LA CASA DE LA VILLA

Hoy os llevaré al edificio que alberga la institución más importante de la villa: Al Ayuntamiento.
En esta ecléctica construcción de 1892 diseñada por Joaquin Rucoba, se realizan visitas guiadas en Euskera y Castellano completamente gratuitas. Si sentís curiosidad por conocer su interior y la historia de tan destacable lugar, podéis llamar al 94 4205006 y allí os informarán.
A mí me habían citado a las diez de la mañana de un viernes en la puerta lateral. El grupo lo formábamos unas veinte personas y, a la hora indicada, apareció nuestro guía: Ángel.
Tras pasar el control de seguridad, subimos por turnos en el ascensor.
En la segunda planta se encuentra el salón más popular de este lugar: El salón Árabe.
Dos enormes cuadros a los lados de la puerta que nos lleva al salón Arabe con un hombre y una mujer que, no pueden ser otros, que el insigne fundador de la villa Don Diego López de Haro y su esposa Violante.

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Al entrar, todas las miradas se alzan al techo para admirar la magnífica y colorista decoración de estilo árabe. A pesar de conocer el lugar con anterioridad, pues había asistido a una boda, no pude evitar sorprenderme una vez más.
El motivo de tan curiosa y elegante decoración en este edificio oficial de nuestra villa, no es otro que el hecho de que en aquella época (finales del siglo XIX) se puso muy de moda todo lo oriental.
Los años que Rucoba, trabajó como arquitecto en Málaga tuvieron mucha influencia en sus construcciones posteriores.
El mobiliario de este salón fue traído desde Burdeos, excepto las lámparas que se fabricaron en París con boceto del mismo Rucoba. Primero fueron diseñadas para gas y luego hubo de adaptarlas para usarlas con electricidad.

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Ángel nos indica que observemos una frase en el techo; se puede leer claramente: MUY NOBLE Y MUY LEAL E INVICTA VILLA DE BILBAO. AÑO 1890.
Muy noble fue un título otorgado a la villa por Fernando el Católico y Muy Leal fue idea de Felipe III.

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Los azulejos que lucen las paredes son de origen sevillano.
En este salón se organizan recepciones importantes para agasajar a personajes ilustres, tanto de dentro como de fuera de la villa; así como enlaces matrimoniales que se vienen celebrando desde hace más de 18 años.
Al fondo, detrás de mí, se observa un espejo grande; es la puerta que da acceso al despacho del Alcalde.

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Nuestro guía nos invita a salir al balcón; ese balcón que siempre hemos observado desde abajo en fechas señaladas como la noche de Reyes. Nos advierte de que puede estar resbaladizo ya que hoy ha amanecido lluvioso, así que salimos con cuidado pero con mucha ilusión.
Os aseguro que asomarse a esta balaustrada de piedra y ver el transcurrir de nuestra villa desde aquí, emociona y mucho.

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No me canso de sacar fotos y de pedirle a Andoni que inmortalice ese momento; no sé cuándo me volveré a ver en otra así.

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A nuestra altura, en la fachada, quedan, contemplando día tras día el devenir de la ciudad, los Heraldos y Maceros en forma de estatuas.
Si miramos hacia abajo vemos dos figuras representativas de tan insigne edificio: La Justicia y La Ley.

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Siempre que veo la imagen de la Justicia pienso si la postura se debe a que está ensimismada pensando o padece un terrible dolor de muelas.
Entramos de nuevo y Ángel cierra las puertas del balcón vigilando que nadie se haya quedado absorto con la visión de nuestro Botxo.
De nuevo en el interior nos dirigimos a un lateral del Salón Árabe donde una gran fotografía tomada desde Monte Avril llama nuestra atención.

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Nos explica Ángel que se realizó para un acto de promoción y, como gustó mucho, se ha quedado como elemento decorativo.

Nos dirigimos al lugar donde se aprueban las leyes y, desde donde se toman las decisiones que afectan al buen discurrir de nuestra villa.

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Una elegante puerta nos lleva al Salón de Plenos. Nos faltan ojos para observar todo con detalle. Por supuesto no me resisto a posar con nuestra bandera y, de paso, me coloqué en el atril aunque no pronuncié ningún discurso.

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Volvemos al gran vestíbulo donde nuestro cicerone nos da detalles de los diferentes objetos ornamentales.
Las columnas fueron realizadas con mármol de Carrara, el resto de artesonado se ejecutó en un material mucho más sencillo: escayola.

