KAIKU, SOCIEDAD DEPORTIVA DE REMO

En el año 1923, un grupo de amigos capitaneado por Pedro Barrondo Garai fundó una sociedad cuya actividad principal era el fútbol. Esto sucedía junto al río Galindo en el barrio Simondrogas de Sestao. Dos años más tarde, aquellos deportistas comenzaron a participar en regatas siendo Paulino Asua el patrón. No fue hasta 1929 cuando se constituyó la Sociedad Deportiva Kaiku.

Su primera trainera fue bautizada con el nombre de “Juanita”. Después vendrían las llamadas “Kaikutarra”, “Bilbotarra”, “Bizkaiko Ama” y “Cincuentenaria”, hasta llegar a la actual “Bizkaitarra”. A lo largo de un siglo de historia han sido innumerables los triunfos; entre los que destacan cuatro campeonatos de España de traineras, cuatro banderas de La Concha, ocho campeonatos de España de trainerillas y cinco banderas de la regata del Nervión, además de numerosas medallas de plata. El Kaiku fue el primer club que consiguió la bandera “La Caixa”. Sus mejores momentos los atesoró en las décadas de los setenta y de los ochenta, llegando a ser uno de los clubs con más tradición y más reconocido de la cornisa cantábrica y del estado.

Sus instalaciones han tenido varias sedes. Primero fue en Simondrogas, luego se trasladó a la plaza Urbinaga y, desde 1979, se encuentra en un pabellón ubicado en La Punta de Sestao, frente a la zona Urban Barakaldo, donde posee unas instalaciones que cuentan con un terreno de 2.500 metros cuadrados y un pabellón deportivo de 1.200 metros cuadrados.

Mas de cien remeros, con los colores verde y negro, concursan en todas las disciplinas y categorías de este deporte; tanto escolar como federado, en banco móvil (remo olímpico); así como en banco fijo (batel, trainera y trainerilla) y participan en competiciones provinciales, autonómicas y estatales. Además, más de cincuenta profesionales en el equipo técnico garantizan el buen desarrollo del club. El gipuzkoano, José Luis Korta fue uno de sus emblemáticos entrenadores en diferentes periodos.  En la actualidad esa función recae sobre Jon Elortegi, mientras que el presidente es Amador Antón.

Otra de las señas de identidad del club es su trianera femenina que, desde el año 2018, participa en la liga ETE.

PAELLAS DE AIXERROTA

El 25 de julio del año 1956, en un momento de la historia en el que todo lo relacionado con el euskera o la cultura vasca estaba prohibido, varios miembros de la Sociedad “Irurena”, entre ellos Damián Ayo, Félix Yurrebaso y Antonio Bilbao, se atrevieron a organizar un evento que llegaría hasta nuestros días como una tradición más: las paellas de Aixerrota.

En las primeras trece ediciones, se presentaron a concurso unas 150 paellas y acudieron alrededor de siete mil personas. Su primera ubicación fue las campas de Azkorri, hasta que se trasladó a las campas del paseo Aixerrota, a pocos metros del molino del mismo nombre. Cada año va ganando asistentes, habiendo llegado a alcanzar los sesenta mil entre vecinos del municipio y forasteros que vienen, incluso, de países europeos. La fama de esta celebración festiva gastronómica es tal, que algunos cocineros de prestigio también han participado con sus paellas.

Itxas Argia es la asociación que organiza la competición, entrega la leña y el arroz para la elaboración de las paellas y que, de manera voluntaria y totalmente altruista, trabaja sin descanso para que ese día todo transcurra sin contratiempos y se pueda disfrutar del mejor ambiente posible. Además, Itxas Argia cuenta con una larga trayectoria promoviendo actos culturales, sociales y deportivos en Getxo como, por ejemplo, Santa Águeda, el Cross de Andra Mari o el Día del Dulzainero, entre otros.

La jornada siempre se hace coincidir con el día de Santiago Apóstol y, por ello, se celebra el fin de semana más cercano a esa fecha. Los participantes se afanan desde primera hora de la mañana en preparar los ingredientes y la decoración para conseguir la paella más vistosa, más sabrosa y la más original de todas las que se presentan; ya que en este concurso se valoran todos esos factores. Y, como estamos en el norte, no es extraño que llueva y tengan que cobijarse en casetas habilitadas con toldos, pero sin perder el buen humor. Por supuesto, además de arroz hay otros componentes importantes ese día, como los txistularis y los dantzaris.

 

FOTO: ANDONI RENTERIA

FUNICULAR DE LA REINETA

El funicular de la Reineta se inauguró el 25 de septiembre de 1926. El objetivo de su construcción fue el de comunicar el Valle de Trapaga-Trapagaran con el poblado minero de La Arboleda. Aunque ya existía la carretera sinuosa que conocemos, no era muy apta para el acarreo de mercancías debido a las numerosas curvas y al tiempo que se tardaba en realizar el trayecto de más de siete kilómetros. Por ello se pensó en este medio de transporte que, en unos diez minutos, salva los casi 1200 metros de desnivel. Cuenta con una única vía y solo se bifurca en la mitad del trayecto, justo donde se cruzan el vagón que sube con el que desciende.

No fue el primer funicular de Bizkaia, puesto que ya existía el de Artxanda en Bilbao. Sin embargo, este se construyó con unas características especiales porque, además de personas, debía transportar vehículos con cargas muy pesadas. Fue el ingeniero Jaime de Orue y Olavarri quien ganó la adjudicación del proyecto en 1913. Desafortunadamente estalló la Primera Guerra Mundial y el plan hubo que posponerlo hasta que, un tiempo después, se transfirió a la Diputación Provincial de Vizcaya quien encargó al ingeniero Francisco Guinea las obras para su realización. En cuanto a las dos estaciones: una en Trapagaran y la otra en La Reineta, fue el arquitecto bilbaíno, Diego de Basterra quien las erigió en un estilo neovasco.

Este transporte supuso una importante mejora de las condiciones de vida y laborales de los miles de trabajadores de las minas; así como de los vecinos de La Arboleda. El precio del viaje en sus inicios era de 0,35 pesetas ida y vuelta para los pasajeros. Curiosamente, los vehículos pagaban 2,5 pesetas por tonelada al subir y 1,25 pesetas por tonelada al bajar.

En la actualidad lo gestiona Euskotren y son muchos los residentes que siguen utilizándolo a diario. Además, funciona como reclamo turístico de la zona. Montar en este histórico transporte es recordar una época de mucho sacrificio y esplendor industrial, pero también es una oportunidad para disfrutar de unas vistas inmejorables del Abra o de las montañas que rodean el Gran Bilbao.

FOTO: ANDONI RENTERIA