Mi historia de hoy no es muy alegre, lo sé.
Nos situamos en el siglo XVIII; entonces la muerte y los difuntos tenían más protagonismo.
Tanto era así que las autoridades prohibieron las prácticas de tirarse de los cabellos, arañarse la cara y cantar de manera exagerada.
Las mujeres más populares y diestras en aquel oficio de plañideras, eran las de Bermeo.
Había actos considerados deshonestos, como rasgarse las mujeres los vestidos, tirarse al suelo o patalear.
Imaginaos el espectáculo.
Otra costumbre era ir improvisando canciones en recuerdo del difunto durante la procesión fúnebre.
En 1793, el Obispo de Calahorra, tras una visita a nuestra tierra, manifestó su disgusto por tales muestras de dolor y, aunque entendía que era normal, solicitó que fuesen más moderadas.
Afortunadamente, el jaleo fúnebre fue desapareciendo, pero seguía siendo una extraña exhibición.
En los años treinta del siglo pasado, el desfile mortuorio se realizaba en coche de caballos que, en función de la condición social del fallecido, podría ser con uno, dos o hasta seis equinos.
Al paso del cortejo las mujeres se santiguaban, los hombres se quitaban sus sombreros y todo se realizaba en silencio y con mucho respeto.
Se dirigían hacia la plaza de los Auxiliares, hoy conocida como Plaza Unamuno, donde se les trasladaba en el conocido «Tren de los muertos», que les llevaba hasta el cementerio de Derio, su morada final.
Se construyeron vagones para albergar a estos pasajeros tan especiales. Como en todo, había diferentes tipos en función de su «clase». Los había más lujosos para los difuntos adinerados y también había vagones con decoración muy sencilla para gente humilde.
La foto es de un cortejo funerario por la calle Ibáñez de Bilbao.
LA FINCA DE LOS ZUBIRIA
El parque del que os hablaré hoy fue en otros tiempos una finca perteneciente a la familia de los condes de Zubiria. Tomás de Zubiria e Ibarra nació en el año 1857 en Bilbao y se casó con María del Carmen Somonte y Basabe en 1888. Fue un importante industrial, además de diputado y senador. En el año 1907 recibió el título de Conde de Zubiria. Falleció en el mes de septiembre de 1932. Esta noble familia se instaló en Sarriko a principios del siglo pasado. Entonces estaba de moda entre la gente pudiente, vivir cerca de Bilbao pero en zonas tranquilas y rodeados de campo. A finales del siglo XIX, Severino Achúcarro edificó el palacio de dos plantas. En 1906 el arquitecto Manuel Mª Smith construyó una casa-portería de estilo inglés que se sitúa en el camino de Etxezuri y, actualmente, continua en pie.
Existió otra entrada de servicio pero, con la construcción del canal, desapareció. También había una edificación dedicada a caballerizas y almacén para los aperos de labranza. En 1928 se realiza en la finca una reforma de los caminos, fuentes, adornos… y se instala el arco de piedra con el escudo de armas de la familia.
Durante la guerra civil, la condesa hubo de trasladarse a Las Arenas y, el palacio, utilizado como almacén, terminó incendiado. Al terminar la guerra, Manuel Mª Smith por orden de la condesa, reconstruye el palacio. Según he podido investigar, esta familia era muy normal, teniendo en cuenta su título nobiliario. En la finca trabajaban 30 empleados, algunos residían en el palacio y otros en las diferentes casas alrededor. Muchos vecinos de la zona trabajaron para esta familia como planchadores, limpiadores, chóferes, etc y todos destacaban su bondad y apoyo cuando lo solicitaban. Acostumbraban a celebrar fiestas, carnavales, cumpleaños…con fuegos artificiales muy coloristas pero sin ruido. El avance urbanístico afectó a la finca y, a finales de los años 50, la familia se trasladó a la casa que poseían en Las Arenas. En marzo de 1960 el Ayuntamiento de Bilbao con la colaboración de Diputación y de la Cámara de Comercio, adquieren esta finca de 63000 m2 por un importe de 38 millones de pesetas. Se construyó lo que todos conocemos actualmente: La facultad de Ciencias Políticas, Económicas y Empresariales; el resto quedó inscrito como jardín público.
Este parque, al que los estudiantes llaman “parque de las piras”, cuenta con una gran variedad de árboles tales como secuoyas, enebros o abedules.
