierto a la persona que hay detrás del personaje televisivo. Te agradezco muchísimo el tiempo que me has dedicado.
-Esme, me lo he pasado muy bien. He estado muy a gusto y soy yo quien te da las gracias a ti.

En la plaza Circular nos despedimos sin besos, sin abrazos pero con una profunda mirada de amistad y de cariño. Él sube hacia Hurtado de Amezaga y yo me dirijo hacia El Arenal, absolutamente feliz. Feliz por haberme cruzado en el camino de este hombre del que me enamora su filosofía de vida, su generosidad, su compromiso, su responsabilidad, su afán por vivir intensamente, su alegría, su simpatía…

Gracias, Joseba, por hacerme un huequito en tu agenda…y en tu corazón.

Gracias, Andoni Renteria, por tu paciencia y por tus estupendas fotografías.

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