LUIS BAÑERES, LITERATURA Y HUMOR.

Hoy estoy acompañada de un amigo. Alguien a quien conocí por casualidad, sin imaginar que, con el tiempo, nos uniría una buena amistad y una gran admiración.
Luis Bañeres es un bilbaíno nacido en Durango, que lleva a gala aquello de: “Los de Bilbao nacen donde quieren”
Estudió Ingeniería Industrial, ha viajado por medio mundo y su pasión es la literatura, escribir, contar historias con ironía y una gran dosis de humor.
Hace meses, cuando nos conocimos, me encantó su facilidad de palabra y, sobre todo, lo a gusto que me sentí, contándonos nuestras vidas; conversación regada con muchas y grandes carcajadas. Además de su simpatía me mostró su generosidad regalándome los dos libros que ha escrito y que hace meses publicó.
Varias han sido las veces que hemos coincidido, que hemos charlado y que hemos compartido una taza de café.
Una mañana lo llamé y le propuse aparecer en mi blog en la sección ESME CON… No dudó un instante, le pareció una magnífica idea y nos citamos para la siguiente semana en un lugar que él ha visitado en varias ocasiones para documentarse cuando escribió su segundo libro “Bilbao 1492. ¡No hay huevos!”

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– Luis, el ingeniero escritor, a muchos les sorprenderá que alguien de ciencias sea un apasionado de las letras.
– Bueno, estos libros no son lo primero que escribo, siempre me ha atraído el mundo literario; la lectura es una de mis pasiones y llevo años firmando diferentes artículos en prensa o Asociaciones de crítica social.
– ¿Cómo surgió tu primer libro?
– En un momento difícil de mi vida, me refugié en la escritura. Descubrí que el humor era una gran terapia cuando te sientes triste y decidí probar con textos basados en el humor blanco, sin caer en lo soez o chabacano.
– Alguna vez te he escuchado decir que tu carácter te ha llevado a escribir historias txirenes, divertidas.
– Sí, soy bastante gamberro, me encanta el buen rollo a mi alrededor y tengo mucho sentido del humor; eso me facilita la manera de escribir, es un género en el que me muevo bien y me siento cómodo.
– ¿Es difícil hacerse un hueco en este mundo?
– Muy difícil. Es grande la crisis de este sector y somos muchos los que aspiramos a ver nuestro trabajo en la estantería de una librería. Cada vez son más los autores que quieren publicar y, para ello, los noveles debemos acudir a la autoedición como hice yo con mi primer libro.
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– Está claro que hacerse rico escribiendo es misión imposible, ¿Qué buscas tú realmente?
– Mi objetivo principal es la satisfacción personal y eso lo consigo con cada página que redacto.
– Supongo que habrá alguien a quien le enseñes tus borradores.
– Sí, mi mujer. Ella es mi primera fan, a la que le muestro lo escrito; mientras lee observo su reacción, si veo que se ríe me relajo, todo va bien.
– ¿De dónde viene la idea de “ Bilbao 1492. ¡No hay huevos!”?
– Este libro surge después del éxito del primero (“ Cuando el diablo está aburrido”); eso me animó a meterme en un nuevo proyecto. La idea se me ocurrió volviendo de un viaje a Huelva, fueron muchas horas conduciendo y pensando en las coincidencias entre los onubenses y nosotros, los bilbaínos. Ya en Bilbao comencé a investigar y descubrí que Colón incluyó curtidos marineros vascos por su experiencia en el mar, para su expedición a las Indias.
Fue entonces cuando decidí trabajar en la idea de que un grupo de bilbaínos pudieran haber intentado realizar el mismo viaje pero no por descubrir un nuevo mundo, sino por otro motivo más acorde con nuestra personalidad: una apuesta.
– Realmente, ¡Como somos los bilbaínos que hasta pensamos que hemos descubierto América!
-El hilo conductor es el viaje al nuevo continente, por otro lado si algo satisface a un bilbaíno es ganar una apuesta, mezclé las dos ideas y fue entonces cuando pensé ¿Por qué no?
– A tus personajes les das un toque especial caricaturizándolos.
– Si, además suelo incluir cameos de alguien conocido en Bilbao o que tenga cierta relevancia en la vida de la villa, aunque lo transformo un poquito siempre dentro de respeto, por supuesto.
– ¿Has tenido algún problema con alguien que no haya quedado satisfecho o no le haya gustado su cameo?
– No, ninguno. Jamás pretendo faltar al respeto, ni molestar o ridiculizar.
– Supongo que la documentación es fundamental en un asunto como el descubrimiento de América. ¿Has leído mucho sobre el tema?
– Si, incluso he viajado a La Rábida para documentarme pero, después de investigar mucho, he constatado que la información es muy confusa, con muchas contradicciones y con grandes incógnitas. No se ponen de acuerdo ni en el número de tripulantes que acompañaron al almirante en su periplo oceánico.
Para que te hagas una idea, me resultó mucho más sencillo bucear en la vida de la villa de Bilbao en el siglo XV, que en un hecho con tanta importancia y repercusión como fue el descubrimiento de América.
También he visitado en varias ocasiones el museo marítimo donde he aprendido mucho y he recopilado datos.
– Actualmente ¿Estás trabajando en alguna novela?
– Si, en breve se publicará un libro siguiendo la línea del humor ambientado en Bilbao; el nuevo trabajo será más contemporáneo. En este caso, la villa está siendo observada por un planeta muy distante, que deciden enviar a un representante para averiguar qué le hace tan especial, por qué es tan especial la ciudad.
Mi objetivo es entretener a los lectores, que desconecten de la vida cotidiana, de las preocupaciones y durante un rato sonrían e incluso suelten alguna carcajada.

