NOCHE BLANCA EN BILBAO

Hace, ya, varios años que la Noche Blanca se ha convertido en una tradición para los bilbaínos y todos aquellos que, desde diferentes puntos de nuestra geografía, se acercan a disfrutar de las muchas actividades nocturnas que se presentan en la villa.
Ayer, yo también quise disfrutar de esta noche tan especial pero, la lluvia no acompaño; la lluvia hizo que muchos nos cobijáramos bajo el paraguas y no pudiéramos disfrutar de todo lo que se nos ofrecía.
Por el paseo Abandoibarra unas arañas blancas estaban ya preparadas para encenderse en cuanto se hiciera de noche.

P1480769
También en las escaleras que dan acceso a las torres Isozaki un grupo de jóvenes iban prendiendo una a una cientos de velas azules.

P1480773

Las farolas se convirtieron en multicolor para la ocasión.

P1480800P1480805
Me acerqué hasta la grúa Karola en el Museo Marítimo donde un grupo de personas iban recitando versos o piropos hacia la figura de Karola, aquella joven que cruzaba la ría todos los días y cuyo nombre ha servido para bautizar a la famosa grúa roja.

P1480817
Hubo fuegos artificiales y una cantante lírica en lo alto.

P1480849P1480869
Comenzó una lluvia primero suave y luego con más intensidad; decidí que subiría hacia la plaza Euskadi.
Allí unos globos de diferentes colores se encendían y apagaban intermitentemente.

P1480881P1480891
Dentro de la torre de Iberdrola había una exposición y una cantante que no conseguí ver, ya que era mucha la cola para acceder al edificio.
Por la Gran Vía llegué a la Plaza Moyua donde unos grupos de lámparas gigantes encendidas fueron protagonistas de cientos de fotos, aunque seguía la lluvia y tuve que guarecerme.

P1480894P1480909
Minutos después me encontraba frente al Palacio de la Diputación observando unas imágenes en la fachada en las que se podían ver a unos niños a través de sus ventanas. Era una proyección que no vi que despertara mucho interés en el público allí congregado.

P1480914
Seguí mi camino hacia el Edificio Ensanche donde, en ese momento, había una performance que consistía en unos jóvenes bailando y una voz en off en inglés.

P1480921
Seguía lloviendo pero, aun así, fui a la calle Ripa a ver un juego interactivo de preguntas sobre Bilbao y a fotografiar unas bolas de luces colgadas en el puente del Arenal.

P1480942
Crucé por el puente y un grupo de gente llamó mi atención, me acerqué y comprobé que se trataba de un aparato que, a través de tus manos, podías manejar como quisieras el encendido y apagado de las luces que colgaban del puente.

P1480957
En el kiosko del Arenal una banda de swing amenizaba la velada y varios valientes con paraguas les seguían el ritmo.

P1480970
Llegué a tinglados diez minutos antes de que comenzara el espectáculo del Ayuntamiento pero, pasado ese tiempo, anunciaron por megafonía que se anulaba. Una pena.
Este ha sido mi resumen de la Noche Blanca de Bilbao. Esperemos que el año que viene sea mejor.
FOTOS: ANDONI RENTERIA.

¡HÁGASE LA LUZ!

Desde 1847 las calles de Bilbao se alumbraban con gas suministrado por la Compagnie Lyonnaise de L’Eclairage hasta que, en 1884, fue el Ayuntamiento quien tomó el mando de dicho suministro.
Diferentes ingenieros y científicos por el mundo empezaban a hablar de electromagnetismo, lámparas de incandescencia, bombillas…
En la villa, no íbamos a ser menos; queríamos alumbrar nuestras calles con estos nuevos inventos.
Se hicieron diferentes y curiosos ensayos como el del profesor de física del Instituto situado en la actual plaza Unamuno, que, desde el balcón del Teatro Viejo, (predecesor del Arriaga) encendió un arco voltaico y, con un reflector, alumbró el Paseo del Arenal.
Para conseguir aquello fue necesario llenar el salón del teatro de pilas, cargarlas y ligarlas de manera rudimentaria. Hubo varios destellos y apagones con fuertes chispazos. ¿Os imagináis la escena?
Durante las fiestas de agosto de 1880 el Consistorio bilbaino contrató dos noches de alumbrado en el Arenal por 300 pesetas.
Tres años después, la Sociedad Española de Electricidad, ofreció sus servicios y, el día 1 de mayo, se inauguró el alumbrado de las calles Correo, Arenal, Bidebarrieta, Santa María, Perro, Ribera y alguna más.
La electricidad se conseguía gracias a tres dinamos Gramme, movidas por un generador llamado Locomóvil situado en una caseta de madera que habían instalado en las ruinas del convento San Agustín, donde ahora se encuentra nuestro Ayuntamiento.
Todo esto costó 47000 pesetas y solo duró 8 meses por problemas con la ubicación de la caseta, de los humos de sus chimeneas y, por supuesto, los fallos de una tecnología recién estrenada.
En 1887 se barajó la posibilidad de aprovechar el excedente de fuerza motriz de la estación de aguas de la Isla de San Cristóbal en la Peña, con idea de dar servicio, además del alumbrado público, a las viviendas particulares.
Salió a subasta este proyecto y fue una firma alemana la que consiguió, el 3 de diciembre de 1889, que el Casco Viejo «luciera» más bonito.
El 30 de septiembre de ese año nació la Electra, primera compañía eléctrica bilbaina y, nuestra villa, fue pionera del sector eléctrico español.
Desde entonces no hemos dejado de iluminar nuestra villa, luciendo así de bonita.
alumbrado bilbao para el blog