LA TORRE DE LOS TELEGRAMAS

Existe una construcción en el alto de Santo Domingo, en las inmediaciones del Monte Artxanda, que muchos habréis visto desde diferentes puntos de la villa. Os habréis preguntado qué es o quizá habéis imaginado que sería la vivienda de alguien con una economía muy saneada.
Hoy os hablaré de este lugar y quizá os quede más claro.

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Originariamente este emplazamiento fue ocupado por el Fuerte de Santo Domingo, una construcción cuyo fin era, dada su privilegiada situación, observar los movimientos del enemigo durante las guerras, tanto de la Independencia como las carlistas, y defenderse en caso de necesidad.
Mucho tiempo después cuando planeaban ubicar la Estación Radiotelegráfica de Bilbao, se pensó en este área ya que no había montes cerca que hicieran de pantalla y, además, ya había alguna instalación en uso para ser utilizada.
En noviembre de 1912 dieron comienzo las obras para ubicar, en los barracones ya existentes, diferentes equipos de transmisión.

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En julio de 1913 la estación se unió al servicio nacional. Fueron unos años haciendo uso de las naves ya existentes pero, poco a poco, se fueron derribando aquellas instalaciones para dar paso a un edificio más moderno, hasta que en 1925 se construyó el actual.

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Esta estación radiotelegráfica, propiedad del ejército, estaba a cargo de su propio cuerpo de ingenieros.
La antena se sostenía por una torreta metálica de 60 mts de altura, apoyada sobre una base de hormigón y sujetada por dos vientos, también aislados de la tierra.
La distancia que alcanzaban las trasmisiones con aquella antena era de 600 kms, llegando a duplicarse en situaciones favorables.
Una vez al mes, los oficiales al cargo de esta estación, debían informar al detalle de los mensajes recibidos y enviados, así como la procedencia de los mismos o la cantidad de palabras empleadas.
Como curiosidad os contaré que en el año 1.913 fueron 3.890.567 las palabras utilizadas en estas misivas en todo el Estado, dos millones más que el año anterior. Lo que da una idea del éxito de aquel sistema y de la aceptación que tuvo.
Cuando yo era adolescente solía subir con mis amigos y entrábamos en la torre, sin contemplar ningún peligro. La recuerdo destartalada y en ruinas rodeada de mucho espacio verde.
Hace unas semanas quise adentrarme en el recinto pero me lo encontré vallado y muy protegido; alguien me informó que ahora es una propiedad privada y que lo han rehabilitado, aunque no se sabe qué uso le darán.
Para acceder a esta emblemática torre subí al alto de Santo Domingo y, de allí, me dirigí a la cima del monte Avril (con V porque el nombre procede del General Jean Jacques Avril , Gobernador de Bizkaia durante la ocupación francesa)

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Estacioné el coche en el aparcamiento frente a un restaurante merendero conocido por todos y, a través de un sendero, accedí a la zona recreativa Iturritxualde.

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Me senté en uno de sus bancos a disfrutar del sol de esa mañana de domingo, de la paz del lugar y de las vistas.

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Me dio mucha pena no poder entrar en el recinto de la torre pero, claro, la otra opción era saltar las vallas y no tenía ganas de líos, jaja.
Al bajar de nuevo a la civilización paré en la carretera para tomar otra imagen de aquel edificio que me trae muy buenos recuerdos de mi adolescencia.

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LUIS BAÑERES, LITERATURA Y HUMOR.

Hoy estoy acompañada de un amigo. Alguien a quien conocí por casualidad, sin imaginar que, con el tiempo, nos uniría una buena amistad y una gran admiración.
Luis Bañeres es un bilbaíno nacido en Durango, que lleva a gala aquello de: “Los de Bilbao nacen donde quieren”
Estudió Ingeniería Industrial, ha viajado por medio mundo y su pasión es la literatura, escribir, contar historias con ironía y una gran dosis de humor.
Hace meses, cuando nos conocimos, me encantó su facilidad de palabra y, sobre todo, lo a gusto que me sentí, contándonos nuestras vidas; conversación regada con muchas y grandes carcajadas. Además de su simpatía me mostró su generosidad regalándome los dos libros que ha escrito y que hace meses publicó.
Varias han sido las veces que hemos coincidido, que hemos charlado y que hemos compartido una taza de café.
Una mañana lo llamé y le propuse aparecer en mi blog en la sección ESME CON… No dudó un instante, le pareció una magnífica idea y nos citamos para la siguiente semana en un lugar que él ha visitado en varias ocasiones para documentarse cuando escribió su segundo libro “Bilbao 1492. ¡No hay huevos!”