-¿Has valorado escribir sobre otro género que no sea el humor?
– En alguna ocasión he tratado temas más serios, por ejemplo sobre un problema tan complicado en nuestra sociedad como es el maltrato a la mujer -siempre de manera sarcástica-, que han sido publicados en prensa.
-¿Qué es en tu opinión más fácil hacer reír o hacer llorar?
– Mucho más fácil hacer llorar. Sin duda hay que saber activar emociones, llegar al corazón de las personas y, trasladar una escena cómica con palabras, sin imágenes, es mucho más difícil que contar una historia triste.
Yo, particularmente, incido mucho en el humor que surge frente a un espejo, cuando uno se ríe de sí mismo o de su entorno. Eso los bilbaínos lo sabemos hacer bien.
-Luis, ha sido un verdadero placer conversar contigo. Muchas gracias por tu tiempo y te deseo el mayor de los éxitos con tu nueva novela.
-Gracias a ti, te espero en la presentación del libro.

Terminada la charla, le pedí que posara para mí en un precioso entorno como es el Museo Marítimo de Bilbao.

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¡HÁGASE LA LUZ!

Desde 1847 las calles de Bilbao se alumbraban con gas suministrado por la Compagnie Lyonnaise de L’Eclairage hasta que, en 1884, fue el Ayuntamiento quien tomó el mando de dicho suministro.
Diferentes ingenieros y científicos por el mundo empezaban a hablar de electromagnetismo, lámparas de incandescencia, bombillas…
En la villa, no íbamos a ser menos; queríamos alumbrar nuestras calles con estos nuevos inventos.
Se hicieron diferentes y curiosos ensayos como el del profesor de física del Instituto situado en la actual plaza Unamuno, que, desde el balcón del Teatro Viejo, (predecesor del Arriaga) encendió un arco voltaico y, con un reflector, alumbró el Paseo del Arenal.
Para conseguir aquello fue necesario llenar el salón del teatro de pilas, cargarlas y ligarlas de manera rudimentaria. Hubo varios destellos y apagones con fuertes chispazos. ¿Os imagináis la escena?
Durante las fiestas de agosto de 1880 el Consistorio bilbaino contrató dos noches de alumbrado en el Arenal por 300 pesetas.
Tres años después, la Sociedad Española de Electricidad, ofreció sus servicios y, el día 1 de mayo, se inauguró el alumbrado de las calles Correo, Arenal, Bidebarrieta, Santa María, Perro, Ribera y alguna más.
La electricidad se conseguía gracias a tres dinamos Gramme, movidas por un generador llamado Locomóvil situado en una caseta de madera que habían instalado en las ruinas del convento San Agustín, donde ahora se encuentra nuestro Ayuntamiento.
Todo esto costó 47000 pesetas y solo duró 8 meses por problemas con la ubicación de la caseta, de los humos de sus chimeneas y, por supuesto, los fallos de una tecnología recién estrenada.
En 1887 se barajó la posibilidad de aprovechar el excedente de fuerza motriz de la estación de aguas de la Isla de San Cristóbal en la Peña, con idea de dar servicio, además del alumbrado público, a las viviendas particulares.
Salió a subasta este proyecto y fue una firma alemana la que consiguió, el 3 de diciembre de 1889, que el Casco Viejo «luciera» más bonito.
El 30 de septiembre de ese año nació la Electra, primera compañía eléctrica bilbaina y, nuestra villa, fue pionera del sector eléctrico español.
Desde entonces no hemos dejado de iluminar nuestra villa, luciendo así de bonita.
alumbrado bilbao para el blog

LARRINAGA, RECUERDOS DE UNA PRISIÓN.