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Mires para donde mires puedes observar curiosidades tales como jarrones de bronce, escudos, banderas o algo que me recordó a un artículo que escribí aquí, en el blog, sobre los pechos del Puente de la Merced.

Los toco por si acaso estos también dan suerte.

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El techo nos deslumbra con una colorista vidriera en la que destaca, en el centro, el escudo del Consulado de Bilbao.

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Sin perder detalle de las explicaciones y sin dejar de tomar fotografías, descendemos a la planta baja por la gran escalinata hacia el hall principal.

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En los laterales se mantienen los carteles de los antiguos departamentos de Hacienda y Depositaría. El que fue de Hacienda hoy en día se utiliza como Sala de Prensa donde, en ese momento, se estaba llevando a cabo una rueda de prensa.

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Una curiosidad que nos relata Ángel es el archiconocido 5º escalón de la escalinata principal del exterior. Bilbao se encuentra a 8,8 metros sobre el nivel del mar y se dice que ese escalón es exactamente la medida del nivel.
En las paredes, unas vitrinas con objetos curiosos como por ejemplo: chuzos, una especie de lanzas que el alcalde o su representante, clavaba en la tierra cuando se reunía fuera del edificio, demostrando así su autoridad.

P1080126 En estas estanterías se conservan auténticos tesoros: Tarros de la farmacia del antiguo hospital de Atxuri, un facsímil de la carta Puebla (La Carta Fundacional de la villa) o algo que llamó nuestra atención: el molde del diseño de nuestra afamada y venerada baldosa comparten espacio para deleite de todos.

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Desde aquí accedemos a la recién inaugurada Sala de los Alcaldes.
En ella se exhiben cuadros de todos los ediles que han regido nuestra villa, en orden cronológico. Varias de estas obras están pintadas por el mismo artista y se nota en el estilo. Otros pintores quisieron dejar constancia en su obra de algún detalle que hacía diferente a ese alcalde, como por ejemplo a Gorordo que le ubica en Begoña rodeado de dantzaris y, entre el público, plasmó la vida social del momento, dibujando algunas caras conocidas.

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La primera y única mujer alcaldesa de Bilbao, Pilar Careaga, también está representada con su gesto autoritario y conservador.
El último retrato incorporado a esta selecta exposición, ha sido el de nuestro estimado Iñaki Azkuna.

Ángel nos relata como anécdota, que el artista no quiso firmar el cuadro y que, mientras lo pintaba, cambió varias veces el color de la corbata.
Esta obra cuenta con una peculiaridad: si te sitúas a su izquierda y vas avanzando hacia la derecha, el desaparecido alcalde te sigue con la mirada, como si no quisiera perderse nada de lo que sucede en su amada villa.

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La visita está a punto de finalizar y alguien pregunta a nuestro guía, al examinar los radiadores, si funcionan actualmente. Ángel nos explica que, a pesar de ser los originarios de cuando se construyó el edificio, continúan en buen estado y, por supuesto, funcionan.

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Nos encaminamos hacia la puerta por la que, casi una hora antes, habíamos entrado y, allí, Ángel se despidió de nosotros deseándonos que hubiera sido de nuestro agrado. Todos los asistentes coincidimos en lo interesante y educativa de la visita y le agradecimos su tiempo y sus magníficas explicaciones.
Siempre os recomiendo visitar exposiciones o edificios de Bilbao; esta no debéis perdérosla, os aseguro que me he dejado en el tintero muchos más datos y singularidades de este emblemático edificio de la villa.

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Fotos: Andoni Renteria.

