JODRA, EL FLAUTISTA DE BILBAO

VICENTE JODRA

El 19 de Abril de 1845 nació en Pamplona el que sería conocido años más tarde como el flautista de Bilbao. De niño ejerció como monaguillo y, a instancias de su padre, empezó con la música siendo su propio progenitor quien le enseñara las primeras notas con el flautín. Obtuvo plaza de músico en el Regimiento de Extremadura en el que pasó toda la tercera Guerra Carlista. Posteriormente, vivió un tiempo en Zaragoza donde ejerció de alpargatero unos meses. Su pasión por el ejército hizo que se reenganchara y en 1880, Vicente, llegó a la villa como militar.

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Desempeñó el puesto de Músico de Primera del Regimiento de Garellano. En Bilbao se casó y tuvo dos hijos. Su mujer era lavandera de la compañía de Artillería. En 1894 su esposa, embarazada, falleció de un catarro muy fuerte y él tuvo que dedicarse a descargar bacalao, carbón, arena, ladrillos… Se jubiló a la edad reglamentaria, quedándole una mísera pensión que hubo de completar con sus “actuaciones” por las calles y bares de la ciudad. Su extenso repertorio, de diferente ideología y estilo, era conocido por todos; lo mismo tocaba una canción con unas ideas políticas como interpretaba otra con las contrarias. Lo mismo daba gusto a republicanos que a liberales Pero su fama era fundamentalmente por un hecho curioso: Tocar la flauta con la nariz. Con gran intuición musical y mal instrumento soltaba desafinadas notas, pero la gente se lo perdonaba. Su gran espectáculo comenzaba cuando introducía su flauta en el orificio nasal y soplaba hasta conseguir que aquello emitiera notas musicales. Su aspecto desaliñado era otra característica de este singular músico; siempre con una gabardina de color indefinido y sus zapatos con roturas que dejaban ver algún dedo. El jornal que ganaba al día fluctuaba entre dos reales y diez pesetas. Para la mayoría era un ser chiflado sin ideas políticas, para otros un simpático animador de calles y bares pero, de lo que no hay duda, es de que para los bilbaínos de hoy en día, es un auténtico personaje txirene.

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Pitarque, un vividor.

Uno de los personajes más txirenes que ha dado la historia de Bilbao es, sin duda, José Luis Pitarque.
Pitarque (a secas) fue alguien que supo como nadie «vivir del cuento». Todavía hoy se le denomina así a alguien que vive como un rey.
Su elegancia en el vestir con buenos trajes eran su señas de identidad, además de ser un tipo simpático, con don de gentes, ocurrente y muy inteligente.
Vivió en nuestra ciudad en la primera mitad del siglo pasado.
Una de sus especialidades era la de acudir a banquetes de boda sin haber sido invitado.
Al principio iba a todos los restaurantes donde se celebraba algún festín pero, con el tiempo, fue eligiendo los que le parecían de mayor calidad.
Entraba en el comedor ataviado para la ocasión y, se desenvolvía con tanta naturalidad, que los invitados de la novia pensaban que había sido convidado por el novio y los del novio pensaban justo lo contrario.
Tan seguro de sí mismo estaba que, a veces, pronunciaba un discurso para agasajar a los novios.
Terminado el ágape abandonaba el local haciendo una crítica, para sus adentros, de todos los manjares que había saboreado.
Tanta fama cogió, que se decía que un banquete no era igual sino aparecía Pitarque, ya que entonces se entendía que el menú sería de calidad.
Cuando no acudía a bodas se dejaba caer por diferentes bares y locales de la villa. Siempre bebía gratis gracias a su ingenio y su caradura.
Fue amenazado con aplicarle la ley de vagos y maleantes si no encontraba un trabajo. Entonces se dirigió a una ferretería y encargó cuchillas de afeitar que vendía por los bares, alegando que eran cuchillas para «Caraduras»
En sus últimos días, ingresado en un hospital, fue preguntado por su profesión y, sin ningún tipo de reparo, anunció que era «fabricante de cañones». No mentía, desde luego dejaría muchos «cañones» en los locales de nuestra ciudad.
Pitarque siempre será conocido como un pícaro inteligente y, sin embargo, querido.
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