Visitar una cárcel no es agradable para nadie, incluso una exposición sobre una prisión no suena muy atractivo.
Aun así, ayer decidí acudir a la Ondare Aretoa en la calle María Díaz de Haro donde la Sociedad Aranzadi con apoyo de la Diputación de Bizkaia había organizado una muestra que lleva por título “CÁRCEL DE LARRINAGA. LA MEMORIA OCULTA”.
Esta exposición, muy bien documentada y con una gran labor de investigación, fue inaugurada hace un mes y terminaba ayer día 26 de febrero. Por poco no la veo.
Su nombre real era Cárcel Provincial de Bilbao, aunque todos la conocían como Larrinaga.
Construida en el año 1871, no fue hasta principios de 1873 que comenzó a funcionar aquel siniestro y triste edificio situado en la zona de las calles Zabalbide y Fika, donde ahora se ubica el grupo de viviendas Garamendi. Sus puertas se cerraron definitivamente en el año 1968.
Durante ese tiempo fueron muchos los hombres y mujeres apresados, mucho sufrimiento, muchas lágrimas, algunos presos fugados, muertes, suciedad y todo lo que podamos imaginar de la vida en un sitio como este.
Dentro de estos muros muchos fueron los ilustres personajes que pasaron buenas temporadas, entre ellos Sabino Arana. También hicieron reos a periodistas, escritores, maestros y sindicalistas, entre otros.
Al entrar en la sala lo primero que veo son los escudos de Bizkaia y Bilbao, junto con el año de edificación. Por supuesto son reproducciones.

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A unos metros un maniquí con el traje del Regimiento de Garellano.

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Una vez atravesado el umbral, en una pared, una gran foto del Bilbao de aquella época que, despierta tanto mi curiosidad, como para hacerme permanecer allí varios minutos, descubriendo edificios o echando de menos otros por no estar construidos todavía.

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Diferentes vitrinas con cartas, documentos, objetos cotidianos, imágenes de presos tras los barrotes o en el patio, imágenes de los familiares esperando largas colas para poder acceder al edificio y visitar a sus seres queridos, muchos recuerdos repartidos por las estancias expositoras.

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Una foto que muestra las galerías interiores donde se hallaban las celdas me hace detener; casi puedo escuchar el abrir y cerrar de aquellas pesadas puertas que separaban a los presos de sus familias, de la libertad.

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Al fondo una pequeña sala en penumbra. Me dirijo hacia allí y, al entrar, no puedo evitar dar un respingo. A unos metros de mí una herramienta de tortura, que tantas veces he visto en la televisión o en libros, estaba allí, quieta, limpia, parecía sin estrenar.

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Este garrote vil, resulta que no es auténtico sino que ha sido utilizado en una película y lo han prestado para la exposición.
Lo miro, lo remiro y mi corazón se encoje. ¡Cuántas muertes injustas! ¡Cuánto sufrimiento se podía haber evitado!
En un cartel explicativo a la entrada leo cómo era su uso y diferentes curiosidades sobre el mismo.
Al salir de allí, necesito unos segundos para recuperarme y, mis pasos, me llevan a otra sala con sillas donde en ese momento proyectan un documental con testimonios de familiares de presos.
Estremece escuchar a esas personas que hablan de sufrimientos, de visitas a la cárcel, de cómo la recuerdan…
Minutos después decido abandonar la sala y continuar con la visita.

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Más vitrinas, más documentos, más fotografías y una habitación con poca luz. Entro y mis ojos se chocan con la recreación de una lúgubre y austera celda de aquel penal afortunadamente desaparecido.

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Algo menos de una hora he permanecido en el interior de esta prisión, al menos así lo siento, como si yo hubiese sido una reclusa.
Son muchos los sentimientos que afloran en mí en ese momento, muchas dudas, mucha tristeza, mucha indignación por las injusticias cometidas…pero, sobre todo, mucho agradecimiento a todas aquellas personas que lucharon por nuestra libertad y que por ello se vieron abocados a sacrificar la suya.
Salgo de la exposición confirmando que ha sido buena idea venir y conocer mejor nuestra historia reciente.

Las fotos son de Andoni Renteria.