EL ORIGEN DE LOS BOMBEROS DE BILBAO

Los bomberos en Bilbao son poco menos que héroes; se les valora por su trabajo, su dedicación, su esfuerzo, su solidaridad y, por qué no decirlo, por lo atractivos que salen en las fotos del famoso calendario que año tras año editan.
Pero, vamos a remontarnos al inicio de todo.
La Compañía de los Bomberos fue creada en 1829 y se regía por un reglamento diseñado por una junta compuesta por propietarios de casas de Bilbao y por una Junta de Incendios encargada del cuidado y administración de los útiles pertenecientes al cuerpo de bomberos.
Ya en 1708 se organizó un grupo de carpinteros, albañiles, canteros y demás artesanos que debían encargarse de la extinción de incendios cuando fuese necesario.
En 1726 se compró una bomba de agua pero, no fue hasta 1867, que el trabajo de bombero se profesionalizó y se dedicaron en cuerpo y alma a combatir el fuego.
Ese año se funda la Compañía de Bomberos de la Invicta Villa de Bilbao. Al principio eran 100 efectivos dirigidos por 14 jefes.
Estos 100 hombres se dividían en pelotones de 25 y cada uno portaba una correa blanca con una chapa identificativa.bomberos
Otra curiosidad de entonces era que en el umbral de la puerta de cada casa en la que habitaba un bombero, se colocaba una tabla pintada de blanco donde en negro se especificaba el número de bombero.
También los vecinos colaboraban en tan arduas tareas de extinción siempre y cuando se presentaran al jefe del pelotón para que este le destinara a uno u otro trabajo.
A mediados del siglo XIX eran cinco las bombas de agua distribuidas por los puntos más estratégicos de la villa.
En los bajos del edificio del Ayuntamiento, ubicado todavía en la calle la Ribera anexo a la iglesia de San Antón, se guardaban herramientas tales como palas, picos, escaleras o cuerdas.
Dichos utensilios, además de estar custodiados, se sometían varias veces al año a una inspección con el fin de mantenerlos siempre en buen uso.

Los bilbainos no tenemos ninguna duda de que nuestros bomberos son unos grandísimos profesionales.

ATRACO FALLIDO

Delincuentes, ladrones, carteristas y chorizos ha habido siempre y en todos los rincones.
Hoy os contaré el caso de cinco individuos de entre 18 y 20 años que ocuparon las páginas de los periódicos de nuestra villa hace más de noventa años.
El 24 de Abril de 1922 a las diez de la mañana estos jóvenes sin escrúpulos, siguieron muy de cerca a un cobrador de la empresa “La Sebería Bilbaína” que hacía su trabajo en la zona de San Francisco.
Este empleado portaba colgado de su hombro, un pequeño saco con monedas y billetes que había cobrado a los clientes de dicha empresa.
De pronto, en la Calle Iturriza, a la altura de la sacristía de la Quinta Parroquia le rodearon y le intimidaron con pistolas obligándole a entregarles la recaudación de ese día.
El hombre no se amilanó y les atizó con el propio saco, pero ellos le empujaron y arrastraron hasta un portal cercano y allí le golpearon fuertemente.
El cobrador chillaba y pedía auxilio sin soltar su cartera. Uno de los atracadores disparó su arma que, afortunadamente, no hizo blanco en el trabajador pero si alertó a los comerciantes de la zona y a un policía municipal que, rápidamente, se acercó al lugar de los hechos.
Al mismo tiempo, otros guardias corrieron en su ayuda y comenzó un dispositivo digno de una película policiaca.
Los agentes se dividieron en dos grupos en las calles Hurtado de Amézaga y San Francisco para, de esa manera, cortarles la posibilidad de huir.
El cabo Méndez, famoso por su valentía, fue el que, arriesgando su vida, se dirigió al portal empuñando su arma, a lo que los ladrones respondieron a tiros.
Dos de los ladrones disparando a diestro y siniestro escaparon hacia la plaza Zabálburu, mientras que los otros tres rateros se dirigieron a la calle Hurtado de Amézaga.

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Comenzó, entonces, una persecución por las calles aledañas.
Uno de los atracadores se refugió en un almacén de lubrificantes, a la vez que sus dos compinches lo hicieron en un restaurante de la cercana calle Fernández del Campo.
La policía municipal los tenía rodeados, poco podían hacer para salvarse.
Finalmente, se entregaron sin oponer resistencia, abandonando sus pistolas en el retrete del restaurante.
El que se había escondido en el almacén también fue apresado y a los tres los condujeron a dependencias policiales.
De los que huyeron hacia la zona de Zabálburu nunca más se supo.
Una vez a salvo, el valiente cobrador, declaró que había vuelto a nacer puesto que el ladrón erró su disparo.
La empresa para la que trabajaba, en agradecimiento, le hizo entrega de mil pesetas, además de donar al cuerpo de municipales de Bilbao otras 250 pesetas.
En las declaraciones de los reos hubo bastante desconcierto, ya que confesaron ser comunistas y que confundieron a su víctima con un cobrador de tranvía que, en la última huelga, había actuado como esquirol.