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– Luis, el ingeniero escritor, a muchos les sorprenderá que alguien de ciencias sea un apasionado de las letras.
– Bueno, estos libros no son lo primero que escribo, siempre me ha atraído el mundo literario; la lectura es una de mis pasiones y llevo años firmando diferentes artículos en prensa o Asociaciones de crítica social.
– ¿Cómo surgió tu primer libro?
– En un momento difícil de mi vida, me refugié en la escritura. Descubrí que el humor era una gran terapia cuando te sientes triste y decidí probar con textos basados en el humor blanco, sin caer en lo soez o chabacano.
– Alguna vez te he escuchado decir que tu carácter te ha llevado a escribir historias txirenes, divertidas.
– Sí, soy bastante gamberro, me encanta el buen rollo a mi alrededor y tengo mucho sentido del humor; eso me facilita la manera de escribir, es un género en el que me muevo bien y me siento cómodo.
– ¿Es difícil hacerse un hueco en este mundo?
– Muy difícil. Es grande la crisis de este sector y somos muchos los que aspiramos a ver nuestro trabajo en la estantería de una librería. Cada vez son más los autores que quieren publicar y, para ello, los noveles debemos acudir a la autoedición como hice yo con mi primer libro.
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– Está claro que hacerse rico escribiendo es misión imposible, ¿Qué buscas tú realmente?
– Mi objetivo principal es la satisfacción personal y eso lo consigo con cada página que redacto.
– Supongo que habrá alguien a quien le enseñes tus borradores.
– Sí, mi mujer. Ella es mi primera fan, a la que le muestro lo escrito; mientras lee observo su reacción, si veo que se ríe me relajo, todo va bien.
– ¿De dónde viene la idea de “ Bilbao 1492. ¡No hay huevos!”?
– Este libro surge después del éxito del primero (“ Cuando el diablo está aburrido”); eso me animó a meterme en un nuevo proyecto. La idea se me ocurrió volviendo de un viaje a Huelva, fueron muchas horas conduciendo y pensando en las coincidencias entre los onubenses y nosotros, los bilbaínos. Ya en Bilbao comencé a investigar y descubrí que Colón incluyó curtidos marineros vascos por su experiencia en el mar, para su expedición a las Indias.
Fue entonces cuando decidí trabajar en la idea de que un grupo de bilbaínos pudieran haber intentado realizar el mismo viaje pero no por descubrir un nuevo mundo, sino por otro motivo más acorde con nuestra personalidad: una apuesta.
– Realmente, ¡Como somos los bilbaínos que hasta pensamos que hemos descubierto América!
-El hilo conductor es el viaje al nuevo continente, por otro lado si algo satisface a un bilbaíno es ganar una apuesta, mezclé las dos ideas y fue entonces cuando pensé ¿Por qué no?
– A tus personajes les das un toque especial caricaturizándolos.
– Si, además suelo incluir cameos de alguien conocido en Bilbao o que tenga cierta relevancia en la vida de la villa, aunque lo transformo un poquito siempre dentro de respeto, por supuesto.
– ¿Has tenido algún problema con alguien que no haya quedado satisfecho o no le haya gustado su cameo?
– No, ninguno. Jamás pretendo faltar al respeto, ni molestar o ridiculizar.
– Supongo que la documentación es fundamental en un asunto como el descubrimiento de América. ¿Has leído mucho sobre el tema?
– Si, incluso he viajado a La Rábida para documentarme pero, después de investigar mucho, he constatado que la información es muy confusa, con muchas contradicciones y con grandes incógnitas. No se ponen de acuerdo ni en el número de tripulantes que acompañaron al almirante en su periplo oceánico.
Para que te hagas una idea, me resultó mucho más sencillo bucear en la vida de la villa de Bilbao en el siglo XV, que en un hecho con tanta importancia y repercusión como fue el descubrimiento de América.
También he visitado en varias ocasiones el museo marítimo donde he aprendido mucho y he recopilado datos.
– Actualmente ¿Estás trabajando en alguna novela?
– Si, en breve se publicará un libro siguiendo la línea del humor ambientado en Bilbao; el nuevo trabajo será más contemporáneo. En este caso, la villa está siendo observada por un planeta muy distante, que deciden enviar a un representante para averiguar qué le hace tan especial, por qué es tan especial la ciudad.
Mi objetivo es entretener a los lectores, que desconecten de la vida cotidiana, de las preocupaciones y durante un rato sonrían e incluso suelten alguna carcajada.