Algunos edificios fueron remodelados para dar uso a las distintas actividades relacionadas con la Universidad. La torre Larrako, se hallaba en San Ignacio y fue trasladada a este parque, pero en ese traslado se perdieron algunas paredes y otra se la llevó un vendaval. Ese es el aspecto que tiene hoy en día.
El día que yo visité este rincón tan acogedor de nuestra villa, era un viernes por la tarde, apenas cuatro o cinco personas paseando. Fue un momento maravilloso de paz y de historia.
Estas preciosas fotos son de mi amigo ANDONI RENTERIA
LOCA DE AMOR
Unos dicen que la canción compuesta por José Luis Perales e interpretada, tanto por él como por el grupo bilbaíno Mocedades, fue en su memoria.
Otros aseguran que nada tiene que ver con el personaje del que os voy a hablar, sino con una mujer conocida del propio autor que enviudó y enloqueció.
Sea como sea, es una bonita historia, una historia de amor, aunque no podemos negar su punto de tristeza.
En Bilbao nos gusta pensar que la letra de la canción se refiere a una mujer, llamada Mercedes Lorenzo que, según lo que he investigado, trabajaba como secretaria en las oficinas que Martini y Rossi tenían en Alameda Urquijo, cerca de la famosa plaza donde luego ella pasó sus años sentada en un banco.

Enfrente de dichas oficinas, se situaba una tienda de ultramarinos regentada por Andrés Estebarán quien, dicen, fue su gran amor. Me explican que aquel hombre estuvo durante un tiempo encariñado con esta mujer pero, al final, se casó con otra.
Este es, cuentan las malas lenguas, el motivo de su enajenación.
Dejó su trabajo de secretaria y se dedicó a tejer sentada en uno de los bancos de la antigua plaza. Siempre el mismo banco, desde donde, afanada en su labor, observaba cualquier movimiento del negocio de su amado.

Así transcurrían las estaciones, con un calor abrasador en verano y un frío insoportable en invierno, pero ella persistía, año tras año.
Confeccionaba en punto unos vistosos y estrafalarios sombreros que usaba cada día.
Los niños y las niñas de los colegios cercanos: Santiago Apóstol y El Pilar, al pasar por allí, la miraban con una mezcla de temor y sorpresa. Algunos se burlaban de ella pero, ella jamás se molestó, ni reprochó, ni se enfadó con ningún paseante.
Ella no molestaba a nadie, ella estaba en su mundo y su mundo era su enamorado y sus lanas.
No queda claro en qué año se la dejó de ver, tampoco dónde vivía. No hay más datos de ella.
Pero lo que sí es seguro, es que es una de las grandes historias de amor conocidas, de nuestro querido Bilbao.
No quiero imaginar el sufrimiento de esta dama, “La loca de Arriquibar” como la conocemos todos. En fin “C’est l’amour!”
Os dejo una foto de la maravillosa actriz Lola Herrera quien, a principios de los noventa, posó caracterizada de “la Dama de los sombreros” (Como también se la conocía) para un programa de televisión que dirigía Antxon Urrosolo.
Y, por si no os la sabéis, aquí os pongo la letra de la famosa canción.
LE LLAMABAN LOCA
El mundo fue sólo de los dos y para los dos
su hogar unas nubes tendidas al sol,
en sus miradas amor, en sus respuestas sí
y para su dolor, un solo fin.
Él se fue, los cabellos pintados de gris
ella dejó de cuidar las flores del jardín
y le decía ven, tenemos que vivir.
Y LOS MUCHACHOS DEL BARRIO LE LLAMABAN LOCA
Y UNOS HOMBRES VESTIDOS DE BLANCO LE DIJERON VEN
Y ELLA GRITÓ NO SEÑOR, YA LO VE, YO NO ESTOY LOCA
ESTUVE LOCA AYER PERO FUE POR AMOR.
Y LOS MUCHACHOS DEL BARRIO LE LLAMABAN LOCA.
En el hospital en un banco al sol se la puede ver
sonreir, consultando su viejo reloj
pensando que ha de venir aquel que se marchó
y se llevó con él su corazón.
Y LOS MUCHOS….. PERO FUE POR AMOR.
No vendrá, él la espera en sus nubes al sol
en ese mundo que ayer tan sólo fueron dos
en ese mundo que
triunfó el amor.
Y los muchachos del barrio le llamaban loca.