-¿Has valorado escribir sobre otro género que no sea el humor?
– En alguna ocasión he tratado temas más serios, por ejemplo sobre un problema tan complicado en nuestra sociedad como es el maltrato a la mujer -siempre de manera sarcástica-, que han sido publicados en prensa.
-¿Qué es en tu opinión más fácil hacer reír o hacer llorar?
– Mucho más fácil hacer llorar. Sin duda hay que saber activar emociones, llegar al corazón de las personas y, trasladar una escena cómica con palabras, sin imágenes, es mucho más difícil que contar una historia triste.
Yo, particularmente, incido mucho en el humor que surge frente a un espejo, cuando uno se ríe de sí mismo o de su entorno. Eso los bilbaínos lo sabemos hacer bien.
-Luis, ha sido un verdadero placer conversar contigo. Muchas gracias por tu tiempo y te deseo el mayor de los éxitos con tu nueva novela.
-Gracias a ti, te espero en la presentación del libro.

Terminada la charla, le pedí que posara para mí en un precioso entorno como es el Museo Marítimo de Bilbao.

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¡HÁGASE LA LUZ!

Desde 1847 las calles de Bilbao se alumbraban con gas suministrado por la Compagnie Lyonnaise de L’Eclairage hasta que, en 1884, fue el Ayuntamiento quien tomó el mando de dicho suministro.
Diferentes ingenieros y científicos por el mundo empezaban a hablar de electromagnetismo, lámparas de incandescencia, bombillas…
En la villa, no íbamos a ser menos; queríamos alumbrar nuestras calles con estos nuevos inventos.
Se hicieron diferentes y curiosos ensayos como el del profesor de física del Instituto situado en la actual plaza Unamuno, que, desde el balcón del Teatro Viejo, (predecesor del Arriaga) encendió un arco voltaico y, con un reflector, alumbró el Paseo del Arenal.
Para conseguir aquello fue necesario llenar el salón del teatro de pilas, cargarlas y ligarlas de manera rudimentaria. Hubo varios destellos y apagones con fuertes chispazos. ¿Os imagináis la escena?
Durante las fiestas de agosto de 1880 el Consistorio bilbaino contrató dos noches de alumbrado en el Arenal por 300 pesetas.
Tres años después, la Sociedad Española de Electricidad, ofreció sus servicios y, el día 1 de mayo, se inauguró el alumbrado de las calles Correo, Arenal, Bidebarrieta, Santa María, Perro, Ribera y alguna más.
La electricidad se conseguía gracias a tres dinamos Gramme, movidas por un generador llamado Locomóvil situado en una caseta de madera que habían instalado en las ruinas del convento San Agustín, donde ahora se encuentra nuestro Ayuntamiento.
Todo esto costó 47000 pesetas y solo duró 8 meses por problemas con la ubicación de la caseta, de los humos de sus chimeneas y, por supuesto, los fallos de una tecnología recién estrenada.
En 1887 se barajó la posibilidad de aprovechar el excedente de fuerza motriz de la estación de aguas de la Isla de San Cristóbal en la Peña, con idea de dar servicio, además del alumbrado público, a las viviendas particulares.
Salió a subasta este proyecto y fue una firma alemana la que consiguió, el 3 de diciembre de 1889, que el Casco Viejo «luciera» más bonito.
El 30 de septiembre de ese año nació la Electra, primera compañía eléctrica bilbaina y, nuestra villa, fue pionera del sector eléctrico español.
Desde entonces no hemos dejado de iluminar nuestra villa, luciendo así de bonita.
alumbrado bilbao para el blog